Pinturas de Alejandro Monge

En muy rara ocasión se detecta que un futuro artista estudie las especialidades de Escultura y Diseño, por supuesto en la Escuela de Artes de Zaragoza, y que por consejo paterno decida entregarse a la pintura, para terminar asistiendo a la Academia Cañada y perfeccionar su dibujo, con el resultado de que nazca un espléndido pintor desde hace casi cuatro años. Aludimos, claro, al pintor autodidacta Alejandro Monge y su primera exposición individual, con 24 años, inaugurada el 29 de noviembre en la zaragozana sala de exposiciones Carlos Gil de la Parra. En el catálogo muy aclarador texto de Antón Castro con refinadas dosis literarias inmersas en la obra pictórica. Exposición con una escultopintura, 24 cuadros, más dos sin colgar, y ocho sobre papel realizados en los últimos tres años, lo cual significa una entrega total si consideramos la minuciosa técnica, propia de todo realismo, y encima óleo sobre lienzo y sobre papel.

La escultopintura es papel petrificado con resina que evoca a un grueso fajo de billetes de 50 euros quemados en un lado, con el correspondiente negro dominante, para resaltar, quizá, la nula importancia del dinero según el uso individual. En la zona superior se capta los restos de un billete pintado a mano con la minuciosidad y exactitud propias de un miniaturista. Obra muy atractiva que sorprende.

En cuanto a los cuadros es ineludible dividirlos por temas, siempre recordando que todos son de marcado realismo. Pero antes cabe sugerir que uno de los peligros de tanto alarde técnico vía realismo es que caiga en un simple dominio técnico sin corazón artístico. Aquí, en estos cuadros, se evita dicho peligro para enfatizar en cambiantes sensaciones emanantes de la propia temática, lo cual significa una extremada dificultad por el tiempo que requiere terminar un cuadro y mantener la ilusión interior, más que íntima, trasvasada a la punta de cualquier pincel que vibra de placer sabedor de su protagonismo.

Lo que podría definirse como serie Humo consta de seis obras. El fondo negro sirve para acoger, por contraste, el suculento juego de grises y blancos. Humo que nace de los ocultos dedos de un más que placentero fumador muy feliz disfrutando del tabaco y de los cambiantes movimientos sin final hasta que son tragados por cualquier espacio exterior. Si alguien quiere saber lo que significa el gran placer de fumar, mucho más complejo que expulsar humo, le recomendamos que lea al gran escritor cubano Cabrera Infante.

El paisaje rural cabe dividirlo en dos panoramas. Lo que puede definirse como temas abordados en un primer plano consiste en un perfecto juego de árboles en pleno invierno, sin hojas, lo cual permite que el espacio se cuele entre medio para ofrecer dispares sensaciones, de las ocultas con hipotéticos peligros a los primeros planos con un cambiante protagonismo de los troncos iluminados, sin olvidar la obra que permite un espacio colándose entre árboles para ofrecer la temblorosa niebla danzando con lentitud invisible. El segundo apartado consiste en el típico paisaje dividido en dos planos, campo y cielo, para enfatizar en montes, incluso alguna montaña nevada, pero dejando el máximo protagonismo al cambiante juego de las nubes iluminadas por el Sol. Hermosa belleza desde la variedad natural.

El paisaje urbano se centra en tres cuadros que son dos zonas concretas de Zaragoza vistas de noche. Dos cuadros al servicio de la más que bella pasarela, junto a la estación de tren, proyectada con  motivo de la Exposición del 2008. Algunos coches radiantes de velocidad y la pasarela, que parece hasta inventada, sirven para mostrar la espectacular soledad alterada por el impecable juego de las luces rompiendo el negro dominante de un cielo sin fondo. El tercero es una vista parcial del Coso junto a la entrada de la calle Alfonso I, de modo que se ve la tienda Fnac y el bello edificio modernista a su izquierda. De nuevo un coche pero ahora con dos figuras femeninas protegiéndose de la lluvia con un paraguas. Una vez más cabe recordar el impecable juego de luces y sombras. Tres cuadros como perfectos ejemplos de realismo con el tema sin alteraciones pero fraguados por la mano del pintor.

Quedan los retratos. Conviene comenzar con los ocho retratos de la misma figura femenina y óleo sobre papel. El negro como fondo, igual que en la serie Humo, es la gran mancha que acoge la misma figura femenina desnuda desde los senos pero siempre ocultos por la melena larga de pelo lacio. Grises y blancos para una figura que vierte su personalidad desde cambiantes ángulos, con la melena como otro protagonista para salpicar cambiantes visiones de un rostro tatuado de sombras y luces. El pintor desnuda su pensamiento para exteriorizarlo entre insistentes pinceladas. Hermosas obras y hermosa mujer, con personalidad, de labios erotizando nuestra inocente mirada. Si existe en la realidad: ¿quién será? ¿Podremos conocerla?

Los restantes retratos, óleo sobre lienzo, corresponden a tres rostros masculinos, dos femeninos y una niña, siempre sobre fondo negro. Salvo la niña y una figura femenina, de nuevo insistimos en el juego de luces y sombras de los rostros, que posibilita interiorizar en la personalidad de cada figura y ofrecer la máxima variedad desde su indiscutible impacto visual. En un retrato femenino, salvo error nuestro, figura el rostro del pintor tatuado en el brazo, con su fecha de nacimiento 6 de marzo de 1988, y la del cuadro, 10 de marzo de 2011. Buena manera de la retratada apoderándose del pintor para siempre. Pero, ¿será al revés? Queda un comentario sobre el también magnífico cuadro de la niña, que se muestra con una especie de actitud inquietante, observando lo que sea, y sujetando dos correas correspondientes a dos impasibles perros dóberman dispuestos a la defensa de su protectora. Amores compartidos desde la inocencia natural.

Primera exposición individual de Alejandro Monge que augura un futuro excepcional a definir. ¿Dejará el realismo para adentrase en otras aventuras pictóricas? Como es lógico lo desconocemos, pero tiene por delante un reto con el trabajo desde una actitud sin premisas.

Galería Carlos Gil de la Parra, Zaragoza

Número 21

Diciembre 2012
Manuel PÉREZ-LIZANO FORNS
Presidente de AACA
Fecha de recepción: 29/12/12
Fecha de aceptación: 29/12/12
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