Pierre d. la: Hacia el interior, Anorak, Zaragoza, 2010

Hace días que este libro debía ser comentado y presentado en estas páginas, dada su trascendencia. No ha podido ser así por el carácter trimestral de nuestra publicación. Se trata del primer libro completo de poesía visual editado en Aragón, y nada tiene que envidiar a las magníficas ediciones en la materia catalanas (a partir de las actividades de Propost) y valencianas (pensemos en la labor compiladora de Bartolomé Ferrando), por su sensibilidad singular, dado que Pierre d. la viene dedicándose a esta materia desde principios de la década de 1990, años en los que pertenecía al grupo zaragozano ecrevisse, empeñado en la poesía en todos sus sentidos. Sin embargo, sus producciones han sufrido una evolución considerable y enriquecedora, y aún más si tenemos en cuenta los precedentes inmediatos en Aragón a esta publicación, Ciudadano del Mundo de Luis García-Abrines (1980, publicado por la Oficina Poética Internacional) y las Circunstancias Atenuantes de José Francisco Aranda, de 1976 aunque publicado por la librería Pórtico en 1990.

Una de las particularidades de la poesía visual de Pierre d. la ha sido desde sus inicios su capacidad para acomodarse a diversos registros, de viajar de una materialidad a otra, quizás hostigada por la precariedad de los medios de difusión con los que contaba entonces, lo que le permitió realizar una serie de ediciones muy limitadas y autoproducidas donde la poesía quedaba apresada en bolsitas de plástico para muestras, en cajas de madera, en construcciones objetuales, en encuentros materiales, sobre papeles de diferentes calidades, en recortes almacenados en diversos compartimentos portátiles en una serie de poesía del intercambio que, en otros ámbitos, ha conformado el espíritu por ejemplo del mail-art. También a esto se debieron las diversas publicaciones del grupo ecrevisse, desde su principal órgano de expresión, El Ateneísta (1992-2003), hasta Poisson Soluble, panfleto dedicado a los más grandes poetas del siglo XX (plásticos, literatos, culinarios, ¡qué más da!) de una o dos páginas que, en una segunda edición, actualmente ha llegado a ser la página más celebrada después de la reforma del mapa de autobuses urbanos Tuzsa.

Antiguo pintor de carreteras, Pierre d. la no duda en recurrir a ciertos dinamismos de “las palabras en libertad” de Marinetti, además de los relojes caligramáticos de Apollinaire y la imagen monotípica de la firma y la publicidad y que ocasionalmente nos recuerda a los poemas objetos de Gherasim Luca, Marcel Mariën o Marcel Broodthaers. Sin embargo, lo que hace especial a la poesía de Pierre d. la, de la que aquí tan sólo tratamos una pequeña extensión, es su capacidad para conducirnos fuera de ella misma. No se trata de una labor megalómana, ensimismada, llena de genialidad individual, sino de abrir nuevas puertas a partir de la experiencia personal de las palabras y del poeta. Para poder entender estos poemas, sean cuales sean sus disposiciones, tipográficas, plásticas, caligramas, lineales…, debemos atender a lo que no está presente. Las ausencias justifican el valor representativo de las palabras, y nosotros, lectores y usuarios de ellas, estamos llamados a investigar sus nuevas disposiciones hasta rastrear historias insospechadas, anteriores presencias que han impreso sus huellas en forma de alfabetos alterados y han padecido los deambulares laberínticos de la inercia. De esta forma el poeta trabaja, transportando el poder de la aparición a ámbitos cada vez mayores, cada vez más reales, cercanos y cálidos, con el fin encontrar nuevas fórmulas para vivir. Y este poder plástico y constructivo de la poesía de Pierre d. la, en lo que de verdad radica la fuerza de la poesía visual, es lo que justifica su presentación en esta publicación de artes plásticas.

Para poder definir cualquier fenómeno no podemos perseguir lo que es. Esto es tan fácil como las evidencias. Los entes de este libro requieren levantar las piedras de lo que “no son” para hurgar en nuevas formas de existencia. Se trata de la ontología superior de Jarry, aquélla que engloba el estadio momentáneo de los seres con sus propias posibilidades e imposibilidades a partir de un estudio de los delineamientos que engloban a “x” con el infinito y separan a “x” de “-x”. Por esta razón las letras, solitarias ahora sobre unas páginas blancas, lloran y se agujerean desde sus propias cualidades tipográficas. Cuando leemos en este libro una “A” mayúscula no es “A”, ni siquiera la “A” mayúscula, sino esa concretamente que Pierre d. la eligió e imprimió en un determinado momento. La única poesía posible es la poesía de lo concreto, donde las letras como cualquier otra realidad se objetivan, en este caso en la tinta sobre el soporte de papel. Desde ellas sangran y se agujerean hasta derramar nuevos contenidos surgidos de la forma. Ella construye un nuevo contenido. El misterio se hace Maravilloso. Quizás en todo esto consista la Historia, en un proceso que hubiera emocionado al mismísimo Chklovski, quien en su día afirmó acerca del Zaum de Klebnikov, que el discurso poético es un discurso-construcción.