Picasso: Capolavori dal Museo Nazionale Picasso de Parigi.

    Hace unos días tuve la suerte de poder realizar un viaje de fin de semana a Milán. Paseando por sus calles te das cuenta de que ofrece mucho más al visitante de lo que éste se espera. Llegas a la plaza del Duomo y allí está: monumental, impresionante, rodeada de turistas cámara en mano; la Catedral surge ante tus ojos mientras vas recorriendo su fachada desde el suelo hasta el cielo, paralizada por su belleza. Pero, como en cualquier rincón de esta ciudad, a la sombra de una gran obra de arte siempre hay algo por descubrir. En mi caso creía que iba a ser el Museo Novecento, situado junto al Duomo, y uno de los mejores lugares para descubrir el arte contemporáneo; según me dirigía hacia él hice el verdadero descubrimiento:  el Palacio Real de Milán, el edificio contiguo al Museo Novecento, tenía ampliada una exposición sobre Picasso hasta el día 27 de enero, una oportunidad que no se puede dejar escapar. El Palazzo Reale di Milano fue durante siglos sede del gobierno de Milán, residencia real, como indica su nombre, y es actualmente un importante centro de cultura, sede de grandes muestras y exposiciones.  En la imagen que ilustra este artículo podemos ver el exterior del Palacio Real; pero no las largas colas de visitantes para entrar en esta exposición. No sabía muy bien que iba a encontrar dentro, pero la larga cola de visitantes anunciaba que merecería la pena. Y así fue.

    En 1953 Picasso ya expuso en este mismo espacio, el Palacio Real, y la exposición que ahora se realizaba conmemoraba su 60 aniversario, motivo por el cual, el Museo Nacional de París, prestaba obras de Picasso que nunca, o muy pocas veces, habían salido de sus salas como “La Celestina” (1904), “Hombre con mandolina”(1911), “Pablo de arlequín”(1924), “Retrato de Dora Maar”(1937), “Masacre en Corea”(1951) o “El Matador”(1970). Una retrospectiva que contaba con  más de doscientas obras con las que se trataba de recorrer toda la vida artística del genio malagueño siguiendo su evolución estilística, dividida en las etapas que todos conocemos: periodos  azul y rosa, el período de investigación "africano" o proto-cubista, cubismo sintético y el cubismo clásico, el surrealistas, el período de la participación política y las pinturas sobre el tema de la guerra, la influencia pop y variaciones sobre un tema inspirado en los grandes maestros del Renacimiento y moderno, hasta sus últimas producciones antes de su muerte en 1973. Cada etapa contaba con piezas clave en pintura pero también contaban con escultura, collage, dibujos preparatorios, obra gráfica e incluso grabaciones en video de cómo realizaba sus esculturas en cerámica, con las que el periodo artístico quedaba explicado de forma muy clara y accesible al público en general. Anne Baldassari es la comisaria de la exposición, reconocida internacionalmente como una de los estudiosas más importantes de Pablo Picasso y conservadora del Musée National Picasso de París, dato que nos ayuda a comprender el por qué de la presencia de un gran número de obras pertenecientes a este Museo .

    Sala a sala de la planta noble del Palacio seguimos el recorrido marcado para entender cómo Picasso se mueve en lo artístico, evolucionando a la vez que lo hace el siglo XX. Nos proponen utilizar sus ojos, identificarnos con su punto de vista y, sin duda, lo consiguen. Todo comienza poco a poco: Lo primero con lo que nos encontramos es que tenemos que atravesar una pesada cortina de color rojo muy intenso, como si accediésemos tras el escenario de un teatro. Detrás nos espera una fila de pequeñas pantallas en las que se emite una grabación de Picasso en su taller trabajando con piezas de cerámica. El Genio está presente. En la siguiente sala, a modo de introducción, nos explican como se realizó la exposición de 1953 en ese mismo lugar, todo va acompañado de  piezas personales como correspondencia escrita por el propio Picasso, alguna de sus plumas, fotografías de aquel momento y otros objetos.

    Llegamos a la primera sala de la exposición propiamente dicha impresiona, entramos en las Sala de las Cariátides, vemos los daños sufridos en los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, vemos una sala herida y, de frente a nosotros, la obra “Masacre en Corea”(1951). No podría estar mejor elegida su ubicación, todo está pensado al detalle para comprender la obra de Picasso, sus etapas, el espacio expositivo y la conmemoración del 60 aniversario de la anterior exposición dedicada al maestro. Vemos que “El Guernica” no está presente pero, en el centro de esta gran sala del antiguo teatro, igualmente nos da la bienvenida. Lo consiguen a través de un audiovisual con el que se recrea la génesis de la obra, en el que,  paso a paso, las figuras surgen de la pantalla como si el mismísimo maestro las estuviera dibujando en ese preciso momento. Se trata de una gran pantalla que  permite que transites por el centro de la sala mientras la obra se crea a tu alrededor. Me pareció una forma perfecta de que te sientas Picasso por un día, parace que usas sus ojos mientras las figuras que componen la obra surgen a tu alrededor resaltando sobre un enorme fondo blanco. La comisaria de la exposición hizo, sin duda un magnífico trabajo en este sentido.

    Además es un guiño al pasado, en aquella misma sala, en 1953, los visitantes pudieron contemplar la grandiosa obra original. En aquella ocasión ocupaba el centro de la habitación, donde hoy está el audiovisual, y quedaba rodeada de sillas para que los visitantes captasen todos los detalles: el sufrimiento de las figuras con los rostros desfigurados, el grito casi audible del caballo, y todo dentro de una sala destruida en una situación de guerra similar pero acontecida unos años más tarde que el terrible bombardeo de Guernica.  La proyección se completaba con imágenes de la vida cotidiana del artista y su familia y amigos, sobre todo fotografías, colocadas en las vitrinas que se situan detras de las pantallas y que salva de la necesidad de dañar las paredes de la gran sala de las Cariátides colgando de ellas las obras.

    A partir de esta gran sala el recorrido discurre por salas más acogedoras, pequeñas, donde las obras pictóricas se presentan cercanas y accesibles, como envolviendo al visitante, acompañadas de dibujos preparatorios, esculturas y collages, con las que se recrea la sensación de que recorremos el taller del artista, como si cada sala representara ese mismo taller en la etapa artística siguiente. Cada etapa queda explicada de una forma muy clara, simple y concisa a través de los textos informativos y de las obras seleccionadas para cada estancia. Una  cuidada selección de las obras que mejor caracterizan cada etapa y que nos hace comprender su visión de la realidad, cambiante como el mismo siglo XX. En ellas podemos apreciar las pinceladas cargadas de pigmento, la viveza de colores, su destreza con el dibujo realista mezclado con su propio universo figurativo y su forma de presentar la realidad fragmentada. La descompone y la compone, usa colores sencillo y estridentes.

    Sin duda es una gran exposición y una clase magistral sobre la obra artística de Picasso y su evolución. Dispuestas a lo largo de los 2.000 m2 del primer piso del Palacio Real, el conjunto de obras consigue mostrar la capacidad de reinvención de Picasso, su carácter experimentador, su incansable creatividad y el dominio de todos los medios de expresión artística de los que se disponía en su época: creó grabados; escultura en bronce pero también con objetos descontextualizados, unidos para crear otra realidad como su “Toro” realizado con un sillín y un manillar de bicicleta; pintura; dibujos preparatorios, que son auténticas obras de arte; fotografía, artísticas y familiares; todo en distintos formatos, materiales, técnicas y estilos.