En la galería Demodográfico se inauguraba el 10 de marzo la exposición Pedro Flores. Oniros, con cuadros, dibujos y obra digital. Prólogo nuestro. A tener en cuenta que Pedro Flores, por diversas razones, no exponía desde hace 10 años. Pedro Flores (Zaragoza, 1964), es un muy conocido artista zaragozano que obtiene el Premio de Pintura Santa Isabel de Aragón, Reina de Portugal, año 1993, y la Beca de la Casa de Velázquez en Madrid, año 1999, en ambos casos de sabida importancia. Miembro fundador del zaragozano grupo El Colectivo Radiador. Además de pintor es un gran especialista en arte digital. Dos líneas técnicas que se ofrecen en la presente exposición.
De los cuadros, siempre acrílico sobre madera, el más antiguo es Password versus Patehwork, de 2012, basado en un sugerente juego geométrico mediante un red de cuadrados y rectángulos como fondo y otras formas geométricas que sitúa encima. A partir de aquí, lejos de la racionalidad citada, ubica en un primer plano dos rostros masculinos de perfil mirándose con fijeza y con el tejido corporal exterior destruido para verse el interior. Matiz dramático. Asimismo, tiene cuadros tan espléndidos como Morfeo, con una mano amenazadora, varias mariposas como destello inocente, y un desnudo femenino con la piel cubierta de una fina red geométrica, Acuación, basado en una hermosa presencia de formas geométricas, merecedoras de una análisis por separado, y un desnudo femenino con la misma red geométrica, y Acuanautas, con dos desnudos, masculino y femenino, y dicha red pero viviendo una situación dramática. También conviene citar, fuera de dicha línea, los cuadros Teatro REM y Árbol del Paraíso. De lo hecho fuera de la técnica digital es imprescindible recordar la muy sugerente Serie Garnacha, de 1997, siempre cartulina, con la incorporación de vino tinto y otros materiales, de manera que abarca el ciclo de la uva hasta su transformación en vino mediante la complejidad formal repleta de sugerencias.
Nos queda un conjunto de obras hechas con técnica digital. Podemos comenzar, pues se trata de una obra aparte del conjunto, con el retrato que nos hizo en 2014, el cual evidencia las múltiples posibilidades del artista. El fotógrafo puertorriqueño Adal Maldonado, que vivió en los setenta el movimiento juvenil de San Francisco, nos hizo un retrato en blanco y negro el año 1988, de modo que nos pusimos su chaqueta, en el bolsillo superior sus gafas y con una mano sujetando unos prismáticos como sugerencia de visión artística. Pedro Flores lo trastoca todo con la técnica digital sobre lienzo con bastidor. La elegante chaqueta monocolor es ahora de múltiples colores, en los cristales de las gafas aparecen solitarios nuestros ojos y sobre los cristales de los prismáticos añade el el bello rostro de la pintora Edrix Cruzado. En el plano derecho incorpora múltiples alusiones a la pintura y en el centro crea una atractiva atmósfera mediante el uso del espacio.
La Serie Reconstrucción, de 2007-2009, es una metáfora sobre el nuevo tiempo, de modo que una figura masculina vive diferentes situaciones a través de un recorrido mostrado en las ocho obras. Todo comienza con dicha figura sentada y dos rostros que afloran de la tierra y se recortan sobre el cielo. A partir de aquí transporta enormes piedras hacia destinos sin finalidad aparente. Además tenemos las series Desarrollo Sostenible, Poemas del Otro, de 2004, Red Fantasma, de 2011, basada en redes de pescar abandonadas en el mar, y Memoria REM, configurada por 12 obras y varias figuras viviendo espacios insólitos, sin olvidar las mariposas como delicado contraste, fantasmales siluetas humanas o la cabeza sin tejido en una mejilla que evoca al citado cuadro, de 2012, Password versus Patehwork. La exposición se completa con obras tan excelentes e imaginativas como Encrucijada, a través de cuatro figuras sin decidir el camino de su inmediato futuro, Derroteros, con dos figuras rodando dos enormes burbujas, Sísifo, mediante la figura que sube una piedra montaña arriba, Dédalo, con el típico y fascinante laberinto e Interrogación, con un desnudo masculino que tiene un espejo detrás sin verse y se recorta sobre un rectángulo, el cual, figura incluida, se repite hasta perderse en el infinito.
***
Estamos ante uno de nuestros mejores artistas zaragozanos, aunque nacido en La Almunia de Doña Godina el año 1965, lo cual determinará, según hemos dicho en otras ocasiones, que el campo abierto perfila el tema y el material de su obra. Exposición titulada En Proceso… e inaugurada, el 14 de enero, en la galería Demodográfico. Obra muy poderosa, dura pero refinada, hecha en su pueblo natal y con el escultor Fernando Casao como ayudante. Aclaramos, quizá de nuevo, lo del campo, pues resulta diáfana la constante presencia natural de vida, silencio, vacío infinito, soledad y muerte. Rasgos como realidades de las que Germán Díez se empapa desde siempre.
Comenzamos con la muy pensada instalación preñada de símbolos, que solo con describirla nos produce mareos por su complejidad. El caso es, simplificando mucho, que hay una figura humana tumbada con árbol nacido desde el ombligo y que desde el techo hay una forma circular de la que cae una lánguida gota de agua cada cierto tiempo sobre un cuenco situado junto a la cabeza. Vida y muerte. Escultura que se completa con otra muy alargada, extraordinaria según nuestro criterio, de gran fuerza, ese poder aludido, mediante agresivas formas metálicas, alambres y troncos de árbol. A destacar la irregularidad formal de una obra que vive pegada al suelo, de ahí el muy sugestivo juego de luces y sombras, tan capaces de multiplicar el ámbito formal. De nuevo vida y muerte. Dicha pasión hacia la vida natural se manifiesta en los cuadros de pequeño formato con planos geométricos en colores claros dominantes e incorporación de ramas secas y papeles pegados. Cuadros que, en realidad, obedecen a una idea preciosa, pues la irregular piedra hace de base, de la que emerge una gruesa varilla de metal que sujeta un cuadro. Nos queda un gran cuadro rectangular con increíbles posibilidades trasplantado a material cerámico. Estamos ante el siguiente panorama plástico. El fondo que acoge el tema principal es una sugerente abstracción geométrica irregular, de tenues colores, sobre fondo blanco, que se acompaña por varios óvalos de papel pegado. Tan generalizada y beatífica tranquilidad se rompe por una forma ondulante oscura que cruza el soporte rectangular, en realidad una especie de gran serpiente tipo boa dispuesta a liquidar cualquier vida humana.
Exposición, en definitiva, rotunda, armónica, todo en su sitio, atravesada por una idea como punto de arranque para mostrar cambiantes formas impregnadas de significados.