Paisajes del pensamiento

 

Neuronas, dendritas, axones, redes de circulación venosa,  mechones pilosos o sistemas radiculares propios de lo botánico. Elementos todos ellos de una morfología visual, que pueblan nuestros cerebros, como seres diminutos  que asumen el protagonismo, compartiéndolo con otros de dimensión astral. Cuando en 1906, le fue concedido el Premio Nobel a Cajal, sus dibujos, que cartografiaban los territorios del alma humana, desbordaron lo estrictamente científico, para desplegarse por la imaginación de algunos artistas de la plástica surrealista. Serían Lorca y Dalí, quienes, a partir del año 1926, encontrarían las piezas del rompecabezas desplegadas sobre la mesa. Por un lado, la presencia de los dibujos de Cajal, por el otro, los dibujos de Tanguy y Masson, que les llegaban a través de las publicaciones y libros franceses. A partir de esa eclosión, su vigencia, se dejaría sentir con fuerza en la plástica surrealista española e internacional.

Sumergiéndonos en las aguas oscuras del pensamiento y la imaginación, la presente exposición Fisiología de los sueños. Cajal, Tanguy, Lorca y Dalí, que puede verse en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, nos  propone una conexión patente, no exenta de cierto riesgo, entre las representaciones histológicas de Cajal, con la producción plástica de numerosos artistas de los inicios del movimiento surrealista tanto a nivel nacional como internacional. Para ello se ha contado con más de un centenar de piezas, entre cuadros, dibujos, libros filmaciones…etc.. Tanto en colecciones públicas como privadas, a nivel nacional e internacional.  

La muestra empieza y acaba con los dibujos de Cajal. Muchas de las ilustraciones del científico español, podrían considerarse como pertenecientes a diferentes movimientos artísticos. Los dibujos de la primera sala, por poner un ejemplo, podían haber pasado perfectamente por surrealismo, cubismo, o arte abstracto. En cambio los Atlas Anatómicos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza,  son obras dignas de ser interpretadas como modernismo o impresionismo.  Tanto para Lorca como para Dalí, supusieron la “ortodoxa confirmación”, los dibujos aparecidos en las revistas francesas de Tanguy -que han sido traídos expresamente para esta exposición-. Un elocuente parentesco visual, se detecta entre el Retrato de Pep Ventura, con el dibujo Decapitación de los inocentes. Ambos de Dalí. Uno de los primeros artistas que afronta de manera directa en una obra de arte,  un repertorio anatómico y de microscopía histológica. Evidente, es el cuadro de Planells El somni de la voluntat ferida (1929). Algo parecido, que también veremos en elementos similares en la serie de dibujos de los jóvenes Viola y Saura, realizados en esta época. Por su parte Miró, que se había dejado seducir por los paisajes microscópicos en sus obras parisinas, abordará con frecuencia metáforas celulares explícitas, como ocurre en la pintura Cabeza y araña sobre fondo azul. Y hasta Óscar Domínguez, con su obra El cazador, prestado por primera vez, como en las obras de García Lamolla, mostrarán por vez primera, a lo largo de su trayectoria, pequeños destellos, que evocan lo capilar-piloso o, incluso, lo neuronal.

Más allá de la Segunda Guerra Mundial, existen pervivencias de estas formas tanto en España como en el contexto internacional. Que sirvieron de base a otros movimientos, como el consabido caso del expresionismo abstracto americano. Ocurre con el dibujo de Rafael AlbertiCuando crezcas Aitana, le enseñarás al mar astronomía, o el óleo La aparición del eco azul, del Saura ya maestro. Pasadas unas décadas aún se puede percibir el papel de la microscopía histológica en artistas actuales como: Javier Pérez, con sus Capilares rojos y Rossana Zaera y su Células nerviosas del cordón lateral. Sección longitudinal del cordón lateral de la médula. Obra de título enormemente largo pero que recuerda, como sí de un círculo cerrado se tratara, a los dibujos histológicos del propio Cajal.