Fotografías, pinturas y esculturas de Estela Álvarez Ruiz

 

En la galería Finestraestudio, desde el 17 de septiembre, tenemos la obra de Estela Álvarez Ruiz, nacida en Badajoz en 1983 pero viviendo en Zaragoza desde la infancia. Además de un texto de la artista con radical crítica contra el dinero, el poder, la sin razón o el sexo manipulado, escribe otro que cuelga enmarcado como signo de su importancia, pues se distingue por una total sensibilidad a través del sentimiento. Ya es significativo, al respecto, que la exposición se titule Vomito, una parte de mi. Dice:

De lo más profundo de la madre tierra nace un pequeño hilo multirracial enredando su vida con la respiración de la naturaleza.  

Al compás que dictan el sol y la luna, hilo y madre crecen, se desarrollan; “evolución” la llaman algunos. 

Los hilos se propagan, creando una enorme maraña sobre el soporte térreo. Una fusión de debía prevalecer. Pero los hilos acabarán por romper la armonía subyugando a la que había sido su sustento: cada vez más oscuros, pierden el contacto con la tierra. En ella solo ven una fuente inagotable de riquezas, sin pararse a pensar en el deterioro que le están causando. Los hilos dejan de lazar sus vidas con la del vientre que los vio crecer

Todo se vuelve tan negro, tan corrupto, absurdo e injusto que duele. Degeneración, pérdida de lógica y control.

Por los siglos de los siglos.

Seis fotografías verticales pequeño formato con fondos monocromos, que sirven para incorporar trazos expresionistas equivalentes a lana de dispares colores formando una maraña de sugestivo impacto visual.

Sigamos con dos cuadros. El lienzo Futuro, de gran tamaño y apaisado, se caracteriza por la tela sin bastidor, cuyo tema es el negro radical, de ahí su fuerza, y en los costados se deja ver la tela con su color natural. Obra singular. Intriga de la soledad radical. En cuanto al lienzo Hecho en España, de menor tamaño, deja su color natural, sobre el que incorpora papel transparente con formas redondas difíciles de precisar y colores varios, así como dos pinceles verticales a la base sujetos por hilo negro que traza un flotante y bello entramado geométrico. Se nos escapan los símbolos entre el título y la realidad del cuadro.

Quedan las esculturas. Sociedad es una rama seca envuelta por lana negra que deja ver otros colores. Fuerza dominante. Origen es un grueso tronco de árbol envuelto por un cordón rojo. Fuerza alterada por el color. Igual a se basa en un tronco de árbol envuelto en lana negra, roja, blanca y verde. Potencia. Natura es una preciosa caja que traza una impecable geometría mediante lana negra que deja ver un mineral en su interior. Exquisitez. La mujer subyugada es un tronco de árbol sujeto por lana negra que configura una espectacular geometría de gran tamaño. A tener en cuenta la lana con su correspondiente delicadeza y el toque férreo del tronco. Obra excepcional. Nos queda El origen del mundo. Estamos ante un gran tronco de árbol sin corteza que representa el tórax de un hombre. Doble símbolo a través de la madera y el tórax. Fuerza sin medida como virtud.

Estamos ante una buena exposición, con algunas obras excepcionales que ofrecen la medida de sus posibilidades como artista de amplio criterio formal, pues basta con recordar la cambiante mezcla de fuerza, toque delicado mediante la lana, refinamiento, sentido expresionista, equilibrio de las partes, variedad de materiales y sentido del color.


E1000, tras la superficie

 

Un auténtico placer que la galería Antonia Puyó reabra su espacio pero ahora en planta calle. Patricia, la hija, sigue como directora con un criterio expositivo muy personal. Ha decidido que exponga un madrileño, nacido en 1981, que firma como E(por Emilio)1000, dentro del 10º Festival Asalto. Catálogo con prólogo de Semíramis González que recoge el criterio del artista cuando afirma que E1000 se confiesa totalmente deudor de aquello que encuentra antes: muros, señales, esquinas, verjas…en las que él interviene, sin perder un ápice de su esencia anterior.

La exposición se anuncia en las dos persianas de la galería con dos abstracciones geométricas que rompen su uniformidad, lo cual se complementa, en cierto modo, con un vídeo para mostrar el proceso hasta terminar una abstracción geométrica sobre una gran puerta en plena ciudad dentro de un ámbito deteriorado. Obra de sobresaliente belleza y depurada técnica. A sumar, en la galería, las fotografías de seis esculturas que ha escondido en diferentes lugares de Zaragoza. También tenemos dos serigrafías, tituladas Silk print, con una tirada de diez ejemplares, sobre las que incorpora una rejilla por obra para generar un hermoso efecto óptico.

A partir de aquí puede asegurarse que las restantes obras son esculturas, fechadas en 2015, con títulos como Oasis, Choque de palos, Reflexión del cubo, Reflejo del pasillo, Trono inalcanzable, Cuadrángulo, La armada invencible, Reflejo de la reja, Siéntese a esperar o Inexistencia. Cabe sugerir la enorme variedad de materiales tipo metal, espejo, madera, vidrio soplado, lienzo, cerámica, aerosol, mármol o piedra, lo cual posibilita la compleja variedad de las esculturas vistas en conjunto. La máxima importancia se da en los espejos que potencian la variedad visual de algunas esculturas, siempre como sutil reflejo del volumen que cambia según se mueve el espectador. Otras esculturas están ensambladas con materiales de todo tipo. El resultado final es una auténtica madeja de significados vía cambiantes sensaciones al servicio de la realidad vista, una escalera, el color del vidrio soplado, dispares materiales rematados por el vidrio soplado y una esfera, según se aprecia en Agujero en la realidad, o media botella en cuyo interior incorpora barritas de sección triangular dentro de una estructura geométrica alargada. La sala de exposiciones tiene una puerta en el suelo que da acceso al sótano. Una vez abierta la puerta el artista ha pintado los primeros escalones y colocado un espejo sobre el que se reflejan siete ladrillos ubicados en el suelo que tienen detrás otro espejo para enriquecer de forma palpitante el conjunto de la obra.

Muy buena exposición, imaginativa, que avala las posibilidades del artista mediante el uso de dispares materiales difíciles de conjugar, siempre capaces de multiplicar el ámbito de las sensaciones con la curiosidad asegurada por cambiante derroche formal. 


Paisajes y bodegones de Javier Riaño

 

En la galería Cristina Marín, desde el 7 de septiembre, se inauguró Naturaleza viva, naturaleza muerta, al servicio de excelentes paisajes urbanos y bodegones como una especie de sorpresa temática. Muy buen pintor y, por supuesto, artista. Javier Riaño, ya se sabe, nació en Ávila el año 1977 y vive en Zaragoza. Para quien siga su evolución pictórica llegará a la conclusión de que tenemos un diáfano cambio, pues basta ver los paisajes urbanos para su exposición en el Torreón Fortea, marzo de 2013, o la reciente en la Sala CAI Luzan, desde el 25 de febrero de 2015, con una temática figurativa muy diferente. Si antes, época Torreón Fortea, sus paisajes urbanos eran muy realistas con escasa capa matérica, ahora los mismos paisajes son realistas pero con una diferencia muy notable al incorporar mayor capa matérica, lo cual significa que pinta suprimiendo leves elementos formales para mostrar el tema a través de impactos visuales con el color como otro gran eje.

Sus paisajes urbanos, con Zaragoza como notable protagonista, es un permanente gozo visual. Atmósfera perfecta, intachable acotación del tema, exquisitas texturas y cambiante color al servicio del tema pero enriquecido por la suelta técnica, son claves para captar cada obra. Dicho así parece muy sencillo, pero conviene recordar la absoluta complejidad técnica y lo sugerido, de manera que todo vibra, todo es reconocible pero diferente.

En cuanto a los bodegones, como absoluta sorpresa, cabe afirmar que cuando Riaño decide algo el resultado es a lo grande. Ni se inmuta. Así pues en la segunda sala de la galería se exponen once bodegones de pequeño y gran formato, con escasa capa matérica y fondo neutro con dos planos para que destaque el tema. A partir de aquí viene el derroche temático muy bien resuelto, como si cada bodegón fuera el absoluto silencio con el lógico marchamo de la quietud radical. A prepararse para admirar cebollas, ajos, uvas, manzanas o sandías, que trascienden su condición para transformarse en absorbentes obras de arte. Es, quizá, como retroceder en el pasado pictórico pero presente con plena vigencia. El extraordinario bodegón español desde hace siglos relanzado con un suspiro actual.


Javier Remírez de Ganuza

 

Desde el 3 de septiembre, Espacio Lateral del IAACC Pablo Serrano, tenemos la exhibición Héroes de Plástico. El pintor autodidacta Javier Remírez de Ganuza nació en Logroño el año 1980 y reside en Zaragoza.                                    

 En la exposición tenemos numerosas obras de tamaño grande y el políptico Electric Mystic Neons, con fechas desde el año 2010 pero, sobre todo, durante 2014 y 2015.

De forma sencilla, sin pretender más, tenemos cuadros figurativos y abstractos. De los figurativos hay obras tipo Red, basado en el rostro de un negro, Crac, con un cocodrilo gigante, y el reproducido en la tarjeta, que acusan poco tono creativo quizá por mostrar una especie de originalidad forzada o el exceso de formas acumuladas como en el reproducido para dicha tarjeta. Lo mejor, con diferencia por indiscutible toque artístico, corresponde al conjunto de abstracciones, por fortuna en mayor número, con títulos tipo Electric Mystic Neons, mediante formas equivalentes a chispazos eléctricos, Cabeza de medidas y rasgos variables, por dominante color expresivo, proliferación de la geometría y planos móviles o Calavera lata y boca de repuesto, abstracción geométrica con intensos toques móviles de formas y colores. Aquí, en las abstracciones, es donde el pintor demuestra que es artista, al servicio de una compleja combinación de formas y colores que resuelve con absoluta naturalidad.


Cuadros de Julia Dorado

 

Con el título Érase una vez, galería A del Arte desde el 3 de septiembre, tenemos una excelente exposición de Julia Dorado, siempre habitual, con 35 cuadros de pequeño y mediano formato, lo cual ofrece una idea sobre su capacidad de trabajo. Están pintados durante los años 2011 y 2013 a 2015, con títulos como La otra historia, Oro puro, Buzón de sugerencias, La eterna duda, Clave de rojo, Gran primer plano, El apuntador, Doble enigma, Lo que el gris esconde, Línea de fuga, Al cielo iré, Brote verde o Falso tiempo en un cuadro. El equivalente al catálogo es una entrevista de Alejandro Ratia que aclara algunos detalles sobre su pintura. Nos interesa cuando afirma que trabaja con acrílicos muy aguados, cerca de la acuarela y lejos del óleo. En mi caso el agua es la ligereza, la transparencia. Obliga a una gran atención, a mucha concentración, porque es un medio que seca enseguida y que obliga  a movimientos rápidos y precisos, crea tensión y exige ideas claras y decisiones rápidas. A sumar su fascinación por la atmósfera, el aire, de Velázquez, como clave para crear el espacio pictórico.

Ni de lejos pretendemos descubrir a Julia Dorado, de sobras conocida, incluso hemos escrito suficiente veces, hasta cuando era miembro del importante grupo Zaragoza, años sesenta, al lado de pintores tan excepcionales como Daniel Sahún, Juan José Vera o Ricardo Santamaría. El caso es que estamos ante cuadros que son como una especie de joyas tipo carta con lacre, pues todas tienen el misterio de lo escrito todavía prohibido por un simple sello. La clave para tanto enigma insoluble, que penetra por doquier, procede del palpitante uso del color, del variado campo formal y de la ondulante atmósfera, hasta el grado que un potente deje móvil, mudo, atrapa sin descanso como si fuésemos ilusionados esclavos de la belleza sin final como trampa para mirar. Por otra parte, conviene indicar que su obra mantiene una frescura como si fuera una joven pintora pero con su correspondiente dosis vía experiencia, igual que Juan José Vera, lo cual obedece al carácter línea ilusión y a una buena salud.


Cuadros de Silvia Castell y Mariela García Vives

 

En el Espacio de Arte Nazca, desde el 30 de septiembre, expone Silvia Castell, nacida en Sabadell (Barcelona) el año 1967, con residencia en Zaragoza desde 1998. Licenciada en Bellas Artes por la Facultad de San Carlos de Valencia.

La impecable y armónica exposición actual se basa en diez cuadros de tamaño pequeño, mediano y, sobre todo, gran formato, pintados en los últimos 12 meses mediante acrílico sobre tela pero con dos cuadros, Reconstrucción y A salvo, en los que usa el volumen saliendo del lienzo. Se aprecia un fuerte paralelismo formal en cuadros tipo Periferia, 2013, y Territorios, 2013, expuestos en el Torreón Fortea desde el 11 de marzo de 2014, con dos lienzos de la actual exposición titulados En torno a un lugar I y II, que tienen el mismo tamaño, 195 x 130 cm., aunque algo ha cambiado al sugerir el espacio mediante un tenue paisaje. Las refinadas texturas, nunca excesivas, multiplican la riqueza general basada en la geometría y el exquisito recorrido conducente al insinuado paisaje. Lo que se entiende como abstracción geométrica pura se da, por ejemplo, en el excelente cuadro A ojos cerrados, con énfasis en los punzantes triángulos y otras formas, que adquieren su total majeza a través del cambiante rojo como único color. Temblor poético y hondura sin pausa. Geometría, como gran protagonista, que tiene en el rectángulo su primordial forma con diferentes tamaños y la destacada condición de pertenecer a la sección Áurea, razón para que todo encierre un gran equilibrio.

Sugeríamos la paulatina presencia del paisaje, lo cual se da, poco a poco, en los cuadros Reconstrucción, aumenta en En torno a un lugar I y II, y Por la puerta de atrás, hasta llegar a su culminación en Desde un lugar, el último cuadro pintado, en el que adquiere protagonismo una especie de irregular marco negro en cuyo interior vibra el paisaje. En los cuadros citados el paisaje se da mediante rítmicos brochazos de cambiantes colores muy cercanos a la abstracción. Estamos, pues, ante insinuaciones paisajísticas con una evolución imposible de calcular, hasta el punto de combinar la racional geometría con el expresionismo figurativo en zonas específicas. De momento dejamos constancia.

 

***
 
En el Espacio de Arte Nazca, EDAN, se inauguró el 2 de septiembre La Raya, en cuya tarjeta la pintora incorpora el siguiente texto: La raya, el límite, lo real e irreal, verdad o mentira, bueno o malo, querer o no querer, rico o pobre, volar o estar sentado, amor o atracción, odio, débil o fuerte, ver o estar ciego, pasarse de la raya

Obra reciente con 14 cuadros de los que uno es un díptico y otro un tríptico, como norma de pequeño y gran formato. Obra con mínima o bastante capa matérica, incuso mezcla de ambas. El cuadro con más tiempo se titula Los bañistas, basado en una pareja de bañistas tomando el Sol e inmersa en la potente luz solar, motivo para incorporar el impecable color que muestra la adecuada atmósfera. Otro cuadro figurativo se titula El soto, con los muy verticales troncos de árbol como protagonistas dentro del impecable ambiente, que logra mediante cuatro planos irregulares paralelos entre sí.

El resto de lo exhibido consiste en abstracciones con áreas expresionistas como focos de atracción y planos geométricos paralelos a la base, con la excepción del tríptico al servicio de bandas irregulares verticales  a la base. A destacar la proliferación de sensaciones por la propia complejidad formal, de manera que asistimos a la típica mezcla de lo racional con lo intuitivo, pero siempre con lenguaje muy personal.

Quedan dos cuadros de 2015, pequeño formato, que son los últimos pintados y se titulan Asimétrico. Tienen el fondo negro para amortiguar el impacto de los numerosos cuadros y rectángulos paralelos entre sí, hechos con madera pintada y esmalte, como norma con cambiante colores muy contrastados. Cada forma geométrica es como tal un diminuto cuadro que transpira independiente, de modo que predominan las abstracciones líricas con muy bellos microespacios, siempre enigmáticos, sobre fondos neutros con toques más o menos expresivos. El conjunto es de gran riqueza formal, como dato que registra la indiscutible imaginación de la pintora.


Pierre Bonnard: La obsoleta pasión por la pintura

 

Organizada por la Fundación Mapfre, en colaboración con  los museos de Orsay de París y el Fine Art Museums de San Francisco. Pierre Bonnard, regresa a España, tras treinta años, de su última muestra, en nuestro país. En este caso, se podrán admirar  ochenta pinturas, doce dibujos y medio centenar de fotografías cedidas por más de treinta colecciones públicas y privadas.  

 Miembro fundador del grupo simbolista de los nabis, (profetas en hebreo), que  pretendían plasmar en sus pinturas una verdad que fuera más allá del mundo visible a través de la exaltación del color, la simplificación de las formas y la trascendencia mística y enigmática de sus composiciones.

 La muestra está concebida, en ocho partes, que pretende dar un paso adelante y  presentar una visión completa y articulada en torno a los fundamentos de su pintura, con el fin de transmitir unidad a su obra.

Exaltación del color y simplificación de las formas, pero con un gran poso de melancolía y soledad, en el fondo de sus obras. Sus personajes están aislados, no miran al espectador. Como ejemplo, tomaremos la obra titulada Homage áMaillo, donde el carácter intimista de la escena, en torno a la mesa del comedor,   refuerza la impresión de encerramiento de los personajes, creando una atmósfera cargada de misterio. Los desnudos de Bonnard presentes en la exposición permiten contemplar la evolución del artista, dentro del ámbito doméstico, convirtiendo al espectador en un voyeur. Pero cuando se trata de autorretratos, como este El Boxeador,Bonnard,  se muestra despojado de cualquier atributo externo, revelando con gran intensidad la angustia existencial, la profunda soledad y la casi monstruosa inquietud que con frecuencia le acompañaron. En lo que respecta a sus paisajes, muestra una  evolución lírica de la naturaleza, pero vibrante y luminosa al mismo tiempo. Aunque sin mostrar sombra alguna, en los personajes o monumentos representados. Lo que demuestra una obsesión manifiesta, por mineralizar personas y cosas, transformando a todo ser vivo en piedra.   Para Bonnard, el dibujo constituye un medio de pensamiento y una parte esencial de su creación. La selección de dibujos que presenta la exposición ofrece rápidos bocetos, en acuarela y gouache, para proyectos que van desde la decoración de abanicos,  un comedor, o  para la realización de un cartel de su primera etapa.

Nuestro artista es uno de los primeros pintores, en  entender la utilidad de una cámara de fotos, para su propia obra. Bonnard retrató con su cámara paisajes sueltos del norte de África, España y  Venecia, así como a los maestros  Renoir y Monet. Todas estas fotos, inéditas hasta ahora en España, completan la visión de su propio mundo, que no es oscuro e indescifrable, sino que está hecho para ser entendido de un solo golpe de vista. El conjunto de la obra de Bonnard, revela una búsqueda, melancólica, carnal y  fusional, entre el ser humano  y la naturaleza


Pierre D La: Galería de personajes

 

Los acontecimientos que han forzado a los escritores a reunirse en un congreso con el fin de tomar medidas de defensa, nos ponen delante de problemas ambiguos y confusos, siendo que ellos mismos han nacido de acontecimientos ambiguos y confusos. Estos son, además, acontecimientos contundentes y dramáticos, y nuestros problemas no podrán ser más que reales y dramáticos.

Benjamin Fondane, El escritor ante la revolución, 1935

 

 

            Entre el 10 de septiembre y el 23 de octubre en el espacio Córner MIZ del centro Zaragoza Activa conocido como “La  Azucarera”, el poeta visual pierre d la nos presenta una nueva serie de poemas visuales, esta vez retratos de aquellos escritores, pintores, cineastas y fotógrafos, todos ellos vinculados de un modo u otro con el movimiento surrealista y que, por alguna razón, han ocupado un lugar destacado en su vida, tanto en calidad de persona creativa como simple “respirador” que diría Duchamp. Si bien el procedimiento parece sencillo a simple vista, plantea lo que en el fondo todas sus series de poemas visuales y de poemas-objeto han sido (De un cierto aliento por el gusto, El silencio de la comunicación, Hacia el interior, etc.), un proceso continuo que como tal aspira a instaurarse -antes que nada- en calidad de experiencia vital, devolviendo en este caso sus aportaciones a estos personajes a modo de juego dialéctico de instantáneas que determinan los instantes de la vida:  Tristan Tzara, André Breton, Max Ernst, Leonora Carrington, Luis Buñuel, Man Ray, Hannah Höch, Francis Picabia, el misterioso Jacques Vaché y el surrealista checo Jan Svankmajer, maestro del stop motion.

            Pierre d la no concibe la vida como una continuidad, sino como un plano laberíntico desplegado. Parece mentira que con todo lo que he escrito sobre su producción todavía no encuentre una fórmula ajustada para referirme a su persona: escritor, creador, diseñador, creador… ¿artista? ¡No por Dios! Eso supondría una enorme escisión de su actividad del resto de su vida, y eso tan sólo en un principio. Pierre d la es un gran derivador, de sustancias, de calles, de metros, de trenes, de recuerdos, de fotografías, de recortes, de letras… Derivar supone pasearse a uno mismo como quien saca a su perro. Pero derivarse conlleva el misterio de la transustanciación. Es así que aunque el propio autor nos describa el procedimiento empleado como una simple incorporación de una imagen sobre la inicial del nombre de cada personaje, este motivo no siempre es evidente. Unas veces encontrado, rescatado, adherido como el sello extraído del olvido filatélico; pensemos por ejemplo en la relación establecida entre Breton y la Martinica expresada sobre todo en su breve libro publicado póstumamente Martinique charmeuse de serpents, frente a la enorme extensión de toda su obra; o en los guantes de boxeo que nos remite a una de las tantas aficiones de juventud de Buñuel, siendo que cualquiera hubiera recurrido al ojo de Un chien andalou que, en este caso, es atribuido no sólo a uno de los ojos “tactilistas” de Svankmajer, sino más claramente a Man Ray y su “Objeto para ser destruido” que, en el retrato aquí dedicado por pierre d la, se invierte en un recuerdo “indestructible”. Las propias iniciales son víctimas de esta búsqueda entre las mayúsculas y las minúsculas, entre las itálicas y las versales… en fin, la X de un encuentro para Tristan Tzara. Es así como la propia explicación de pierre d la forma parte del conjunto de pistas ofrecidas para la perdición y el reencuentro. No os fiéis. Déjense engañar para encontrar una nueva certeza. ¿Y todo esto para qué?, os preguntaréis. Resulta sencillo aunque a veces producente recurrir a las viejas sinestesias del simbolismo con el fin de referirnos a arbitrariedades semejantes. Intuyo: ¿a qué huelen los recuerdos personificados en unos “personajes” que pierre d la jamás conoció más que a través de sus legados diseminados por el “gran mercado del mundo”? La transmutación continuó en la presentación de la exposición: del olor a la luz de las proyecciones de los propios poemas, yuxtapuestas una vez más a las emisiones sonoras de otro miembro del grupo zaragozano ecrevisse: el creador sonoro Antuán Duanel (Antuán Duchamp actualmente), esta vez en compañía del músico Carlos Villar. El aroma de las huellas que, tan sólo al ser impresas, determinan el plano de la experiencia. Del caos emerge el azar, el mismo que pierre d la atribuye al procedimiento. Ahora sabemos por qué. ¿Retrato o autorretrato? Siempre atentos a la misma perdición, al final y tras una cortina de falsas evidencias caemos en la cuenta de que somos nosotros y no pierre d la ni el poema en sí, los que establecen las relaciones entre las unidades presentadas.

¿Me dirá usted entonces que tan sólo quedan las yuxtaposiciones?, ¿qué no hay interacción alguna entre las distintas partes? No somos de esa gente que gusta recurrir a los bucles. Lo que al final siempre nos resta es la certeza de un misterio constante tanto en el exterior objetivo como en el interior de nosotros mismos; y el estudio de las coincidencias entre uno y otro que tan bien define el surrealismo y su azar objetivo, es un buen punto de arranque para mantener siempre la modestia necesaria y reconstruir nuestra experiencia en este mundo de sobreabundancias abstractas. Haciendo participar de este juego a la primera de estas abstracciones al margen de su papel intermediario en la comunicación, -el lenguaje-, comenzamos a recobrar la vida, aunque todavía quede nos mucho por conquistar.         


Nueva cosecha de talentos: Premio Ibercaja de Pintura Joven 2015

 

Aunque no lo parezca, o no se quiera creer el mundo actual que conocemos, nunca ha estado más necesitado de arte. Y de sus creadores artísticos, en particular, porque pueden ayudar al resto de la sociedad, a ser mejores personas, mejores ciudadanos. Bien cierto es, que el mundo del arte contemporáneo, tal y como lo conocemos, ha muerto. Y estamos hartos de escuchar, que: “hoy en día cualquier cosa, es considerada arte”.

Nos encontramos ante un nuevo Renacimiento de técnicas y planteamientos, utilizados por los jóvenes creadores, dónde aúnan la necesidad expresiva, con la búsqueda de nuevos soportes. Formando un conjunto expositivo, estimulante y necesario para comprender el arte actual.

El Premio Ibercaja de Pintura joven, que ya va por su séptima edición. Es uno de los pocos premios, del país que apoya a los artistas jóvenes, en el inicio de sus carreras. Y por qué no decirlo, uno de los pocos premios, que cuenta con miembros de la Asociación Aragonesa de Críticos, para que formen parte del jurado.

En esta nueva edición, se han presentado más de trescientos artistas, de todo el país. Siendo seleccionadas treinta y siete obras que se muestran, en la Sala de exposiciones, “Patio de la Infanta”, de la entidad bancaria. En cuanto a la exposición  en sí, podemos dar buena cuenta de la variedad, en cuanto a contenido, forma y sobre todo, de técnicas. Aunque todas tienen un nexo común: Son obras de gran formato, que, de una manera u otra, reflexionan sobre el futuro del arte.  

De las obras expuestas, debemos destacar a Juan Manuel De La Rica, por Las inquietudes de España, Óscar Nafría Giraldo, por su obra titulada Líquido. Diego Benéitez Gómez, por Allá en Castilla. Carla Hoet, por La siesta.  Aurelio San Pedro Ríus, con su Recorrió su camino. Cristina Toledo Bravo De Laguna, Paseo matinal. Sarajevo, 1992. Y Abrahám Gascón Lozano, por su espectacular, Cruz bizantina anacronía cromática. En lo que respecta a las obras ganadoras. Del segundo premio, que fue para la obra titulada King, del zaragozano Eduardo Cruces Lacadena. Se trata de un acrílico figurativo, que recuerda al surrealismo mágico. Efecto de belleza, heredero del Renacimiento. El primer premio, fue para el colectivo Señor Cifrián, formado por las artistas Esther Señor, y Carmen Cifrián, que presentaron el políptico Dibujos de humo. Esta producción artística formada por dieciséis piezas, es el resultado de una investigación sobre las posibilidades de representación de los objetos habituales, convertidos en obras de arte. Congelados en el tiempo, como si se tratara de una cámara de las maravillas, del siglo XVII, o  de una placa fotográfica de daguerrotipo, del siglo XIX. Estas obras, desafían nuestra percepción visual, adquiriendo conceptos de memoria y perdurabilidad. Un resultado novedoso, muy original y de gran belleza estética. Que plantea un nuevo paso adelante, en el tratamiento de la pintura, individual, y del arte contemporáneo, en general


Necrológica: Ángel Aransay. Pintar la vida, vivir la pintura

 

“El dibujo es la escritura de la pintura, y así como en nuestras cartas el grafólogo puede rastrear nuestros caracteres sin que las noticias y sentimientos que quisimos transmitir a nuestro corresponsal le distraigan en su análisis implacable, así el estilo se manifestará a quien contemple nuestra obra, independientemente de que los temas sean abstractos o figurativos, cargados de detalles narrativos o de formas alusivas como un sueño”. En estas breves, pero intensas palabras del recientemente desaparecido Ángel María Aransay, uno de nuestros pintores más relevantes, debate sobre teoría y práctica del arte, entendido como lenguaje y creación. Aransay fue un artista con un estilo personal reconocible. Nacido en Zaragoza, en 1943. De cualidades innatas, que irá perfeccionando en una sólida formación pictórica, tanto en la Academia Cañada, en sus comienzos, como poco tiempo después, perfeccionando su estilo tanto en la Escuela de Artes aplicadas de Zaragoza, como en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, de Madrid. En los setenta, participó en todo tipo de concursos y premios, dándose a conocer en otras ciudades españolas como Sevilla, Pontevedra, Barcelona, Granada, Madrid, Cádiz, Marbella, exponiendo individualmente en Valladolid, Madrid,  Huesca, Granada y Málaga. Por cierto, en el catálogo de la exposición de la ciudad malagueña, que pudo verse en la Diputación Provincial, existe un breve, pero intenso texto de Camón Aznar, sobre nuestro artista, que afirma: “Las formas vistas desde su masa. Desde la simplicidad de unos volúmenes que en pintura se manifiestan por planos de color entero. Este es el arte de Aransay, que ha concretado su visión del hombre y del paisaje en bloques de sobria y fuerte policromía. La expresión radica aquí, no en distorsiones faciales, sino en la gravedad de unos tonos adscritos a unas manchas, que se dosifican y concretan en relieves vivos”. En las primeras individuales se advierten ecos postcubistas, con una influyente atracción hacia el tenebrismo del Greco, al que homenajeará, para más tarde abordar armónicos contrastes, como el azul y amarillo, típicos de Vermeer. Afirma Ángel Azpeitia, por esa época: “El Aransay picassiano, recibe el aliento de Bacon. Pero sólo admite influencias que pasen por su pincel”.

En aquellos años, la transformación social, y el fin de la dictadura franquista, estaba muy próxima. España se incorporará al sistema político reinante en los países del entorno europeo: la democracia.  Aransay, por su parte, se mantendrá muy próximo a grupos de vanguardia, con los que compartiría espacio en  una extraordinaria concentración de talento y creatividad,  que se congregó, por poco espacio de tiempo, en la entonces cochambrosa casa palaciega, de la calle Santa Cruz. En su libro Zaragoza. La ciudad sumergida, el también artista Eduardo Laborda, recuerda aquella etapa vivida: “Ser pintor, como torero o tonadillera, a finales de los 60 seguía siendo considerada una profesión para vagos o vividores y las familias en las que salía un garbanzo artista lo llevaban como una cruz”….”En aquellos años, los dueños de los palacios zaragozanos tenían serios problemas económicos para afrontar los costes de mantenimiento de los deteriorados edificios con inquilinos de rentas muy bajas; así que se veían obligados a dividir los pisos y buhardillas y arrendarlos a precios actualizados a jóvenes artistas o a ocasionales casanovas”.

Probablemente, unas de las más  agrias experiencias artísticas, de Aransay, en su ciudad, fue el frustrante pero ambicioso proyecto, de siete artistas locales: Baque Ximénez, Natalio Bayo, Pascual Blanco, José Luis Cano, Martínez Tendero, Orús, y el propio artista, de la decoración mural de una serie de cúpulas, pechinas, sobrepuertas, del interior de la Basílica del Pilar. Algunos años más tarde, afirmará Azpeitia: “Por su buen hacer, por su don de síntesis y por sus cuidadas estructuraciones pienso que es, por lo menos en potencia, un magnífico muralista. Quien esto escribe no acaba de explicarse que lo medios oficiales hayan desaprovechado esa capacidad”. De acuerdo con lo comentado por Azpeitia, el también artista plástico, Paco Rallo, afirma: “Echo de menos un buen mural de Aransay, en  detrimento del patrimonio artístico, para esta ciudad, y probablemente, para Aragón”.

Es también  justo recordar  a Aransay en otros ejercicios, que desarrollo con la misma pasión que puso al pintar, pero evitando contraponer lenguaje a creatividad: escritor, teórico, poeta e incluso, crítico de arte, en diversos medios de comunicación. Sus críticas constructivas, dejan  claro, que estaba al tanto de lo que estaba de moda en el arte. Así recordaba, el propio artista como acabó sustituyendo al también pintor Jorge Gay, en la labor de crítico de arte semanal, en las páginas de Aragón-Express: “Para mí, dedicarme a la pintura fue como entrar en una plaza de toros en las que a veces saltas a la arena a medir tus fuerzas y exponer tu valor, pero la mayor parte del tiempo estás deambulando por palcos y pasillos, más bien perdido por las escaleras de los graderíos, intercalando opiniones con tus colegas sobre el ambiente reinante. Por ello, cuando Jorge Gay me ofreció pasarme los trastos de la crítica que él estaba haciendo en el «Aragón-Express», dándome la alternativa en una actividad que yo no esperaba practicar, fue como si me diera pase libre para entrar directamente al callejón y a veces hasta el palco del presidente, desde los burladeros hasta el patio donde se desollaban las reses, función ésta de no poca importancia en el mundo artístico. Algún revolcón me caería por semejante doblete de pintor y crítico, mal comprendido en algunos casos, y no sólo por presuntos autores de la obra comentada, pero que creo haber justificado con el paso del tiempo, que demostró la más honrada imparcialidad posible puesta en ambas lides».

“Los homenajes, en vida”. Frase oída y reconocida mil y una veces, ante casos de artistas, que pasaron por el mundo sin pena ni gloria. Este no fue el caso de Aransay, que fue profeta en su tierra, con una retrospectiva, que el Ayuntamiento de Zaragoza, organizó en la Lonja, con motivo de las Fiestas del Pilar, del año 2012. Bajo el título Maneras de pintar, pudieron verse setenta y dos piezas, que iban  desde la pintura figurativa, a los planteamientos más modernos. Cuatro décadas de trabajo, bien recompensado.

Aransay, siempre se encontraba allá donde su curiosidad innata, le llamaba: Plazas, bares, callejas, librerías o ante algún palacio. Imágenes de la vida nocturna, que le vieron crecer como artista, y contertulio inagotable. Pero en ningún sitio como el bar, y para lugares predilectos, El Bonanza, lugar al que acudía, sobre todo en los últimos años, con esa fatiga inesperada al hablar, pero a la vez con aquel sosiego, de sentimiento placentero que provocan los lugares tranquilos, donde su única conquista, era la monotonía.

Hoy, Aransay, ya no se encuentra entre nosotros. Su figura quedará en el recuerdo, como una leyenda urbana, como una sombra alargada  paseando todavía entre nosotros, aunque sea en las noches turbias de su querida Zaragoza, idealizada y transfigurada, como los personajes de sus cuadros. Ángel Aransay, quedará en la memoria de aquellos que le conocimos, como creativo, culto, humanista e imprescindible