Cerámicas de José Carlos Vegas. Cuadros de César Sánchez Vázquez. Acuarelas de Ángeles Felices

En el Torreón Fortea, desde el 5 de mayo, se puede ver la exposición José Carlos Vegas. Materia Infinita, con prólogo de Antón Castro. Ceramista nacido en Segovia el año 1960 pero con muchos años residiendo en Zaragoza. Desde 1992, como información, es maestro de taller de Cerámica Artística en la Escuela de Arte de Zaragoza. Obras expuestas de 2015 y 2016.

En cerámicas tipo Siguiendo el rastro, de 2015, y Souvenir, de 2015, recarga la composición con múltiples planos que proliferan por doquier. Lo mismo puede afirmarse en cerámicas tipo Arqueología dominical, de 2015, con la mezcla de un pez y fragmentos de cerámica. Puede afirmarse todo lo contrario con la también titulada Arqueología dominical, de 2015, basada en dos planos a derecha e izquierda y fragmentos de cerámica en el plano central, de modo que la articulación de las partes evita cualquier inútil exceso. Si en la cerámica Vanitas, de 2016, captamos el equivalente a una cacharrería con fragmentos de cerámica y otras enteras, sin duda muy forzado, lo que entendemos como obra de arte se da en obras tipo Ouroboros, de 2016, mediante un gran círculo de color acero cortén y en su interior fragmentos de cerámica blanca que configuran dispares formas como si el autor indicara una especie de positivo caos. Siempre sin olvidar las cerámicas cuadrangulares de muy pequeño tamaño que son auténticas joyas por exquisitez y composición. Que José Carlos Vegas es artista ni se duda, pero conviene que controle su pasión encauzada hacia el exceso sin cuajar detectable en cerámicas tipo Vanitas.

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Titulada Días de Vinilo y Coplas. Retrospectiva 1975-2016, se inaugura en la Casa de los Morlanes el 17 de mayo con muy aclarador prólogo de Jaime Esaín para trazar la trayectoria del pintor desde su primer cuadro pop, en 1978, hasta el presente dentro de dicha línea creativa. A recordar, en la época, la magnífica etapa pop del pintor Vicente Villarrocha. Durante años pictóricos veremos todo un conjunto de temas, españoles y extranjeros, que trazan un limpio panorama, sin obviar el muy buen sentido del color y el total dominio técnico. Sin embargo, como matiz negativo, ni de lejos vemos claro que pinte cuadros actuales con temas de otra época, como Robert Taylor en su Lasalle, de 2000, con el actor junto a su coche años cincuenta, Buick, de 2009, con un modelo de coche fabricado hacia los años cincuenta o Locomotora 1950, de 2016, con la típica locomotora y el carbón como fuente de energía. Parece como si el pintor tuviera una insoluble nostalgia del pasado, de modo que el mundo actual, visto en conjunto, nunca queda reflejado de forma amplia, como debería de ser.

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Desde el 19 de mayo se inaugura la exposición Ángeles Felices. Sentir la Tierra en el Palacio de Montemuzo. Prólogos de Desirée Orús y Rafael Ordóñez Fernández que definen su obra y se complementan con total precisión. Pintora y acuarelista que retoma la pintura en 2007. Artista nacida en 1948 y casada con el pintor y grabador Hermógenes Pardos.

Acuarelas figurativas, de 2015, que reflejan con precisión y altas dosis de afecto aquellas áreas que le interesan del campo, siempre con fondo monocolor y delicados colores. Basta ver temas como los frutos de un árbol, los restos de una tapia con puerta de madera que ha sufrido el paso del tiempo, la serie sobre troncos de árbol, el primer plano con piedras del río Ebro, las rocas con fascinantes formas o el río Gállego. Exquisitez.


Cuadros y collages de Fernando Estallo

Juan Ignacio Bernués Sanz, conocido historiador y crítico de arte, nos hablaba maravillas, desde hace tiempo, de un tal Fernando Estallo, de vida cambiante capaz de exponer en Barbastro y alrededores, de modo que su exposición en el Palacio de Villahermosa, de Huesca, es casi como un atrevimiento lejos de su Barbastro natal. La exposición se inauguró  el 3 de mayo y la visitamos el 4 de junio con presencia del artista y del prologuista, por supuesto Juan Ignacio Bernués Sanz. Su primera exposición individual fue en 1998, con 46 años, sin duda en Barbastro. Ofrecemos algunos datos del artista, sacados del catálogo, porque estamos ante una personalidad desbordante inundada de positiva pasión. Nacido en en 1952, escribe poemas desde los 15 años y estudia Filosofía y Letras en la Universidad de Zaragoza, de modo que en dicha ciudad colabora, entre 1972 y 1974, con el Teatro Estable y en la creación del Grupo “Octubre”. Fallece su padre en 1975 y regresa a Barbastro para regentar la peluquería paterna durante cuatro años. Con posteridad vive en Gerona donde aprende ganadería y vive con intensidad la naturaleza. En 1998 fija residencia en Barbastro y en 1992 publica su primer libro de poemas pero compartido, Interminable el desengaño, junto con José María Mur y Evaristo Albadalejo. No es casualidad, por tanto, que en 2015 publique Flux Para Poemas, con numerosos poemas cortos  en una hoja gigantesca doblada. Poemas de gran atractivo, ágiles, fugaces e impactantes, tipo El reto experimenta con el azar “te has secado las lágrimas el mundo dejará de ser erróneo”, Durante siete días, estaba llena. Llena y fría. A gatas, abriendo la puerta. Ardiendo la puerta, Con cinco balas el regreso es más sombrío o Ha venido cada noche de la agonía olvidable ella se esconde detrás de su nombre.

Pero ahora estamos con su exposición. Collages de pequeño formato tiene extraordinarios, como el tríptico publicado en el catálogo con la evocación de tres figuras perforadas con agujas y plena de fuerza creativa: el quieto silencio de un borbotón. También tiene otros con muy variados temas y la presencia de figuras al servicio de matices dramáticos. Lo que entendemos como cuadros son también collages sobre papel manila, técnica mixta y variados tamaños. Las muy cambiantes texturas son trascendentales, pues se ponen al servicio de un expresionismo abstracto cargado de cambiante fuerza, en el que dominan los planos, las bandas languideciendo hacia la base del soporte o cierto toque etéreo deslizándose con sutil movimiento. También tenemos una forma dominante que protagoniza el cuadro, como si fuera un ente indescifrable que vive desde su implícito azar. Los colores transpiran al servicio del campo formal, de modo que suele predominar uno como fondo, sea blanco, oscuro o de suaves tonos, pero con frecuencia acompañados de otros que son notas exclamativas. Mundo del subconsciente cargado de autenticidad, como si cada cuadro, cada pequeño collage, fuera otro poema corto atrapado en su ser.


Fotografías de Antonio Uriel

Ya antes, en el mismo espacio el año 2013, expuso El origen del invierno, pero ahora el zaragozano Antonio Uriel, desde el 3 de mayo en la galería Spectrum Sotos, exhibe un conjunto de 26 fotografías en blanco y negro bajo el título Alud Portátil. Tamaño mediano y obras sin titular como simple dato. Estamos ante uno de nuestros mejores fotógrafos a nivel nacional, con una obra coherente, sólida, imaginativa, siempre partiendo del fotocollage como depurada técnica, lo cual le permite abordar cualquier tema con inconfundible estilo propio. En su texto para la exposición traza, muy en síntesis, un intachable cuerpo teórico de alto nivel que arranca del pasado, sin olvidar el ámbito del primer surrealismo o el pensamiento de Roland Barthes y de John Berger. Sin duda todo en relación con la fotografía. También comenta que hay un nexo entre aquella exposición de 2013 y la actual a través del concepto alud vinculado al título de la exposición.

Antes de comentar la exposición cabe detenernos en el magnífico autorretrato. Se fotografía de frente con medio cuerpo mirando a la cámara, dentro de un generalizado color oscuro y un racionalista plano vertical que es una abstracción geométrica con planos blancos y grisáceos. Estos contrastes de formas y colores, como chispazos blancos estallantes, los muestra en todas sus obras. Las restantes fotos pueden dividirse en dos temas: interiores y exteriores con la calle como protagonista dentro de un medido paisaje urbano.

Ejemplos de interiores. La pierna de un hipotético personaje que ve la ¿televisión? Dentro de una especia atmósfera. La escalera, tan querida por el fotógrafo, que abarca dos plantas con visillos moviéndose para ampliar el toque enigmático por inquietante vía amenaza. Un colchón y ropa desordenada, como en la obra con los muebles. Y, para concluir, una cama con ventana para sugerir el exterior. Todo para indicar la presencia humana.

Ejemplos de exteriores. Baldosas con plano lleno de reflejos. Una calle con figuras en actitud natural. Paisaje urbano con ramas en un primer plano y figuras difuminadas al fondo.  Losas alteradas por una franja de adoquines, forma de reflejar el pasado, y las piernas de una figura. Calle oscura alterada por un plano rectangular como si fuera una gran pantalla con imágenes. Rincón de una calle con banco y palomas para mostrar lo natural cotidiano. Y fábrica con nubes y su típico plano rectangular cual pantalla.

En ambos casos, interiores y exteriores, escrito con tan esquemática frialdad parece como si las fotos carecieran de toque mágico. Todo lo contrario pues vibran con dispar intensidad al servicio de  cambiantes sensaciones y formas.


Ángel Díaz Domínguez: Alegorías del Ebro. Cuadros de Domingo Sanz Azcona

Del pintor Ángel Díaz Domínguez, con el título Alegorías del Ebro, se exponen un buen número de estupendos carteles en la Asociación de Artistas Plásticos Goya-Aragón, con prólogo de Alberto Castán Chocarro, que en la inauguración trazó un sugestivo panorama de la época vinculada con el pintor y la Confederación Sindical Hidrográfica del Ebro. El prologuista comenta que en julio de 1927 la Confederación publicaba una revista, Confederación Sindical Hidrográfica del Ebro, de la que José Valenzuela la Rosa era director y Díaz Domínguez responsable artístico. El pintor fue responsable de las portadas hasta junio de 1931.

Siempre tiene un fuerte matiz atractivo comprobar cómo una época adquiere personalidad mediante, por ejemplo, un tipo de colores, formas y temas inexistentes en la actualidad vital española propia del campo y la agricultura. Así, por tanto, veremos panoramas de los ríos, centenarios olivos, figuras masculinas que resaltan por su corpulencia y se dedican a cuidar del ganado o a sembrar, mientras que de las femeninas tenemos la figura que lleva un niño en brazos y la comida para el marido o bailando quizá una jota, da lo mismo. Portadas de gran valía que hemos descubierto gracias a Alberto Castán Chocarro. La Confederación, por suerte, sabe lo que tiene y piensa preservarlo.

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La Asociación de Artistas Plásticos Goya Aragón, desde el 1 de junio, inaugura la exposición del pintor histórico Domingo Sanz Azcona, nacido en Zaragoza el año 1927. La exhibición se basa en cuadros de gran formato pintados en fechas muy recientes. Como contraste, para mostrar quién fue, hay un cuadro de 1948, que es una excepcional abstracción expresionista, vital, tenebrista, en colores rojos, verdes y negros, fiel reflejo de la dictadura. Cabe añadir que en 1947 ya tenía abstracciones, de modo que es un ejemplo entre aquel conjunto de pintores abstractos, caso único en España, que desarrollaron su obra en Zaragoza entre 1947 y 1951.

Ahora estamos con dichos cuadros  recientes pintados con 89 años. Pero antes citamos dos cuadros fuera de la norma. Se alude a un paisaje imaginativo por los exclamativos colores, las formas de animales y el equivalente a montes, de modo que el conjunto adquiere un tono medio surrealista, mientras que el otro cuadro se basa en hojas rojas dentro de una atractiva atmósfera. El grueso de la exposición consiste en abstracciones geométricas con proliferación de cuadrados, rectángulos, círculos y óvalos, como norma en el lugar exacto para enfatizar en una fuerte dosis serena y quieta. Tanta racionalidad se altera por dispares y delicadas texturas que generan microespacios, pequeñas formas cambiantes y el equivalente a una telaraña cual tejido de gran atractivo. Combina, por tanto, la racionalidad geométrica con el impulso vital emergiendo de su intimidad. A la indiscutible categoría de su obra, que ni se duda, resaltamos el tono general de frescura, como si los cuadros estuvieran pintados por un joven artista, cuando resulta que tiene 89 años. Salud y larga vida.

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En el Ateneo de Zaragoza se puede captar la doble vertiente, desde un prisma formal, del pintor Jorge de los Ríos a través de serigrafías y cuadros. Las 15 serigrafías se titulan Il Frutto dell´albero y están estampadas a ocho tintas en el taller de maestro serígrafo zaragozano Pepe Bofarull. Estampas entre diciembre de 2015 y enero de 2016. Serigrafías equivalentes a cuadros con fuertes colores, basta ver los rojos, verdes y oscuros sobre fondos blancos, que configuran planos irregulares con tendencia geométrica y dispares espacios para que floten algunas formas con sutil movimiento. Expresionismo absorbente al servicio del mundo interior perfil artista eco de cierta convulsión irracional de la sociedad. Dicho expresionismo enmudece vía contraste con los excelentes cuadros Toru, de 2008, y Bachiana, de 2015, por supuesto con su conocida técnica mixta sobre zinc, de manera que el metal es el único color al servicio de una intachable estructura geométrica que palpita con equilibrado orden.


Fotografías de Rafael Navarro

En el Instituto Aragonés de Arte y Cultura, el 13 de abril, se inaugura la exposición  Polifonías. Rafael Navarro, con numerosas obras del artista en el catálogo y dos prólogos que se complementan de maravilla, pues el de Alejandro J. Ratia es un exhaustivo texto centrado en la obra del artista y el de Sara Sáenz-Díez Alonso es una entrevista al fotógrafo, en ambos casos de obligada referencia.

En el catálogo se reproducen obras desde 1976 hasta 2015, lo cual ofrece una magnífica panorámica para captar la evolución del artista y sus temas preferidos. La fotografía en blanco y negro es la preferida del artista, pero hay un pequeño conjunto en color, de 2015, que ofrece una idea sobre su magnífico sentido cromático e intachable composición. Citamos, por tanto, No identificados, con esas figuras humanas borrosas que, al parecer, caminan hacia destinos sin determinar, Máscaras rituales, mediante nueve fotos en una  que son como secuencias también borrosas en las que se vislumbra algún enigmático rostro, Rito, con el medido color al servicio de nueve imágenes repletas de misterio sobre fondos neutros, El muro, basada en el mismo desnudo femenino recortado sobre un muro que muestra en nueve imágenes para mostrar diferentes visiones, Panteón, a través de 25 imágenes dentro de otros tantos círculos que señalan variantes nubosas, Dos lunas, mediante un hermoso y exquisito paisaje que se extiende paralelo a la base hasta el infinito y se alumbra con dos lunas llenas volcadas de blanco esplendor, Fragor, basada, salvo error, en pelos humanas que adquieren movimiento, Rizos, con delicados rizos humanos posándose sobre la piel y Zarandeo, mediante 25 fotos con el mismo número de palmeras agitadas por el viento.

A partir de aquí tenemos un alto número de fotos en blanco y negro, siempre excepcionales, que abordan variados temas. En síntesis. El androbosque, de 1986, es una singular obra uniendo la idea, ramas en quiebros, y su forma humana, como una abstracción transformada en tema figurativo. La serie El silencio, de 1988, es modélica por la carga misteriosa sustentada, quizá, por una fantasmal figura humana. A sumar fotos tan cambiantes en lo formal como Ritmos, de 1992, Trasfondo vital, de 1993, y Piel infinita, de 2015, mientras que Tríptico de la luna, de 1998, y Tríptico del sol, de 1998, son semejantes por forma y erosión. Sin obviar joyas como la serie Dúo, de 1989, Los siete signos, de 1989, o El callejón sin salida, de 1989, con esa mano que busca  una salida, también tenemos las numerosas fotos con el desnudo femenino como gran asunto que aborda desde hace años, el cual sirve para  alterar la realidad del tema y mostrar otros perfectamente acoplados. Al respecto basta con citar Ella, de 1987, El desafío, de 1990, El aroma de la entrega, de 1998, Ritornello, de 1998, El ciclo oferente, de 1993, Divertimento a tres, de 2015, Desencuentro, de 2015, Fugaz, de 2015, Talsa, de 2015, y Anclada, de 2015, con el desnudo femenino de espaldas y el magnífico juego geométrico. 


Fotografías de Andrés Ferrer

Desde el 14 de abril, Palacio de la Aljafería, tenemos la exposición Los Sitios (de la Zaragoza inadvertida), con numerosas fotografías en blanco y negro. Técnica mediante tintas pigmentadas, papel baritado + dibond y tamaño mediano.

Estamos ante un buen número de fotografías que atrapan ángulos de la ciudad muy conocidos, salvo excepciones, siempre acotados desde ángulos sorprendentes línea sensaciones con la belleza vía Andrés Ferrer desde hace años, como un don propio de cualquier artista. Será así, como ejemplos, que captaremos las enigmáticas sombras de unas figuras sobre la pared y al fondo un solar vacío. La escultura de Félix Burriel en el paseo de la Independencia, frente al cine Palafox, que remata un más que equilibrado edificio por sobriedad.  El suculento equilibrio geométrico de una conocida tienda con porches junto al Mercado Central. El interior de un bar con dos mujeres repletas de hermosura belleza y sus dosis eróticas. La excepcional escultura abstracta geométrica que es Caixaforun pero contemplada por detrás con amplia zona sin adecentar como contraste entre la armonía creativa y el abandono. El muy fascinante primer plano de La Seo, lado izquierdo, con el mudéjar como protagonista y su cambiante estructura geométrica. El edificio de La Adriática con la iglesia al lado de menor tamaño como gran fallo urbanístico. Edificio que puede definirse como entre los más emblemáticos de Zaragoza, sobre el cual escribí hace años que estaba pensado como si fuera un típico rascacielos. Y, para concluir, en la calle Albareda la obra hecha al amanecer o al atardecer, de ahí la oscuridad dominante, con cielo nuboso, la punta de un edificio como si fuera una especie de flecha y una ventana con la luz encendida como gran signo de vida.

Exposición rotunda, muy atractiva, que demuestra, de nuevo, la capacidad creativa del artista partiendo de una idea que desarrolla observando la ciudad sin descanso y fotografía durante un momento específico aquel ángulo captado en un chispazo. Mucho trabajo que compensa ante el resultado.


Cuadros y dibujos de Teresa Ramón. Cuadros de Rubén Martín de Lucas. Esculturas de Samuel Salcedo

Teresa Ramón, Lupiñén (Huesca), 1945, es una conocida artista que en 2015 obtuvo el importante Premio Aragón Goya. Antón Castro, Heraldo de Aragón, 14 de abril de 2016, comenta que las obras expuestas, cuadros y dibujos, es una selección hecha por el galerista Miguel Pérez para su espacio Kafel y exposición inaugurada el 14 de abril. Demasiados cuadros y dibujos, 51 en total, razón de que estén demasiado juntos. Obras entre 1989 y 2015, si nos ajustamos por las fechadas, como si fuera una pequeña retrospectiva. Citamos algunos títulos, sin duda los más sugerentes, que ofrecen una idea. Tenemos: La teta misteriosa, Corazón tan blanco, Prodigioso cerebro, Cocodrilo azul, Río de sangre, Gordas que hacen soñar, Laberinto oriental, Momia arqueológica, Laberinto de acero, Pájaros cazadores de senos y Mirada del laberinto.

La exposición, como síntesis, se puede dividir en varios bloques. Tenemos un grupito de abstracciones, como Mi amor I, con predominio de la geometría y los colores muy atemperados, sin exageraciones. La obra figurativa adquiere un amplio abanico, pues basta con citar un cuadro con peces, la figura humana expresionista y deforme como en Gordas que hacen soñar II, y los muy atractivos retratos en un primer plano. El cuadro de mayor formato se titula  I´Am the King (Soy el rey). Cualquier lector que me siga sabe el inmediato rechazo que sentimos hacia las frases en los cuadros perfil gratuito sin imaginación, la inmensa mayoría, ni digamos si son en inglés como falsa originalidad. En este cuadro, encima, incorpora el título tres veces, desconocemos la razón. Del cuadro lo importante es que está fechado en 2015, lo cual significa una de sus actuales líneas temáticas. Estamos ante la muy positiva mezcla de dos figuras con supresión de elementos formales. El brazo de una figura se transforma en un caballo, como matiz imaginativo perfil surrealista.

Exposición en la que el visitante quedará muy satisfecho por el abanico de temas, tan bien resueltos desde la permanente dosis imaginativa. En la galería Kafell, desde el 26 de mayo, se inaugura Fotografías inventadas, del pintor Rubén Martín de Lucas, nacido en Madrid el año 1977. A título de información cabe destacar que se licencia, en 2002, como Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos por la Universidad Politécnica de Madrid. En 2003, tras un viaje de cuatro meses a la India, abandona el ejercicio de su carrera para dedicarse al arte. Resulta curioso el impacto de dicho país en músicos, literatos y artistas visuales durante diferentes épocas, seguro que por la mezcla de riqueza, pobreza y espiritualidad, siempre desde ángulos muy extremados. En Zaragoza tenemos al añorado pintor Vicente Pascual Rodrigo.

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En el catálogo, titulado Vacaciones en el Mar, se indican las playas del Mediterráneo español como documentación para sus cuadros, que visita durante los veranos de 2009 a 2015, con mezcla de impresión digital y óleo. Obras de pequeño y gran formato. En sus cuadros refleja el abarrotamiento de los bañistas dentro y fuera del agua y sus dispares actitudes, los toldos con aire de abstracciones, las colchonetas y las tumbonas. Nos quedamos, asimismo, con un grupito de cuadros que reflejan los ambientes de extremada pobreza mediante cabañas rodeadas de agua, siempre dentro de una palpitante belleza creativa.

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En la galería Kafell, desde el 23 de junio, se puede admirar un buen número de esculturas de Samuel Salcedo, nacido en Barcelona el año 1975. Los materiales son muy variados pues tenemos resina de poliuretano, madera, aluminio y resina de polyester, mientras que las fechas oscilan entre 2012 y 2016. A partir de aquí cabe contemplar un conjunto de esculturas figurativas de tal atractivo que atrapa sin posibilidad de huir por la primera puerta. Tenemos los rostros en forma de Luna llena enseñando la lengua, Silver II, con sonrisa forzada y los ojos cerrados, Silver I, y con expresión muy seria, Rolling Stone II, mientras que Animal Thrills II y III tienen similar expresión pero con orejas de conejo. En esta línea, por el rostro como tema, destaca la impactante y atractiva Fallen por tamaño y sensación de abandono y soledad al estar en el suelo, como si cualquier canalla hubiese troceado un cadáver producto del odio sin control. También tenemos Show me the worl III, basado en un desnudo masculino colocado de pie que palpita con máxima naturalidad. Light topography resalta por un rostro sereno con los ojos cerrados y el cuello alargado, que tiene su réplica en otra gigantesca tan poderosa e impactante como bella sin descanso. Hemos dejado para el final dos esculturas distintas de las restantes pero que obedecen, por supuesto, a la misma mano. Bedside table consiste en una mesita sobre la que hay varios libros, un rostro y más libros encima, como si estuviera acogotado de tanta lectura. Burning down the house, sin embargo, es mucho más compleja en lo formal pues estamos ante unas piernas que sostienen una casa de de seis plantas con alero y, desde luego, ventanas. A partir de aquí viva la suculenta imaginación. Por las ventanas afloran rostros, desnudos parciales de mujer o manos, de manera que todo es como una especie de reflejo con la vida interior de cada vecino mostrada sin pudor. Impecable exposición que puede definirse como la inteligente fantasía artística impregnada de cambiante e inalterable belleza.


Retrospectiva de Juan José Vera. Cuadros de Ismael Lagarés

En la galería Cristina Marín, desde el 14 de abril, se inauguró Vera, hoy y siempre, mediante óleos sobre tabla, arpillera y lienzo. También conviene recordar que es pintor y escultor, con más que numerosa obra, sin olvidar los cientos de botellas pintadas, siempre excepcionales, y los infinitos dibujos y collages hechos con genial maestría  En la exposición tenemos dos esculturas y un alto número de cuadros pintados desde 1982 hasta 2014, lo cual significa que es una retrospectiva bien representada.

Nada descubrimos al sugerir que estamos ante un gran artista más que conocido de arrolladora personalidad. Ricas texturas, énfasis geométrico con cambiantes formas, altas dosis expresionistas y variedad de colores, sin olvidar entre una y tres manchas que alteran los colores dominantes.  Potencia generalizada y mundo inquietante, a veces como si asistiéramos a una permanente lucha entre opresores y oprimidos. Un dato. El cuadro Mi último suspiro, como homenaje a Luis Buñuel, está fechado en 2014 y es el último que pintó por culpa de un ictus que le impide trabajar. Ni siquiera dibujos y collages. En 2014 tenía 88 años. Excelente cuadro apaisado de gran poder con su típica división de planos, movimiento, técnica suelta y esa mancha roja alterando la composición general como si fuera una señal de alerta. Que con dicha edad pintase cuadro de tanta valía demuestra esa magnífica mirada hacia adelante con ímpetu juvenil. Un gozo.

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Antes de iniciar la crítica sobre el pintor es necesario remarcar que el día de la inauguración se celebró el décimo aniversario de la galería Cristina Marín, con Cristina Marín y Felipe Pérez sacando adelante un espacio emblemático de Zaragoza con indiscutible éxito. Celebración con numeroso público y alta generosidad: buen vino, tapas de nueva generación, jamón serrano y, como corresponde, tarta final con el cumpleaños feliz.

Pero ahora estamos con la exposición de Ismael Lagarés, titulada Gamonitas e inaugurada el 19 de mayo, que nace en Huelva el año 1978. A destacar los colores intensos y el predominio de uno en bastantes cuadros. Estamos ante texturas muy gruesas de gran dificultad técnica, pues trazan intrincados y hermosos laberintos equivalentes a una cordillera, siempre dentro de palpitantes abstracciones expresionistas con algunas formas evocando a flores en varios cuadros. La mirada del espectador ni descansa. El único cuadro de gran formato se titula Paradisse, que es como un resumen de la exposición. Tenemos el equivalente a una puntiaguda montaña con dichas texturas, que se recorta sobre un fondo azul oscuro para reflejar el cielo, con el aliciente de hojas flotando y delicadas flores. Exposición capaz de atrapar sin descanso por su generalizada calidad y que sorprende por sus texturas.


Abstracciones de Concha Ruesga.

En la galería Pilar Ginés, desde el 7 de abril, tenemos la exposición Concha Ruesga. De – Memoria. Pintora y grabadora, nacida en Sevilla el año 1950, es Licenciada en Filosofía y Letras, en 1972, por la Universidad de Zaragoza. A título de información cabe añadir que su primera exposición individual fue en 1992, con 42 años. La obra se basa en óleos sobre tabla, de muy dispares tamaños, pintados entre 2015 y 2016. Hay dos, de pequeño formato, en los que añade un cubo que sobresale, pero uno es como la típica caja que se abre y cierra para guardar cualquier sentido secreto.

Los cuadros tienen una absoluta coherencia compositiva que obedecen a la misma personal mano, como norma seducida por los variados colores siempre armónicos, sin estridencias. Son abstracciones geométricas de muy variadas formas, triángulos, rectángulos o cuadrados, incluso planos imposibles de definir, que cumplen la función reguladora como toda geometría, aunque algunas adquieren la extraña sensación de ser como haces de luz moviéndose en dispares direcciones hacia espacios sin final. Dicho énfasis geométrico se altera, en mayor o menor medida, por los fondos cargados de misterio y movimiento, con el añadido de pintar múltiples y atractivos microespacios relacionados en cada cuadro, sin duda como una suerte de única idea lanzada al dominio universal. ¡Soy yo, la ambiciosa idea sin límites, y nadie me detendrá! Pero, cuidado, ahí está la inmutable y potente geometría, capaz de soportar cualquier peso para advertir al ámbito pasional, siempre conquistador y anhelando aventuras, que modere sus pretensiones o recibirá la adecuada lección. Ambos territorios sin domesticar firman el acuerdo, tras sórdidas negociaciones, pero con absoluta dosis de libertad.


Versicolor: Paco Rallo; Pablo Pérez Palacio: Dos exposiciones de fotografía

Desde el 1 de abril, en la galería Finestra Estudio, tenemos la exposición Versicolor. Paco Rallo, con prólogo de Cristina Marín Chaves, Geóloga-Petróloga, que aclara la fascinación del artista por los paisajes cretácicos de Teruel con sus especiales colores, incluso  la armonía cromática observando con el microscopio una lámina delgada. A sumar su estancia en Bierge (Huesca) y el paisaje del campo con su múltiple colorido, tan determinante en la obra exhibida. Todos los cuadros son de 2016, se titulan Versicolor y se diferencian por un número, mientras que los tamaños varían de forma muy marcada, sin olvidar los de tipo espada, tan querido por el artista, que con su fascinante verticalidad obliga al análisis desde cualquier dirección.

Las singularidades más importantes son la variada dosis matérica, la complejidad cromática que oscila de la atemperada a la muy fuerte y el constante movimiento gracias a la muy ágil pincelada que traza dispares y armonizadas direcciones, como si fueran el ímpetu interior del artista lanzando cada espacio multicolor. Aflora un mundo potente, azaroso, expresionista, preñado de cambiantes colores, con la mirada viajando hacia ámbitos por descubrir hasta completar un extraño recorrido. Uno de los cuadros, el 24, varía de los restantes dentro del mismo territorio vital. Se trata de un soporte rectangular que con la línea divide en cuatro rectángulos paralelos a la base e iguales a dicho soporte en cuanto a la forma. Estamos, por tanto, ante cinco rectángulos dentro de la racionalista sección áurea, que se alteran mediante el impetuoso color y el movimiento propio de cada pincelada. En una de las líneas, lado izquierdo, se detecta que casi ha desaparecido, como sugerencia de que el vitalismo interior humano, aquí a través del pintor, vence a la citada racionalidad. Todo, sin duda, muy atractivo por el doble mensaje repleto de equilibrio. Exposición que manifiesta la sinceridad de una artista con 45 años de trabajo al servicio del sello interior como una constante.

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En la galería Finestra Estudio, desde el 12 de mayo, tenemos la primera exposición 366 Imágenes / estímulos descriptivos, con fotografías de Pablo Pérez Palacio nacido en Zaragoza el año 1983. Exposición acompañada por un texto del artista relacionado con sus sentimientos sobre el gesto de fotografiar en lo referente a la obra expuesta. Ya dice: Un HORIZONTE URBANO se abría camino partiendo de Zaragoza…, que se vincula a sus fotografías. Y sigue entre otras consideraciones: Yo soy LOS OJOS que VIGILAN y ESPÍAN mientras veo imágenes de una vida que no me sucede, para terminar con la frase CREANDO IMÁGENES, CONTRIBUYENDO a la ilusión del “estímulo descriptivo” como recuerdo, conformando un YO-(humano) como “UN SIMULACRO TOTAL”.

Exposición más que pensada desde un predominio racional partiendo de una idea, fotografiar la misma calle, lo cual jamás impide una espléndida variedad de matices, muy propios de un artista, que articula con insultante majeza. Siempre color. Comenzamos con un alto número de fotos, suponemos que 366, tamaño tarjeta postal, que en la exhibición ha colocado unidas salvo en la zona superior para ofrecer un alivio visual. Dicha calle, con edificios a derecha e izquierda y el cielo como fondo, posibilita el típico punto de fuga con dos bandas sobre el asfalto reflejo de la realidad al separar ambas direcciones del tráfico. A partir de aquí, con tan sencillos elementos visuales repetidos, incorpora la variedad del cielo, la incorporación de un color dominante que no existe en la realidad, véase el blanco, y los cambiantes panoramas de los mismos edificios con muy variados colores como consecuencia de la dispar luz. Todo muy atractivo.

También tenemos fotos sueltas con el mismo paisaje urbano y un conjunto de 27 obras pequeño formato al servicio del paisaje urbano, pero eliminando formas con predominio del blanco fantasmal usado en las fotos tamaño tarjeta postal. La exposición termina con dos magníficas obras gran formato, por supuesto basadas en la misma calle, que varían de forma muy diáfana respecto a las ya comentadas. En una, el paisaje urbano se difumina por la bella proliferación de formas geométricas con dispares colores, que configuran un cambiante entramado al servicio de la palpitante racionalidad. En otra, la calle flanqueada por edificios se altera por una especie de rayos blancos que zigzaguean. Exposición, tal como indicábamos, que parte de un concepto para demostrar su imaginación con intachable técnica.

La segunda exposición, titulada Mundos propios, también se inaugura en la galería Finestra Estudio pero el nueve de junio. Las fotografías son, en su mayoría, las mismas que en la anterior exposición. Hay cambios. El día de la inauguración había sobre una mesa numerosas hojas de periódicos para arrugarlos y tirarlos al suelo dentro de una típica acción con el objetivo de alterar el espacio. También un vídeo de Marta L. Lázaro titulado como la exposición, el cual se centra, tal como indica la autora, en la interpretación en vídeo acerca de la sobreinformación que recibimos voluntaria e involuntariamente. Las nuevas fotografías corresponden a un conjunto basado en la misma calle pero incorporando una cambiante estructura geométrica que rompe con precisión  y variedad el punto de partida figurativo. Como otra propuesta tenemos la misma calle pero en una serie con nueve fotos muy pequeño formato en blanco y negro, hasta el punto que sugiere una especie de secuencia, de izquierda a derecha, con el Sol a punto de ocultarse y el breve periplo hasta desaparecer, lo cual se refleja en las fotos de manera muy eficaz y sobria.