Cuadros de María Maynar, Cuadros y dibujos de Vicente Villarrocha

En la galería A del Arte, el 10 de enero se inauguró la exposición de María Maynar, Zaragoza 1959, con cuadros entre 2016 y 2018. Temple al huevo sobre tabla e intachable técnica. Prólogo de Virginia Espa. Exposición titulada, con gran acierto, “El Gesto Transitado”, pues refleja el tipo de cuadros.

Estamos ante cuadros abstractos expresionistas e impecable color, que se nutren de un generalizado movimiento, como si cualquier espacio fuera pequeño ante su capacidad expansiva. Expresionismo gestual, emocionante, atemperado por formas geométricas tipo onduladas y esféricas, que, sin duda, respiran similar energía. Ya sugiere Virginia Espa:

aquí se ponen en juego lo improvisado y lo deliberado…al mismo tiempo busca la delicadeza de la transparencia, en la que se hace visible el desplazamiento controlado de los pigmentos al huevo.

 

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En la galería A del Arte, desde el 11 de febrero, se inaugura la exposición de Vicente Villarrocha titulada “Evidenziatori”. Prólogo de B. Gimeno. El caso es que el pintor ha estado, durante cuarenta años, en la Bienal de Venecia, menos en la de 1976 que estuvo en París, de ahí que en una obra esté la Torre Eiffel. En una nevera están posados los cuarenta catálogos.

Tiene cuadros con típicos puentes venecianos, escaleras y el agua del mar invadiendo el espacio urbano. Lo mejor, con diferencia, se ubica en el resto de la obra mediante alguna frase en italiano o la famosa cafetera italiana, joya del diseño industrial. Sin olvidar una obra con dos sombreros y otra con un rostro, el resto son intachables abstracciones, arte puro, hechas con ágiles trazos y, salvo excepción, elementos geométricos para imprimir una fuerte dosis racional. Es aquí, sin duda, donde se ubica el Villarrocha artista.

 

 


Acción de Sergio Muro el 7 de enero de 2019

En la plaza de España, el siete de enero, junto a la DPZ y a las 6´30 de la tarde, el excepcional Sergio Muro realizó una acción (performance) titulada “Yo soy exilio”, dentro del ciclo “La imagen de la memoria”. En este caso centrada en los exiliados aragoneses durante la Guerra Civil.

Sergio Muro leyó los datos biográficos de los exiliados y dibujó con ágil trazo los retratos de varios exiliados en tres lienzos. Al mismo tiempo la actriz y cantante francesa Huguette recorría el espacio con una cambiante y singular danza para reflejar la angustia de los exiliados, que culminaba rodeándose con una soga como símbolo de la no libertad. Todo acabó con canciones de la soprano Pilar Marqués, tan evocadoras como Hay Carmela o Al Alba, y de la francesa Huguette, por supuesto acompañadas por Lucio Cruces con su guitarra. La singular acción concluyó cantando todos. Sergio Muro, como siempre, nos sorprende con una personal acción, desde luego hasta la siguiente. Todavía recordamos la anteriormente hecha en el barrio de San Pablo publicada en AACA digital.


Trash + Bestiary

Esta exposición es el resultado del proyecto: La belleza de lo usado: Arte y reciclaje en los entornos educativos (Trash Art), que se ha desarrollado en el CIFE Ángel Sanz Briz, en el grado en Bellas Artes de la Universidad de Zaragoza (con estudiantes de la asignatura Volumen II) y en el Colegio Público las Anejas, con alumnos/as de la asignatura Sciencies (impartida por la profesora María Játiva). Es una muestra colectiva en la que José Prieto & Vega Ruiz han actuado como artistas interconectores de ideas. Se ha podido ver en el Museo de Arte Sacro de Teruel y Albarracín desde el 14 al 25 de marzo. TRASH + BESTIARY está vinculada a dos conceptos que se trabajan conjuntamente: por un lado, la Educación Artística, centrada en el Trash Art y el Bestiario de la techumbre mudéjar de la Catedral de Teruel conocida con el sobre nombre de Capilla Sixtina del arte mudéjar; y, por otro, la Educación Ambiental, que busca valorar la importancia del reciclaje en el entorno educativo ya que es un lugar idóneo para llevar a cabo una labor de formación, concienciación y ejecución, y para fomentar los valores ambientales en los gestos diarios de los estudiantes (Reutilizar, Reciclar y Reducir). Para su construcción los participantesse ocuparon de reciclar material plástico de sus entornos más próximos.

La exposición ocupaba el Claustro del museo, constaba de quince piezas. Una central Rubbish Cube (125 x125x 125 cm.), formada por material plástico ensamblado (principalmente tapones), sin ocultar su origen sobre una superficie de madera reciclada.Para su desarrollo en el espacio expositivo hubo dos fases; en la primera, las cinco caras del cubo estaban dispuestas sobre el suelo en forma de cruz griega; y, en la segunda, se monto el cubo en vivo y en directo (el 20 de marzo se retransmitió en el programa vespertino de Aragón Televisión Aragón en Abierto a las 18:56:29 h.). En sus diferentes caras se interpretan tres animales de la techumbre de la catedral: un unicornio, un león y un dragón, y dos animales fantásticos imaginados basados en este bestiario. Una escultura de bulto redondo Wild Pig (90 x 60 x 160 cm) con la que se reinterpretó un jabalí que podemos contemplar en la escena de la techumbre Caza de jabalí con lanza y jauría de perros. Para construir su estructurainterior se reciclaron botellas de plástico y canutillos de cartón y para su superficie o epidermis, tela metálica y cientos de bolsas de basura recicladas a modo de tapiz. Nueve piezas de 60 x 60 x 3 cm, cada una, formando conjuntos de tres, tituladas: Lion, Dragon y Griffin, en ellas los escolares de Las Anejas, interpretaron varios animales del bestiario un león, un dragón (basada en una escena de enfrentamiento hombre dragón) y un grifo. Y cuatro paneles, también, de 60 x 60 x 3 cm cada uno, titulados Imaginary Beast en los que los estudiantes de Bellas Artes, imaginaron nuevos animales fantásticos para la techumbre que sirvieron de bocetos para dos caras del cubo.

Es muy interesante introducir el Trash Art en las aulas ya que tiene un componente de concienciación medioambiental. Muchos artistas de este movimiento ayudan, limpiando las playas, los océanos, los ríos o/y las escombreras; documentando, fotográficamente, la huella que deja la basura sobre nuestro planeta (vertederos y océanos) o, la que se almacena en el interior de algunos animales. Con esta exposición se genera, por un lado, un impacto positivo en el medio ambiente y por otro, el material reciclado adquiere un valor cultural. Además, se aproxima al arte contemporáneo y al patrimonio a los escolares, un público poco habitual en los museos


Entrega de premios AACA 2018

El viernes 15 de febrero de 2019, la nueva Junta Directiva de AACA entregó, ante la presencia de un numeroso público que abarrotaba el salón de actos del IAACC Pablo Serrano, los premios que habían sido votados el mes anterior en la Asamblea General Ordinaria. Presidió el acto Desirée Orús, recién reelegida para otro mandato de tres años como Presidenta de AACA, y le acompañó en el estrado el nuevo secretario, Julio A. Gracia Lana. Se entregaron los siguientes diplomas:

-Premio al artista aragonés o residente en Aragón menor de 35 años que haya destacado por su proyección artística a Natalia Escudero López, por su exposición "Blanco" en la galería A del Arte y las que a lo largo del 2018 ha presentado en otras ciudades del mundo destacadamente Tokio, donde estuvo en una residencia artística del Art Center Ongoing (Natalia no pudo recogerlo en persona por estar en Japón, así que se lo recogió Marisa Grau Tello).

-Premio a la mejor publicación sobre arte contemporáneo de autor o tema aragonés a Ana Asión Suñer, por su libro El cambio ya está aquí: 50 películas para entender la Transición española, publicado por la UOC.

-Premio a la mejor labor de difusión del arte aragonés contemporáneo a Paco Rallo, por su blog, mailing y demás labores de difusión del arte contemporáneo que de forma tan entusiasta realiza.

-Premio al mejor espacio expositivo sobre arte contemporáneo a Etopia, Centro de Arte y Tecnología, por sus exposiciones y los programas educativos con que las complementan.

-Premio especial ex aequo a las exposiciones y museo de la Escuela Museo de Origami de Zaragoza y a la exposición "Paseando la mirada. Historias ilustradas desde Zaragoza", presentada en La Lonja de Zaragoza entre enero y abril de 2018.

-Gran premio al más destacado artista aragonés contemporáneo objeto de una gran exposición a Sergio Abraín por su exposición en la Lonja de Zaragoza, desde octubre a diciembre de 2018.


Asamblea General Extraordinaria para votación de la nueva Junta Directiva

El viernes día 15 de febrero, reunidos en Asamblea Extraordinaria, se ha votado la renovación de la Junta Directiva de la Asociación Aragonesa de Críticos de Arte, aprobándose por unanimidad la única candidatura presentada, que ha sido la presidida por Desirée Orús (a quien el artículo 22 de nuestros estatutos reconoce la posibilidad de volverse a presentar por un período de otros tres años de forma consecutiva). La composición de la nueva Junta Directiva se desglosa de la siguiente manera:

Presidenta: Desirée Orús
Vicepresidenta. Dolores Durán
Secretario: Julio A. Gracia
Tesorera. Pilar Sancet
Vocales:
Ana Asión
Jesús Pedro Lorente
Ricardo Marco
Manuel Pérez-Lizano
 


Al cambio de la sociedad por la fuerza de las ideas. Una mirada fotográfica de la Transición (1975-1978)

Igual que ciudades como Madrid o Barcelona, Zaragoza se convirtió durante los años setenta del siglo XX en uno de los focos sociales y culturales más relevantes del país. La capital aragonesa acogió los deseos de cambio de una población que, tras años silenciada por el gobierno franquista, vio en el sistema democrático la oportunidad perfecta para reivindicar los derechos y libertades que la dictadura le había arrebatado. Los medios de comunicación no fueron ajenos a toda la vorágine de acontecimientos que sacudió aquellos instantes, convirtiéndose en fieles cronistas de uno de los periodos más importantes de la historia de España.   

Studio Tempo – Alberto y Julio Sánchez Millán fueron testigos de este devenir, legando a través de sus fotografías en la revista Andalán un importante testimonio visual de las personas que protagonizaron los primeros movimientos políticos preconstitucionales en Aragón –Tomamos las imágenes con gran ilusión pues éramos los responsables subjetivos de aquellos momentos-.[1] La exposición “Al cambio de la sociedad por la fuerza de las ideas. Una mirada fotográfica de la Transición (1975-1978)” recoge algunas de estas imágenes, planteando un recorrido a través de la vida política, cultural y emocional de la sociedad aragonesa durante el postfranquismo. Organizada por la Real Sociedad Fotográfica de Zaragoza, la Institución Fernando el Católico y la Diputación de Zaragoza, su visita permite conocer parte del trabajo llevado a cabo por dos de las personas que formaron parte del círculo artístico zaragozano desde los años sesenta. Tanto Alberto como Julio estuvieron vinculados a diferentes cineclubs,[2] y fueron autores de trabajos cercanos al cine independiente, como La carta (1961), Hombre-mujer (1966), Pies de Nácar (1967) o Salvad el mercado (1976-1977).

La exposición hace hincapié en su faceta periodística, mostrando por medio de un montaje de gran fuerza didáctica, fotografías -algunas de ellas con cierta manipulación pictórica respecto a su versión original-, textos y objetos que acompañaron a los hermanos Sánchez Millán durante su periplo profesional. La visita tiene como punto de partida la muerte del general Franco, acontecimiento que dio el pistoletazo de salida a toda la movilización ciudadana sobre la que se pone el foco de interés en este recorrido. Instantáneas en las que se observa cómo todavía continuaron presentes ciertas prácticas cercanas al Régimen, que eran ejercidas principalmente a través de cuerpos armados como la Policía Nacional (“los grises”) y que generaban un estado de represión que se oponía al espíritu de libertad sobre el que se estaba trabajando. Las reuniones clandestinas del sindicato Comisiones Obreras o la creación del PSA (Partido Socialista de Aragón) también tienen cabida en esta primera parte de la presentación, de mayor contenido político.

A medida que avanza el discurso comienza a adquirir mayor peso el ámbito cultural, al que se le dedica bajo el título “LAS IDEAS, por medio de la CULTURA” un amplio espacio en la recta final de la exposición. El cine, el teatro, el arte y la música -centrándose en la figura de los cantautores- se muestran como piezas que acompañaron al cambio, manifestaciones cómplices de unas ideas (con mayúsculas) que buscaban olvidar cuarenta años de involución. En esta parte los paneles aparecen acompañados de una vitrina en la que se pueden contemplar desde cámaras y objetivos fotográficos de los artistas hasta publicaciones –La fotografía de los colores. Bases científicas y reglas prácticas. Estudio preliminar de Gerardo F. Kurtz (1994, Santiago Ramón y Cajal), Oficio y memoria de un fotógrafo zaragozano (2017, Julio Sánchez Millán)-, discos (La bullonera) u objetos tan dispares como pequeñas representaciones de cabezudos o lápices de colores.    

Julio Sánchez Millán recupera a través de esta muestra la esencia de unos años sobre los que todavía queda mucho por reflexionar, aportando una mirada personal de unos hechos que marcaron el destino de la sociedad aragonesa. La lucha por la autonomía -cuya manifestación el 23 de abril de 1978 ilustra el cartel de la exposición- se convirtió en una maniobra que logró la unidad de miles de aragoneses, creándose paralelamente un sentimiento de comunidad que ha ido reforzándose con el paso del tiempo. Esta es la base que sustenta todos los materiales que Sánchez Millán presenta en el pequeño espacio del Centro Joaquín Roncal, y con la que logra que el espectador se sienta parte de ese colectivo, con el que comparte recuerdos, pero sobre todo, un pasado común. 



[1]Cita de Julio Sánchez Millán aparecida en el texto introductorio de la muestra.

[2]Fueron miembros del Club Cine Mundo, así como cofundadores de los cineclubs La Salle y Gandaya.


Popism. Arte pop americano

Hasta el 26 de mayo podemos ver en Ibercaja Patio de la Infanta la exposición, comisariada por Lola Durán, Popism Arte Pop Americano. Una muestra muy interesante y equilibrada de más de 50 obras gráficas realizadas por Andy Warhol, Keith Haring, Robert Indiana, Roy Lichtenstein y Robert Rauschenberg.

Con la obra de Warhol (1928-1987) podemos decir que entra en acción la postvanguardia, rompe con la espiritualidad y el subjetivismo del expresionismo abstracto, considerado por los artistas pop como elitista, frente a la vida real en la que imperaba la cultura de masas, la repetición de iconos propagandísticos una y otra vez hasta convertirlos en imágenes cotidianas, la repetición de una imagen incansablemente un día para tirarla y olvidarla al día siguiente. Con esta reiteración de imágenes, a modo de mantra, pretende llegar al vacío: Cuanto más miras lo mismo más significado se pierde y mejor y más vacío te sientes.

Así las seriaciones de las vacas, la repetición de esta imagen en colores arbitrarios e imposibles. Como también hacía con Marilyn y otras figuras del cine, de la música o de la política, que aquípodemos ver, como las series de Carter o Kennedy. También se muestran imágenes sacadas de prensa como Oswald, anuncios de rifles o la grimosa y espeluznante silla eléctrica.

Warhol se siente fascinado por el consumo que iguala a ricos y pobres, básicamente ambos compran las mismas cosas, y pone el ejemplo de la Coca-Cola. Las múltiples representaciones de sopa Campbell constituyen auténticos bodegones de la cultura pop. Niega que su obra tenga algún significado y afirma que su única pretensión es ser una máquina. Warhol con The Factory se convierte en una máquina de realizar serigrafías, revistas, libros, películas y escándalos. 

Encontramos muy difíciles de creer muchas de las afirmaciones del artista, algunas contradictorias, y solamente comprensibles desde la perspectiva de su tortuosa y polémica personalidad.

Profundamente religioso, creyente practicante pertenecía a la iglesia católica bizantina, asistía a misa y rezaba con su madre, lo que siguió haciendo tras el fallecimiento de ésta.  A lo largo de su vida artística realizó representaciones de temas religiosos, podemos ver Santa Apolonia, serigrafía de 1984, de indudable influencia bizantina.

Lichtenstein (1923-1997) reflexiona sobre el papel del artista en la era postindustrial. Se inicia en el expresionismo abstracto para enseguida empezar sus investigaciones con imágenes tomadas del cómic, imágenes que ven miles de personas y que no requieren ninguna interpretación, empleando colores primarios y delineando sus figuras en negro. Intenta crear obras impersonales alejándose de todo subjetivismo, consiguiendo, sin embargo, obras muy personales e inconfundibles, convirtiendo representaciones industriales, publicitarias, en un proceso pictórico.  En la exposición podemos ver el comic de donde procede Crak, litografía offset de 1963, en la que, aísla y analiza con gran precisión una viñeta y partiendo de ella reconstruye la retícula de puntos benday, la reproduce y agranda.

Su investigación va en dos direcciones, bien partiendo de comics como en el caso anterior,  bien partiendo de obras pictóricas, como es el caso de Femme au chapeau, litografía ofsset de 1997 o Hommage a Picasso, serigrafía de 1973, realizando transcripciones de las mismas a códigos de impresión mediante el mismo empleo de delineaciones y puntos tipográficos.

Rauschenberg (1925-2008) igual que toda esta generación de artistas se inicia como expresionista abstracto, pero al contrario de los anteriores en muchas de sus obras perdura esta impronta. Trabaja con imágenes tomadas de otras fuentes como revistas y prensa, a las que en ocasiones da sus brochazos expresionistas.

Es un artista experimentador tanto en las técnicas como en los materiales. Considerado como el creador del primer happening de la historia y de la ruptura de los límites entre las distintas disciplinas.

En el tríptico Autobiography, litografías de 1968, en el primer panel representa su signo astrológico, Libra, al que superpone su radiografía, en el segundo panel encontramos una espiral de texto con momentos de su vida personal y artística, en el centro una fotografía navegando de niño con su familia. Y en el tercer panel vemos una foto del artista patinando en la obra Pelican de 1963 de la que fue coreógrafo.

Creía en la capacidad del arte para transformar el mundo, encontramos serigrafías y litografías a modo de collages como Louisiana, Peace o Support, en las que podemos comprobar su labor en defensa de los derechos humanos, de la libertad de expresión y en contra de la guerra. Así como una litografía offset de 1990 perteneciente a su proyecto ROCI (The Rauchenberg Overseas Culture Interchange) por el que llevaba sus obras a países no democráticos y en vías de desarrollo.

Robert Indiana (1928-2018) introduce en sus obras números y palabras tras encontrar, buscando objetos de desecho para sus ensamblajes escultóricos, una plancha de latón del siglo XIX. En sus inicios realiza obras inspiradas en logotipos comerciales antiguos, pero es la agitación política y social y la cultura estadounidense lo que le interesa.

Representa el poder del lenguaje, realizando un pop conceptual usando el lenguaje, dando un valor plástico a las palabras a través de poemas como en Suite of Love compuesta de seis serigrafías de 1977. Sus series de la palabra Love hacen que se le conozca y se le identifique inequívocamente, serigrafía Love de 1966. Hope, litografía offset de 2008, que crea para la campaña presidencial de Barak Obama.

También se expone su Autorretrato, litografía de 1969. Pablo Ruiz Picasso, serigrafía de vivos colores realizada en 1973, año de fallecimiento del artista, a modo de homenaje, y la serigrafía de 1971 Terre haute nº 2, zona de su nacimiento en Indiana.

Keith Haring (1958-1990) el más joven de todos los artistas representados. Si Indiana usó las palabras como imágenes, Haring usa las imágenes como palabras, para él estas se habían convertido en un vocabulario. Realiza grafitis en el metro de Nueva York, por lo que fue detenido en varias ocasiones. Reivindicaba que el arte saliese a la calle, así como que las imágenes fuesen sencillas y asimilables sin necesidad de espíritu crítico.

Su obra que tiene el colorido del pop está muy influenciada por los dibujos animados, muchas veces repletas de personajes laberínticos. Su iconografía y sus dibujos son muy sencillos y delineados en negro: figuras que danzan, animales, teléfonos, billetes…

La serigrafía Three Eyed Man de 1990 podría ser un resumen de esta faceta lúdica del artista. La serie Suite Apocalypse, está representada con ocho de sus diez litografías realizadas en 1988, una vez que ha conocido que padece sida, falleciendo de esta enfermedad en 1990. Esta serie fue un proyecto multidisciplinar realizado por poetas, grafiteros y músicos. Las serigrafías están realizadas a partir de textos de William Burroughs. Composiciones abigarradas cuyos protagonistas son la vida y la muerte, la religión, el arte, la familia y el sexo. 

Crea la Keith Haring Foundation para conservar su legado artístico y continuar con su labor activista y de concienciación social.


Bobby Baker. Tarros de Chutney

La Historia del Arte se encuentra repleta de autorrepresentaciones, desde la orgullosa mirada de Velázquez en Las Meninas, hasta el vigor juvenil del Desesperado de Courbet. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XX el autorretrato y las referencias al yo vivieron un punto de inflexión. Los artistas configuraron una visión antiheróica de sí mismos, una nueva imagen que mostraba ante la sociedad sus debilidades, miedos, adicciones. Reflejo de esta nueva representación fue My bed de Tracey Emin, las imágenes de Sophie Calle o las polémicas series autobiográficas de Nan Goldin. De todo ello dio buena cuenta Clara Zarza, comisaria de esta muestra, en la tesis doctoral que defendió en 2014 sobre las narraciones personales en la cultura europea y americana de los 90.

Partiendo de ese contexto, comprendemos perfectamente la preferencia de la comisaria por esta artista británica nacida en Kent en 1950. La muestra tuvo su origen en un proyecto expositivo presentado por Clara Zarza a La Casa Encendida. Según explica ella misma, la buena acogida fue mutua. La institución quedó encantada con el trabajo de Baker, manteniendo una dinámica expositiva de figuras poco reivindicadas, de discursos que suelen quedar al margen de los cauces normativos del sistema del arte. Bobby Baker a su vez apreció enormemente la labor llevada a cabo por el centro, por lo que el punto de partida de la exposición fue el diálogo constructivo entre la artista, la sala y la comisaria.

La muestra ocupa una única sala y la cantidad de obras expuestas es pequeña. En un espacio anexo, el espectador puede ver un audiovisual con fragmentos sobre performances de la artista y algunas entrevistas. En la sala se suceden los dibujos elaborados por ella a lo largo de su prolongada vida artística. Nada más acceder, llama la atención del espectador la pintura y el dibujo de unos peluches, colocados sobre un papel pintado, evocando el interior doméstico de una vivienda británica de clase media. Estas dos obras de arte fueron el trabajo de fin de carrera de Bobby Baker en la Saint Martin’s School of Art, siendo premonitorias de lo que sería su producción artística ya en la madurez: una reflexión sobre lo doméstico y lo cotidiano. Un relato en el que también hay espacio para la enfermedad, ya sea mental o física, pues esta ocupó un lugar en la vida de la artista. Así se aprecia en sus Diary drawings: Mental Illness and Me. Aquí es donde veo una diferencia clara con otros creadores actuales. Baker no dramatiza el sufrimiento, no lo muestra al espectador en toda su crudeza. Tampoco lo camufla. Podría decirse que lo normaliza a través de sus dibujos y sus instalaciones. Enseña a la sociedad cómo la enfermedad está ahí, tiene su espacio en nuestras vidas y a todos nos afecta.

Otra de las claves de la obra de Baker, presente en sus instalaciones, sus dibujos y en las performances como la realizada para la inauguración de esta muestra, revelan el interés de esta artista por la comida. A través de ellas ironiza sobre la imagen de la ama de casa británica de clase media y también sobre la experiencia de la maternidad. Así lo hizo en su célebre performance Drawing on a Mother’s Experience presentada por primera vez en 1988. Después de cientos de representaciones, en 2015 decidió hacer una nueva versión Drawing on a (Grand) Mother’s Experience, que volvió a representar el 22 de febrero en el patio de La Casa Amarilla.

La muestra posee el valor añadido de ser la primera exposición que se dedica de manera global a la obra de Baker. Pero, además, la buena sintonía entre la artista, la comisaria y la sala de exposiciones se tradujo en la creación de una pintura mural efímera de grandes dimensiones. Esta obra nos permite introducir un último aspecto clave en su arte: la reivindicación de lo doméstico y lo cotidiano desde un “activismo artístico”. Baker produce su obra en el marco de una asociación capitaneada por ella misma: Daily Life Ltd, cuyo objetivo es visibilizar las creaciones domésticas, los pequeños detalles que podríamos considerar insignificantes. A modo de alegato creativo, la artista propone la creación de un Domestic Party. Así lo exclama ella misma en su autorretrato en esta pintura mural:

The time has come for a Domestic Party! ¡Viva la daily life! ¡Viva!


Castillo negro. Sucesos creativos en torno al sanatorio psiquiátrico penitenciario de Carabanchel

Durante el transcurso del VIII Seminario de Cultura Visual organizado por el Grupo de Investigación de Historia del Arte y Cultura Visual del CSIC, en la sesión del 22 de marzo tuvimos la oportunidad de conocer a la artista Paula Rubio Infante, quien, introducida por Carmen Ortiz García (IH-CSIC) nos presentó su proyecto Castillo negro, un trabajo multidisciplinar cuyos resultados pudieron contemplarse en la galería Espacio Olvera de Sevilla entre enero y marzo de 2019. Además, la artista ha sintetizado su labor de investigación y de creación artística en un libro homónimo, producido con el apoyo del programa de Ayudas a la creación del Ayuntamiento de Madrid.

Antes de señalar el valor de esta publicación, es necesario ahondar en la figura de esta artista madrileña. Paula Rubio Infante (Carabanchel, 1977) es licenciada en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid. A lo largo de su trayectoria ha sido galardonada con importantes becas, premios y ayudas a la creación artística, entre ellos el VIII Premio ARCO Comunidad de Madrid para Jóvenes Artistas, el premio de artes plásticas “OJO CRÍTICO 2015” de RNE o el premio Estampa para realizar en 2019 una residencia en la Casa de Velázquez de Madrid. Todo ello ha venido acompañado de muestras individuales y colectivas en importantes centros y salas de exposiciones, engarzadas por un denominador común: el interés de la artista por las relaciones de poder, los enfrentamientos con las clases sociales dominantes y los abusos de autoridad. Así pudo comprobarse en proyectos expositivos como El peso de la justicia (2011) o Ríen los dioses (2013).

Castillo negro tiene su origen en una vivencia personal de la artista. Su padre trabajó como funcionario de prisiones en el sanatorio psiquiátrico penitenciario de Carabanchel. En este contexto entró en contacto con Manuel Delgado Villegas, conocido como “el Arropiero”, uno de los asesinos en serie más sangrientos de la historia de España, autor durante los años 60 de un número de crímenes todavía incierto. Durante su ingreso en el psiquiátrico de Carabanchel –debido a su condición de inimputable por padecer graves trastornos mentales–, contactó con el padre de la artista, pidiéndole materiales para poder pintar. El resultado fue un cuaderno con dibujos y una escultura en yeso que formaron parte de los elementos cotidianos que Paula Rubio podía ver en la casa familiar durante su infancia. La prisión cerró sus puertas en 1998, circunstancia aprovechada por la artista para fotografiar sus interiores en aquella época, imágenes que, a día de hoy, constituyen verdaderos documentos históricos, pues la cárcel fue derribada en 2008.

Paula Rubio recoge tanto en este libro como en su exposición algunos de los dibujos de Manuel Delgado Villegas, obras que podrían enmarcarse dentro del art brut y que sorprenden por lo naif de los temas representados, la aparente inocencia de sus composiciones, su brillante colorido o lo críptico de sus títulos. Muy diferentes del busto realizado en yeso, una obra escalofriante en la expresividad de sus formas arcaicas, aunque bien trabajada desde el punto de vista técnico.

La historia familiar, los recuerdos de la propia artista durante su infancia, las obras de arte realizadas por el Arropiero y entregadas a su padre, las fotografías tomadas al cerrarse la cárcel; todos ellos son los ingredientes con los que Paula Rubio Infante compone una investigación que tiene su resultado en este libro, en el que quedan recogidas sus creaciones artísticas a partir de todas estas vivencias. La artista expresa los resultados de sus indagaciones a través de la instalación, la escultura, las técnicas mixtas sobre papel. Con un estilo austero y severo construye metáforas visuales que remiten directamente a una cruda realidad, encontrándose aquí el compromiso de esta creadora y el carácter político de su arte.

El libro, además de las reflexiones de la propia artista, incluye breves e interesantes estudios de la mano de Carmen Ortiz García, Isaac Rosa y Carlos Delgado Mayordomo, además de dos entrevistas a Jesús Rubio Sarabia, funcionario de prisiones y a Enrique González Duro, psiquiatra.

Otro de los valores de este libro de artista son sus imágenes, las cuales resultan muy ilustrativas de la obra de la creadora, de Delgado Villegas y de la situación de la prisión –incluyendo incluso imágenes tomadas clandestinamente por algunos funcionarios de la cárcel durante los años 80–.

En definitiva, la investigación sobre la memoria histórica reciente puede llevarse a cabo desde múltiples posturas. Con este libro y con la exposición homónima, Paula Rubio Infante nos ha demostrado la validez y el valor de su visión artística sobre el pasado próximo, y, sobre todo, la calidad de sus creaciones inspiradas en esta realidad.


El acelerador, el freno y el desembrague

La profesora Ana Asión hace en este ensayo un profuso recorrido por el cine que reflejó el cambio social de la España de Franco a la actual monarquía parlamentaria. Quiere contextualizar la Transición, y los que hablan por su boca son los personajes de los cincuenta filmes presentados, por delante de sus demiurgos. En las muy documentadas entradas de cada película, se nos presentan también las realidades ajenas al hecho creativo, sobre todo referenciando las reacciones de la censura en cada momento.

Vamos a indagar en las motivaciones de la escritora. Se presentan en primer lugar tres hitos: Calle mayor (1956), El verdugo (1963) y La caza (1966), como sólidas muestras del acto de pisar el acelerador del vehículo de guerra incruenta contra la dictadura.

El libro continúa por una carretera de tráfico lento, glosando una serie de películas costumbristas en el paso de la década de los sesenta a los setenta. Nuestra particular conductora no quita, sin embargo, su pie del pedal, pasando por las distintas temáticas que caracterizaron la travesía del cambio de ciclo, como el divorcio, el aborto… y el destape, ese movimiento comercial de desembrague que sirvió de apertura de espita para enfriar el calefactor del españolito medio.

Entrados de lleno en los años setenta, presenciamos un recorrido en una ancha carretera de tres carriles, que podríamos llamar la Ruta 1974: el más difícil del cine de denuncia, casi siempre críptico, con Elías Querejeta de guardia de tráfico; el aludido de la comercialidad fácil con la muestra del cuerpo femenino, por exigencias del guion; y una tercera vía, más amable pero no por ello inocua, inventada por José Luis Dibildos, aunque con otras muestras equiparables ajenas a ese productor.

¿Y el freno? ¿Nos hemos olvidado de este importante accesorio de los vehículos de turismo, ese gran invento? Nada de eso. Precisamente es el gran hallazgo de Ana Asión en el presente libro. Franco se muere en la cama, y a partir de ahí se empiezan a desinflar las expectativas de transformación social que esperaban sentadas, con la excepción de la militancia del PCE clandestino. Muchos pechos descubiertos, algunas palabras malsonantes, aisladas voces críticas, y España se ve inmersa en un magma paralizante que, con la excusa de no volver a repetir la última guerra civil, tiñe de desilusión al cine y a las demás artes.

Es el momento de parar en seco, cuando no de poner la marcha atrás. Se trata del desencanto, ese concepto que narran los hermanos Panero en la película de Chávarri de 1976. Toda la energía potencial del antifranquismo se evapora al producirse la Reforma Política y se provoca una domesticación social progresiva que contagia nuestra cinematografía. Un frenazo con todas las de la ley… constitucional.

Ana Asión define a la sociedad de la Transición como “anestesiada y confusa”, así como atrapada en “el consumismo voraz y alienante”. Fruto de este fenómeno es el género de los exitosos estrenos de la segunda mitad de los años setenta y la primera de los ochenta: por un lado, el llamado cine quinqui, que refleja ambientes barriobajeros delictivos, y por otro el ozorismo conservador, padre de la explosión de la comedia madrileña, una manera sutil de huir de la realidad política al ritmo de la movida posmoderna. Como apagar el motor del coche y subir la música en la radio.

Eso sí, siempre con las consiguientes excepciones en forma de película. Muchas de estas joyas olvidadas son objeto de rescate por parte de la escritora, que bucea en el cine perdido de esa España que festeja el fin de su particular horror movie de cuatro décadas. Así, podemos disfrutar de reseñas como la de Con uñas y dientes (1978), anunciada en su día como “la primera película española de lucha de clases” (obviando las producciones de la Segunda República). O la de Historias de amor y masacre, gamberra cinta de animación del mismo año que también marcó un hito en la cinematografía española.

Bajo las conclusiones de Ana Asión subyace la división de la izquierda. En el último tramo del libro la vemos personificada en dos realizadores que provenían del mismo campo ideológico: el omnipresente José Luis Garci y el efectista Eloy de la Iglesia. Mientras que el primero ilustró el desencanto hasta caer en el sentimentalismo, el segundo optó por hacer un retrato grueso de la delincuencia.

En cualquier caso, el lector tiene en sus manos, disfrazado de pequeño diccionario de cine, un buen repaso a las circunstancias sociales y políticas de la Transición española, esa época que todavía suscita tanta controversia.