Belkis Ayón. Colografías

Oscuras miradas nos observan. Siluetas, con dos profundos ojos de negras pupilas que se clavan sobre nosotros. Rituales y ceremonias secretas sobre papel. Símbolos sobre las fingidas pieles y un todopoderoso pez que se sumerge con nosotros ante un mundo que no alcanzamos a comprender completamente. Este es el camino que se abre ante las estampas de la grabadora cubana Belkis Ayón (La Habana, 1967-1999), una de las mayores artistas latinoamericanas de los últimos años y uno de los máximos exponentes internacionales en la gráfica contemporánea.

Formada en el Instituto Superior de La Habana entre 1986 y 1991, Belkis comenzó a interesarse por las posibilidades plásticas y conceptuales que las técnicas del grabado le ofrecían para desarrollar su obra muy tempranamente. Según ella misma relata, empezó a practicar la colografía (técnica de grabado también conocida como collagraph) durante su segundo año de formación. Esta técnica se basa en la adición sobre la matriz de materiales y diferentes elementos que compongan texturas con las que se juega durante el entintado y la estampación. Aparentemente una técnica sencilla que ofrece una gran variedad de posibilidades plásticas, las cuales Belkis Ayón exploró y desarrolló hasta límites insospechados, convirtiéndose indiscutiblemente en la mayor exponente de la colografía.

Actualmente, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía nos abre las puertas a este enigmático mundo gráfico en la exposición Belkis Ayón. Colografías, que se celebra entre el 17 de noviembre de 2021 y el 18 de abril de 2022, comisariada por Cristina Vives. Esta muestra reúne un número importante de estampas realizadas mediante colografía, así como varias de las matrices de estas piezas e incluso tres murales cerámicos que la artista desarrolló en Venecia, desconocidos hasta ahora incluso para muchos expertos en la obra de Ayón. Se construye de esta forma la primera gran retrospectiva de la artista cubana en Europa, un reconocimiento justamente merecido para esta creadora que nos dejó tempranamente con 32 años de edad.

Como se puede observar en esta exposición, magníficamente apoyada con los textos de sala, Belkis Ayón construyó toda una iconografía y un mundo visual en sus colografías centrándose fundamentalmente en la Sociedad Secreta Abakuá, una religión desarrollada en Cuba a partir de esclavos nigerianos que llegaron a la isla en el siglo XIX. Los ritos y las ceremonias, así como la imagen de las figuras centrales de esta religión, se convierten en recursos recurrentes que configuran estas estampas. Sin embargo, debemos tener en cuenta que todo este imaginario es construido por la propia artista, ya que como la comisaria destaca en varias entrevistas, los abakuá no tienen una visualidad de su religión más allá de unos escasos símbolos poco desarrollados, y fue Ayón quien la desarrolló.

La construcción visual de este atrayente imaginario se acompaña de una maestría técnica incomparable. Ayón trabajaba sus matrices añadiendo diversos materiales como carborundo y distintos papeles, construyendo texturas muy delicadas que al estampar generan complicadas huellas, imbricaciones y detalles que nos deleitan en cada centímetro de la estampa. Además, muchas de estas piezas son de gran formato, lo cual añade una complejidad extra a la hora de trabajar en todos los procesos del grabado, tanto en la creación de la matriz, como en el entintado y la estampación. El hecho de que esta muestra se acompañe con varias de las matrices hace posible comprender mejor su proceso creativo, aunque debemos tener siempre en cuenta que se tratan de elementos de trabajo y no definitivos, a pesar de su apariencia. Un video en el que se muestra a la artista en su taller, trabajando en la que sería su última serie, My Vernicle, también ayuda al público a entender mejor su proceso de trabajo.

En conjunto, esta exposición es una maravillosa oportunidad para adentrarnos en la misteriosa obra de una de las mayores exponentes de la gráfica contemporánea internacional y del arte latinoamericano, quien sin embargo, sigue siendo poco conocida para el público general. Un mundo visual atrayente, fascinante y cargado de significados que encierran ocultas leyendas, y una maestría técnica y alto desarrollo que se combinan y se muestran en esta gran retrospectiva.


Exposición de Alicia Vela

En el Paraninfo de la Universidad, desde el 20 de enero, se puede visitar la exposición de Alicia Vela bajo el título "Rastros". Prólogos de Carmen Abad Zardoya y Alejandro J. Ratia.

Estamos ante obras desde 1984 al 2000, sin duda con gran variedad de planteamientos temáticos. Tenemos lienzos como Aprendiendo a volar, de 1983, con un esquemático desnudo femenino y otro que inicia un vuelo hacia cualquier destino. Direcciones opuestas, de 1984, consiste en dos figuras femeninas, en tonos oscuros, que caminan en dispares direcciones, siempre con los negros dominantes. Escenarios irreales, de 1986, se basa en una figura femenina cabalgando sobre un esquemático caballo por encima de los edificios con los dominantes tonos oscuros. Sin olvidar el lienzo Deseos rotos, de 1986,  con dos figuras femeninas dentro de una urna, en tonos oscuros, que lloran sin posible consuelo. Todo se completa con Frida, de 1986, aguafuerte y aguatinta, con una figura femenina que llora sin posible descanso.

Exposición con una línea muy coherente que resuelve sin problemas. Nos queda por saber que pinta desde el año 2000 al 2022.


Esculturas de Fernando Clemente

En el Museo Pablo Gargallo, desde el 20 de enero hasta el 20 de marzo, hemos tenido un conjunto de esculturas de Fernando Clemente que son muy excepcionales. Para nosotros un descubrimiento, pues se trata de una artista zaragozano del que ignorábamos hasta su existencia. Prólogos de Francisco Javier Serón Torrecilla y del artista, el cual comenta que sus obras están inspiradas en los albergues de carretera diseñados por los arquitectos Carlos Arniches y Martín Domínguez  en 1927.

Al margen de unas videoinstalaciones, nos centramos en las esculturas. De contornos más o menos irregulares, en una o dos caras incorpora tonos suaves o intensos, como azules, en los que ubica sugerencias de edificios como evocación de aquellos albergues. Siempre muy refinado.


Cuadros de Martínez Tendero

En la Fundación Caja Rural de Aragón, desde el 27 de enero, se inaugura la exposición Autorretrato Sanitario del pintor José María Martínez Tendero, conocido artista zaragozano, nacido en Albacete. Prólogos de Rubí Sanz Gamo, directora del Museo de Albacete, y del artista.

Estamos ante un conjunto de retratos, muy excepcionales, que corresponden a sanitarios del Hospital de Albacete, siempre con mascarilla salvo dos excepciones. Una se titula Tanatopractora 1, basada en un bello rostro de mujer con los ojos cerrados e impecable juego de planos y cambiantes colores, y otra Sanitaria 58, con un aire pensativo ante la condición de tanto drama en el hospital. A partir de aquí tenemos una gran variedad de retratos sobre personas reales del hospital. El matiz diferenciador, como gran idea, es el color de los ojos, por ejemplo en un caso azules y amarillos, que dan a cada obra un fascinante atractivo. Martínez Tendero nos ha sorprendido de nuevo con un obra singular, diferente.


Cuadros de José Moñú

En la galería Carmen Terreros Andréu, el 16 de marzo, se inauguraba la exposición del pintor José Moñú bajo el título Turbo Packet. Numerosos cuadros de formato grande y pequeño, así como un conjunto de dibujos con fondo blanco y el tema en negro basado, entre otros, en manos o rostros.

Los cuadros figurativos se basan en caras, que son en realidad muy hermosas abstracciones expresionistas inundadas de color. Como un mundo aparte atrapado por tanta imaginación. En cuanto a los cuadros abstractos rebosan vitalidad, dinamismo y colores impactantes, siempre al servicio de unas impecables composiciones. Todo es como si fuera un mundo extraño agitándose por doquier, que anuncia lo que sea, incluso amenazas. Artista con una línea coherente, sin fisuras, muy personal.


Acta de la Asamblea Ordinaria celebrada el 19 de febrero de 2022

Tuvo lugar con el siguiente orden del día: 

1 – Aprobación, si procede, de las actas de la anterior reunión (se aprobaron). 



2 – Informe de la Presidenta y de la Tesorera de la Junta Directiva saliente.

La Presidenta relata las actividades de la asociación realizadas durante los últimos años y la tesorera la actualización de las cuentas, destacando la renovación del dominio de la revista AACA Digital. 



3 – Deliberación y votación de los Premios AACA 2021, en las siguientes categorías:

 

– Premio al artista aragonés o residente en Aragón menor de 35 años que haya destacado por su proyección artística.

Concedido a Cristina Huarte. 


– Premio a la mejor publicación sobre arte contemporáneo de autor o tema aragonés.

Concedido al libro Impulso del artista Víctor Mira (1949-2003), de Manuel Pérez-Lizano Forns.


– Premio a la mejor labor de difusión del arte aragonés contemporáneo.

Concedido a Tintaentera Taller de Obra Gráfica, dirigido por Natalia Royo. 


– Premio a un destacado espacio expositivo sobre arte contemporáneo.

Concedido a la galería Carmen Terreros Andréu.

 

– Gran premio al más destacado artista aragonés contemporáneo objeto de una gran exposición.

Concedido a Ricardo Calero por la muestra "Espacios del sentir", desarrollada en La Lonja. 


– Premio especial "Ángel Azpeitia".

Espacio Cultural Huecha (Alberite de San Juan, Zaragoza). 



4 – Ruegos y preguntas (no hubo).


Acta de la Asamblea Extraordinaria celebrada el 19 de febrero de 2022

Con un único punto del día:votación de la nueva Junta Directiva. Se recibió la siguiente propuesta:


– Presidente: Jesús Pedro Lorente Lorente (dejaría de ser director de AACA Digital, tomando el relevo Ana Asión al frente de la revista).

– Vicepresidenta: Desirée Orús Casado.

– Tesorera: Pilar Sancet Bueno.

– Secretario: Julio Gracia Lana.

– Vocales (por orden alfabético): Ana Asión Suñer, Lola Durán Ucar, Ricardo García Prats, Maria Luisa Grau Tello, Ricardo Marco Fraile, Alejandro Ratia Giménez.

 

Fue aprobada por unanimidad. 


El tiempo detenido en una silenciosa sinfonía urbana.

La exposición que, hasta el 22 de mayo de 2022, podemos visitar en la sala de exposiciones Patio de la Infanta de Ibercaja es una antológica de obras del pintor y fotógrafo José Miguel Palacio creadas desde 2005, un periodo en el que su principal inspiración temática ha estado centrada en las vistas de ciudades. De ahí el título “Sinfonía urbana” muy de película de los años veinte, según aclara el comisario, Juan Manuel Bonet, gran experto en aquel periodo de las vanguardias del arte moderno. De entre las muchas referencias que él cita, yo quiero destacar sobre todo las evidentes concomitancias con la producción del elegante pintor y fotógrafo estadounidense Charles Sheeler, uno de los máximos exponentes de la corriente realista conocida como Precisionism, que exaltaba las naves industriales, las máquinas, el progreso… Mucho de eso puede verse en esta muestra de este artista aragonés afincado en Madrid y fascinado por los encantos de la capital; aunque los rutilantes equipamientos de ferrocarriles, modernos aeropuertos o reflejos de escaparates de tiendas lujosas se han de encuadrar sobre todo en la corriente del Hiperrealismo, surgido en los Estados Unidos de América a finales de los años sesenta y expandido por todo el mundo aún en pleno siglo XXI, como bien mostró la muestra “Hiperrealismo 1967-2012organizada en 2013 por el madrileño Museo Thyssen, usando como imagen reclamo su célebre cuadro de Richard Estes Cabinas telefónicas. En efecto, los cristales y chapas brillantes, las pormenorizadas perspectivas urbanas, los coches y cuerpos humanos muy detallados, son recursos visuales manejados con increíble habilidad por este veterano artista de muy depurada técnica, quien empezó haciendo figuración expresionista y estuvo luego veinticinco años bajo la influencia del surrealismo, tal como viene recogido e ilustrado en la página 23 del catálogo. En realidad, nunca ha abandonado del todo esas influencias, pues no hay narratividad naturalista, nadie habla ni gesticula, ni sucede nada especial o concreto, sino que muchas de sus obras nos transmiten una silenciosa poética de ensueño, un tamiz de melancolía, un filtro humano alejado del docurrealismo fílmico/fotográfico y su exaltación del ufano presente. Él se describe a sí mismo como un cronista de la contemporaneidad, un notario de lo que ve, pero a menudo plasma realidades fugaces, congelando un recuerdo de algo transitorio, como era el caso de la ya desaparecida tienda zaragozana La Reina de las Tintas cuando la pintó en 2005, seguramente embargado por la nostalgia de cuando de jovencito compraba allí sus materiales de escritura y dibujo. Su último cuadro, con el que cierra la exposición y anuncia quizá una nueva etapa en su carrera, es un Jarrón con flores sobre fondo negro, donde se ven ya algunos pétalos caídos sobre la repisa, en la mejor tradición iconográfica del bodegón barroco, que a toda visión de belleza acompañaba una reflexión sobre la caducidad de las cosas. Tempus fugit! Este pintor de toque demorado, que cada día pasa muchas horas trabajando laboriosamente y ha invertido tantos lustros en alumbrar los hermosos contenidos de esta exposición, volverá luego al silencio solitario de su mirada escrutadora, para seguir fijando con su cámara y sus pinceles elaboradas imágenes que se disputarán coleccionistas privados e institucionales. Ojalá no tarde muchos años en volver a deslumbrarnos a sus paisanos, pues en su querida Zaragoza no querríamos tener que volver a esperar mucho para disfrutar de otra antológica suya.


Ramón Acín. En cualquiera de nosotros un pedazo tuyo

Ramón Acín ha recibido en las últimas décadas una renovada atención por parte de estudiosos, fundamentalmente aragoneses. He podido acercarme a su figura a través de la tesis doctoral que me encuentro finalizando sobre la recepción de Goya en la cultura visual española de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Y es que, Acín fue, en el territorio aragonés, la personalidad más beligerante contra la imagen castiza, optimista y condescendiente de Goya proyectada a raíz de la celebración del Centenario del fallecimiento del artista en 1928. Defendió el Rincón de Goya de Mercadal cuando nadie se atrevió a hacerlo y cargó contra las juntas local y nacional que se encargaban de organizar las celebraciones del Centenario. Posiblemente, si Acín siguiese vivo hoy, hubiera criticado con el mismo ímpetu los actos del 275 aniversario de su nacimiento celebrados el pasado 2021, que no han sido capaces de reivindicar de manera profunda, moderna y seria el legado del pintor de Fuendetodos en Aragón.

El autor de esta interesante monografía sobre Ramón Acín es Víctor Juan, profesor de la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación de la Universidad de Zaragoza en el campus de Huesca, cuyo germen era la Escuela Normal de Magisterio de la capital altoaragonesa. Está al frente de la Revista de cultura aragonesa de Rolde y del Museo Pedagógico de Aragón. Ya nos avisa en el prólogo que no pretende hacer un aséptico recorrido sobre la figura de Acín, sino que su intención es la de mostrar aspectos particulares de su vida y de su creación, mostrándolos bajo su propia perspectiva, tan personal. Como Ramón Acín es una figura ya investigada anteriormente —y desde el ámbito histórico-artístico cabe destacar los estudios de Manuel García Guatas o de Alberto Castán—, resultan muy interesantes estos enfoques más personales. Además, las palabras de Víctor Juan destilan un amor y una admiración por la figura de Acín que se transmiten directamente al lector.

La obra queda organizada en varios capítulos. El primero lleva por título “Las rebeldías modestas pero continuadas de un hombre bueno”. En él, el autor hace un repaso por los orígenes familiares de Ramón Acín, por su etapa de juventud y su trabajo como docente de Dibujo en la antigua Escuela de Magisterio de Huesca. También se ahonda en las relaciones existentes entre Acín y la Junta para la Ampliación de Estudios (JAE), situando al autor oscense entre las figuras claves para comprender esa edad de oro de la pedagogía española vivida a raíz de la eclosión del pensamiento krausista y los ideales de la Institución Libre de Enseñanza. Finalmente, se recuerda el papel de Acín como apoyo intelectual y económico de Luis Buñuel para la filmación de su documental sobre las Hurdes.

El segundo capítulo se titula “Tú eres antes que todo” y, en él, Víctor Juan aborda la figura de Conchita Monrás, esposa de Acín, una personalidad imprescindible para comprender al polifacético oscense. De estas páginas se desprende el gran amor que Ramón y Conchita experimentaron, basado en el respeto y la admiración mutua, tal y como revelan las cartas, pinturas, dibujos y fotografías conservadas. Fruto de su relación nacieron sus hijas Katia y Sol Acín Monrás, también fundamentales para comprender de manera global el entorno familiar y vital de Acín.

Los dos últimos capítulos se ocupan de la parte más amarga de la historia de Ramón Acín y Conchita Monrás, su detención y fusilamiento en Huesca en agosto de 1936, asesinato que dejó huérfanas a Katia y a Sol. Muy emotivo es el homenaje a Acín que escribió Paco Ponzán en la revista Nuevo Aragón editada por la CNT en Caspe en marzo de 1937. Su autor había sido uno de los más destacados seguidores de las enseñanzas de Acín en Huesca y su compromiso con la libertad le llevó a exiliarse en la ciudad francesa de Toulouse, donde formó parte de la Resistencia durante la Segunda Guerra Mundial, siendo ejecutado por las tropas nazis en 1944.

En definitiva, el libro que aquí nos ocupa es un pequeño tesoro con el que Víctor Juan ha demostrado que, efectivamente, en cualquiera de nosotros habita un pedazo de este pedagogo, artista, escritor y activista que fue Ramón Acín. Ojalá muchas otras publicaciones, documentales y exposiciones terminen de poner en valor su figura, representante de unos ideales que hoy en día conviene reivindicar con fuerza.


Premios AACA 2021

Tras votación en la Asamblea General celebrada el 19 de febrero de 2022 en el IAACC Pablo Serrano, la Asociación Aragonesa de Críticos de Arte decidió otorgar los siguientes premios correspondientes al año 2021:

 

– Premio al artista aragonés o residente en Aragón menor de 35 años que haya destacado por su proyección artística.

Concedido a Cristina Huarte. 


– Premio a la mejor publicación sobre arte contemporáneo de autor o tema aragonés.

Concedido al libro Impulso del artista Víctor Mira (1949-2003), de Manuel Pérez-Lizano Forns.


– Premio a la mejor labor de difusión del arte aragonés contemporáneo.

Concedido a Tintaentera Taller de Obra Gráfica, dirigido por Natalia Royo. 


– Premio a un destacado espacio expositivo sobre arte contemporáneo.

Concedido a la galería Carmen Terreros Andréu.

 

– Gran premio al más destacado artista aragonés contemporáneo objeto de una gran exposición.

Concedido a Ricardo Calero por la muestra "Espacios del sentir", desarrollada en La Lonja. 


– Premio especial "Ángel Azpeitia".

Espacio Cultural Huecha (Alberite de San Juan, Zaragoza). 

 

La entrega de los Premios AACA 2021 se celebró el día 25 de marzo, a las 19:00 en el Instituto Aragonés de Arte y Cultura Contemporáneos (IAACC) Pablo Serrano.