Al final la fusilan. Cine, arte y obsolescencia de los géneros
Entrevista a Rafael Navarro
Dentro del programa de Actividades Culturales de la Universidad de Zaragoza, en el Campus de Teruel, y bajo mi coordinación, desde la primavera de 2009, se ha creado un “Punto de Encuentro Cultural”, en el que tendrán cabida los distintos miembros del tejido cultural universitario y no universitario (artistas, fundaciones, empresas de entretenimiento, galerías, críticos, etc.). Para poner en marcha este proyecto, en el mes de mayo, he organizado tres conferencias/coloquio: la primera, fue impartida el jueves 14, por el fotógrafo aragonés de reconocida trayectoria internacional Rafael Navarro (aprovechando este encuentro hemos conversado sobre su trabajo: este mes de junio ha expuesto una retrospectiva de su trabajo en México bajo el título "Cuerpo y luz",); la segunda, el jueves 21, por Ana Revilla, directora de la Fundación Norte de Zaragoza, que desarrolla un programa innovador en el ámbito cultural y social centrado en el fomento y proyección del arte contemporáneo de la educación y otros aspectos de la cultura, y que tiene como finalidad la realización de actividades encaminadas a la promoción y desarrollo del arte; y la tercera, el jueves 28, a cargo de Paco Paricio, director del grupo Titiriteros de Binefar, grupo interdisciplinario de teatro/títeres/músicos/etc. de reconocida trayectoria nacional e internacional, que trabajan con objetos encontrados, que transforman y los hacen, portadores de múltiples y profundos significados, haciendo que se muevan de forma intencionada y se hagan títeres, que se convierten en instrumentos de comunicación.
Perfil de Rafael Navarro
Rafael Navarro, es un caballero. Un hombre refinado, de exquisitos modales y gustos. Un hombre maduro, sencillo, culto. Un fotógrafo (“fotógrafo puro”) sin trucos de laboratorio. Como dijo hace dos años Rosa Olivares en el catálogo de la exposición Cuerpos Iluminados celebrada en la Lonja de Zaragoza: “Hablamos de una historia que comienza oficialmente en el año 1975, en el momento que Navarro realiza su primera serie catalogada, Formas, compuesta de 12 imágenes de diferentes fragmentos del cuerpo, de un cuerpo femenino. Hablamos de un trabajo de hace 32 años y que, brevemente, de una manera silenciosa –como todo el trabajo de Rafael Navarro- asienta las reglas de una trayectoria que al margen de contenidos, conceptos y formas, tiene un elemento incuestionable: la coherencia".
1. Para empezar ¿podría usted describir su obra?
Quiero que las obras contengan sentimientos, vibraciones, sensaciones, alguna idea más bien ambigua y ningún mensaje concreto, por eso huyo del uso convencional del medio fotográfico y trato de descontextualizar los sujetos subvirtiendo su espacio y su estructura y proporcionándoles otra configuración de la que se desprenda una nueva y diferente lectura.
2. ¿Qué fue lo que le llevo a la fotografía entre otras artes visuales?
Cuando sentí la necesidad de expresarme, yo tenía unos conocimientos básicos de fotografía y eso me decidió a tomar inicialmente este camino.
He de aclarar que yo no siento grandes diferencias entre el uso de las técnicas fotográficas y el empleo de cualquier otra disciplina plástica. Entiendo que los útiles empleados en la producción artística no pasan de ser herramientas meramente artesanales, ya se trate de cámaras simples o sofisticadas, de pinceles, lápices, buriles, escoplos o plumillas. Si el autor de la obra es capaz de hacer fluir sus sentimientos, de hacer que sus vivencias sean legibles en la obra finalizada, la artesanía y buen oficio habrán atravesado esa sutil frontera casi virtual y se habrá convertido en Arte.
3. ¿Cómo empieza usted sus fotografías o imágenes?
Básicamente de dos formas diferentes: una emoción que surge o una idea preconcebida.
En el primer caso el sujeto puede ser una textura, una situación, un cuerpo. Trabajo mucho con el cuerpo humano; cuando monto una sesión de estudio debo hacerlo con una modelo con la que tenga cierta confianza pero no una persona con la que tenga una relación vital. Entonces sólo tengo que explicarle la idea por la que me quiero mover…y a trabajar, a ver que fluye. Es como cazar momentos.
Lógicamente hay una técnica detrás de esto, pero en ese momento no piensas en ella, ya la tienes superada y resuelta y puedes ir siguiendo tus emociones y el instante y el encuadre aparecen casi por si mismos.
La cosa es estar abierto a percibir. Yo no puedo transmitir la paz y el aroma de un bosque pero puedo encontrar una luz, una composición que refleje la emoción que me ha producido y así construir un puente con el observador.
La segunda opción, la idea preconcebida, tiene ya un planteamiento más intelectual y menos emocional. Un buen ejemplo puede ser la serie Dípticos (1978/1985). Al hacerlos partía de una idea, la bocetaba, tomaba primero la imagen que podía presentar más problemas (eran placas de 13×18), la revelaba, hacía un positivo y si la daba por buena, con ese positivo en la mano iba a buscar la otra imagen. A veces en el proceso me encontraba con algo que me llamaba la atención y me provocaba la idea de hacer otra cosa. Eso era como un factor desencadenante: la tomaba y a partir de allí la construía.
4. Rosa Olivares dice que usted es lo que se ha venido en llamar un “fotógrafo puro”, sin trucos de laboratorio, sin digitalizar las imágenes ¿Qué le parece esta observación?
Creo que bastante cierta. Siempre he trabajado con el criterio de que la imagen hay que crearla con la cámara y apenas introduzco modificaciones durante el trabajo en el laboratorio. No tengo nada en contra de los artistas que aprovechan en profundidad las posibilidades del proceso de positivado pero no es mi caso. Ahora, con la llegada de los sistemas digitales, los recursos son casi infinitos y se ha abierto un nuevo y enorme campo de exploración que apenas está en sus comienzos y que dará paso a un nuevo lenguaje fotográfico. En el campo profesional es evidente que la fotografía química ha quedado obsoleta pero, en el campo artístico, creo que seguirán conviviendo ambas.
5. ¿Qué maestro han influido en su trabajo?
Me resulta casi imposible contestar a esa pregunta. Sin duda identifico a grandes maestros que me han influido (Edward Weston, Bill Brandt, Harry Callahan, Kishin Shinoyama, Manuel Álvarez Bravo, Eikoh Hosoe…) pero seguro que hay otros muchos que a nivel subconsciente hacen aflorar ideas y planteamientos y que forman un bagaje subliminal del que te nutres sin darte cuenta.
6. Respecto a la polémica actual de las Bellas Artes: autodidactismo o enseñadas regladas.¿Qué opina usted?
A estas alturas pensar en la conveniencia del autodidactismo me parece un anacronismo. En mi generación tuvimos que practicarlo ante la casi total ausencia de otras posibilidades y el camino era bastante duro.
Las enseñanzas regladas, si están establecidas de forma inteligente y con criterios válidos, aportarán al futuro artista una base sólida de conocimientos históricos y técnicos que, sin duda, le facilitarán el recorrido de su camino creativo.
El riesgo está en que si dichas enseñanzas no cumplen con los presupuestos antes citados se corre el grave riesgo de que sólo sirvan para entorpecer la evolución y dificultar el sendero de la libre creación.
7. Para finalizar ¿Qué opina usted de la candidatura de Zaragoza a la Capitalidad Cultural de 2016?
No tengo nada en contra de este tipo de eventos. Si se aprovechan bien las circunstancias que suelen acompañar a los mismos pueden ser muy beneficiosos tanto para las partes implicadas en los procesos como para el público en general.
La pregunta latente es si el habitualmente abundante presupuesto que hay que destinar a ellos no podría tener más eficacia si se canalizase en programas menos efímeros.
Santiago Sierra: ocultar y desvelar.
![]() |
|
4 contenedores cúbicos |
![]() |
| Espreado de poliuretano 18 personas |
| 3.000 huecos de 180 x 50 x 50 cm cada uno (2002) |
Sierra (y quizá de aquella década) se titula 3.000 huecos de 180 x 50 x 50 cm cada uno (2002). Esta obra fue realizada para la Fundación NMAC (Montenmedio Arte Contemporáneo, Cádiz) por un grupo de inmigrantes africanos (subsaharianos y magrebíes en su mayoría) junto a un capataz español —obsérvese la diferencia de estatus—, en una extensión de terreno de unos trecientos metros de largo y que constaba de tres mil huecos que semejaban nichos. La cercanía con el Estrecho de Gibraltar hace pensar inmediatamente en un gigantesco memento mori en homenaje a todos los que mueren intentando huir de la miseria; la magnitud de esta obra rivaliza con lo monumental de trabajos de Smithson como Spiral Jetty (1970) o Amarillo Ramp (1973). Por otra parte, el hecho de que la acción esté realizada por inmigrantes africanos que, muy probablemente, hayan realizado ese arriesgado camino intercontinental, no deja de ser incisivo en cuanto que están cavando una tumba que podría haber sido suya. Este acto de “cavar uno su propia tumba” recuerda poderosamente al personaje de Paul Newman (Luke) en el film Cool Hand Luke (La leyenda del indomable, Stuart Rosenberg, 1967). En la película, Luke, como castigo —asunto recurrente en Sierra que analizaremos más adelante—, cava una fosa del tamaño de una tumba en la que vuelve a introducir la tierra repetidas veces. Ese “castigo de Sísifo” humillante e irracional enlaza con otra obra de Sierra, en Intercambio en las posiciones de dos volúmenes de tierra de 30 m3 cada uno, llevada a cabo en la zona desmilitarizada entre Corea del Norte y Corea del Sur en junio de 2005, jugó con la doble idea de hacer un trabajo absurdo que no tenía ninguna finalidad productiva y con la mezcla de los territorios de dos bandos enemigos. Ante Yu Yeon Kim, la comisaria —muy poco convencida de los argumentos del artista— del evento DMZ 2005, Sierra se lo explica en castellano a Ben Lewis en el documental Art Safari:
![]() |
| 100 personas escondidas (calle Doctor Fourquet, galera Helga de Alvear, Madrid, noviembre 2003). |
manto de invisibilidad sobre los que no tienen derechos: si en otro tiempo fueron los integrantes del lumpenproletariado, ahora son los sin-papeles quienes ocupan junto a los sin-techo el escalafón más bajo de la sociedad. Obras como 8 personas remuneradas para permanecer en el interior de cajas de cartón (Edificio G & T, ciudad de Guatemala, agosto 1999) o más recientemente 100 personas escondidas ilustran rotundamente el proceso de disolución e invisibilidad que marca el discurso de Sierra, una fluctuación entre el ocultar y el desvelar.
![]() |
| Espacio cerrado con metal corrugado (Lisson Gallery, Londres, 2002). |
![]() |
![]() |
| Obstrucción con un contenedor de carga (México DF, 1998) | Puente peatonal obstruido con cinta de embalaje (Calzada Churubusco, México DF, 1996) |
![]() |
![]() |
| 24 bloques de concreto movidos constantemente durante una jornada por obreros remunerados (ACE Gallery, Los Ángeles, 1999). | Muro de una galeria arrancado, inclinado a 60 grados del suelo y sostenido por 5 personas (México D.F., 2000). |
![]() |
![]() |
| 9 formas de 100 x 100 x 600 cm construidas para ser sostenidas en perpendicular a la pared | 9 formas de 100 x 100 x 600 cm construidas para ser sostenidas en perpendicular a la pared (Deitch Projects, Nueva York, junio 2002) |
![]() |
![]() |
| M. Koch, O. Rieth, Der Akt, 1894 | Atlas Farnesio (siglo II a_C_). |
![]() |
![]() |
![]() |
| Acción, Bienal de Venecia, 2003 | Goya, El reo con capirote [Caprichos n º 23 ] | Satar Jabar torturado en Abu Ghraib |
![]() |
![]() |
| 20 trozos de calle arrancada Gal. Romero, (Madrid, 1992). | 2 cilindros de 250 x 250 cm cada uno, compuestos de carteles arrancados (1994) |
![]() |
| Institución embarrada (Kesstnergesselschaft, Hannover, 2005) |
ejemplo de ello fue, por supuesto, la ocupación del Pabellón español en la Bienal de Venecia, pero también otra acción reseñable como la transformación del espacio de la Kestnergesselschaft en la obra Institución embarrada. Entre 1934 y 1936, el recién estrenado gobierno nazi ejecutó un programa de obras públicas cuya finalidad era paliar el alto índice de desempleo en Alemania; en el caso de Hannover se construyó el lago Maschsee. Con esta premisa, Sierra decidió llenar la sala principal de la planta baja del edificio con “sedimento del lago Maschsee en base a sus implicaciones sociológicas”, aunque al final, y debido a un posible riesgo para la salud de los visitantes, “se utilizaron turba y barro obtenidos del pantano de Bad Neenndorf y de un cultivo cercano al lago Steinhuder Meer”. En la planta superior de la Kestnergesselschaft quedaba el vestigio de dicha acción en las huellas de barro que dejaban los visitantes.
![]() |
![]() |
| 245 m3 Sinagoga de Puhlheim-Stommeln, 2006 | 245 m cúbicos, Sinagoga de Puhlheim-Stommeln, 2006 |
Las críticas más persistentes a las que se refiere Sierra provienen de Stefan Kramer, Secretario General del Consejo Judío Alemán quien afirmó que era “un escándalo. Es una increíble provocación a costa de las víctimas del Holocausto. No es más que una ofensa a toda la comunidad judía”; otra de las voces era la del escritor Ralph Giordano quien había sobrevivido a los campos de concentración alemanes: “Es despreciable. ¿Qué hay de artístico en juntar el escape venenoso de seis coches en una antigua sinagoga? ¿Y quién le dio permiso para esto?” (Harding, 2006). Pese a la negativa del alcalde de Pulheim, Karl Auguste Morisse, a clausurar la exposición (El Mundo, 13 marzo de 2006), el antes citado Consejo Judío Alemán consiguió que se cerrara definitivamente la muestra (El Mundo, 14 marzo de 2006).
Un gran libro en dos tomos sobre los edificios de la Universidad de Zaragoza
GONZÁLEZ MARTÍNEZ, Carlos; BIEL IBÁÑEZ, María del Pilar; y HERNÁNDEZ MARTÍNEZ, Ascensión [coord.]: La Universidad de Zaragoza: arquitectura y ciudad. Zaragoza, Universidad de Zaragoza, 2008.
Son los edificios, en unión inextricable con la trama urbana, los que hacen que las ciudades sean lo que son, y ofrezcan el aspecto que tienen hoy. La arquitectura y planeamiento urbano vinculados con la Universidad de Zaragoza han contribuido a ello activamente: no hay más que pensar en el papel que juega el Paraninfo como referencia visual en nuestra imagen mental del centro de Zaragoza, o en cómo la urbanización del campus universitario de la plaza de San Francisco ha determinado la morfología de la zona adyacente. Algo parecido ocurre en Huesca y Teruel, cuyos campus universitarios –sobre todo en los últimos años- han visto surgir nuevas arquitecturas que se suman a las históricas ayudando a configurar la imagen actual de la ciudad. El estudio detallado de dicha arquitectura es objeto de este libro.
Desde la clásica obra de Jerónimo Borao publicada en 1869, han sido muchos los estudiosos que se han interesado por la Universidad de Zaragoza, su historia y su patrimonio. Los edificios de la Universidad fueron analizados específicamente en 1983 por el departamento de Arte de la Facultad de Filosofía y Letras en la obra colectiva Historia de la Universidad de Zaragoza, y recientemente por Carmen Rábanos dentro del panorama de la arquitectura contemporánea aragonesa. También el Paraninfo y su programa iconográfico están perfectamente documentados gracias a Guillermo Fatás. En cuanto al patrimonio histórico-artístico de la institución, disponemos del catálogo publicado en 2004 bajo la coordinación de Manuel García Guatas. Asimismo, se han realizado estudios monográficos sobre arquitectos que construyen para la Universidad, en el marco de tesis doctorales como las realizadas por Ascensión Hernández sobre Ricardo Magdalena y Mónica Vázquez sobre José Borobio.
Sin embargo, en las citadas obras el estudio de la arquitectura de la Universidad de Zaragoza no es abordado de manera completa: o bien es uno más de los temas tratados, o el carácter monográfico de las obras no permite una visión general. La publicación del libro objeto de esta reseña viene a concluir esta tarea pendiente. Su objetivo fundamental es dar a conocer a la sociedad el patrimonio arquitectónico de su Universidad, a través de la exhaustiva compilación de la información relativa a las construcciones universitarias desde 1893 hasta nuestros días.
Publicada con motivo de la rehabilitación del Paraninfo, La Universidad de Zaragoza: arquitectura y ciudad es resultado de un encargo directo del Rector Manuel López a los tres autores y coordinadores de la obra. Pilar Biel y Ascensión Hernández, profesoras del Departamento de Historia del Arte de la Universidad, aportan sus conocimientos en patrimonio cubriendo la parte histórica, mientras que Carlos González Martínez, director de la Unidad Técnica de Construcciones y Energía de la Universidad, es responsable de la parte más contemporánea. Ramón Abad, Alfonso Ariño y Antonio Peiró se encargan de los encartes y, cuando ha sido posible, la redacción de las fichas ha sido encomendada a los arquitectos responsables de los proyectos, que vienen a sumarse así a la amplia nómina de especialistas que participan en la publicación.
La obra consta de dos volúmenes: el primero aborda la historia constructiva de la Universidad en nueve capítulos, mientras que el segundo es el catálogo razonado de los edificios universitarios a través de cuarenta y seis fichas agrupadas por ciudades, dentro de ellas en áreas o campus, y a su vez por facultades y en sucesión de antigüedad cronológica. Las fichas contienen información sobre el proyecto y sus autores, una breve reseña histórica y descripción tipológica, así como datos técnicos referentes al presupuesto de la obra o la superficie construida. Se completan con fotografías, plantas, secciones y alzados.
En el estudio arquitectónico propiamente dicho, el orden elegido para el análisis aúna los criterios cronológicos y temáticos. Tras una reseña histórica sobre la Universidad de Zaragoza que sirve de marco general, se inicia el recorrido por su historia constructiva con los dos edificios más antiguos: la Universidad Literaria, cuyo edificio fundacional situado en la plaza de la Magdalena fue tristemente demolido en 1969, y el Paraninfo -antigua Facultad de Medicina y Ciencias– de Ricardo Magdalena, inaugurado en 1893 y recientemente rehabilitado por Luis Franco y Mariano Pemán dentro del plan de infraestructuras 2006-2012.
La Ciudad Universitaria de la plaza San Francisco se aborda en el tercer capítulo. Además de tratarse del campus aragonés con una historia edificatoria más dinámica (de estética más o menos unitaria en sus comienzos gracias a las construcciones de Regino Borobio y José Beltrán), su urbanización ha contribuido de forma activa a la génesis de la morfología de la zona. Los otros dos campus zaragozanos, Miguel Servet y Río Ebro, que tienen en común su situación a las afueras de la ciudad, son tratados en los capítulos cuatro y cinco. El primero acoge los estudios de la Escuela Superior de Veterinaria, cuyo primer edificio se realizó según proyecto de Casimiro Lanaja, al que se han sumado vanguardistas y recientes construcciones como el edificio de Investigación en Encefalopatías Espongiformes. La historia del campus Río Ebro es más reciente y remonta sus inicios a los años ochenta, con el traslado allí de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales. A este primer edificio le siguen otros: Ada Byron y Betancourt, ambos obra de Basilio Tobías, y Lorenzo Normante (sede de Empresariales), de Tobías, Pemán y Franco.
Los capítulos seis y siete están dedicados a los campus de Huesca y Teruel. Desde su incorporación a la Universidad de Zaragoza como Facultad de Huesca en el curso 1995-1996, el campus oscense ha recibido un gran impulso con la construcción entre otros del pabellón polideportivo Río Isuela o el Vicerrectorado, que vienen a sumarse a los ya existentes, la escuela de Magisterio y el Colegio Universitario. En cuanto al campus de Teruel, su desarrollo está ligado a los estudios de maestros y a la construcción de una ciudad escolar encomendada en 1970 al arquitecto Juan Guma Cuffi. La renovación arquitectónica del campus turolense se produce a partir de los años noventa, de la mano de José Antonio Gómez Muñoz y José Peñafuerte Ruiz, que imprimen una cierta uniformidad de estilo en los edificios que proyectan.
El octavo capítulo analiza el Plan de Infraestructuras Universidad 2012, fruto del acuerdo adoptado por la Universidad de Zaragoza y el Gobierno de Aragón. El plan está constituido por un total de 24 proyectos entre los que podemos citar la construcción de la nueva Facultad de Educación y el edificio departamental del área de Humanidades (reforma de Filosofía y Letras) en la capital aragonesa, o el edificio para Bellas Artes en Teruel. Cierra el volumen el repaso a la historia de la arquitectura de la Universidad a través de los arquitectos que han intervenido en ella, y que son responsables, en palabras de Pilar Biel y Ascensión Hernández -autoras del capítulo- de la “pluralidad de opciones y estilos” que caracteriza esta arquitectura.
Esta publicación viene a continuar la labor iniciada desde diversos ámbitos de la propia Universidad a la hora de completar el estudio de la institución: tras el análisis de su devenir y de su patrimonio histórico-artístico, era el turno de su historia constructiva. Este objetivo queda sobradamente cumplido en una obra cuidada hasta el detalle, y uno de cuyos aciertos es sin duda su enfoque. Más allá del mero análisis formal o estético (útil pero restringido) de las construcciones universitarias, las formas cobran sentido al acompañarse de la información histórica. Sus textos, redactados por especialistas y buenos conocedores de los aspectos que se tratan, dan cuenta de la exhaustiva labor de documentación realizada. A ellos se une un abundante aparato gráfico con imágenes antiguas, especialmente interesantes en tanto que testimonio de edificios hoy desaparecidos como la antigua Universidad Literaria. Todo ello se conjuga en una obra ambiciosa y rigurosa, lo que no va reñido con el carácter ameno y la voluntad de acercamiento a la sociedad.
Era ya hora de que la Universidad de Zaragoza contase con un catálogo razonado de sus edificaciones, que reuniera toda la información existente sobre el patrimonio arquitectónico de la Universidad y la pusiera a disposición de la sociedad aragonesa, facilitando su difusión. De esta forma, gracias al conocimiento del patrimonio arquitectónico de la institución que nos brinda esta publicación, podrán evitarse en el futuro tristes actuaciones como el derribo de la Universidad Literaria de la plaza de la Magdalena, que Guillermo Fatás ya calificó de “puntilla infame” dada por la propia Administración Pública a los lugares fundacionales de la Universidad.
Antológica de Pedro Tramullas en el Palacio de Villahermosa, Huesca
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)

.jpg)
.jpg)
.jpg)

.jpg)



.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
