Introducción
Tenemos más de un fundamento para centrar el hilo conductor de esta investigación que plantea una serie de preguntas tales como de qué forma puede marcar el exilio, qué significa pertenecer a un lugar, y por qué es tan importante ese sentimiento de pertenencia. En unos tiempos convulsos la realidad de la guerra y del exilio dejan una profunda huella en un joven de unos veinte años quien, como hijo único, ha sido siempre el centro de su familia. Esa realidad personal e histórica nos ha llegado viva contenida en el extraordinario valor documental del archivo epistolar de los Estruch Sanchis que conserva muchos de los borradores de sus cartas como es el caso de la que Pepe Estruch envía a Emilio Varela Isabel y en la que le habla de dos cuadros que lo han acompañado siempre. En esta investigación descubrimos una de las cuestiones planteadas anteriormente por José Bauzá y más recientemente por (Castells, 2010: 388)[1] a qué cuadros se refiere la carta y dónde se encuentran.
Tanto los documentos como las imágenes que aportamos aquí prueban que se trata de dos obras inéditas, Capiscol y Los caballos de Capiscol, del pintor alicantino Emilio Varela, que se han conservado gracias a José Estruch Sanchis y, a su muerte, gracias a Israel Chaves.
Durante estos años de investigación sobre José Estruch, un alicantino único por su trayectoria vital y profesional, ejemplo de voluntad de ayuda a los demás, nos hemos encontrado su extraordinaria humanidad en cada una de sus cartas y de sus diarios, lo que ha sido para nosotras un privilegio, y nos ha permitido un homenaje constante a su figura.
Eulogia Sanchis Aldaya y José Estruch Ripoll
Los padres de Pepe Estruch nacieron en Algemesí, José en 1885, y Eulogia en 1887. En 1916, cuando nació su hijo, residían en Alicante, donde disfrutaron de la luz mediterránea y de una buena posición en la sociedad alicantina hasta que la guerra civil lo rompió todo. El padre, además de dentista, con clínica en la plaza de Castelar nº 6 (hoy Rambla de Méndez Núñez, esquina con la calle Mayor), fue presidente de la Cruz Roja y presidente de la gestora de las Hogueras de San Juan, miembro de Izquierda Republicana, tesorero del Consejo Provincial y presidente del Consejo Local. Durante la guerra se encargó de organizar Hospitales de Sangre. Exiliado tras la guerra civil en Francia, Argentina, Chile y Uruguay, donde presidía Izquierda Republicana. Miembro de las logias Constante Alona, Numancia y Gran Maestre de la Gran Logia Simbólica Regional del Levante. En La represión franquista en la provincia de Alicante el profesor Moreno Sáez menciona cómo el Tribunal Militar declaró, en Madrid, el 23 de enero de 1942, a José Estruch Ripoll en rebeldía, y lo condenó a 30 años de reclusión mayor e inhabilitación absoluta y perpetua y a la pérdida de sus bienes. Instalado finalmente en el exilio en Uruguay, trabajó como médico en Montevideo donde se reunió con su esposa y, en 1949 con su hijo, poco antes de fallecer en esa ciudad el 1 de junio de ese mismo año. Eulogia Sanchis compartió ese exilio obligado con su esposo y con su hijo, antes de fallecer en Montevideo en 1965.
José Estruch Sanchis
Nació el 3 de mayo del año 1916 en la ciudad de Alicante. En su infancia y en su juventud disfrutó de la familia, de la playa, de los veraneos, tanto en la finca Capiscol de la huerta alicantina, como en viajes al extranjero como los veranos en Biarritz. Con apenas ocho años acudió a la representación del Misteri d’Elx lo que lo marcó profundamente. Unos años después, en 1932, se despertó su vocación cuando, con apenas 16 años, acompañó en su periplo por tierras alicantinas al grupo teatral de Lorca La Barraca. Su juventud fue la de un afortunado joven de la época, estudiaba ingeniería en Madrid y disfrutaba de sus estancias en Alicante. Pero a sus 20 años la guerra se lo arrebató todo.
«Fui voluntario del Ejército Popular. Formé parte de un grupo de discapacitados. Sufría la polio de niño y desde joven tuve un defecto en una pierna. Creo que éramos 300 voluntarios en esas condiciones. No podíamos correr pero sí defender una trinchera. El caso es que nunca vimos al mando militar, ni disparamos un tiro. […] Tras la caída de Barcelona salí de España crucé la frontera con otros miles de republicanos y pasé un tiempo detenido en los campos de concentración de Saint Cyprien y Barcarès en el sur de Francia. Allí, como sabía idiomas, me dieron trabajo en el Servicio de Correos. Seleccionaba las cartas que llegaban de los familiares españoles para los internados en los campos de concentración». (García, 2014: 208).
En este estudio no vamos a extendernos en la increíble trayectoria vital de Pepe Estruch. Los invitamos a encontrarse con él en las siguientes publicaciones: “La imagen y la palabra de Pepe Estruch en sus ciudades” (Balsalobre. Llorens, 2020); “Pepe Estruch ayer y hoy” (Balsalobre. Llorens, 2022); “Pepe Estruch, recuerdo y vivencia de Alicante” (Balsalobre. Llorens, 2023) y “Querida amiga Eulogia, querida mamá” (Balsalobre. Llorens, 2024).
Sin duda el exilio los marcó de forma indeleble como se constata en las cartas que padre, madre e hijo intercambiaron desde sus respectivos espacios de vida. También la añoranza de lo perdido, no solo los bienes materiales, sino lo soñado y, especialmente, del significado de pertenencia a un lugar. Este punto nos lleva a Alicante, a los años treinta, a las vivencias, vacaciones y estancias que la familia disfrutaba en la finca Capiscol en la huerta de Alicante, en la Condomina, y al objeto de nuestra investigación, los cuadros que el pintor Emilio Varela regaló a Eugenia Sanchis y que, como indica en sus cartas, los tiene en la máxima estima.
Pepe Estruch: exilio, vida e historia de los cuadros de Varela, en su voz y en su palabra.
Es el exilio un tiempo sin tiempo ni espacio, un camino que parte de lo familiar, conocido y amado, y que se mueve en una búsqueda constante que permita el retorno a la Ítaca particular. Para Pepe Estruch, el espacio y el tiempo del exilio, si bien con la idea inicial de temporalidad, se convirtieron en una realidad con intención de permanencia cuando llegó a Inglaterra. En 1939 dejó España y su primer espacio de exilio fueron los campos de concentración de Saint Cyprien y Le Barcarès, desde donde consiguió salir hacia Londres en julio de ese mismo año gracias a la ayuda de sus amigos del Comité Inglés, entre los que estaba el fotógrafo Alec Wainman, a quien había conocido en Barcelona. En Londres permaneció casi diez años, hasta enero de 1949, cuando se marchó a Montevideo a reunirse con sus padres, instalados en la capital uruguaya. En el exilio inglés, Pepe Estruch fue maestro, consejero, cuidador y educador de niños vascos que vivían en la colonia The Culvers, en Carshalton, a los que enseñó y con los que compartió su amor por la lengua española, las ciencias, el teatro y, muy especialmente, los clásicos españoles. Fueron, también, años de crecimiento personal, de aprendizaje de un idioma nuevo y de una nueva posibilidad de comunicación, años de vida en una ciudad como Londres en la que, entre niños, bombardeos y trabajo en una oficina, Pepe pudo disfrutar de la vida cultural, de la representación de obras fundamentales de la historia del teatro, o de los estrenos más significativos del cine del momento. Toda su experiencia vital, la de quienes lo rodeaban, las circunstancias de los niños, de otros exiliados, de la vida en Londres durante la Segunda Guerra Mundial, quedan vivamente plasmados en la correspondencia que mantuvo con sus padres. En un tiempo marcado por distancias físicas y emocionales la palabra se convirtió en el elemento liberador, y la carta en el nexo de unión. Las cartas, los diarios de la colonia, sus textos y artículos, su participación radiofónica en los programas de la BBC, nos ofrecen su voz y su palabra, y nos permiten adentrarnos en primera persona en un tiempo y un espacio que se nos descubre en toda su riqueza emocional e histórica.[2]
Y, junto a él, en la cabecera de su cama, el cuadro de Capiscol, iluminando con su luz de la infancia y la familia, la nueva vida del exilio, de la madurez, de la otra familia.
Carta 24/3/1939 a sus padres desde Le Barcarès, el campo de refugiados en la costa francesa en el que vivió, tras su paso por el de Saint Cyprien, antes de poder salir hacia Inglaterra
“Queridos papás … También saqué de Barcelona una de las fotografías del cuadro de Varela, tan cargado de emoción para mí. Me gusta cada vez más. Quisiera verlo pronto aunque, en realidad, aún sin el color, he asimilado todo el sentimiento plástico del artista. Si veis a Varela, decidle esto: que su obra me ha acompañado durante estos meses y ha sido fuente fresquísima de emociones jugosas. Al pasar por un pueblecito fronterizo, en el que estuvimos varios días, encontré una casa en la que viví, con una biblioteca magnífica. Estuve leyendo cosas maravillosas como en una pausa de mis emociones de retirada. De allí cogí dos libros magníficos que, a pesar de su peso, he conservado hasta St. Cyprien. Uno de ellos era un estudio de la vida y la obra de Picasso […] Pensaba llevarlo hasta Alicante y regalárselo a Varela, lo estuve cuidando para eso”.
Carta 7/12/1943 a su madre desde la colonia de niños The Culvers, Carshalton Inglaterra
”Querida Eulogia… En mi cuarto, frente a mi cama, tengo colgado el cuadro de Capiscol. Lo miro siempre y él me trae mil imágenes de entonces, que salen de dentro de mí tal como yo las dejé, nuevas cual si fueran de ayer”.
Carta 15 /1/1944 a su madre, desde la colonia The Culvers, Carshalton, Inglaterra
“Querida Eulogia … Háblame de todos porque me gusta tener noticias. Es como si volviera a estar ahí. ¿Qué ha sido de Capiscol? Tengo en mi cuarto, frente a la cama, el cuadrito de Varela, que todas las mañanas me trae la luminosidad del recuerdo […] La uva se nos terminó hace ya dos meses, pero habíamos guardado un poco que nos comimos la noche vieja, siguiendo la vieja costumbre de ahí. Mientras las comía pensé en vosotros más intensamente que nunca”.
Carta 28/2 /1945 a su madre desde The Culvers, Carshalton, Inglaterra
“Querida Eulogia … Supongo que por ahí tendréis ya la primavera encima con todo su color y hermosura. Por aquí, cosa insospechada, hemos tenido unos cuantos días de sol y casi de suave temperatura; y eso solo a la semana de haber estado haciendo un frío insoportable. […] ¡Si vieras cómo os envidio ese tiempo vuestro! Recuerdo que por este tiempo ya tenéis los almendros en flor, ¿no? Tengo frente a mi cama el cuadrito de Capiscol que hizo D. Emilio. Siempre, al levantarme, lo miro y parece que comunica un poco de su sol lo bastante para darme energías para soportar el frío. Lo malo es que ahora lo veo con luz eléctrica, porque a las 7 de la mañana es aún noche cerrada en estas latitudes”.
Carta 28/2/1947 a su madre desde The Culvers, Carshalton, Inglaterra
“Querida mamá … Hace unas semanas visité a un amigo de Pepe. Y con él, le mandé unas fotos y, como gesto sentimental, el cuadrito de Capiscol que hizo Varela y que ha estado en la cabecera de mi cama durante los últimos 8 años. Todo lo recibió con alegría e ilusión”.
Lo extraordinario es que, después de que esas obras lo acompañaran en el exilio en Londres, llegaran hasta su padre en Uruguay y lo esperaran allí en su segundo exilio, y aún regresaran a Madrid con Pepe Estruch, a su muerte fueron conservadas con el máximo cuidado por Israel Chaves, como hizo con el fondo documental de este alicantino, Premio Nacional de Teatro en 1990, antes de donarlo al Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert de la Diputación de Alicante.
Capiscol, espacio familiar de los Estruch Sanchis en la Condomina, la huerta de Alicante.
La huerta de Alicante es un espacio natural que se extiende a las afueras de la ciudad, bordeado por el mar, desde la Albufereta, Cabo de la Huerta y playa de San Juan, hacia el interior hasta alcanzar los municipios de San Juan y Muchamiel, y el río Monnegre, o río Seco, siendo la Condomina una amplia parte de la zona de la huerta.
Geógrafos, naturalistas e investigadores como Cavanilles, a finales del siglo XVIII, o Madoz a mediados de la siguiente centuria, y otras crónicas más personales y literarias como la de El Museo Universal, de 1868, lo citan de forma significativa como un espacio natural especialmente importante por su localización entre el interior y el mar, por la calidad de su suelo, del aire o del cielo, y el sistema de regadío que lo recorre.
“Por eso vemos en la huerta de Alicante […] esta tierra preciosa y sigue largo trecho por uno y otro lado de la acequia mayor desde el molino de Gozalves hasta la heredad de Ruiz y de ella se componen los sitios hondos de la Condomina hasta la Albufereta, que es un depósito natural de aguas estancadas situado al nordeste de la sierra de San Julián y principio meridional de la huerta por la banda del mar, no léjos de la antigua Lucentum […] toda ella es un vergel ameno que presenta hermosas vistas por la multitud de habitaciones esparcidas por aquellos jardines, todas cómodas, y algunas magníficas como la de Príncipe Pío, la de Pelegrín &c. La variedad de verdes que resulta de los diferentes árboles y plantas, el ancho mar que le cae al sueste y comunica al ayre frescura y movimiento, el cielo puro y despejado hace recomendable aquel recinto, testimonio nada equívoco de la industria, conocimiento agrario y aplicación de la gente. Si no quedaran rastros del estado antiguo de la huerta, si no existieran las soberbias obras del pantano, azudes y canales, no podrían apreciarse los esfuerzos, los gastos y la dichosa transformación del suelo. Han trabajado los Alicantinos con tesón y conocimiento, y hallado recompensa en los campos, que producen deliciosas frutas, rico aceyte, excelentes vinos, gran cantidad de almendras, algarrobas, granos, legumbres, barrilla, seda y otras producciones” (Cavanilles, 1797: 248-252).
Del espacio natural, al espacio familiar, Capiscol se presenta como una más de entre esas hermosas fincas que disfrutan del verde de la huerta, del aire fresco del mar, de los frutos y productos de la tierra y del cielo puro y despejado.
Según la nota informativa que en 1966 Enrique Blanes, abogado de Valencia, hace llegar a Pepe Estruch, a requerimiento de este, la finca había sido adquirida por José Estruch Ripoll en 1931. Fue, desde entonces, el espacio familiar de las vacaciones, del tiempo de recreo y de asueto, donde Pepe Estruch disfrutó junto a su familia y amigos, como el caso del pintor Varela, de las bonanzas del espacio natural de la huerta de Alicante.
“Finca rústica .- Hacienda denominada de «Capiscol» situada en la partida de la Condomina, término de esta Ciudad, compuesta de ochenta y siete tahullas y una octava, equivalentes a diez héctareas, cuarenta y seis areas y sesenta y dos centiáreas de tierra huerta.
La descrita finca pertenecía a don JOSE ESTRUCH RIPOLL, por compra que hizo a Doña Emma Salvetti Laussat, según consta de escritura otorgada en Alicante a diecisiete de Diciembre de mil novecientos treinta y uno, ante el que fué Notario de esta Ciudad don Miguel Guillen Ballestero”. [3]
Pero la guerra, y la posguerra, el exilio de Pepe y de su padre, truncaron los proyectos vitales, las propiedades y las vidas de los Estruch. Y en enero de 1942, y según recoge la misma nota, por testimonio del acto dictado por el Juez Civil Especial de Responsabilidades Políticas de Valencia, la finca de Capiscol fue adjudicada al Estado.
La nota recoge igualmente las vicisitudes de venta y adquisición que la finca tuvo desde ese momento hasta 1966.
En 1983, en el catálogo que sobre las casas de la huerta realiza Santiago Varela, sitúa la finca en la partida de la Condomina, al este del camino viejo de la Cruz de Piedra, y describe la finca y la casa con detalle, tal y como la encuentra en ese momento, en estado de ruina, pero todavía en pie, con la estructura arquitectónica y la apariencia que tenía en los tiempos en que vivían allí los Estruch: “Patio rodeado de palmeras, delante del cual hay un bosquecillo de pinos en una fachada lateral, tres eucalyptus”. Hace una valoración de la casa: “Es una Casa de grandes dimensiones en la que destaca su amplio vestíbulo, la caja de escalera independiente de este espacio. También de gran interés es la bodega”. Y, finalmente, una recomendación sobre su futuro: “El abandono en que se encuentra la finca ha provocado su deterioro que es apreciable en toda el ala Sur, así como en bastantes zonas del interior (tal es el caso de la escalera). Con todo la casa es recuperable en buena medida. Sería necesario retornarla al estado más fiel al original suprimiendo aquellos añadidos que desvirtúan el aspecto espacial, tal como del vestíbulo”. (Varela, 1983: 233-236)
Sin embargo y, lamentablemente, la casa no se recuperó y la especulación inmobiliaria, revalorización de los terrenos y la urbanización que los años noventa trajeron a la zona, se la llevaron por delante, como a tantas otras casas de la Condomina y la huerta de Alicante.
Emilio Varela Isabel (Alicante, 1887 – 1951)
Sobre este pintor ha habido un trabajo de investigación y de recuperación muy importante. Es por eso que nosotras vamos a señalar algunas referencias que enlazan con la idea que nos hemos planteado para esta investigación. Aunque hay anteriores a las que aquí vamos a mencionar, vamos a referirnos a las de las últimas décadas, como la de su primer biógrafo, José Bauzá Llorca, quien, entre otras exposiciones en el siglo XX, fue el comisario de Emilio Varela 1887 – 1951. Homenaje 50 aniversario. En su catálogo abre el texto señalando que: “El medio siglo transcurrido desde que muriera Emilio Varela no ha hecho más que agrandar su figura de artista de excepción, de padre de la moderna pintura alicantina, creador de toda una nueva escuela paisajística.”(Bauzá, 2001: 13).
Unos años más tarde, la sede Ciudad de Alicante de la Universidad de Alicante organizó, del 19 al 21 de abril de 2004, unas jornadas en las que intervinieron, entre otros, Juan Manuel Bonet, director del Instituto Valenciano de Arte Moderno (1995-2000) y del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (2000-2004); Eduardo Lastres, artista y comisario, y el doctor arquitecto e investigador Santiago Varela. Y en el año 2005, el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert publicó los textos con el título de Miradas sobre Emilio Varela. De ellos seleccionamos unas pequeñas síntesis que en nuestra mirada, entre otras posibles, perfilan a Emilio Varela: ”Es un hombre sin etiqueta, sin grupo, un moderno por libre, un hombre que en su estudio libra un combate por una expresión cada vez más despojada, más pura.” (Bonet, 2005: 20). “Emilio Varela no sólo sabía pintar, hablamos del dominio de la pintura, sino que era capaz de reflexionar mediante este lenguaje sobre los aspectos vitales que concurren en el ser humano. Con su visión acercó, o trató de acercar al espectador aspectos de la mirada que pocos artistas han sabido llevar con esa maestría.” (Lastres, 2005: 38). “Hacia el año 1942 Varela se aproximó a la Huerta de Alicante, si cabe de manera más intensa a como lo había hecho con anterioridad. Es entonces cuando descubre esta Arcadia local. La huerta constituye el campo de producción agrícola (…) de su cultivo se enriquecieron sus habitantes durante décadas”. (Varela, 2005: 54).
En marzo de 2009, Juan Manuel Bonet disertó en una destacada conferencia en el Mubag, dentro del ciclo Descubre una obra de arte en el Mubag, (Ferris. Balsalobre, 2015: 122-123), sobre “Un tapiz (dos mujeres conversando)” de Emilio Varela. En ella relacionó a Varela con algunos pintores franceses y expresó que Bonnard, Marquet y Emilio Varela, supieron construirse su lugar, su actividad artística, su felicidad en el mismo lugar donde vivían, donde pintaban, donde creaban.
Un año después se inauguró en el Mubag Alicante moderno, 1900 – 1960, con el comisariado de Juan Manuel Bonet y Juana María Balsalobre como asesora científica. En esa excelente muestra uno de los artistas destacados es Emilio Varela. “Desde que lo descubrí gracias a una conferencia del falangista Manuel Sánchez Camargo editada en 1963 como folleto (Emilio Varela, el pintor de Alicante) por la Caja de Ahorros del Sureste de España, me quedé intrigado por su caso. Sucesivas aproximaciones a su obra, y, especialmente la última, la exposición retrospectiva municipal en la Lonja del Pescado, me han hecho llegar a la conclusión de que se trata de uno de los grandes pintores españoles de su tiempo” (Bonet, 2010: 18).
A continuación, nos adentramos en el perfil del artista a partir de lo que de él dicen los textos del catálogo Emilio Varela Pintor universal 1887-1951, muestra en la Lonja del Pescado de Alicante que recorrimos pausadamente y que recordamos con detalle como una experiencia ‘vareliana’. “Emilio Varela llegó a pintar en torno a 1.300 obras de las que sólo se han expuesto un centenar aproximadamente, en unas veintisiete exposiciones celebradas después de su muerte. Su obra está bien representada en las instituciones públicas alicantinas (…) Pero donde la encontramos en mayor cantidad es en manos de particulares”. (Bornand, 2010: 122).
”Varela jamás repite un cuadro (…) para él cada lienzo es el inicio de un nuevo experimento, una obra única”. (Lastres, 2010: 25).
“La década de los veinte es una década prodigiosa y llena de éxitos para Emilio Varela, la década de los treinta, la de la República, va a ser la de su consagración”. (Cereceda, 2010: 41).
”Sus autorretratos no son correlatos exactos de sus cambios lógicos en relación a su pintura otra, la del oficio de pintor tentado y en debate íntimo con la modernidad y las vanguardias (…) Y sí: hubo dos Varelas, el pintado y el que pinta.” (Rodríguez, 2010: 69).
“1918 cuando quiso el azar –o el destino-que Joaquín Sorolla, verdadero maestro de Varela por consejo del escultor Vicente Bañuls, los presentara. De este modo Sorolla volvía a jugar un papel determinante en la vida del alicantino.” (Monzó, 2010: 76).
“Varela está ahí: no es sólo un postimpresionista tardío que desde la periferia procura insertar su obra en un horizonte más amplio, sino alguien que sentó las bases de la pintura moderna en Alicante a partir de la creación del paisaje”. (Piqueras, 2010, p. 83).
“Varela se interesó por el conocimiento de las vanguardias, al menos de algunas (…) En realidad la década de 1920, por el número de ejemplares que hubo en su librería, fue la época que más inquietudes generó en su ansia de conocimiento de la actualidad. (Varela, 2010: 105).
“Casas de campo solitarias, siempre con algo de cezanniano, ante las cuales soñamos una vida otra. Casa ocre, tan del Mediterráneo español (…) vieja y acogedora casa entre palmeras, y en lo alto de la fachada, el reloj de sol: qué gran lección de pintura bien temperada”. (Bonet, 2010: 117).
“Y Varela regala a José Estruch, director teatral nacido en Alicante, miembro junto a García Lorca de La Barraca, un cuadro titulado “Capiscol”. Estruch en una carta muy efusiva, fechada en diciembre de 1937, le agradece el envío y le confiesa su admiración por él, desde pequeño.” (Castells, 2010: 387-388).
En 2017, para celebrar el 130 aniversario del nacimiento del pintor, entre otras actividades, la muestra El Laberinto Luminoso[4], fue organizada por el Consorcio de Museos en colaboración con el Mubag y comisariada por Jordi Navas[5]. Además, el 7 de febrero del año 2018, la conferencia Descubre una obra de arte en el Mubag[6], ciclo organizado por el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, que tenía lugar los primeros miércoles de mes, se dedicó, de nuevo[7], a Emilio Varela con la obra Calle de Cervantes y Plaza del Ayuntamiento (Ca 1929) siendo Cristina Martínez la conferenciante, y cuyo texto fue publicado en una edición venal por el Gil-Albert. “Imaginé a Emilio Varela en la torre del reloj del Ayuntamiento, igual que lo pensé mirando la ciudad desde las laderas del castillo de Santa Bárbara o acomodado en la torre del campanario de Benimantell. Y lo vi arriba, poderoso, asido a los pinceles marcando el lienzo, dejando caer la vista y también a mí, cuando vi el cuadro y cuando vuelvo a mirarlo una y otra vez.”[8]
Por otra parte, gracias al empeño del Aula de Cine del Instituto de Estudios Alicantinos dirigida por José Ramón Clemente, entre 1979 y 1983 se filmaron 28 películas super-8, entre ellas la dedicada a Emilo Varela, en un soporte delicado que, a pesar de ello, se ha conservado de forma extraordinaria. Para la recuperación y digitalización de estos magníficos documentos audiovisuales, el director cultural del Gil-Albert en 2018, José Ferrándiz Lozano, contó con la labor imprescindible de la Filmoteca Valenciana. A partir de esa recuperación y puesta en valor, el objetivo del Departamento de Arte y Comunicación Visual del Instituto Gil-Albert fue estudiar ese patrimonio documental audiovisual[9] y organizar, entre otras, la actividad/serie titulada ´Arte audiovisual: Descubre´[10] espacio de encuentro en el que las diferentes miradas, en origen, convergen, por un lado, con lo creativo de jóvenes guionistas y realizadores y, por otro, con la vida y la obra de artistas como Emilio Varela[11].. Se inició la actividad el 15 de mayo de 2018, con la proyección del documental del pintor en la Diputación de Alicante, después de la inauguración de un busto del pintor, realizado por el escultor Miguel Ruíz. Dedicada también a Emilio Varela, el 30 de septiembre de 2024 se inauguró su escultura situada junto a la Concha del paseo de La Explanada, obra de Capa Esculturas. Acto en el que el alcalde anunció que el 2026 será el «Año Varela» coincidiendo con el 75 aniversario de su muerte.
Obras inéditas de Emilio Varela Isabel. Capiscol. Los caballos de Capiscol
“Por ser el arte intuición, y ser la intuición la emoción de la armonía de la ley, el arte es precisión, incluso matemática; pero no conceptual, no racional, no abstracta, sino emocional y emocionada hasta el más profundo extremo: hasta la religiosidad”. Texto manuscrito por Emilio Varela. (Piqueras, 2010: 82).
Nos centramos ahora en el objeto de nuestra investigación: dos óleos ´inéditos´, “Capiscol” y “Los caballos de Capiscol”, pintados por Emilio Varela. A la importancia artística se suma el valor sentimental y de relación de amistad ya que estas pinturas tienen una dedicatoria que denota una relación personal con la familia Estruch Sanchis, especialmente con Eulogia Sanchis, madre de Pepe Estruch. Es, como comentamos, mucho más que un testimonio porque contiene, además de las palabras, la esencia de la realidad vivida por el pintor en su creación, que enlaza con el hecho evidente de la relación vital con su propietaria, así como con la trayectoria vital de las obras y su periplo siguiendo a los Estruch en el exilio. Dos obras con una vida, dos cuadros que han viajado, han vivido en el exilio, han emigrado, han pasado el océano Atlántico, y han vuelto al Mediterráneo.
Sabemos por José Bauzá, su biógrafo, que Emilio Varela pintaba “de un tirón” al aire libre, “en plein air» porque le gustaba pintar toda la obra directamente en el entorno natural, en su luz, en su espacio real, donde sentía, además de la inspiración, la presencia de lo plasmado, la esencia de la emoción y la pulsación creativa del momento. Y así sucede con la obra en la que pinta la finca Capiscol, una sesión le bastaba para llevar a la tela su maestría pictórica, su fuerza, su luz y, también, su impresión impregnada de la belleza del lugar.
Varela nos da una lección, es un maestro de la pintura, un intérprete del paisaje, y así lo interpreta y lo plasma cuando pinta Capiscol: casi sin cielo, una fachada compositivamente potente donde el reloj de sol, identidad de las casas de la huerta de la Condomina de Alicante, ocupa su espacio en ese lienzo, con tres grandes ventanales con sus balcones en el principal, su puerta central de acceso a la casa y dos vanos, uno a cada lado. Todo ello conformado por una paleta de colores cálidos, manchas de claro y de oscuro y amarillos que aportan una identidad propia y un aspecto de pertenencia al lugar.
En el primer término del paisaje, Varela dispone una palmera con pinceladas detalladas, difuminadas y otras llenas de materia, de óleo, que yuxtaponen reflejos, difuminados, y elementos de fuerza como el juego potente de lo arbóreo en tonos verdosos que crean relaciones de fondo, distancia y luz. A nuestra mirada del siglo XXI que, de forma evidente, está connotada por nuestra experiencia, debemos sumarle las connotaciones que nos aporta la mirada de Pepe Estruch, y la mirada que de Capiscol, perceptible y perceptiva, el propio Varela tiene sobre su creación artística, su dominio impresionante en la armonía de tonos y su esencia. Podemos decir que es a Varela al que hemos sentido, y a Estruch al que hemos escuchado.
Como se puede apreciar en la fotografía de Capiscol de 1935, la mirada creativa de Emilio Varela le permite eliminar la parra de delante de la fachada de la casa, lo que aumentaba la profundidad del lienzo arquitectónico. Es la misma mirada que crea los efectos reales de la fachada jugando con los tonos de su paleta, con las luces solares que aumentaba el tono latente del instante y de su mirada. Maestro con la espátula y con el pincel y excepcional paisajista.
El cuadro de Varela Los caballos de Capiscol es para Estruch algo más que el espacio plasmado por el pintor al elegirlo, al conformarlo y al pintarlo, porque dota ese interior, una caballeriza, una cuadra de la finca Capiscol, de un naturalismo poético con los tonos irisados del caballo del fondo, posiblemente marrón oscuro, y la gradación de tonos que nos transportan desde el fondo neutro a los reflejos de luz en un espacio oscuro en el que destaca el caballo marrón con las patas blancas. Es evidente su forma de estudiar la dificultad de un interior sin contraluz. Esto nos lleva a la imagen pictórica de la caballeriza y nos devuelve a las huellas del relato de Pepe Estruch, su vivencia y su recuerdo de esa casa de la huerta alicantina, con almendros, algarrobos, olivos, pinos y demás plantas cuidadas dentro de ese paisaje rural. Y que se rompió totalmente para la familia Estruch por la guerra civil y el exilio.
Conclusiones
La coincidencia de amistad y admiración que la vida social y cultural del Alicante de los años 30 había favorecido entre la familia Estruch Sanchis y Emilio Varela se truncó con el estallido de la guerra civil y las circunstancias vitales que los abocaron a la distancia. Sin embargo, estos dos alicantinos excepcionales quedaron siempre unidos en la mirada del arte y del color, a través de la creación artística. Si el exilio obligó a Pepe Estruch a emprender un camino lejos del azul del mediterráneo alicantino y del amarillo y el verde de la huerta de Alicante, su mirada pudo reposar en los cuadros Capiscol y Los caballos de Capiscol que Varela había dedicado a su madre, y devolverlo al campo alicantino, a la vida familiar, a la amistad y a la admiración hacia el pintor.
Capiscol y Los caballos de Capiscol, las dos obras inéditas de Emilio Varela Isabel están vivas, y lo han estado siempre. Y lo han estado no solo en su estado físico, acompañando a Pepe Estruch y a sus padres en el exilio inglés, primero, y en Uruguay más tarde, con la vitalidad del color, del momento captado, del espacio vital que recogen, de la emoción de la dedicatoria a Eulogia, la madre de Pepe, signo inequívoco de una amistad más allá de lo social. Los dos cuadros han estado vivos, además, en la voz de Pepe Estruch, en su palabra, en su emoción compartida a través de las cartas que se guardan en su legado personal, y que han llegado hasta nosotros gracias al cuidado y cariño de Israel Chaves y, muy especialmente, a su generosidad al donarlo al Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert donde, desde 2018, ya es de todos.
La mirada que Emilio Varela hace del paisaje, en su creación artística, refleja y modela la identidad del territorio, y establece una conexión directa con Pepe Estruch, sus vivencias y sus recuerdos durante el obligado exilio, a través de la esencia plasmada en el cuadro de la finca Capiscol devolviéndole ese sentido de pertenencia y conexión con el espacio personal, el lugar al que uno pertenece.
La peripecia vital de estas dos obras recoge perfectamente la paradoja de los tiempos inciertos, cuando la luz del Mediterráneo que Varela capta desde su mirada de creador, ilumina la oscuridad del exilio de los Estruch y los devuelve, en el instante en que se cruza su mirada con la creación de Varela, a Capiscol, al hogar, a la vida.
Ya nadie escribe cartas. A pesar de que hay pocos espacios en los que se den de forma tan auténtica la verdad de lo que se cuenta, la intimidad de la relación entre los participantes en la conversación y la expresión de la comunicación como es el espacio de una carta. Las cartas no solo tienen la voz de quien las escribió, sino que en el eco de sus palabras resuena también la voz de aquel o aquella para quienes fueron escritas. De ahí la importancia de los legados, como el de Emilio Varela y el de Pepe Estruch, que constituyen conjuntos de fuentes originales que nos ponen sobre las pistas de la historia real, la que vivieron de verdad los hombres y mujeres que hicieron la historia de verdad. De ahí, igualmente, nuestro compromiso para continuar con la investigación y la difusión de la vida y del legado de Pepe Estruch, alicantino, hombre de teatro, creador y amigo de artistas y creadores, como hemos hecho al descubrir el vínculo familiar y de amistad con Emilio Varela, y los cuadros que el pintor hizo de la finca familiar de los Estruch.
[1] Carta de José Estruch a Emilio Varela, 1 de diciembre de 1937 que se conserva en la Fundación Mediterráneo. Legado Varela, Caja 19, Documento 108.
[2] Correspondencia de Pepe Estruch con sus padres durante el exilio inglés, en la localidad de Carshalton, a las afueras de Londres, en el APJE, del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, de la Diputación de Alicante, Caja 8, Carpeta 111 y Carpeta 112.
[3] Carta y nota informativa sobre la finca de Capiscol, de Vicente Blanes a José Estruch, APJE, Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, Diputación de Alicante, Caja 9, Carpeta 117.
[4] La revista Cuadernos del Mubag 01, 02 y 03 ha publicado los textos que conformaron el catálogo de la exposición y que en su momento no se publicaron.
[5] A esa exposición se sumó otra divulgativa e itinerante organizada por la Biblioteca General de la UA y el MUA, comisariada por María José Gadea, Jordi Navas, Pablo Sánchez Izquierdo y diseño de Stefano Beltrán. https://mua.ua.es/archivos_recursos/emiliovarela.pdf
[6] Organizado desde su inicio en mayo del año 2005 por Juana María Balsalobre directora del departamento de Arte y Comunicación Visual Eusebio Sempere (2003-2019) del Gil-Albert.
[7] En marzo de 2009, Un tapiz (dos mujeres conversando) de Emilio Varela, conferenciante Juan Manuel Bonet.
[8] MARTÍNEZ, Cristina (2018) Descubre una obra de arte en el Mubag. Emilio Varela, p. 8.
[9]Más de un año después, desde abril del año 2019, están en abierto, en el portal del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil Albert, de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
[10] BALSALOBRE, Juana María (2022) “Arte, espacio, lugar y patrimonio audiovisual”. Arte y Ciudad: Revista de Investigación, Nº 22, pp. 29-56. Madrid. Grupo de Investigación Arte, Arquitectura y Comunicación en la Ciudad Contemporánea, Universidad Complutense de Madrid.
[11] José Bauzá fue el autor junto con José Ramón Clemente de dicho documental con la voz en off de José Mingot, reconocido e importante galerista, también Santiago Varela, sobrino del artista. José Vila, también pintor e ilustrador, fue el asesor artístico. En las cámaras Domingo Rodes y José Ramón Clemente y en los fondos musicales piezas de Óscar Esplá. En el sonido el Centro de Medios Audiovisuales de la Diputación de Alicante y en la grabación Javier Blasco. Duración: 33´37”.