Papeles rasgados, cordones que se anudan, borbotones de lana o figuras estilizadas sobre soportes infinitos. Todos hablan del lenguaje creativo de una artista, que convierte sus experiencias en secuencias de una intensa narración plástica. Las piezas que se exhiben corresponden a los últimos 5 años de trabajo y constituyen una selección de las series realizadas durante este periodo de tiempo. Una revisión de los trabajos que permite ver los "posos", las huellas que la experiencia o las vivencias que han quedado reflejadas en las obras.
Una exposición que plasma el interés por investigar sobre distintos soportes de Quinita Fogué. En su mayoría la base es el papel, sobre el que teje personajes y lugares. Sugerencias de ámbitos de textura abstracta que descubren puertas o ventanas,-una iconografía muy personal de la artista-, pero también es fundamental el espíritu del collage. Las piezas más antiguas están realizadas sobre radiografías. La parte visible de la caja soporta las luces que dejan ver el paisaje interno del cuerpo humano, sobre el que se recortan figuras de colores. Otras piezas hacen referencia a “Posos” dejados por viajes. Obras donde la erosión de los siglos ha perfilado los salientes rocosos de la Capadocia y ha dejado para la posteridad las pinturas de los moradores de esas cuevas. Cromatismos terrosos, negros, pero también amarillos con tintes dorados. Colores que recuerdan los pigmentos naturales con los que se pintaba sobre la roca.
Una exposición donde la figura humana adquiere protagonismo, un elemento que antes era muy residual. Los fondos de intenso colorido compiten con los personajes que se inscriben en su superficie. Formas siempre esbeltas y alargadas. Mujeres y hombres de rasgos sintéticos que desafían a sus líneas anatómicas envueltas de color. Y también papeles de gran formato que aglutinan golpes de pincel. Caminos articulados en vertical, como jirones de una vida. Pintura vibrante, genuina, entrelazada con materias reales de lana, alfileres, sin olvidar recortes de papel. Además la muestra se completa con diversos libros de autor, también hay un pequeño biombo, marca-páginas, cajas o piedras pintadas. Pequeños divertimentos que sirven para demostrar que la creatividad no tiene límites.
La exposición se puede visitar hasta el 17 enero.
Quinita Fogué: Posos.
Joana Cera: Abandonar unas llaves, aceptar otras.
El sonido es una de las aportaciones de la muestra. En el sótano de la torre, en penumbra, y con la tenue luz de un candil de hojalata donde se consume una vela “Sin título”, se escucha SO DINS (Sonido Dentro) pieza creada con el músico electrónico Justo Bagüeste, basada en el toque de tambor de Albarracín y las voces de sus intérpretes, grabada en la base interior de la torre de Doña Blanca, con los integrantes de la Asociación Cultural Amigos del Tambor y Bombo de Albarracín.
El pintor Pepe Cerdá en la Lonja, Zaragoza
EL PINTOR PEPE CERDÁ EN LA LONJA
Exposición inaugurada el 8 de octubre, bajo el título Pepe Cerdá. El oficio de pintar, que ya venía anunciada con gran interés entre los ambientes artísticos. En una entrevista de Antón Castro, Heraldo de Aragón, 10 de octubre de 2009, el pintor afirma: por ahora, este es la exposición de mi vida. Aquí está mi memoria de pintor de caballitos de feria, de tiovivos. Aquí está el homenaje a mi padre. Además de alusiones a Marín Bagüés, ecos de Sorolla y la pintura del siglo XIX, tal como indica el entrevistador, su método de trabajo es el siguiente: Yo trabajo siempre del mismo modo: veo los paisajes, a mis vecinos, las naves o un puente. Y le tomo una buena foto con una buena cámara. Luego la llevo al ordenador y la pinto con Photoshop hasta que queda como la he visto al natural. La imprimo en una impresora muy grande, y luego pinto esa prueba al óleo, como si pintase al natural. Yo uso la tecnología y la reivindico, aunque no la exhibo. La ropa interior va por dentro, por fuera solo la lleva Supermán.
La exposición se divide en paisajes, urbanos o no, primeros planos de escaparates, retratos en ambientes concretos y retratos con la persona en un primer plano y medidas parecidas tipo pequeño formato.
El paisaje urbano, centrado en el tema sobre las ferias, tiene la virtud de que no figura el típico ambiente abarrotado de personas. Esta ausencia potencia que se centre en cada tiovivo, lo cual permite cierta profundidad en mostrar el tema. La estallante luz artificial, pese a estar aliviada por el negro del fondo o en un cuadro por diferentes planos, impide una especie de sosiego que posibilite el concepto arte. Todo se queda en un vibrante testimonio de la realidad. El pintor busca atrapar dicha realidad sin personas, con la intención de pretender mostrar un ambiente mágico como tal, en su esencia. Muy diferente es el cuadro Feria, de 2009, con dicho tema mediante un predominio de la noche y cuatro toques, suficiente para multiplicar un espacio mágico desde una palpitante soledad, como si todo un regocijo vivido hace horas se hubiera transformado en un predominio inquietante.
Sobre los cuadros Escaparate I y II, de 2009, nos sentimos incapaces de ser ni objetivos, pues dada nuestra predisposición hacia el equilibrio, que puede estar recargado hasta cierto punto, y el vacío, en ambos casos con infinitas complejidades, sentimos un natural y fuerte rechazo hacia ambas obras, como si fueran antagónicas con nuestro sentido del arte. Dos cuadros tan recargados que el rococó es el paraíso de la nada. Tan recargados, sin duda, que la vista no reposa, no puede ahondar, lo cual impidió que el pintor profundizase en tan cambiantes objetos. Más grave si miras cada cuadro mediante el típico barrido visual para sentir el conjunto, pues el resultado es una especie de borrachera incapaz de captar los dispares aromas emanantes desde el interior, que en una auténtica obra de arte siempre, pero siempre, afloran hacia el exterior para inundar el campo sensible individual.
Los paisajes están resueltos mediante los dos típicos planos paralelos a la base, como norma tierra y cielo, que se enriquecen, en ocasiones, a través de una carretera cual punto de fuga para obtener mayor variedad compositiva y profundidad general. Noche y día, atardecer y amanecer, sol y luna, nubes. Cierta intensidad con dosis espectaculares en algún cuadro. Todo para captar dispares sensaciones emanantes en gran número de cuadros, que poseen una especie de capacidad hipnótica para fijar cada mirada. Ni digamos la soledad, vía belleza circundante, en el cuadro Fumador pequeño, de 2009, con esa figura caminando por una carretera de tierra.
Entre las dos modalidades de retratos cabe sugerir que la correspondiente al entorno del pintor, en Villamayor (Zaragoza), adquiere mayor categoría, quizá porque se ha impregnado del ambiente y lo refleja con natural precisión. Naturalidad es lo que más se ajusta al conjunto de obras. Da lo mismo que el personaje esté en un tractor, que refleje el interior de un técnico en radio y televisión o el serígrafo en su meticuloso trabajo, que visto de perfil, medio oculto, es el maestro serígrafo Pepe Bofarull.
Los retratos de diferentes personajes, muchos amigos, tienen un similar tamaño y se caracterizan por el fondo casi monocolor como recurso para que destaque el retratado. Todos, sin excepción, son muy flojos, elementales. Produce la impresión de que, por las prisas, los ha realizado con demasiada rapidez. Retratos que nunca debió de exponerlos en La Lonja por simple respeto hacia sí mismo y a tan maravilloso espacio, pues son un simple reclamo para las personas desconocedoras del arte con la finalidad de futuros encargos. Dos ejemplos. En el retrato del escritor Félix Romeo ni de lejos ha captado su evidente personalidad, con un peso concreto en el rostro y un aire ¿nostálgico? El retrato Pepe Melero, de 2009, es el colmo de la imprecisión. Basta ver la anchura de la mano y el grosor de la muñeca, todo fuera de escala, que más bien parecen la zarpa de un gorila.
Repetimos que esta exposición, a Pepe Cerdá, se le ha venido encima por el peso de La Lonja, también que la ha realizado con excesiva rapidez, desde luego los retratos de pequeño formato, como opinión muy personal que ni podemos demostrar, pero que se capta en el resultado de bastantes obras.
Exposición inaugurada el 8 de octubre, bajo el título Pepe Cerdá. El oficio de pintar, que ya venía anunciada con gran interés entre los ambientes artísticos. En una entrevista de Antón Castro, Heraldo de Aragón, 10 de octubre de 2009, el pintor afirma: por ahora, este es la exposición de mi vida. Aquí está mi memoria de pintor de caballitos de feria, de tiovivos. Aquí está el homenaje a mi padre. Además de alusiones a Marín Bagüés, ecos de Sorolla y la pintura del siglo XIX, tal como indica el entrevistador, su método de trabajo es el siguiente: Yo trabajo siempre del mismo modo: veo los paisajes, a mis vecinos, las naves o un puente. Y le tomo una buena foto con una buena cámara. Luego la llevo al ordenador y la pinto con Photoshop hasta que queda como la he visto al natural. La imprimo en una impresora muy grande, y luego pinto esa prueba al óleo, como si pintase al natural. Yo uso la tecnología y la reivindico, aunque no la exhibo. La ropa interior va por dentro, por fuera solo la lleva Supermán.
Dibujos de Sonia Abraín
La presente exposición, titulada Cuadernos de Vida, se inaugura en el espacio Aki Se Pinta, estudio compartido entre varios pintores, justo el 9 de diciembre sólo con dibujos. Dibujos realizados en los años 1992, 1993, 2000 y 2006 a 2009, que tienen su réplica con los mismos temas pero sobre lienzo, tal como se pudo comprobar en la individual compartida ya citada, que en el caso de Sonia Abraín tenían como título general Gestar, Gestación, Madre, como clara alusión a su más o menos reciente maternidad. Dibujos con el negro dominante muy idóneos para llevarlos a cuadros, como así está haciendo, y que tienen en los títulos una de sus claves por orientación temática. Da igual el tema que aborde, como la maternidad vista desde un ángulo dramático, cierta violencia o la soledad humana con su correspondiente anonimato, pues lo importante se ofrece en la esquematización de cada figura, que puede retorcer y alcanzar, en ocasiones, muy altos niveles de un impecable expresionismo. A sumar el uso del hueco en rostros y otras zonas anatómicas, que amplían y fijan el ángulo temático con sorprendentes resultados formales. Dibujos que evocan a ensayos realizados con cierta rapidez partiendo de una idea específica vía sentimiento desde cambiantes vivencias. Quedamos a la espera de una exposición con cuadros.
Geometría móvil en la pintora Cristina Silván
Si deducimos por su trayectoria artística, ya desde hace tiempo, estamos ante una pintora que nos reserva nuevas perspectivas pictóricas, dado que tiene una ambición artística comprobada, como si la palabra meta final ni existiera. Aquel dinamismo pictórico, el de Cristina Silván, lo tiene adherido en lo más profundo de su pensamiento, que traslada al exterior vía naturalidad con el gesto pictórico como único esfuerzo.
VI Premio Ahora de Artes Visuales
Exposición homenaje a Nietzsche en el bar Bonanza, Zaragoza
Mínimos comentarios sobre las obras exhibidas como testimonio de una idea impregnada por la amistad. Manuel Estradera y Manuel García Maya optan por un retrato del filósofo en un primer plano sobre fondos neutros, mientras que Emilio Abanto participa con una obra lejos del tema por su penosa enfermedad, de ahí que tras su muerte la seleccionara su gran amigo Fernando Moles, el cual colabora con un sugerente collage de carácter simbólico y presencia de diferentes figuras. Si Steve Gibson muestra a Cristo crucificado, José Luis Lomillos tiene un cuadro titulado Super hombre, aquí en alemán, como clara sugerencia a uno de los temas tratados por el gran filósofo, que en la obra se evidencia mediante una figura que vive oprimida por muros con sugerencias carcelarias. José María Blasco Valtueña lleva un gran altavoz de época con frase incluida, que alude a tu imagen reflejada en el espejo situada al fondo. Si Fernando Cortés participa mediante un collage al servicio de una poderosa abstracción, con ecos destructivos por su expresividad, Germán Díez se inclina por una interesante obra con el hacha como fascinante protagonista de matiz amenazador. Edrix Cruzado, para concluir, cuelga un cuadro titulado Estrella de oro, como traducción de Zarathustra. Abstracción pintada en negro intenso y muy suaves vibraciones blancuzcas, mientras que en la parte inferior, lado izquierdo, pega una caja de plástico, en cuyo interior hay tiras de papel con letras como alusión a lo escrito por el filósofo.
Geometría vertical del pintor Víctor Solanas
Verticalidad y verticalidad, como si hacia arriba siguieran las bandas conducentes a otra galaxia y hacia abajo continuaran anhelando cualquier infierno. En la Sala CAI Barbasán se inaugura una muy buena exhibición, el 5 de noviembre, y catálogo que reproduce los cuadros con evidente injusticia. Ni siquiera figura un mínimo dato del pintor. Su familia es oriunda de Calatayud, pero nació en Tolosa (Guipuzca) el año 1977, aunque desde siempre vive en Zaragoza. Estamos ante un artista con 32 años, lo cual significa que pertenece a esta espléndida generación de pintores zaragozanos como, entre otros, Cristina Silván, Jesús Fraile, Javier Joven, María Enfedaque, Lina Vila y José Ramón Magallón Sicilia. En Zaragoza es, sin duda, lo que se podría definir como la generación del 2000.
Pinta con cintas plásticas adhesivas, como sustitutas de cualquier brocha o pincel. Da igual. El resultado son cuadros. La geometría euclidiana se caracteriza por bandas paralelas de la misma anchura e equidistantes entre sí. Víctor Solanas roza este enfoque geométrico, pues sus bandas son paralelas y verticales a la base, aunque su anchura varía para ofrecer una cambiante variedad formal, auténtica clave en su obra, pues tangamos en cuenta que no existen fondos que generen un mayor o menor espacio con temática a especificar. Todo, por tanto, se ofrece en un primer plano, lo cual equivale a un riesgo salvado por un espléndido y cambiante sentido del color, tan armónico, que multiplica el ámbito de las sutiles sensaciones ante una muy tenue vibración en cada obra. Bandas y bandas, como una obsesión lanzada desde cualquier ángulo, colores y colores, que tejen un indescriptible ir y venir de la mirada. A tener en cuenta el cuadro Image VII, de 2009, cuyas bandas se van estrechando desde los lados derecho e izquierdo, de modo que se juntan y obligan a ofrecer un bello punto de fuga y su correspondiente ámbito espacial. Rasgo, el punto de fuga, que sugiere una específica variedad en un futuro sin concretar. Queda por citar una obra con volumen que en la exposición estaba en suelo, como si fuera un mueble de forma cúbica, de manera que incorpora sus colores y bandas al servicio de un concepto escultórico. Obra que evidencia grandes posibilidades hacia el futuro, sobre todo si ofrece otras formas escultóricas.
La pintora Louisa Holecz
Cualquiera que conozca a la pintora Louisa Holecz capta que es delicada, inteligente, de cuerpo tembloroso, con estilo, incapaz de un gesto negativo. Con estas características, ¿de dónde escupe tales temas pictóricos? Al parecer tiene en su interior una revolución crítica encauzada hacia temas que acepta y que repudia, como si transpirara asombrada una realidad vital que nunca vive indiferente. Reacciones con peso artístico.
El legado póstumo de Agustín Querol: su estudio madrileño, su museo no realizado ni en Madrid ni en Tortosa
Cuando, en la cúspide de su fama, murió el escultor Agustín Querol el 14 de diciembre de 1909 pareció que su obra iba a ser punto de referencia de la escultura española y transmitida de generación en generación, sin embargo, el destino fue muy distinto.
En su estudio se formaron muchos artistas, algunos que siguieron la huella queroliana como Manuel González, Jacinto Higueras, José Bastida y Fernández de Espina, Rodrigo de Figueroa y Torres, Marqués de Tovar, Jacinto Hegeseras, Lorenzo Ridanza, Domingo Gutiérrez, José Martínez Banciela, Lorenzo Riduara, André Ridaura, María Siclo, Luis Pardo, María Rich, José Vega Cruces, Lorenzo Collaut Valera, dos hijos de su maestro Victor Cerveto Bestratén, allá en Tortosa, Victor Cerveto y Riva y José Cerveto y Riva.
Junto a estos hubo dos artistas de Hispanoamérica: José María Larrazábal, natural de La Habana, Cuba, y, Francisca de Roda, de Guatemala.
También frecuentaron el estudio de Querol dos artistas que, luego, serían representativos de la vanguardia escultórica, no sólo española, sino mundial, uno, Pablo Gargallo que: "de 1900 a 1907, cuando realiza su primera obra de metal en París, su obra es todavía titubeante y desorientada" (Trueba, 1985: 34). El otro José de Creft, del que, la historiadora del arte Josefina Alix Trueba especifica que: "… no aguanta allí mucho tiempo, no soporta aquel ambiente de escultura casi industrial y académica y enseguida abandona para dedicarse algún tiempo al aprendizaje del dibujo" (Trueba, 1985: 149).
El taller-estudio de Querol, fue además, de centro de reunión cultural, paso obligado para todo artista nobel, y sus enseñanzas o aportaciones, fueron, en un primer momento, aprendizaje obligado. Si Querol era el maestro del eclecticismo escultórico, ello suponía enseñar a sus discípulos todos los estilos que él había aprendido y asimilado, por el que no era posible seguir y como apunta en sus escritos seguir por otros caminos estéticos. Prueba de ello es que en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1910, un año después de la muerte de Querol, fueron premiados José Clará, y Angel Ferrant.
En estas circunstancias y para generaciones posteriores era fundamental que su casa-estudio junto con sus obras, tal y como era el deseo de Querol, se conservase para la posteridad y para ello, convertirla en Museo. En los primeros momentos se consideró la posibilidad de musealizar dicho inmueble, sito en el Paseo del Cisne (hoy Avda. Eduardo Dato). Posteriormente sus familiares decidieron trasladar la obra de Querol a Tortosa y fundar allí el correspondiente museo tal como indicaba un artículo titulado "La obra de Querol" en El día de Tortosa: "Un telegrama que publica El Noticiero de Barcelona de anoche, dice que nuestros particulares amigos D. Federico Fernández y D. Pedro Mayor, hermanos políticos de nuestro Querol, protestan de lo dicho por la Epoca, suponiendo que iban a sacar a subasta las obras que nuestro afamado escultor tenía pendientes. Añade el despacho, que con dichas obras se formará un museo en Tortosa" (18 de diciembre de 1909, nº 8.415, sin paginar).
La noticia viene corroborada poco después por el mismo diario en otro artículo que lleva por título "Museo Querol": "El estudio que el escultor Querol, tenía en Madrid, en la calle del Cisne, será convertido en museo, en el que figurarán no sólo sus grandes obras, sino cuantos objetos le pertenecieron en vida. La obra de Querol podrá ser admirada dentro de breve plazo por el público, pues la familia del escultor, piensa, aún conservándolas como reliquia, dejar libre acceso al museo, a los que lo soliciten" (20 de diciembre de 1909, nº 8.416, sin paginar).
El Ayuntamiento de Tortosa reunido en Sesión Plenaria el día 24 de julio de 1918 acordó erigirle un monumento y que el autor del mismo sería, cómo no, otro escultor tortosino: José Cerveto y Riva; con ocasión de lo cual se daban a conocer las obras de Querol con destino al Museo que habría de ubicarse en su ciudad natal (Ver anexo).
Sin embargo, en nada quedó el intento de crear un museo en Tortosa, porque al desaparecer sus familiares, el desinterés y la negligencia ocasionaron que lo que pudo ser uno de los primeros intentos en España de constituir un museo monográfico dedicado a un artista se malograse. En un principio se hizo cargo de su estudio-museo su discípulo Victor Cerveto, pero pronto escasearon los apoyos, pareciendo que ya no tuviera interés social la obra del maestro, como bien ha señalado un estudioso (Pereira, 1987: 1-7):
"A los pocos años arreciarían las críticas contra su obra, contra su arte y contra él mismo. Ya durante su vida, al lado del elogio incondicional, había podido escuchar Querol la burla malévola y punzante, así como el desdén ofensivo. Y sería este el que prevalecería después de su muerte, calificándose de mera producción industrial, denominando su fama a un fenómemo más psicológico que artístico.
Trascurridos tres lustros el museo se había abandonado, y su obra escultórica repartida, era olvidada, menospreciada y hasta arrinconada en paseos y plazas, o inclusive, amenzada por alguna reforma urbanística promovida estas secuelas tardías de la City Efficent de entreguerras reavivadas en el período desarrollista de los sesenta y primeros setenta… ".
Más tarde hubo que sumar las destrucciones debidas a los avatares de la Guerra Civil. Durante la posguerra tampoco prosperaron los intentos de su hija Silvia (cuando murió su padre, estaba educándose en un colegio de Bélgica), que escribió al Alcalde de Tortosa Esteban Albacar, poniendo a disposición de Tortosa las obras de su padre, pero todo ello sin respuesta alguna. Con ello se perdió el legado dejado por una de las figuras claves de toda la Escultura Española Contemporánea.
ANEXO:Acta del Ayuntamiento de Tortosa. Tortosa 18-VII-1918, pp. 124-125
8.069
8.082