Fotografías de Cecilia Casas Romero

Aunque nacida en Barcelona (1973), reside en Zaragoza desde 1979, para impartir clases de fotografía, a partir de 2001, en la zaragozana Escuela Spectrum Sotos, en cuya galería inauguró exposición el 19 de noviembre.

Sus fotografías, todas de 2010 y siempre en blanco y negro, son la síntesis vía evocación, pues todo se cuenta y nada se define con precisión salvo lógicas excepciones, como la represión de la mujer. En dicha ausencia de clara definición reside el intachable ángulo artístico, pues posibilita cambiantes diálogos con cada obra mediante dispares interpretaciones. Basta ver los interiores, la mirada de una figura femenina vista de perfil hacia el oculto espacio detrás de una puerta, que puede interpretarse como temor o la simple llamada a otra persona oculta, o el primer plano de la camisa de cuadros alterada e invadida por cierta extraña sombra negra ¿amenazante? En tan hermoso juego de luces y sombras, siempre como matiz intrigante nunca descifrado ni definido, una de las más notables obras es la correspondiente al brazo con mano transformada en masa informe, mientras que en el centro tenemos una polvera y el rostro de la artista entre sombras. 


Sergio Abraín y la Tauromaquia

En la galería Cristina Marín, el 7 de octubre, se inauguró la exposición Sergio Abraín. Tauromaquia, Mitologías y Quimeras, que avala la trayectoria de uno de nuestros mejores artistas, capaz de abordar un tema muy complejo, con más que notables dosis de belleza creativa y muy alta  cultura como tal fiesta, pues basta ver su propio dinamismo histórico y coserlo con el seguimiento de extraordinarios intelectuales, poetas, artistas plásticos y cineastas, incluso sin olvidar su permanente influencia en la moda. El pintor interrumpió su línea artística habitual para emprender un exhaustivo trabajo hasta terminar dos maravillosos murales en material cerámico para la plaza de  La Misericordia en Zaragoza. Somos testigo, tras varias visitas a su estudio, de los innumerables bocetos y esculturas con cartulina hasta perfilar el definitivo enfoque de tan complejos murales.

La presente exposición es, por tanto, una consecuencia de los citados murales, pero ahora mediante obras en diversos materiales, sobre todo papel, que registran, que recogen, como si el artista fuera un etéreo notario, el aroma más profundo de tan extraordinaria suerte, en la que vida y muerte viven fusionadas con máxima naturalidad. En algunas obras incorpora frases poéticas que apoyan y enriquecen tanto quejido artístico, tanto silencio latente, como el cuadro con ese vacío de la plaza sin público, ni toro, ni torero, siempre cual anuncio del drama insoluble. Frases como Memorias de la dehesa, Recuerdos agarrados a la arena tierra frondosa y calma, Busco mi origen en los pasajes deshabitados por el hombre, Toros de agua en el país de carambolos, Laten secretos del alma taurina o Entre blanco y blanco un cometa de cola verde definen con impecable exactitud la complejidad del tema abordado. Porque no se limita por plasmar los temas con meridiano realismo, algo muy fácil ante su dominio de la línea, para insistir en un cúmulo de síntesis temáticas, como norma a través del campo formal y de la atmósfera dominante que cambia según el asunto realizado.

Cualquier persona puede valorar tan excepcionales obras, pues basta un mínimo de sensibilidad, pero si el visitante ha visto torear y tiene cierta cultura taurina resulta evidente que captará con idónea sincronía la compleja y cambiante propuesta que nos plantea el artista, pues mucho de lo pintado es como un resumen del tema por esquemático y variado planteamiento formal, que sirve cual nutriente para deslizar todo un abanico de sensaciones aliadas con los cuadros.


Cuadros de Mónika Grygier y esculturas de Alfredo Sánchez en Espacio Adolfo Domínguez, Zaragoza

El Espacio Cultural Adolfo Domínguez, por la tienda en el Centro Comercial Puerta Cinegia, Coso, 35, organiza exposiciones en el sótano como sugerente espacio rodeado por restos de la muralla romana, siempre con Eugenio Mateo como coordinador de la sala.

El 4 de noviembre se inauguró la exposición doble con pinturas de la polaca Monika Grygier, nacida en Lodz, Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Opole (Polonia) y con numerosos premios, y las esculturas del salamantino Afredo Sánchez, con obras en espacios públicos y museos. Ambos residentes en Cataluña y, salvo error, exponiendo por primera vez en Zaragoza. Veamos, en síntesis, sus características.

Monika Grygier parte de estructuras geométricas que configuran un abierto y sugestivo entramado de planos, en muchas ocasiones delimitados o irrumpiendo unos con otros en una suerte de lazos fusionados. Dicho énfasis racional limpio, de colores con tendencia a huir de cualquier exclamación pero con el negro para desequilibrar el cromatismo dominante, se rompe mediante impulsivos trazos, cambiante chorreo y algunos planos negros con enigmáticas sensaciones que muy bien podrían ser, como tales, un solo cuadro. Estamos, al respecto, ante ese marcado dinamismo irracional, sin lógica, que altera toda racionalidad mostrada mediante el cuerpo geométrico, de modo que combina ambas realidades para mostrar, con ímpetu y delicadeza, avatares propios de la condición humana.

Alfredo Sánchez utiliza madera, bronce y hierro, como norma al servicio de fuertes abstracciones geométricas capaces de engullir el espacio circundante. Obras con tendencia natural para espacios públicos y poderoso volumen, cuyas formas oscilan entre la forma en y griega, con dos brazos ascendentes que generan un  sugestivo hueco en su interior, y las filiformes ondulantes que trazan en la superficie cambiantes formas geométricas. También gusta, entre otras aportaciones, por apoyar la obra con dos brazos y mostrar un juego de delicadas formas. Énfasis formal con dosis imaginativas que rompen el entorno.


AMASOL y sus vínculos con el arte

El 10º aniversario de la Asociación de Madres Solas, en Zaragoza, bajo la presidencia de Cristina Beltrán, conocida pintora, se celebró inaugurando una exposición de arte en el Centro Joaquín Roncal de la CAI desde el 30 de septiembre, con el objetivo de que el público interesado viera numerosas obras para adquirir en la posterior cena subasta, que tuvo lugar el 22 de octubre en el restaurante Bahía en beneficio de Amasol.

El catálogo, un tríptico, tiene dos textos, uno de Cristina Beltrán y otro nuestro, con el listado de las obras y su ficha técnica. La participación de los artistas fue excepcional, pues figuran las obras de 70 pintores, 16 escultores, nueve fotógrafos, nueve obras entre dibujos, grabados y diseños, una cerámica y un esmalte. Datos completos que no figuran en el catálogo. Asimismo, cabe destacar la participación de la galería Itxaso en la subasta, no en la citada exposición, con 14 cuadros de conocidos artistas, algunos fallecidos.

Dejamos constancia de una exposición y una noche, con escaso éxito en la subasta pese a precios muy favorables, que demuestra de nuevo la generosidad de los artistas, siempre inclinados a mostrar su predisposición para con los demás en causas benéficas.


La puerta abierta: el inicio de la abstracción. Grupo Pórtico y Grupo Zaragoza

La Puerta Abierta: el inicio de la Abstracción. Grupo Pórtico y Grupo Zaragoza es, como título, quizá confuso porque puede llevar a malentendidos a quien no comprenda que lo que sigue a los dos puntos es una acotación, y piense en cambio que el subtítulo se hace equivaler con el título principal. 

Veamos, en síntesis, la realidad histórica, tras recordar que fuimos comisario de la exposición Primera Abstracción de Zaragoza: 1948-1965, como exhibición itinerante entre diciembre de 1984 y marzo de 1985, que reflejaba la realidad histórica de la abstracción pictórica en Zaragoza, siempre mediante obras de Fermín Aguayo, Teodoro Asensio, Otelo Chueca, Julia Dorado, Antón González, Eloy Giménez Laguardia, Santiago Lagunas, José Orús, Daniel Sahún, Ricardo L. Santamaría y Juan José Vera. En cambio, la comisaria de esta exposición, Dolores Durán Úcar ha propuesto una exposición a Ibercaja centrándose en unos pocos nombres, y le ha sido aprobada, siendo inaugurada en Zaragoza el 30 de septiembre y hasta el 9 de enero de 2011.

Durante el primer período de la abstracción pictórica en Zaragoza, la comisaria, sólo presenta al grupo Pórtico, abril 1947 a noviembre 1950, el configurado por Fermín Aguayo, Eloy Giménez Laguardia y Santiago Lagunas. Entre 1947 1964, año que comienza el grupo Zaragoza, en Zaragoza, además de los citados, tenemos los pintores abstractos Antón González, desde 1947-1948, Juan José Vera, desde 1948, José Orús, desde 1949, y Francisco Benessat, hacia 1957, mientras que viviendo fuera de Zaragoza tenemos a los pintores José Luis Balagueró, desde 1957, y Manuel Viola, desde 1950. Todo sin olvidar los collages abstractos de Miguel Pérez Losada, desde 1952, José Baqué Ximénez, de 1948 a 1951, y un segundo período vinculado con el año 1958, y el poeta Raimundo Salas, desde 1953.

El segundo período de la abstracción pictórica en Zaragoza, según la comisaria,  tenemos al grupo Zaragoza, octubre 1964 a 1967, del que incorpora en la exposición a Daniel Sahún, Ricardo L. Santamaría y Juan José Vera, no incluyendo de los abstractos de dicho grupo a Teo Asensio, desde 1959, Otelo Chueca, desde 1960, y Julia Dorado, desde 1961. Todo sin olvidar, fuera del grupo y con fecha límite el año 1967, a los pintores Pilar Moré, desde 1959, y José Ignacio Baqué, desde 1963.

En el apartado sobre Bibliografía se sabe que cuando el catálogo tiene un marcado límite, en cuanto a número de páginas, es ineludible realizar una selección, tal como se indica en la presente exposición de Ibercaja. Pero, claro, la selección tiene que vincularse con su relevancia desde un ángulo cronológico. Cuando nos cita como autor de la historia del grupo Pórtico publicada en el Diccionario Antológico de Artistas Aragoneses 1947-1978, editado en 1983, la comisaria omite que también escribimos la historia del grupo Zaragoza. Ni digamos nuestro comisariado, ya citado, Primera Abstracción de Zaragoza: 1948-1965, como exhibición itinerante desde diciembre de 1984 hasta marzo de 1985, bajo el patrocinio del Departamento de Cultura y Educación de la Diputación General de Aragón. Para concluir, cabe citar nuestra Abstracción Plástica Española. Núcleo aragonés: 1948-1993, Mira Editores, libro publicado en 1995.

Lamento que nada de esto figure reseñado en el catálogo de esta exposición pero por lo visto  su comisaria  y yo tenemos perspectivas muy distintas sobre los orígenes y desarrollo de la primera abstracción de Zaragoza. Quizá con La Puerta Abierta:. El inicio de la Abstracción. Grupo Pórtico y Grupo Zaragoza, la comisaria haya querido hacer un homenaje al Grupo Pórtico como iniciadores de la abstracción española de postguerra y al Grupo Zaragoza como sus herederos morales, pero a mi juicio, la exposición hubiera quedado completa si se hubiera realizado una revisión global de la primera abstracción de Zaragoza.


Esculturas de Martì Morròs

En el bello y sugerente Espacio Fundación Labordeta, paseo de los Ruiseñores, 39, inaugura exposición Martì Morròs Valls (Sallent, Barcelona, 1963), con obras en ciudades como Toledo, Damas del Agua, 2009, Huesca, Portal de los Pirineos, 2009, o Badajoz, Danzas de la Tierra, 2010, que ofrecen con exactitud su categoría como escultor, en tiempos partiendo de un matiz superado vía Eduardo Chillida, tan capaz de concluir esculturas mediante cierta poderosa fluidez a través del sentimiento aderezado por el justo brochazo racional, siempre con el objetivo de que en su resultado gobierne la máxima naturalidad. Todas sus esculturas, por cierto, son de hierro y acero corten. El 20 de noviembre, día de la inauguración, nos afirmó: El hierro es el lápiz de la escultura, con lo cual señala su grado de refinamiento, de dura delicadeza, aplicado al metal.

La exposición tiene su complejidad, pues el escultor ha contado con tres artistas para que intervinieran en tres obras. Sebastià Plans termina una obra plana, tipo cuadro, con técnica digital sobre acero e incorporación de evocadores fondos cual sinuosas grietas, sobre la que Morròs añade expresivas y ondulantes formas emergentes de la superficie como diáfano contraste. Una especie de parto metálico. El japonés Mirai Kobayashi también concluye obras tipo cuadro con fondos oscuros y formas expresionistas, sobre las que destaca el nacimiento de lo escultórico en el lado izquierdo, de modo que permite ese vacío general inundando el soporte para que cierto misterio aflore desde la superficie pensada por el artista japonés. Mientras, el pintor José María Martínez Tendero tiene experiencia de intervenir en una escultura, pues basta recordar cuando pintó un león, en 2006, del escultor Francisco Rallo Lahoz, justo con motivo del 25 aniversario de El Corte Inglés en Zaragoza. Cuelga un dibujo como Estudio para obra conjunta con el escultor M. Morròs, basado en una fachada de vivos colores, y otro que evoca a la escultura para trasladarla junto con el edificio a la superficie escultórica mediante abstracciones expresionistas.

En cuanto al resto de la obra conviene detenerse en la escultura Infinito, que está basada en la Cinta de Moebius, por el científico alemán del siglo XIX Amadeo Moebius, sin que el propio Morràs lo supiera, tal como nos indicó el día de la inauguración. Ya resulta sorprendente, por el número de casos, que un escultor, o un pintor, termine una escultura basada en dicho concepto científico sin saberlo, o en otros, hasta el punto que se detecta, de nuevo, la íntima fusión de las artes plásticas con la ciencia. La escultura citada, sin principio ni final, tiene un perfil angular y está hueca, de manera, según nos señalaba el artista, que posee una sorprendente capacidad para sacar cambiantes sonidos, algo realizado ya por músicos. A los días de inaugurarse la exposición, hacia el 17 de diciembre, el percusionista Javier Villar intervino con motivo de una cata “sensorial”, en la que los asistentes disfrutaron de los aromas y sabores de los nuevos Latidos de Vino 2010.

Otras esculturas tienen un ámbito formal muy distinto al señalado. Se parte de una fuerza excepcional o de una delicadeza extremada en perfectas composiciones, con algunas obras caracterizadas por el movimiento de una zona o el cambio manual, según se quiera, cuando la obra está formada por dos o tres volúmenes separados. Voladoras II, por ejemplo, está configurada por dos volúmenes ascendentes, mientras que Llamas del corazón, por ejemplo, está integrada por tres volúmenes ascendentes y ondulantes para ofrecer mayor complejidad formal.

Las esculturas son fascinantes estudios de las formas con definido estilo, de manera que las abstracciones geométricas se alargan ondulantes casi paralelas al suelo o ascienden entre cambiantes quiebros, como si rociadas de enigmas cubrieran la superficie escultórica, que como tal tiene dispares texturas del propio metal para enriquecer el ámbito externo. Pero existen otro tipo de esculturas abstractas relacionadas con el cuerpo humano, como por ejemplo la obra con dos volúmenes reproducida en la tarjeta de invitación. Antes citábamos a Morròs como artista capaz de posar en sus obras fuertes sentimientos con impecable naturalidad, sin forzar nada. La obra de dicha tarjeta de invitación es un idóneo ejemplo, pues estamos ante dos figuras, muy abstraídas, de cuyo interior fluye y emerge ese vibrante amor pasión, único, irrepetible, entre hombre y mujer, que traslada al exterior vía campo formal, pero con tal delicadeza que la ternura perfora cualquier mirada.

Muy buen escultor con hermosa capacidad de trasladar su pensamiento hacia el metal todavía sin nacer, siempre con dominante control para eludir extrañas conclusiones o dejándose arrastrar por el aludido sentimiento en una especie de gozo, como si el propio artista se transformara en escultura. Su interior hecho exterior. Todo natural.


Sala de lectura: Alicia Vela y Lina Vila.

 

Alicia Vela y Lina Vila se conocieron en la Facultad de Bellas Artes de San Jorge de Barcelona a finales de la década de los noventa y, desde entonces, profesora y alumna han compartido espacio expositivo en tres ocasiones. Entre ellas la complicidad brota de una manera tan natural como la vida misma lo hace en sus trabajos. Ambas afrontan sin miedo ni pudor una reflexión femenina de tintes autobiográficos que explora la fragmentación vital. Con la instalación Sala de lectura, que puede visitarse en la Sala Juana Francés de la Casa de la Mujer del Ayuntamiento de Zaragoza desde el 21 de diciembre del 2010 hasta el 10 de febrero de 2011, Alicia Vela y Lina Vila nos invitan a conocer, “reconocer” y recuperar la sabiduría ancestral de un universo femenino que se ha ido tejiendo, hilo a hilo, entre vivencias durante siglos compartidas, anhelos y dudas, gozos y desventuras, pasiones y recatos, confidencias y lamentos.

Alicia Vela (Villalengua, Zaragoza, 1950) vive y trabaja en Barcelona. Profesora titular de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona, compagina la docencia con la producción artística. Además de haber recibido importantes becas y premios, como la beca para la investigación de nuevas formas expresivas de la Generalitat de Catalunya que le fue concedida en 1983 y el Primer Premio de grabado en IBIZAGRAFIC ’84 convocado por el Museo de Arte Moderno de Ibiza, desde 1976 participa en destacadas exposiciones en Europa, Japón y Estados Unidos. Pintura, grabado, instalación e imagen digital se ponen al servicio de la creación de un imaginario existencial y simbólico, entre la abstracción y lo figurativo, que analiza el movimiento y experimenta con la ocupación de los espacios. Su dedicación a la docencia le permite compartir y alimentar su pensamiento, lo que enriquece su obra.

Lina Vila (Zaragoza, 1970) vive y trabaja en Zaragoza. Licenciada en Bellas Artes por la Facultad de San Jorge de Barcelona, en 1995 cursó “El dibujo como instrumento científico” y tres años más tarde “La obra gráfica hoy: de la impronta grabada a la impronta digital”, ambos postgrados de la Universidad de Barcelona. Entre 2002-2004 disfrutó de la Beca de Artes Plásticas “Casa de Velázquez” en Madrid, concedida por la Diputación de Zaragoza. Entre los numerosos premios que ha recibido cabe destacar El Primer Premio de Arte Santa Isabel de Aragón, Reina de Portugal en 2003 y el Primer Premio en el Concurso de Obra Gráfica y Estampa Digital. Dibujante, pintora, escultora y grabadora, Lina Vila relata en sus obras un mundo simbólico que nace de su propia experiencia vital. La fragilidad de la vida humana, el sufrimiento, la enfermedad y la lucha contra los fantasmas pasados y presentes se dan cita entre los paisajes y animales de su imaginario particular. Lo que se inicia como un relato propio, íntimo y, por lo tanto, subjetivo, se convierte de la mano de la maestría de la autora en una experiencia universal que apela al espectador, le conmina a participar, sin reservas ni temores, en la “danza macabra” que es la vida.

Sala de lectura ofrece dos focos de atención. El centro de la sala queda ocupado por una gran mesa camilla. Su tapete llama poderosamente la atención. Las ciento ochenta “redondas” que lo conforman remiten a los tradicionales trabajos en ganchillo o bordado, tratándose en esta ocasión, en realidad, de delicados grabados sobre papel Japón. La xilografía es la técnica empleada por las artistas para este particular tapete, tan artesanal y remoto como la capacidad reparadora y regeneradora de las mujeres. Originaria de China, concretamente del siglo V d.C., la xilografía es la técnica del grabado en madera. El boceto de la obra que se va a grabar se calca sobre el taco o plancha de madera y se talla con la ayuda de instrumentos específicos como la gubia o el buril. Los blancos del dibujo quedarán vaciados en la madera y los negros en relieve. Obtenida la plancha, se entinta ésta con el rodillo y se procede al estampado de la pieza, bien a mano por frotación o mediante el tórculo. La palabra y la imagen perviven en nuestra memoria. Lo que hace que un objeto cotidiano se transforme en símbolo o bien icono de una identidad colectiva es su uso compartido por los miembros de una misma comunidad. Esta identidad colectiva se va enriqueciendo con individualidades, con nuevos objetos, con nuevas voces. Y es entonces cuando podemos hablar de la memoria, esa memoria que vivimos porque se nos es transmitida directamente o porque palpita en nosotros como un saber atávico. Esa memoria nos permite afrontar y soportar la celeridad con la que pasa el tiempo. Voces conocidas y anónimas nos hablan desde esta mesa camilla, donde la palabra y la imagen nos permiten bucear de manera casi inconsciente en una memoria colectiva femenina tan popularmente conocida como omitida.  Oímos a Alejandra Pizarnik: Affiche. Me esforcé tanto por aprender a leer en mi llanto, y la vista se nos dirige a esas manos que tanto dieron y tanto anhelan recibir, esa cama de las noches en vela llorando al amor no correspondido, al amor que no regresa, cama de parto, de nacimiento, de enfermedad, de muerte, de velatorio, cama como trono de la vida. Los pájaros y alas sueltas de ave de Lina Vila gritan con sollozo contenido el deseo de huir, de abandonar esta vida para emprender una nueva, más allá del horizonte conocido; su batir de alas será el eco de las palabras de Louise Bourgeois: Para poder escapar has de tener un lugar donde ir. Dos corazones bien distintos se suman al diálogo. El de Alicia Vela como exvoto que recuerda el amor divino, símbolo del sacrificio de la divinidad cristiana por sus hijos. Sin embargo, el de Lina Vila es un corazón anatómico, pleno de vida humana, irrigado por la sangre, líquido vital que tan bien representa la capacidad de la mujer como dadora de vida. Y son estos corazones y las rosas de espinas que evocan el amor pasional los que beben de la frase de María Zambrano: El agua ensimismada ¿piensa o sueña? Si tú me miras ¿qué queda? A éstas y otras voces se suman las de las artistas. Acumulo, junto y guardo para que la muerte no me encuentre entre tanto trasto, manifiesto vital y artístico con el que Lina Vila nos presenta una de las constantes de su obra: el enfrentamiento a la muerte, realidad con la que hay que convivir, a la que hay que comprender y aceptar, no sólo la propia sino la de aquellos seres queridos que, ausentes, forman parte fundamental de ti. Para Alicia Vela Hilos de seda rompen silencios escondidos como delicados son los hilos con los que las mujeres realizan labores textiles rompiendo el silencio de sus vidas, compartiendo confidencias; como sutiles son los hilos con los que las Parcas manejan nuestras vidas; como imperceptibles son los hilos que unen recuerdos creando memoria; como mágicos son los hilos que conectan al espectador con la obra y, por ende, con su autor, en este caso, autoras. Pero obligado resulta reparar en una palabra que planea majestuosa por encima de este conjunto de retales de almas de mujer, una de las primeras palabras que aprende un ser humano, sin duda la que más presente tiene a lo largo de su vida, probablemente la última que repite para sí al cerrar los ojos para siempre en el sueño de la eternidad: “madre”. La palabra “madre” da unidad al conjunto. Homenaje a la madre primordial, a la divina y a la humana, a la tuya, a la mía, a sus madres, a las nuestras. Madre de la vida, de los hijos, de la familia, de la creación artística, del día a día. Palabra que parece encontrar su correlato en la figura de un árbol de cuerpo femenino, símbolo de la mujer como origen y sustento de la vida, cuyo cuerpo hunde sus raíces en la misma tierra, la mujer como la madre naturaleza, en la línea de la tradición representada de manera sublime por Ana Mendieta. 

Alicia Vela y Lina Vila han querido así participar de un discurso tantas veces hablado en la intimidad del hogar, espacio históricamente reservado a las mujeres, lugar de reclusión forzada pero también de protección y de desarrollo personal gracias al apoyo de la igual. Ellas han podido recoger el testigo de las artistas de los años setenta del pasado siglo que, valiéndose de las teorías del feminismo, pudieron hacer uso de su propio cuerpo para hablar abiertamente de sus propias vivencias, de las pérdidas, del amor, del sexo, de la maternidad, en definitiva, de las particularidades que experimentaban por su condición bilógica, social y cultural de mujer. Y lo han hecho de la forma más bellamente evocadora: muchas de nosotras ya no hemos vivido, al menos no de manera habitual, esa intimidad de mujer, de mujeres, pero gracias a la humildad y sencillez con la que Alicia y Lina unen sus voces y recuerdos al universo femenino ancestralmente transmitido, en la Sala Juana Francés queda suspendida en el tiempo y en el espacio la mesa camilla donde se gesta buena parte de la identidad de ser mujer, realidad amorosamente tejida por nuestras antepasadas, que no debemos denostar sino heredar con la felicidad que da como mujer el sentirse unida a todas las mujeres, más allá de fronteras, ideologías, religiones, etc. Unidas, simplemente, al concepto de mujer del que deberían participar los hombres, gestados, amamantados y criados por mujeres, en pro de la consecución de la igualdad efectiva entre nosotros.

Un dibujo mural completa la instalación, segunda parte de la muestra. Se trata de dos hojas de un cuaderno de artista. Cada una de las autoras se ha valido de una de estas hojas para abocetar sus pensamientos, sus sentimientos. Dibujos y frases rápidas que mente, alma y cuerpo necesitan comunicar. Lina Vila acompaña la representación de una figura femenina que carga con la humanización de sus preocupaciones, de sus fantasmas, con el susurro Se me clavó una espina de carne de tu carne, sufrimiento de amor sobre el que posan su insistente vuelo siete moscas. No en vano, la mosca es símbolo de la tenacidad, del valor, y también de la muerte como recordara el poeta Antonio Machado. Alicia Vela, más optimista, anota Ellas, en duermevela, sólo recordaban las bolsas de los besos, dibujando además una bolsa que más bien parece una constelación de sueños de amor acompañada de gráciles libélulas, animal que evoca con toda la fragilidad de sus alas, presentes también en el tapete de la mesa camilla, el éxito, la felicidad, el coraje y la pureza.

Alicia Vela y Lina Vila conciben el arte como un mecanismo de autoconocimiento. Expresiones diferentes de un sentir compartido, un sentir femenino, que parece que empezamos a perder en la era de la igualdad mal entendida, confluyen en la Casa de la Mujer -es impensable escoger mejor espacio para desarrollar un proyecto de tales implicaciones- para transmitirnos, después de todo, un mensaje que va dirigido a todos, hombres y mujeres, expertos, aficionados o neófitos en la materia: el arte es la sublimación de los valores universales.


Espacios alternativos en Zaragoza que nos han brindado importantes novedades

 

Por espacios alternativos entendemos, entre otros, el Espacio de Arte Yus, en el Coso bajo, con sala de exposiciones y el estudio al fondo del pintor y propietario Miguel Ángel Yus, el bar Bonanza, en la calle Refugio, fundado por el pintor Manuel García Maya, el café-bar Nerea y el estudio de varios artistas llamado K-Pintas, en la calle Doctor Palomar, que organiza constantes actividades artísticas bajo el criterio del pintor José Luis Gamboa. Espacios que contribuyen de forma decisiva a la cultura por sus dispares enfoques artísticos, en muchas ocasiones mostrando a incipientes artistas reconocidos con el paso del tiempo. Todo muy natural, abierto, libre y con éxito de un público muy concreto, en número a determinar del propio barrio, como en K-Pintas y el Espacio de Arte Yus. Pero no parece inapropiado incluir también la sala de exposiciones más "alternativa" de la Diputación Provincial de Zaragoza.

Postales desde el limbo es una bella idea, nacida en Nueva York pero con aportaciones zaragozanas, que como exposición se inaugura en el Cuarto Espacio, de la Diputación Provincial de Zaragoza, el día 10 y se cierra el 12 de diciembre. Tres días. ¿Razón? Cientos de obras, unas 1500, realizadas por numerosos artistas, todas tamaño tarjeta postal y con los datos al dorso para evitar quien es el autor. Obras de artistas españoles y extranjeros. Precios: el primer día a 40 euros, el segundo a 30 y el tercero a 20. Todo bajo la organización del zaragozano Estudio Versus en beneficio del Centro de Solidaridad de Zaragoza // Proyecto Hombre, con cuyas ventas se apoya la rehabilitación de personas con problemas de drogas. Pocas veces se puede hablar de un éxito de tal magnitud, por ventas y por asistencia de un público masivo que abarcaba muy diversas edades. El pintor y diseñador gráfico Javier Almalé, de Estudio Versus, nos comentaba el último día por la tarde que escuchó el siguiente comentario perfil exclamación feliz: ¡Es la primera vez que compro una obra de arte! Aquí está el asunto. Tal como hablábamos con Javier Almalé, mucha gente tiene una especie de miedo a entrar en una galería de arte, quizá pensando que sólo se admiten a personas tipo clientes, cuando resulta que es lo contrario. Los galeristas están deseando que vaya el mayor número de personas. Y hay precios accesibles. Mi consejo a Javier Almalé, según hablamos, es que se repita la exposición el próximo año.

En el Espacio de Arte Yus, el 13 de diciembre, se inauguró la exposición individual del pintor y dibujante Manuel García Maya. El acto de presentación, tras ver la exposición, lo protagonizó Carlos Calvo, que definió con precisas y escuetas palabras, como a tajos, la personalidad del artista. Después, micrófono en mano, siempre al fondo de la sala, intervinieron espontáneos con temas de muy diversa índole, como Salvador Dastis declamando Sonetos Lujuriosos de Pietro Arentino, hasta el grado que el suculento ambiente, tan respetuoso, se animó con vino sin medida y un hermoso jamón cortado por cada uno a su aire. Como remate, hacia las once de la noche, canciones de los visitantes.

La obra de Manuel García Maya ni requiere un análisis, pues de sobras conoce todo el mundo esa línea inconfundible que matiza cada milímetro pintado. Dibujos con sus peculiares rostros y cuadros de intensos colores con mezcla de abstracción y figura a través de rostros que juegan con la geometría desde la perfección formal. Abstracciones mediante bandas paralelas y planos, en ocasiones vacíos, que potencian el ámbito figurativo, tan sugerente y cercano, ni digamos con sus peculiares nalgas femeninas, más que modélicas por su elegante y sutil erotismo vía insinuación. También presenta las expresionistas abstracciones mediante derroches de colores y el dinamismo general al servicio de ámbitos con el caos como gran protagonista, de modo que cualquier ángulo racional humano es inviable. También conviene insistir, tal como hemos indicado en otras ocasiones, que la otra gran virtud de García Maya es la frescura de todas las obras, como si el artista tuviera 20 años e inaugurase su primera exposición individual. Todo late con impecable ritmo formal y cromático, con dispar musicalidad que llena la mirada.

Primero fue a Kafka, en 2008, luego a Nietzsche, en 2009, y ahora la exposición Homenaje a Miguel Hernández, con motivo del 100 aniversario de su nacimiento, inaugurada el 16 de diciembre en el bar Bonanza fundado por Manuel García Maya. Se trata, como siempre, de un homenaje a García Maya, de ahí que exponga obra en cada exhibición, y, por supuesto, al personaje, sin olvidar que los restantes seleccionados son clientes del bar Bonanza. Como catálogo un marca páginas diseñado por Paco Rallo. Artistas seleccionados bajo nuestro comisariado: Miguel Ángel Arrrudi, Cristina Beltrán, Antonio Ceruelo, Jesús Fraile, Manuel García Maya, Rafael Gómez, Javier Joven, José Ramón Magallón Sicilia, Pilar Moré y Débora Quelle. Tras nuestra presentación, con el agradecimiento a los artistas, tomó la palabra el pintor José Luis Gamboa, que leyó unas líneas de Juan Ramón Jiménez alusivas a Miguel Hernández. Poco después participará El Silvo Vulnerado con la intervención de Luis Felipe Alegre acompañado por Carmen Orte y su nostálgica voz teñida por la guitarra española. Luis Felipe, con un pie en el banco corrido junto a la pared y otro en una silla, declamó con voz vibrante y emotiva todo un repertorio de Miguel Hernández. Noche intensa por dispares vivencias compartidas.

El café-bar Nerea ni tiene el prestigio del bar Bonanza, ni el espacio adecuado para colgar cuadros, pues se ubican en un espacio del lado izquierdo cuando entras con mesas llenas de clientes que impiden ver la mayoría de las obras. Pero Alejandro Molina, por sugerencia de un amigo, aceptó exponer en sitio tan inadecuado. Aquí lo importante es seguir la trayectoria de este escultor y pintor de sobras conocido, también con potentes e imaginativas instalaciones, de siempre con trayectoria excepcional y, sobre todo, muy singular. Seguir porque se prodiga poco en cuanto a exhibiciones pese a tan dilatada carrera artística, pues no olvidemos que nació en Zaragoza el año 1948.

La exposición son esculturas porque hay volumen generalizado, pero no son pinturas, en sentido estricto, porque no ha pintado los volúmenes pero, sin embargo, hay color. Veamos. La exposición, con un total de diez escultopinturas, se titula Verde Lejos y las obras se titulan por ejemplo, Verde que espera, Reunión de verdes o Verde y gris. El lagarto, con lo cual ofrece cierta sugerencia sobre el tema. Diez obras de pequeño formato, enmarcadas y, lo importante, con fondo blanco para que resalte cada escultopintura sobre el espacio plano circundante. Los materiales empleados, en síntesis, son musgo seco, telaraña, lo que parecen ser flores secas y ramas secas con múltiples texturas y colores como consecuencia de la acción natural en pleno campo, aquí zona muy fría pro sus características externas. Se trata, por lógica, de una selección en plena naturaleza que acopla para componer cada obra, de manera que en su resultado final existe fuerza y delicadeza, pero sobre todo un diáfano y trascendente poso por acción del tiempo, capaz de generar la muerte del ámbito vegetal para cobrar vida y significado a través del arte. Sus impecables composiciones adquieren, por tanto, latente hondura, pues hablan de tiempo y muerte, siempre a través del absoluto refinamiento capaz de trastocar aquella materia vegetal de la que se partió para crear cada obra.

 

De los espacios alternativos sobre arte queda K-Pintas, que el 18 de diciembre, a las 20 horas, presentó Performances K-Pintas, es decir, lo que se entiende en arte como representación. Bajo la dirección del pintor José Luis Gamboa intervinieron los siguientes artistas: María Jesús Bruna en Sino, con texto y escultura de María Jesús Bruna y acción representada por Asun Trallero. Juan Agustín Baldellou, en la representación Es Enterrada una Obra Zombi, con acción de Juan Agustín Baldellou y la actuación de Luciano García (letra, música y guitarra) y Paco Caraballo (cantante y guitarra). Miguel Ángel Gil e Isabel Marta, en la acción de ambos, titulada Juego de Damas, enfrascados en una partida de damas con las fichas transformadas en tapas que debían comer conforme se perdían. Sergio Muro con su acción Tu futuro ya es de alguien, visto como la extremada violencia. Acción de Paco Rallo, José Juan Clavel Cortés, ambos con dos espadas, y Yalamoussa Soro Soro, los tres con máscaras, en la representación El Mago y la Caza del Hipopótamo, basada en narrar cómo se cazaba el hipopótamo en Costa de Marfil. José Luis Gamboa en la acción ¡Crisis! ¿Qué crisis?, representada por Barce (Ana Cristina Barceló) y María Urra. Antonio Chipriana, en sustitución de Daniel Rabanaque por enfermedad, con su acción titulada i. Y, para concluir, la acción Al fen al Arabi, realizada por Ismail Al Saharaui, Hamza y Sabbir Haddi, tres marroquíes con instrumentos musicales, y la bailarina Marta. Todo como excusa para reclamar el Sahara de Marruecos.

Performance de Miguel Ángel Gil Performance de Paco Rallo


X Premio Ahora de Artes Visuales

El X Premio Ahora de Artes Visuales se entregó, en La Bóveda, el 17 de diciembre a las nueve de la noche, bajo la coordinación de Marga Barbáchano, que enfatizó sobre el carácter privado del Premio y comentó las singularidades de los premiados. Premiados: el pintor José María Martínez Tendero, entrega el premio Paco Rallo; el pintor Enrique Larroy, entrega el premio Carmen Inchusta; los especialistas en acciones y representaciones Antonio Chipriana / Sergio Muro, entrega el premio José Luis Gamboa; la historiadora y crítica de arte Desirée Orús, entrega el premio Pedro J. Sanz; y, para concluir, el escultor Francisco Rallo Lahoz a título póstumo, entrega el premio Manuel Pérez-Lizano Forns. Fotografía final con los premiados y los que entregaron cada premio. Con la asistencia de 70 personas, en su mayoría relacionadas con las artes plásticas, de dispares generaciones, y la cultura, se sirvió una cena. Premio consolidado que se otorga cada tres meses y sirve para mostrar la valía de los artistas y de aquellas personas relacionadas con el ámbito artístico.


La plaza de Santa Cruz de Zaragoza y el arquitecto Heliodoro Dols

La plaza de Santa Cruz, en Zaragoza, siempre la hemos percibido con cierto deje romántico y con esa impecable armonía entre el tipo de los edificios y un tamaño que determina su bella y sentida intimidad oculta para turistas ansiosos.

Antes de abordar el edificio del arquitecto Heliodoro Dols caben otras consideraciones, siempre en el ámbito de dicha plaza. Un gran cartel dice: Ministerio de Fomento. Rehabilitación del Palacio de Tarín. Cartel que debió ser un pálpito consecuencia de un mal enfoque mañanero. Si cualquier edificio se mide por los espacios interior y exterior, aquí por rehabilitación se entiende vaciar el edificio y dejar la fachada. Esperemos que, en un gesto de imaginación, también se conserve la bella escalera por la que tantas veces subimos hace años para tomar vinos en la Peña El Cachirulo. Dicho vaciar el interior de un edificio también ocurrió con el añorado cine Goya, en plena calle San Miguel, y, salvo error, con el único palacio ducal que había en Zaragoza, justo en la calle San Vicente de Paul. En los tres ejemplos felicitemos iniciativas con tan altas dosis de inteligencia artística.

Veamos un hermoso ejemplo sobre cómo se proyecta un edificio, en la plaza de Santa Cruz, que respeta el entorno. Se trata del número 2-4. Proyecto, del año 1987, de los arquitectos Luis Fernández Ramírez, Teófilo Martín Sáenz y José María Martínez Ágreda. Edificio con una fachada perfecta, siempre mediante criterios como consecuencia de una visión propia de aquel año, de modo que estamos ante un impecable control de las formas para eludir la ruptura gratuita respecto a los demás edificios del entorno. En concreto: se integra en la plaza con delicada personalidad y se evitan absurdas dosis exclamativas, de manera que vibra un intachable respeto de los tres arquitectos evitando protagonismos absurdos.

Pero, ¿y el edificio proyectado por el arquitecto Heliodoro Dols? Se respeta la altura del entorno. Aquí se acaba todo. Lo demás, por tanto, la fachada, es la típica ruptura del equilibrio circundante, a través de un ámbito formal que demuestra el dominio del volumen, una de las positivas singularidades de Dols en anteriores proyectos, pero aquí mediante el exceso formal que altera, de manera radical, el equilibrio y la armonía de toda la plaza Santa Cruz. Edificio, en definitiva, que ni encaja en la plaza, ni adquiere esa especial belleza de un auténtico proyecto artístico. Ni digamos el espanto de lo que puede definirse como planta calle, con ventanucos corridos y poderosas rejas que recuerdan a cualquier cárcel siglos atrás. Opresión general. Proyecto que puede definirse de manera vulgar: el arquitecto Heliodoro Dols ha posado la guinda, su edificio, en la tarta equivocada, la plaza de Santa Cruz. ¿Quién aprobó tal desastre?