Cuadros de Louisa Holecz

En la galería Zaragoza Gráfica, el 4 de marzo, inauguró la pintora Louisa Holecz bajo el título Life Still y con prólogo de Chus Tudelilla. Cuadros y dibujos, de 2010, que representan una madurez pictórica enlazada con la muerte como único tema. Muerte que oscila entre la mujer como protagonista vista con diferentes edades y rostros de recién nacidos en la serie de dibujos que también figuran en el cuadro El árbol del mal, sin olvidar Estudio de cráneo con peces como variante del mismo asunto. Tema real pero huidizo en nuestra sociedad, pues ya no está tan presente como antaño, señala un planteamiento auténtico, arriesgado, que en algunas personas quizá provoque una especie de injustificado rechazo.

Para contribuir al realismo de las figuras es imprescindible recordar que los fondos oscilan entre negros, grises y rojizos manchados, sin olvidar lo que parece ser una sábana en el correspondiente cuadro, con lo cual se crea la adecuada atmósfera para potenciar el drama de cada figura humana. Un rostro o los cuerpos enteros tumbados escenifican el tema con indiscutible potencia dramática. Vemos de gran interés artístico la combinación de peces y figura, bien sea en Autorretrato con peces, con los peces que emergen del pecho tras devorarlo y que también están muertos, o en la obra sin título con la figura femenina que, al parecer, contempla los peces en plena agonía. Como variante Estudio de cráneo con peces. Los rostros de niños, con expresiones muy dispares y terribles como consecuencia de la inmediata muerte, son protagonistas en el cuadro El árbol del mal, pero ahora con las cabezas suspendidas de ramas a diferentes alturas. Árbol sin hojas, duro, tajante, de color oscuro como contraste con la blancura de las cabezas. Ni digamos el hermoso y vibrante paisaje pintado a machetazos, a tajos, mediante dos planos con rojizos para el cielo y verdosos para la tierra, lo cual contribuye a generar esa concreta y palpitante atmósfera que cerca al árbol inundado de crueldad humana.

Louisa Holecz, con esta exposición, demuestra de nuevo su capacidad creativa al servicio de un tema desarrollado con absoluta variedad imaginativa y especial potencia, como si la muerte viviera de forma permanente en cualquier rincón de nuestro pensamiento.


Pascual Blanco: Viaje al Parnaso (Cántico Espiritual)

El 12 de enero, en la zaragozana galería A del Arte, se inauguró la exposición con cuadros del pintor y grabador Pascual Blanco, con prólogos del poeta Ángel Guinda y de José Luis Pano Gracia, que tienen la virtud de complementarse con absoluta precisión. En el catálogo, junto a cada obra reproducida, figuran poemas de Juan Boscán, Garcilaso de la Vega, Gaspar Gil Polo, F. de Quevedo, Gustavo Adolfo Bécquer, Pablo Neruda, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Miguel Hernández, Leopoldo Panero, Ildefonso Manuel Gil, Blas de Otero, Ángel Guinda y Miguel Labordeta. Cuadros entre 2006 y, sobre todo, 2010.

Estamos ante una exposición intachable, hermosa, muy bien pensada, que obedece al que consideramos como un maestro en pintura y grabado. Si pretendemos profundizar con lógica en los cuadros de la exhibición es imprescindible repasar algunos períodos pictóricos, para así evitar toparnos con laberintos insolubles. En 1967, con 24 años, su obra abstracta contiene elementos geométricos, como triángulos y cuadrados, amplios planos curvos cargados de materia, incisiones y detalles signales, mientras que en 1969 se interesa por un suprematismo al que incorpora telas, cartones, clavos y uralita. Tras dos posteriores períodos, uno desde 1972 y otro desde 1977, en 1993, con 50 años, inicia la actual etapa mediante esa palpable evolución vía texturas, colores y formas con dispares enfoques. Ahora estamos, por tanto, ante una impecable y hermosa combinación de la geometría, que comenzara en 1967, y el desnudo femenino, que comenzara en 1993.

Colores, dispares texturas, campos geométricos, sugerencias espaciales y desnudos femeninos son la exacta y compleja mezcla que configuran cada cuadro. En los colores predominan los tonos neutros, que sirven como perfecto colchón para incorporar poderosos negros y exclamativos rojos que ubica en áreas tan dispares como el cuerpo femenino o un plano geométrico. Las texturas pueden ser mínimas o granuladas con cierto grosor cambiante que ubica en lugares muy cambiantes, entre las cuales destacan las incorporadas en algún desnudo femenino como si fueran un elemento invasor que altera la realidad anatómica. Los planos geométricos son clave en cada cuadro, de modo que rectángulos, círculos, bandas en suaves quiebros y cuadrados se ubican en lugares muy dispares y tienen cambiantes tamaños, incluso acogen una figura femenina, con lo cual se garantiza la compleja variedad formal. En cuanto al uso espacial cabe sugerir que es el justo para que cada figura resalte de forma adecuada. Pero, ¿y los desnudos femeninos? Tienen absoluto protagonismo. Nos encanta, nos fascina, que Pascual Blanco, con 67 años, vibre seducido por la mujer. En realidad estamos ante figuras femeninas en muy dispares posturas y de gruesa anatomía con medidas dosis eróticas. Casi como norma pinta la silueta, que se enriquece mediante colores, texturas y sutiles sombreados. Se diría que posa cierta intimidad femenina con distancia atemporal, de ahí su quietud, como si fuera observada por cualquier ansioso e inocente mirón atrapado ante tal cúmulo de cambiante belleza.

Exposición impecable, atractiva, palpitante, que manifiesta su diáfana madurez artística. Queda por añadir un rasgo fundamental. Aludimos a la generalizada sensación de frescura que desprende cada cuadro, sin duda por carácter vital e inagotable ilusión ante el inagotable gesto de pintar.


Isabel Biscarri: Esto es libro

El 13 de enero, Biblioteca de Aragón en Zaragoza, Isabel Biscarri (Zaragoza, 1960) inauguró una exposición de escultura distinta y extraordinaria, con refinamiento fuera de la norma, como homenaje, según indica su autora, al fallecido pintor mexicano Alberto Gironella, que no supo entender la vida sin la lectura, que le acompañó de modo tan incansable e implacable como la pintura.

Estamos ante esculturas de papel, incluso fotografías, tal como se indica en el catálogo, enfrentadas en obvia paradoja a imágenes de columnas reales deconstruidas por el lenguaje fotográfico. Primera exposición realizada mediante algunos libros y, sobre todo, catálogos y revistas. Con materiales tan delicados realiza columnas, capiteles y formas abstractas de dispares tamaños e inusitada variedad sensible, delicada, que configuran un conjunto artístico repleto de imaginación y belleza, con el aliciente de que los textos y los colores de libros, catálogos y revistas contribuyen a la complejidad visual y cromática, pues no olvidemos que en cada escultura es factible captar lo sugerido al estar cada hoja separada por mayor o menor distancia. Todo se aromatiza de cierta indescriptible fragilidad que aletea inmóvil por doquier, como si lo fugaz dominara sin posibilidad de cambio. La natural geometría dominante colabora en la complejidad formal, siempre al servicio de imágenes, tanto abstractas como figurativas, que potencian la generalizada quietud como muy positivo atributo.

Exposición diferente, con derroche de trabajo, como indiscutible sorpresa al toparnos con una artista que de múltiples hojas, siempre papel, han emergido obras de arte.


Héctor Puértolas: Orígenes

En la Sala CAI Barbasán, de Zaragoza, se inauguró, el 20 de enero, la exposición Héctor Púertolas. Orígenes, correspondiente al pintor y escultor nacido en Zaragoza el año 1988.

A objetar aquellos cuadros con derroche de texturas, nunca dominadas, y la incorporación de otros elementos en una suerte de aquí todo sirve. Las obras tipo Conducto de un rostro, H2o y Cosmos. Desierto, todas de 2010, viven como el perfecto ejemplo de esa impecable combinación entre los fondos espaciales, con altas dosis de azar e imaginativas por profundidad y campo formal, y el movimiento generalizado de una bella geometría, tan poética, que contrasta con dichos fondos. Ámbito racional y dosis irracional.

Sobre las esculturas ninguna conclusión por su escaso número. Dominio del volumen, sin duda, y simplificación formal al servicio de una idea temática.


Dibujos de Alejandro Silván

En la zaragozana galería Carolina Rojo, se inauguró, el 24 de febrero, la exposición del arquitecto Alejandro Silván Castiella (Zaragoza, 1980), con estudios en la Escuela Superior de Arquitectura de la Universidad de Navarra. Junto con su trabajo profesional, desarrolla proyectos fotográficos que, tras un estudio y proceso creativo, han derivado en su primera exposición individual mediante dibujos de pequeño formato a mano alzada de limpio trazo y siempre con rotulador.

Exhibición titulada X.Y.Z., con sugerente instalación afín a los dibujos, que enlaza con obras como apuntes volumétricos y arquitectónicos. El arquitecto, en plena pared, escribió el siguiente texto:

El proyecto expositivo se entiende como un todo, un conjunto de apuntes volumétricos y arquitectónicos de trazo sencillo y limpio colocados a lo largo del espacio creando una perspectiva más.

Sacado el dibujo del papel y trasladado a la sala se incluye al espectador en esta instalación formando parte importante de la perspectiva volumétrica de la galería.

El muy considerable número de dibujos sobre fondo blanco, se caracterizan por una imaginación electrizante, siempre al servicio de escuetos y cambiantes panoramas urbanos con el rascacielos como gran protagonista. A sumar las perspectivas infinitas con calles que jamás acaban, pura invitación para caminarlas, y edificios a vuelo de pájaro que se traducen en formas extrañas de total atractivo. La línea en estado puro, siempre la línea, abraza cualquier sentimiento neutro para transformarlo en un estado de atracción constante. Lo dicho como evidente simplificación nuestra. Desde un ángulo creativo nada que objetar, por supuesto, pero sería aconsejable que en la próxima exposición incorporara obras de mayor formato, con el simple objetivo de ampliar su espectacularidad hasta grados impredecibles.


Eduardo Cebollada. Naturaleza Infinita

En la Universidad de San Jorge, Facultad de Comunicación, se inauguró, el uno de marzo y con prólogo de la conocida pintora y grabadora Silvia Pagliano, la exposición Eduardo Cebollada. Naturaleza Infinita, que corresponde a un artista con definida trayectoria desde su reciente dedicación pictórica. Exhibición comisariada por Patricia Aliaga Lorente.

Los cuadros de Eduardo Cebollada tienen esa definida unidad inquebrantable dentro de su abstracción con dosis expresivas. Al hermoso y cambiante color, oscilando entre lo lírico y lo férreo, cabe añadir la impecable combinación de los muy irregulares planos que trazan todo tipo de formas unidas por su constante movimiento a la búsqueda de cualquier frontera para romperla, para hacerla suya y crear otros inquietantes ámbitos. Formas invasoras crujiendo entre alteradores espacios.


9º Premio de Pintura Delegación del Gobierno en Aragón

Premio inaugurado en el Museo Ibercaja Camón Aznar el 18 de marzo, que, que en la línea de otros, permite sacar alguna conclusión. En principio, como realidad detectada hace escasos años en otros premios, cabe sugerir que de los 27 cuadros vistos en el catálogo sólo José Ramón Magallón Sicilia es abstracto, uno de mis pintores preferidos en Zaragoza, con obra excepcional basada, de forma consciente, en la geometría euclidiana y el añadido de otros temas. En Zaragoza, antaño, los artistas abstractos y los figurativos iban, en cuanto a número, más o menos igualados. La abstracción, sin duda, estaba más presente. Ni de lejos dudamos sobre la eficacia y el conocimiento artístico del jurado, pero el cuadro premiado, Humedad en el aire, de María José Laplana Galindo, es, tal como está resuelto, una simpleza total, con los cuatro niños sentados en bañador sobre fondo abstracto para crear un evocador espacio. Ya sabemos que existen numerosas obras geniales con temas más que sencillos y simples, pero este no es el caso. Nos alegra la adquisición de Taller de costura, cuadro de María José Pérez Vicente, nacida en Teruel el año 1965 y afincada en Valencia, con una obra madura, compleja, producto de esa coherente evolución durante años mediante períodos muy bien diferenciados. Sobre la excepcional pintora Louisa Holecz sentimos afirmar que presentó una obra con el tema muy forzado, de ahí la incoherente acumulación de rostro, melena ocultándolo en gran parte y como remate cabeza del animal que sea vía hueso puro. A destacar, además, las obras de Pilar Martínez Carnicer, cuadro bello, sorprendente e imaginativo, pero con el color del fondo un poco inapropiado, Alejandro Monge Torres, Eduardo Lozano Chavarría, José Moñú, Víctor Murillo Ligorred, María Pía Pablos Abiol y Manuel Ramos Armijo.

Lo importante, en definitiva, es que se mantengan los premios como otra eficaz ayuda a los artistas y visión global del arte en fecha específica. Con los años, según hemos indicado en tantas ocasiones, los catálogos, los premios como tales, son documentos imprescindibles para cualquier historiador de arte.


Pinturas de José Moñú

Bajo el título José Moñú. Dientes de leche, se inauguró en la Sala CAI Luzán, el 16 de marzo, la exposición de un pintor con trayectoria meteórica, pues no olvidemos que su primera exposición individual fue, salvo error, en 2006, con 25 años. Meteórica, además, si consideramos que exponer en dicho espacio se reserva para artistas con mayor trayectoria temporal.

Nuestro primer conocimiento de su obra fue cuando expuso, el año 2009, en la zaragozana galería Cristina Marín. Su enfoque pictórico, en cuanto a tema y color, era el mismo, salvo algún cuadro, que en la presente exposición, con el agravante de ofrecer una carga matérica tan gruesa que ni de lejos sabía dominarla. En la presente exhibición se detecta el cambio, de manera que la capa matérica es menor y con cierto dominio técnico.

Fuertes colores y formas ondulantes de marcado movimiento, con ritmo bien acoplado, vibran al servicio de rostros deformes con repetidas miradas fijas, obsesivas y penetrantes. Vayamos con un detalle de ineludible cita que hemos comentado en alguna ocasión. Muy a principios de los años setenta visitamos en dos ocasiones el antiguo Psiquiátrico de Zaragoza, justo cuando trabajaba el pintor y psiquiatra Leopoldo Irriguible, mientras que la pintora Julia Dorado dirigía un taller de pintura como terapia para los internados. Los enfermos mentales, de forma natural e instintiva, siempre mostraban temas como sencillos paisajes, lo sexual, lo religioso y rostros deformes con repetidas miradas fijas, obsesivas y penetrantes, lo mismo, pero un calco, que los cuadros de José Moñú. Con esto, sin más, sugerimos que este pintor vive desde su particular hondura lo que sea, con la urgente e ineludible necesidad de mostrarlo en cada cuadro, como si fuera su permanente alivio por razones a especificar. Estamos ante rostros y miradas que revientan, de manera incontenible, desde el interior hacia fuera, siempre a través del pensamiento de José Moñú que fluye espontáneo como íntima y eficaz liberación. Basta ver, como comparación, los rostros en algunos cuadros de Francis Bacon, Jean Dubuffet, Bengt Lindström, Antonio Saura y Willem de Kooning. Obra expresionista figurativa, la de José Moñú, que requiere mayor perfección técnica y un cambio formal apreciable en algún cuadro.


Documental sobre el pintor Manuel García Maya

El pintor y dibujante Manuel García Maya ni requiere presentación, pues cualquier persona vinculada con el arte en Zaragoza recuerda la exposición retrospectiva inaugurada en el zaragozano Torreón Fortea, ni digamos como propietario del bar Bonanza desde su inauguración en 1973, con exposiciones sin fondo por número y el singular ambiente frecuentado por artistas, poetas y un fecundo recorrido con ejemplares de la más variada especie humana. Lujazo libre y, encima, gratis.

El 17 de febrero, centro Joaquín Roncal, calle San Braulio, 5-7-9, se presentó el documental Manolo Garcia Maya. Desde el otro lado de la barra, que realizado por José Manuel Fandos y Javier Estella nos evoca su excepcional y querida persona como si fueran cambiantes trazos pictóricos ensamblados por la cámara. Trazos que transcurren mediante diferentes testimonios, véase, por ejemplo, el de Eduardo Laborda, y un Manuel García Maya transformado en intachable actor espontáneo, natural, que comenta sus abarcadores criterios intelectuales, algunos de sus sabrosos e imaginativos chistes, con el sexo bruto como máxima especialidad, y el impagable acto sobre cómo pinta un cuadro abstracto tipo chorreo y cómo realiza un dibujo figurativo con sus habituales rostros. Ni digamos el gozoso método para beberse cualquier cubata de un trago, por supuesto sin hielo, en una décima de segundo: real. De postre el jardín hogar de su casa sentido cual ámbito de meditación. Documental, en definitiva, que completa la fascinante personalidad del protagonista.


Cuadros de Javier Turrado

El 18 de marzo se inauguró la exposición Pinturas de Javier Turrado en el Espacio Fundación Labordeta, de momento algo desconocido pero que está en el paseo de los Ruiseñores, número 39. Cuadros que son la consecuencia de una estancia en la India durante seis meses desde la Navidad de 2009, de modo que figuran veintiuna obras entre cuadros sueltos, dípticos y trípticos. Pintor nacido en Madrid el año 1964, el catálogo tipo díptico tiene prólogo de José María Benedí.

Cuadros con mayor o menor carga matérica, que se acompaña por la proliferación de planos irregulares móviles para mostrar cierto leve dinamismo y de formas geométricas, como cuadrados y rectángulos, que colaboran para atenuar dicho movimiento y ofrecer mayor variedad visual. Todo flotando entre insinuaciones espaciales de fuerte color. En dichos planos irregulares móviles reside una de las claves principales, dado que en su interior bullen otras formas que le confieren notable belleza intrigante al tener una especie de vida propia. Estamos, además, ante la permanente insinuación sensorial vía emotividad con marcada carga poética. Otra variante se da en aquellos cuadros, no demasiados, con presencia de siluetas humanas, cuya carga enigmática procede de su anonimato ante la ausencia de rasgos faciales.

En otras ocasiones, y las que nos quedan, hemos comentado sobre el pintor metido a literato, en el sentido de frases y palabras sueltas que pretenden ofrecer mayor riqueza visual y un elemento que, en teoría, enriquece el gesto pictórico por sus hipotéticas dosis poéticas. El resultado, en la mayoría de los casos, es un auténtico desastre porque nunca se acopla al discurso pictórico por excesivo protagonismo, con el agravante de que el pintor que sea demuestra un nulo sentido poético. Aquí, con Javier Turrado, ocurre lo mismo. Citamos palabras sueltas y alguna frase: Bloom (Flor), Blow (Soplar), Cows (Vacas), Walking (paseando), Where the rain shines for you (Donde la lluvia brilla para ti), Flowing souls (Fluido espiritual) o Looking for my Lorraine moor (algo así como Mirando más para mi Lorraine). A veces, como punto álgido negativo, figura Bloom (Flor) en el centro de lo que parece ser la cabeza de una silueta humana, hasta tal grado que la palabra ejerce como gran protagonista del cuadro al resaltar de manera muy destacada. En alguna obra, no obstante, lo literario se acopla bien en lo pictórico.

Lo indicado, caso de las palabras y frases, jamás anula el sólido discurso que transcurre a través del color y del cambiante énfasis formal, siempre al servicio de variados azares y sensaciones perforando, vía imaginación, cualquier pensamiento.