La ciudad visible / La ciudad en juego

El Instituto de Arquitectura de Euskadi (IAE) en San Sebastián, se ha convertido en un espacio de diálogo entre el mundo real y el virtual con esta exposición. Este proyecto itinerante, que llega desde Madrid, explora la fascinante relación entre los videojuegos y el desarrollo urbano, trascendiendo el puro entretenimiento para adentrarse en la capacidad de estos para influir en la percepción, el diseño y la planificación de las ciudades.

Comisariada por Luca Carrubba y Eurídice Cabañes, directores de Ars Games, la muestra se presenta como un análisis que trasciende la dimensión lúdica de los videojuegos para profundizar en su capacidad de influir en la percepción, el diseño y la planificación de las ciudades. Asimismo, Ars Games, organización internacional sin ánimo de lucro, se caracteriza por un enfoque multidisciplinar que integra el arte, la educación, la investigación, la inclusión digital y la participación ciudadana en el discurso sobre la tecnología.

La exposición pone de manifiesto la dualidad de la ciudad como constructo material y simbólico, subrayando la importancia de los lenguajes, las representaciones y las narrativas en la percepción y la experiencia del espacio urbano. En este contexto, los videojuegos emergen como un nuevo lenguaje para la conceptualización, construcción y experimentación de la ciudad, así como una plataforma para la reflexión sobre el impacto de las nuevas tecnologías, en la configuración del espacio urbano contemporáneo. Por tanto, la muestra no se limita a una representación virtual de la ciudad, sino que explora cómo dicha interpretación digital condiciona nuestra experiencia del espacio físico y cómo puede servir de catalizador para la innovación en el diseño y la planificación urbana.

Todo el recorrido se estructura en cuatro ejes temáticos transversales: Arquitectura de los espacios de juego, Game Tourist, Gobernanza Lúdica y Ludictaduras. En ellos, se exhiben obras y creaciones de artistas como Aida Navarro, Mathias Klenner, Sofía Balbontín, Dinosaur Polo Club o Leo Sang, entre otros, que reinterpretan los videojuegos y proyectos relacionados on esta industria utilizando la museografía.

Un total de tres serigrafías originales, trece fotografías in-game (arte de la fotografía de videojuegos), dos visualizaciones de datos gráficos, un script informático, una maqueta de gran tamaño, una amplia gama de planos, seis piezas audiovisuales, cuatro instalaciones y una experiencia de realidad virtual están en exhibición.

Todo ello conforma un viaje que apunta hacia la función transformativa del ludus, como espacio de creación y reflexión colectiva en torno a la ciudad, en donde encontramos las siguientes evidencias:

  • Simulación urbana interactiva: videojuegos como SimCity o Cities: Skylines funcionan como plataformas de simulación urbana interactiva que permiten a los usuarios experimentar con diferentes modelos de desarrollo urbano, gestionando recursos, infraestructuras y servicios. Esta experiencia lúdica fomenta la comprensión de las complejas dinámicas urbanas y promueve una mayor participación en la planificación de las ciudades.
  • Estética virtual en el espacio físico: la influencia estética de los videojuegos en la arquitectura y el urbanismo se manifiesta en la creciente presencia de edificios y espacios públicos que incorporan elementos visuales y conceptuales propios de los entornos virtuales, como se observa en construcciones inspiradas en juegos como Minecraft o Cyberpunk 2077.
  • Realidad virtual (RV) en el proceso de diseño: la realidad virtual se ha consolidado como una herramienta clave en el proceso de diseño y planificación urbana, permitiendo a los profesionales "sumergirse" en sus proyectos, experimentar el espacio en primera persona y realizar modificaciones en tiempo real, lo que se traduce en una mayor precisión, flexibilidad y creatividad en el desarrollo de los proyectos.

Por todo ello, es una exposición que trasciende el ámbito de lo lúdico para invitarnos a reflexionar sobre cómo las nuevas tecnologías, y en particular los videojuegos, están transformando nuestra experiencia urbana, y cómo podemos utilizarlas para construir ciudades más sostenibles, inclusivas y habitables.

En conclusión, la muestra del IAE constituye un análisis riguroso de la intersección entre la arquitectura, el urbanismo y el mundo virtual de los videojuegos, ofreciendo una perspectiva crítica sobre la influencia de las nuevas tecnologías en la configuración del espacio urbano. Se abre un diálogo sobre las posibilidades que se presentan en el horizonte de la ciudad del futuro. Los videojuegos ya no son solo entretenimiento, ya que se han convertido en potentes herramientas para construir ciudadanía y un lenguaje capaz de conectar a las personas con el espacio urbano, tanto el físico como el virtual. Gracias a su naturaleza interactiva, los videojuegos nos permiten experimentar la ciudad de formas novedosas, explorar diferentes perspectivas y participar en la creación de espacios colectivos.


Implosión creativa


Francesca Woodman y Julia Margaret Cameron: retratos para soñar

Decía la fotógrafa norteamericana Francesca Woodman (Denver, 1958 – Nueva York, 1981) que las fotografías podían ser «lugares donde el espectador puede soñar». Este es el argumento que la comisaria Magdalene Keaney ha empleado para enhebrar el discurso de esta exposición, tejiendo un gran lienzo en el que las imágenes de Woodman y Julia Margaret Cameron (Calcuta, 1815 – Sri Lanka, 1879) parecen crear un universo onírico conjunto.

Cameron y Woodman fueron dos artistas y dos mujeres muy diferentes. Su aproximación a la fotografía también lo fue. Julia Margaret Cameron se inició en esta práctica en su madurez, a los 48 años. Por aquel entonces vivía en la isla de Wight y tenía como vecinos al poeta y dramaturgo Alfred Tennyson y a su familia, quienes se convirtieron en sus modelos. La artista procedía de una élite económica y social que le permitió tener el tiempo necesario para desarrollar su arte, sin preocupaciones. Se propuso conceder a la fotografía un valor artístico que hasta entonces no tenía y, para lograrlo, tomó como influencias el estimulante ambiente creativo victoriano. La pintura prerrafaelita —y por ende la del Quattrocento— le sirvió de modelo. A través del objetivo emuló a Burne-Jones o a Rossetti, pero también a Fra Angelico o a Perugino. En sus imágenes se constata un estudio minucioso del arte religioso del pasado y un fuerte influjo de la literatura de Tennyson, de la mitología clásica y de los textos bíblicos.

Por su parte, Francesca Woodman partía de un contexto familiar muy relacionado con el arte. Hija y hermana de artistas, nació en Colorado, aunque pasó un año en Florencia durante su infancia debido a una beca artística obtenida por su padre. En Italia fue escolarizada, aprendió la lengua italiana y sus padres adquirieron una casa un pueblo de la Toscana que se convertiría en la residencia de vacaciones de la familia. En este ambiente proclive al arte, Francesca comenzó a hacer fotografías a una edad temprana con una cámara Yashica. En los años 70 asistió a la Rhode Island School of Design, un prestigioso centro educativo para las enseñanzas artísticas, donde contactó con fotógrafos Aaron Siskin, profesor en el centro. Woodman fue admitida en el Honors Program de la RISD y pudo instalarse en Roma durante un año, en las instalaciones de la escuela en un palacio barroco romano. Durante aquel curso tomó clases de Historia del Arte, lo que tendría un impacto importante en su propia producción artística. A su regreso a Rhode Island en 1878 continuó formándose y se graduó. Posteriormente se instaló en Nueva York y realizó una residencia artística en New Hampshire. Sin embargo, un desengaño amoroso y la mala recepción que tuvieron sus fotografías le llevaron a quitarse la vida con 22 años.

Las vidas de Cameron y Woodman fueron muy diferentes. Sin embargo, el interés por el arte italiano, el sentido de la espiritualidad, la búsqueda de trascendencia y de elevación de su arte, fueron aspectos comunes a ambas. Por ello, esta exposición organizada por la National Portrait Gallery de Londres propone un recorrido por ciertas temáticas que fueron comunes a ambas artistas. Lo interesante es que, a pesar de los paralelismos, las aproximaciones a cada asunto son muy diferentes. Entre estos ejes temáticos se encuentran los ángeles y seres celestiales, la mitología, los dobles, la naturaleza en su relación con la feminidad, cariátides y formas clásicas, modelos y musas y hombres.

La exposición trae a Valencia no solamente fotografías de ambas autoras sino también otros materiales como los cuadernos de Woodman, hojas personales en las que realizaba todo tipo de anotaciones y a las que pegaba imágenes. Igualmente, las fotografías de Cameron vienen a veces acompañadas de facsímiles de manuscritos de Tennyson, lo que incide en esa base tan literaria de su producción.

La labor de la comisaria refleja una investigación profunda y una capacidad para poner en diálogo las obras de ambas artistas en torno a temáticas comunes. Más allá de lo argumental, hay algo en la estética indolente de la fotografía y la pintura victoriana común al arte de Woodman. Ni la distancia cronológica ni geográfica, ni la etapa vital tan diferente en la que se encontraban ambas artistas a la hora de tomar sus imágenes, son capaces de silenciar unas preocupaciones e intereses comunes. La exposición demuestra cómo, además, ambas fueron innovadoras desde un punto de vista técnico: Cameron preparaba las placas de vidrio y las impresiones a la albúmina y las revelaba en un laboratorio montado en su casa de campo. Por su parte, Woodman trabajó con técnicas originales como la diazotipia, pudiendo verse varios ejemplos en la exposición, en la sección dedicada a las cariátides.

La exposición viene acompañada de un catálogo con textos de la comisaria, de la conservadora de la Woodman Family Foundation Katarina Jerinic y de la historiadora de la fotografía Helen Ennis.


Luis Torres Pastor. Francesc Miralles

En 2022, la Institució Alfons el Magnànim Centre Valencià d’Estudis i d’Investigació de Valencia, publicaba el libro ROSA TORRES. La construcció d’un llenguatge, en el que su autor, el crítico de arte Francesc Miralles, desgranaba la dilatada trayectoria artística de la pintora Rosa Torres. La publicación era el segundo número de la colección Vides d’Art, dirigida por Martí Domínguez y maquetado por el diseñador Eugenio Simó. Dos años después, este mismo equipo ha abordado la edición de una nueva biografía de artista en esta ocasión sobre su padre, el pintor Luis Torres Pastor (Rubielos de Mora, Teruel, 1913 – Valencia, 2004).

Editado por la Comarca Gúdar-Javalambre y el Ayuntamiento de Rubielos de Mora, la monografía recoge el recorrido vital y profesional de este artista que desarrolló la mayor parte de su trabajo en la localidad alavesa de Laudio, en la que recaló después de sacar las oposiciones de profesor de instituto.

Junto al texto principal de Francesc Miralles y los complementarios de Ricardo García Prats y Martí Domínguez, el libro reproduce las imágenes de más de 50 obras, así como algunas fotografías del artista, junto con la documentación y los testimonios que ha aportado su hija Rosa.

Formado en la especialidad de Escultura en la Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, Luis Torres desarrolló no obstante la mayor parte de su obra en la disciplina de la pintura.

Miralles, después de ordenar los testimonios y documentos que aporta Rosa Torres sobre la trayectoria de su padre, señala la excelente consideración que tenía en la academia en la disciplina de Escultura, en la que fue distinguido con Matrícula de Honor por su profesor, el prestigioso escultor José Capuz.

Un mérito que cada patente en las esculturas reproducidas en el libro, en especial en la terracota “Muchacho con botijo” (1948), en la que Torres hace gala de su dominio del modelado de la anatomía humana en una impecable y atractiva contorsión praxiteliana.

Miralles subraya la dedicación entusiasta que Torres dedicó a la docencia, que ocupó la mayor parte de su actividad profesional como catedrático de Dibujo, por encima de la creación artística que, a pesar de su especialización y sus dotes para la escultura, encauzó finalmente hacia la pintura.

Luis Torres permaneció en Laudio desde 1952 hasta 1984, año en el que se traslada a Xàtiva para incorporarse al Instituto José Ribera. Durante esos más de 30 años expuso frecuentemente en el País Vasco, sobre todo en Vitoria-Gasteiz y Bilbao, así como en distintas salas de Logroño y Zaragoza casi siempre con la temática del paisaje. En 1955 desarrolló una estancia en la República Dominicana, colaborando en la Feria de La Paz y la Confraternidad.

En 1984, ya incorporado a la Comunidad Valenciana, continuará con su actividad expositiva, especialmente en Xàtiva, su destino docente, y en la capital, Valencia. Ese mismo año gana el Primer Premio en el XI Concurso Nacional de Pintura de Teruel, organizado por la Diputación de Teruel, con su obra “Playa de Puebla de Farnals”, temática que desarrollaría desde entonces: playas y grupos de bañistas frente al mar, sustituyendo a la de los paisajes montañosos y los caseríos de Euskal Herria.

No obstante, tanto en una como en otra temática queda patente su formación escultórica: en el tratamiento de la luz y en los fuertes contrastes de sus composiciones. Un aspecto que es más evidente en sus dibujos de la figura humana, que aborda como si de un modelado se tratara. Más que trabajar con la línea, Torres pone todo el énfasis en los volúmenes, alcanzando resultados de inusitada belleza. Algunos de ellos, realizados entre 1995 y 1997 con lápiz sanguina pueden disfrutarse en este libro.

En cuanto al color, sus referentes van desde Miró hasta Hokusai, en especial la serie de  “Las Cien vistas del Monte Fuji”, del artista japonés.

Sin embargo, la dedicación de su hija Rosa también a la pintura va a generar un curioso efecto de ósmosis entre los dos artistas que puede comprobarse en la publicación. La fragmentación del color en las composiciones de Luis Torres de las décadas de los 70 y 80 tiene su correspondencia en el característico tratamiento cromático de las manchas de color aisladas de la pintura de su hija. Y, por otro lado, la geometrización de los elementos del paisaje, como los árboles o la figura humana, de los cuadros de Rosa Torres, están presentes también en las últimas obras de su padre fechadas en la década de los dos mil. En ellas, el tratamiento matérico de la superficie, junto con la representación de la figura humana con una factura robusta propia de la escultura, constituye tal vez un guiño final del artista a su vocación original.


Impresos. La imagen de Japón y el Japón de la imagen

En el norte de nuestro país se ha inaugurado recientemente la exposición Impresos. La imagen de Japón y el Japón en la imagen. Dicha muestra se localiza en la Sala de Exposiciones de la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Galicia, enclave privilegiado situado en la ciudad de Pontevedra. En este espacio el visitante puede disfrutar de una propuesta innovadora y pionera que mezcla obra contemporánea de artistas gallegos con grabados ukiyo-e (predominando representaciones del teatro Noh) de los periodos Edo (1868-1912) y Meiji (1912-1926); además de algunos personajes populares contemporáneos, siendo este el caso del espíritu del bosque Totoro, protagonista de la película Mi vecino Totoro de Studio Ghibli.

Desde que el espectador entra en la sala se siente inevitablemente acogido por la misma. Esto es consecuencia directa de la apropiada disposición de las piezas, ya que está presente una sabia distribución de las creaciones, respetando siempre el suficiente espacio entre una y otra, ejerciendo esto un sutil descanso visual. El resultado del método empleado desemboca en una acertada contemplación limpia carente del posible “ruido” producido por la aglomeración de imágenes. Asimismo, la sala se encuentra dividida por un muro, actuando este a modo de velo para el visitante y avivando la curiosidad por lo que esconde. En ambas áreas el discurso es claro: ver cómo Japón está incidiendo en piezas contemporáneas de un buen número de artífices atlánticos gracias a las directas o sutiles referencias. Podríamos decir que la iluminación del conjunto es adecuada, donde la luz cálida y tenue marida perfectamente con la estética general.

No obstante, hay que advertir que todas las piezas aquí exhibidas carecen de cartela identificativa, elemento que quizás se torna necesario para visitantes foranos o que no tienen un amplio conocimiento sobre el grabado japonés o el arte contemporáneo; siendo este quizás, el elemento que llevaría el planteamiento expositivo a la perfección. Aun así, supliendo este aspecto, se han dispuesto sobre una mesa situada en la entrada un breve resumen de la muestra y una hoja de ruta en la que aparece un plano del espacio con las numeraciones de las obras, su distribución, el título de estas, los autores, las técnicas empleadas y el año de ejecución.  

Su comisario, el profesor de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Vigo, José Andrés Santiago, a dispuesto hábilmente todos los elementos que la componen; guiando al curioso de manera orgánica por la sala que se siente atraído debido a la presencia estética de lo exótico y de lo propio. Entre la nómina de participantes encontramos a Sabela Alonso Freire, Miguel Cuba, Ángela Estevez Correa, Carlos Fer, Anne Heyvaert, Santi Jiménez y Ana Soler Baena, siendo este un grupo que ostenta diferentes trayectorias y estéticas; lo cual es perfecto porque demuestra la impronta nipona tanto en artistas emergentes como en consolidados. Conectándose así los impresos del pasado con los medios de expresión actuales.

Por otro lado, debemos de señalar que dicha muestra no hubiera sido posible sin la cesión provisional de piezas del coleccionista y profesor David Almazán, quien desde el primer momento se interesó por la iniciativa. De este modo, el visitante puede disfrutar desde obras eróticas y sugerentes hasta reinterpretaciones más clásicas basadas en los kimonos o las oiran.  Asimismo, la inauguración de la exposición se insertó dentro del programa del XVI congreso nacional y VII internacional de la Asociación de Estudios Japoneses en España que llevaba por título “La imagen de Japón y el Japón de la imagen”, celebrado durante los días 25, 26 y 27 de septiembre en la ciudad de Pontevedra. No obstante, está acertada muestra va a dilatarse más en el tiempo, pudiendo así contemplarse hasta el próximo 17 de octubre.

En definitiva, y para concluir, debemos de reconocer y poner en valor esta agrupación de obras debido al esfuerzo personal y la implicación social que subyace desde su génesis. A título personal, solo queda decir que ojalá esta iniciativa actúe como germen para que en el futuro aumenten este tipo de muestras relacionadas con el País del Sol Naciente, las cuales tienden puentes y fortalecen los nexos que conectan el territorio galaico con el archipiélago nipón.


Una nueva mirada a la Colección Circa XX

La Colección Circa XX pertenece al IAACC Pablo Serrano desde finales del año 2013, momento en que fue adquirida a la coleccionista Pilar Citoler -mediante una propuesta mixta de donación y compra-. Desde entonces ha formado parte de los fondos que el museo se encarga de estudiar, poner en valor y difundir mediante la inclusión de sus obras en la colección permanente, en exposiciones temporales o a través de diferentes comisariados específicos.[1] La extensión sin término es una propuesta curatorial desarrollada por Lola Durán,[2] que ha planteado un recorrido tomando como base la idea de paisaje. El término es clave dentro de la Historia del Arte y en el territorio de la contemporaneidad. Por citar tan solo dos ejemplos, sin la pintura a plein air o la fotografía centrada en el paisaje no podríamos comprender el arte actual. También los artistas incluidos en Circa XX se han visto atraídos por el paisaje, en sus múltiples posibilidades de representación.

La muestra fue exhibida previamente en el Centro de Arte y Naturaleza de Huesca (CDAN) – Fundación Beulas en el año 2022, así como en el Museo de Albarracín y la Torre Blanca durante el año siguiente. El interés de la exposición radica en su capacidad para sumergirse en la Colección y extraer un nuevo discurso, una nueva mirada, para generar un recorrido emocional, que busca llegar al espectador a través de obras, formatos y  artistas muy distintos. Se encuentran conectados mediante cuatro grandes conceptualizaciones: Naturaleza pura; Arquitectura de las ausencias; Naturaleza habitada y Ocupación y destrucción. El recorrido se proyecta desde una primera naturaleza sin huella humana hasta el paisaje más grotescamente modificado por esta. Fruto del consumo sin control y de la falta de respecto al medio ambiente, el entorno se deforma y destruye. La impactante Otras geologías 4 (2006) de Daniel Canogar, se constituye como la mejor referencia. Entre ambos extremos, una presencia humana que se puede sentir pero que no resulta obvia y un contexto donde la apreciamos de manera clara.

Para concebir cada uno de los cuatro aspectos centrales de la muestra, la comisaria juega con la lectura simbólica de muchas de las obras. José Manuel Broto, artista cuya obra ha trabajado Durán,[3] se constituye como el punto inicial de una exposición en la que se incluyen nombres como Alfredo Alcaín, Miquel Barceló, Pablo Genovés o Cristina Iglesias. Nombres muy relevantes en los siglos XX y XXI que abarcan desde lenguajes cercanos al pop hasta otros que tienen que ver con la abstracción. En la combinación reside la clave de bóveda de lo planteado en La extensión sin término: partimos de una mirada previa, generada por la coleccionista que compró las obras que se presentan. Sobre ella se ha dispuesto el trabajo de la comisaria. A su vez, la Colección está pendiente de otros enfoques que puedan despedirse de las mismas piezas que ahora se reúnen bajo este leitmotiv. Las posibilidades son inabarcables.  



[1] Más sobre la colección y su incorporación a los fondos del Instituto en: https://iaacc.es/colecciones-museo/coleccion-circa-xx/ (fecha de consulta: 27/09/2024). El IAACC cuenta con el apoyo, de cara a la Colección, de la Fundación Aragonesa Colección Circa XX Pilar Citoler. Más información sobre la Fundación en su página web: https://www.fundacionaragonesapilarcitoler.org/ (fecha de consulta: 27/09/2024).

[2] Cuenta un dilatado recorrido internacional en el comisariado de exposiciones. Es además Doctora en Historia del Arte con la tesis La trayectoria artística de Pablo Serrano, defendida en la Universidad Autónoma de Madrid en el año 2015.

[3] De forma destacada y reciente en la muestra Broto. El Viaje 1994-2022, realizada entre el 27 de septiembre del año 2023 y el 17 de febrero del año 2024, en las Salas Goya y Saura del Edificio Paraninfo.


Entrevista a Isabel Serrano (Maiserra)

Es una suerte poder conversar con Isabel Serrano —Maiserra— (Zaragoza, 1995), una de las voces emergentes en el panorama artístico aragonés, una artista joven con una fuerte vocación por ámbitos como el intervencionismo comunitario, el arte urbano o la ilustración. Maiserra estudió Bellas Artes en Madrid para después asentarse en su ciudad natal, Zaragoza, donde continuó formándose y donde ha desarrollado proyectos en barrios como Torrero, el Gancho o la Magdalena. Artista entre lo local y lo global, en estos últimos años ha vivido la experiencia de una residencia artística en Nueva York o, en unas semanas, se trasladará a Londres para participar en un muestra organizada por el British Council Interconnected Realms: Exploring Togetherness (Europe House, Londres, 2024).

Al repasar tu trayectoria, tengo la sensación de que has encontrado un equilibrio entre salir de Zaragoza y volver a las raíces. ¿Cómo fueron esos años de formación en Bellas Artes en la Complutense?

La verdad es que fueron unos años increíbles, los recuerdo con mucho cariño. Yo empecé estudiando Psicología, pero siempre tenía en mente cómo podría cambiarme a Bellas Artes, y en particular a la Complutense. Me llamaba muchísimo el ambiente, sus pasillos con dibujos de los alumnos, las taquillas decoradas, las aulas… Era un entorno creativo que me atraía muchísimo.

Además de conocer a personas que se convirtieron en grandes amigas y vivir momentos increíbles, durante esos años tuve la oportunidad de experimentar con técnicas muy diversas: pintura, dibujo, escultura, fotografía… y explorar diferentes estilos. Probé desde lo más tradicional hasta lo más conceptual. Todo eso me ayudó a ir encontrando mi propia imagen artística y a entender mejor qué me gustaba y qué no tanto.

Y, por supuesto, vivir en Madrid durante esos cuatro años fue una experiencia maravillosa. Amo la ciudad y su energía, y suelo ir muy a menudo. A veces pienso que me hubiera gustado aprovechar más ese tiempo de manera profesional, pero desde una perspectiva más madura. Me doy cuenta de que esa etapa fue clave para poder analizar mi estilo y saber qué quiero y qué no quiero hacer, al menos de momento.

De aquellos años de estudiante de Bellas Artes viene tu serie de cuadros sobre los vicios. ¿Cómo surgió esa idea tan vibrante de trabajar al rotulador? ¿Crees que aquellos primeros cuadros han terminado definiendo tu estilo actual?

 

Completamente SÍ. Diría que fue lo primero que creé con lo que realmente llegué a conectar. Me gustaban mucho esos cuadros y me sentía muy a gusto con lo que había hecho. Desde entonces, en la mayoría de las obras que realizo, he seguido utilizando la misma paleta de colores, y aunque algunas cosas que hago ahora son diferentes, siempre conservan la esencia de esos primeros trabajos.

La idea surgió en tercero de carrera, para el proyecto final de la clase de pintura. Ya había hecho un boceto de unas manos fumando, simplemente por diversión, pero quise ir un paso más allá y buscar un concepto que diera cohesión a todo. Fue entonces cuando pensé en los “vicios” de la sociedad como tema central para crear una serie. Ahí empecé con la técnica del rotulador, la doble línea y esos colores que he seguido explorando, y que, en cierto modo, han definido mi estilo hasta el día de hoy.

Cuéntanos cómo fue tu experiencia en Nueva York en 2022.

Poder viajar a Nueva York fue realmente un sueño. Fui gracias a la beca Universtage para realizar unas prácticas como gestora cultural y, gracias al universo, terminé en Mothership NYC, una residencia artística en Greenpoint, Brooklyn, que se sentía como una comunidad y una familia, donde artistas de todo el mundo mostraban sus obras y realizaban exhibiciones en la azotea, con cuadros, conciertos, performances… ¡de todo!

También tuve la suerte de trabajar en Noonsphere Arts, un centro cultural donde se organizaban grandes eventos. Gracias a esas prácticas, aprendí mucho sobre la gestión de eventos artísticos y tuve la oportunidad de conocer a Sol Kjok, trabajar en su taller y aprender de ella. Entender cómo funciona una residencia artística desde dentro me enamoró por completo. Me fascinaba ver cómo las antiguas fábricas se convertían en talleres y casas, con sus escaleras de incendios y esas cristaleras enormes… ¡Para mí era como estar dentro de una película!

Aunque mi trabajo se centraba en la gestión, la ciudad en sí es una fuente constante de inspiración. Visité todos los museos y exposiciones que pude, y cada esquina tenía algo que me llamaba la atención. Aproveché para perderme, pasear, pensar y dibujar sin ningún tipo de presión, sin un objetivo concreto. Fue un tiempo para crear simplemente por el disfrute de hacerlo.

Siempre estoy buscando nuevas oportunidades para conocer otros lugares, conectar con artistas y aprender de ellos. Nueva York fue una experiencia que me marcó y me dejó con ganas de más.

Los trabajos que has realizado en los últimos años muestran un interés por las intervenciones comunitarias. En 2021 realizaste una intervención urbana pintando un mural en la calle Alfredo Balaguer, en el barrio de Torreo. ¿Podrías contarnos cómo surge esta idea?

Sí, siempre me ha llamado la pintura mural, ver fachadas enormes y muros pintados con diferentes estilos en grandes formatos. Es algo que siempre me ha llamado la atención y, además, me daba curiosidad cómo lo hacían. ¿Simplemente iban allí y pintaban? ¿A quién tenía que pedir permiso?

A finales de 2020, estaba trabajando de camarera y aprovechando para sacarme algunos títulos, ya que pensaba en presentarme a las oposiciones de profesorado. Como todos sabemos, la restauración se complicó un poco debido a la pandemia, y estuve un par de meses sin poder trabajar.

Mis padres siempre han vivido allí, al lado de ese muro, y ya le había echado el ojo desde antes; en mi mente, ya había visualizado que es lo que quería hacer. Así que, aproveché esos meses que tenía más tiempo libre, para llamar al Ayuntamiento, pregunté qué tenía que hacer, presenté la instancia con el boceto, y en Agosto me llamaron para llevarlo a cabo.

Lo autofinancé y lo hice en Septiembre, y fue una experiencia genial: pintar en la calle, ver a la gente pasar y poder charlar con ellos. Ver eso y, de alguna forma, dejar mi huella al lado de mi casa de toda la vida fue increíble.

Actualmente trabajas en el sector de la gestión cultural y la comunicación a través de la organización Viaje a la Sostenibilidad. Estudiaste el máster en Gestión Cultural de la Universidad de Zaragoza. ¿Qué crees que los artistas pueden aportar a la gestión cultural?

Creo que los artistas pueden aportar muchísimo a la hora de crear nuevos proyectos y presentar propuestas artísticas que beneficien a la comunidad. Muchas veces pensamos que la gestión cultural solo existe dentro de los museos, y no es así. Para mí, estudiar el máster fue como abrirme otra puerta después de haber salido de Bellas Artes y comprender que el pensamiento creativo y la imaginación pueden dirigirse hacia muchos caminos, más allá de hacer obras.

En este sentido, creo que los artistas pueden aportar innovación y creatividad, generando enfoques frescos con proyectos que conecten con la gente. Estos proyectos pueden utilizarse de muchas formas diferentes… para sensibilizar sobre diferentes temáticas, colaborar para abordar problemas sociales, trabajar con grupos minoritarios e incluso revitalizar espacios públicos, dándoles una nueva vida. Creo que el arte y la gestión cultural pueden realmente cambiar la escena de un barrio y de una ciudad.En 2022 ilustraste el libro Gancho, la memoria de un barrio, de Julia Laborda Abadía. Esas imágenes tienen una magia muy especial. A través de ellas nos haces pasear por el Gancho, casi conversar con sus gentes. ¿Qué podrías contarnos sobre este proyecto?

Fue un proyecto que me hizo mucha ilusión, ya que era la primera vez que mis ilustraciones se incluían en un libro. Además, se trataba del Gancho, un lugar donde estoy trabajando desde hace tres años y donde llevamos a cabo la mayoría de los proyectos locales de la organización.

El proceso me sirvió mucho para aprender e inspirarme en lo que quería ilustrar. Investigar sobre el barrio, asistir a algunas entrevistas y leer otros textos que Julia había realizado me motivaron mucho. Creé las ilustraciones basándome en lo que el Gancho significa para mí y en las historias compartidas por los entrevistados. Además, a nivel artístico, también disfruté mucho al definir mi estilo de ilustración, experimentando y encontrando algo con lo que me sentía cómoda e identificada.

Este año participas en la exposición Interconnected Realms: Exploring Togetherness, en la Europe House de Londres. La ilustración que has elegido para esta exposición colectiva es vibrante, enérgica y en ella vuelves a ese trazo sintético y al cromatismo de tus primeros cuadros. ¿Qué podrías contarnos de este último proyecto?

La verdad es que vi la convocatoria y decidí crear algo para presentarme. El concurso invitaba a los jóvenes a expresar creativamente el concepto de "unión" y el valor de la colaboración en temas de paz, democracia, igualdad, solidaridad y desarrollo sostenible entre jóvenes en el Reino Unido y la UE.

A partir de ahí, empecé a pensar en cómo quería representarlo, utilizando la imagen visual que siento más mía. Por eso decidí crear un cuerpo formado por varios cuerpos que sostiene el todo, porque, para mi, todos formamos parte de algo mayor. La idea del individualismo me parece que puede ser engañosa; y creo que lo que realmente nos une es lo que nos da sentido y nos permite crecer juntos.

Me presenté sin ninguna pretensión de ser seleccionada; a veces creo que así es más fácil. Cuando me lo dijeron, me emocioné muchísimo. Ahora, en noviembre, me invitan al evento final en Londres, una ciudad que también me ha inspirado mucho y a la que no he ido en 10 años. ¡Así que, imagínate las ganas que tengo!


Diversidad. Mercedes Millán – Flâneur. Pepe Torrecilla

Dentro de la programación de exposiciones del Festival Internacional de Cerámica Contemporánea CERCO 2024, Mercedes Millán y Pepe Torrecilla muestran su cerámica en el Torreón Fortea.

Millan, formada en la Escuela de Arte de Zaragoza, excelente escultora, ha venido modelando figura, retrato y vasijas. Ha realizado escultura pública, como A la maestra rural, realizada en bronce y acero, situada junto al museo Ángel Orensanz y Artes del Serrablo en Sabiñánigo, que fue en 2001 Premio Internacional de Escultura Ángel Orensanz del Ayuntamiento de Sabiñánigo.  Es en 2023 ganadora del concurso para la realización de los trofeos del festival de cine Espiellode Boltaña, la estatuilla, que podemos ver en esta exposición, será entregada a los ganadores de las distintas categorías del certamen durante los siguientes diez años.

En su larga experiencia ha tratado diversos temas, como mitología pirenaica aragonesa, amante de esta tierra y conocedora de las leyendas que los moradores imaginaban para explicar fenómenos naturales que no alcanzaban a comprender, seres fantásticos, maravillosos, sobrenaturales: dioses, hadas, fadas, dragones, diaplerons, menuto, duendes…  Además ha tratado mitos de culturas antiguas,  sumeria, mesopotámica, griega, egipcia, personajes de Odisea, equilibristas circenses, bestias representadas en iglesias románicas y en los bestiarios medievales, jabalíes alados, grifos, peces dentados, mantícoras y arpías.  Todos sus personajes realizados con gracia y movimiento, en rojos, dorados, azules, grises o verdes de calidad, consiguiendo los efectos de piel, escamas, pelo o pluma.

La artista ha realizado también humanos a lomos de animales reales o fantásticos que se desplazan individualmente o en grupos, lo que ponemos en relación con la exposición actual, Diversidad, tal como explica la autora: No me sobra ningún ser vivo de este planeta, ya sea vegetal o animal,  o humano, coloca a todos en la misma escala de importancia y solicita respeto para todos.  En esta comunión entre seres vivos, encontramos sirenas, animales fantásticos, humanos cuyo pensamiento fluye en libertad, paisajes en los que vemos la enormidad de la naturaleza frente a la pequeñez del hombre, que puede pasear sólo o en compañía de algún animal,  preciosas vasijas y platos donde representa animales, terribles peces, o humanos que se dan las manos que parecen estar sufriendo metamorfosis en ramas. Otro tema tratado anteriormente por la artista es la amistad, grupos de personas que se besan, charlan o celebran con copas en la mano, ahora encontramos grupos de personajes, hombres y mujeres nadan rodeados de extraños peces, seres filiformes parecen conversar y relacionarse.

Este tema, la amistad, ha sido tratado por su compañero, Pepe Torrecilla.  Ambos comparten aficiones musicales y artísticas.  Torrecilla, autodidacta, ocupado en pintura desde mediados de los años setenta, ha compaginado posteriormente esta actividad con la cerámica.  En pintura ha representado personajes de la movida zaragozana, bares, bailes, veladores con botellas de vino, fiestas, trabajadores que se desplazan en tranvía, autobús o en bicicleta. 

Sus obras están llenas de color y movimiento, unas cercanas al cómic, otras próximas al surrealismo.  Ahora realiza figuras planas, dinámicos hombrecillos que ocupan todos los espacios, tanto en pintura como en cerámica, son hombres-estrella de cinco puntas en infinidad de poses.  La exposición que nos ocupa, Flâneur, trata del caminante que despreocupadamente callejea por la ciudad sin rumbo ni objetivo, lo que el autor considera la materialización de la libertad.  Aquí presenta exclusivamente cerámica, barro y un collage denominado Proyecto, a modo de boceto de exposición.

Un gran hombre estrella, Figura origen,realizado en adobe, ocupa el centro de la sala.  En placas cerámicas hallamos el hueco de paseantes que parecen haber salido de allí para vagar por toda la ciudad.  Estos paseantes multicolores, situados sobre chapa color barro, en ocasiones no se limitan a pasear, en su libertad van más allá y corren, saltan, algunos parecen volar, otros caen en picado, todos muy alegres disfrutando su libertad.


Patrimonio e historia de la universidad pública en Aragón


Cosmogonía. José Orús

En el edificio de Rectorado de la Universidad San Jorge podemos ver una pequeña exposición de un gran artista, José Orús (Zaragoza, 1931-2014), una muestra selecta de sus últimos años de trabajo, comisariada por la crítica de arte Desirée Orús, con obras que abarcan de 2006 a 2014, hasta su fallecimiento. Pintor hasta el final, en palabras del artista: Yo pinto como vivo, si no pintara me moriría.

Se trata de uno de los precursores del informalismo en España, un artista personal, espiritual, individual e imposible de encasillar, que a mí me gusta definirlo como alquimista, porque en sus cuadros consigue la magia de representar la materia que vaga por el cosmos, mediante luz, color y movimiento. Para su consecución, llevada en secreto en su taller-laboratorio, ha fabricado sus propios materiales. Su técnica es mixta de complicada elaboración, cada cuadro, cada color, cada tendencia necesita una cocina diferente, según nos informaba el propio autor.

A lo largo de toda su vida ha experimentado con la luz, conseguida en sus diferentes momentos con polvo de oro, plata o bronce sobre fondos negros o muy oscuros, formas que parecen flotar, levitar o explotar en el silencio del universo. Es a partir de 1970 cuando consigue distintos efectos lumínicos al aplicar luz negra a sus creaciones. Según va evolucionando en su investigación, los colores bajo el influjo de esta luz varían en su intensidad, en su brillo, en la vibración, en la permanencia de la luz en la oscuridad, y finalmente en el cambio total del color, lo que el autor denomina Mundos Paralelos, dos obras distintas en una misma según se someta a luz negra o blanca. Así los tonos grisáceos mutan mágicamente en verdes, el blanco puede resultar negro, naranjas devienen en amarillos, los rojos y azules pueden incrementar su intensidad.

Entre los cuadros expuestos hay una obra que podemos contemplar por primera vez, una luz de un rojo incandescente parece rotar y expandir su aura en el infinito negro. Toda su creación se caracteriza por el movimiento, unas veces lento, con la serenidad de un mar de lava de un sobrio plata sobre negro, otras veces la materia vibra. Una dinámica masa de un rojo muy luminoso, característico del artista, recorre el espacio a gran velocidad. Un cuerpo de un intenso anaranjado parece caer pesadamente irradiando luz. Magma rojo rota peligrosamente alrededor de un agujero negro que lo absorbe. Un derroche de color y movimiento.

La piedra filosofal que persiguió Orús toda su vida fue la luz, que consiguió atrapar en su obra para nuestro deleite.