Dos exposiciones atrapando el buen hacer desde parámetros muy diferentes. Los 36 dibujos de PACO LAFARGA, 18 de abril al 26 de mayo, obedecen al pequeño formato, salvo Piscina, con lápiz y difuminado como clave para ampliar lo formal. Todos entre 2012 y 2013. Prólogo de Antón Castro con datos del artista e impecable visión de su obra. Siempre con títulos orientativos sobre el tema, como De mañana, Interior Lyon, Atardecer en Morgana, Torre del agua, Paisaje nevado, Niebla, Metro, Osma naranja, Niebla en Ranillas, Perro, Muñeca, Gato, Sacos y Frutas.
La extraordinaria técnica, producto de la línea dominada, se pone al servició de interiores con figuras femeninas y masculinas o dejados en su vacío íntimo, ese duro ojo en un primer plano, un niño jugando en la piscina, bodegones, paisajes con vistas globales, carreteras perdiéndose hacia cualquier lejanía y la soledad de una figura masculina avanzando de espaldas desde su interioridad sin comunicarse. Temas empapados de quietud con impecables, variadas y envolventes atmósferas como clave de las múltiples sensaciones que gotean incesantes fiel reflejo de la realidad.
La exposición de PILAR URBANO, 6 de junio al 13 de julio, comprende cuadros y dibujos, de 2013, bajo el título Materia Oscura. Los cinco cuadros, uno enmarcado con cristal, tienen el mismo planteamiento formal y cromático. Vemos como un placer contemplar el íntimo ritmo de la brocha con su peculiar y cambiante huella, ni digamos esa tosca belleza de la arpillera en un cuadro que rompe el lienzo desde un ángulo formal. Algunos cuadros se alteran mediante planos irregulares negruzcos enriquecidos, en su conjunto, por grises y blancos, de modo que la ausencia de tono espacial sirve como multiplicador del generalizado vacío como norma en un primer plano.
Los numerosos dibujos, siempre rotulador negro sobre papel blanco, se reproducen en un catálogo con prólogo de Chus Tudelilla. No captamos la ausencia de algún cuadro. Dibujos que obedecen a impulsivos trazos gestuales formando muy dispares formas de indudable acierto por belleza artística y cambiante composición. Ni digamos los trazos que giran para crear óvalos unidos hasta languidecer en su final o el sutil entramado del blanco entrevisto detrás del negro. Todo obedece a un exacto cálculo dentro de la espontaneidad, lo cual es muy complejo ante composiciones exactas que empiezan y acaban en el lugar idóneo. El resultado general es un juego artístico de muy variada índole formal con la dominante geometría como gran protagonista.