En la galería Antonia Puyó, desde el 26 de mayo, se inaugura Duración I-VI, con extenso prólogo de Pilar Cruz Ramón que define los diferentes enfoques con el tiempo como gran tema de lo exhibido pero cambiando la imagen.
La exposición comienza antes de abrir la puerta con varios tacos adhesivos contrapuestos a los ubicados en la sala y en formato rectangular para mostrar las variantes de los suaves colores. Otra obra corresponde a un conjunto de las mismas frases repetidas, como en el castigo del colegio, hasta que la letra se deforma por la repetición perfil aburrimiento. Frases que son pensamientos del artista tipo Debo analizar la situación con coherencia, Procuraré las cosas con coherencia o Necesito pensar en profundidad cada idea. Desde un ángulo visual tenemos, por su atractivo, la contraposición entre la prueba de fábrica de un rotulador azul y las cinco cartulinas rectangulares verticales pintadas por el artista con rotulador azul hasta que se acaba la tinta. La exhibición concluye con un guardarrail auténtico ubicado en el suelo, para el artista como si fuera una escultura, que se remata en la pared por un alto número de fotografías en color, muy pequeño formato, que son una especie de testigo sobre la visión fugaz del conductor ante un paisaje que pasa incesante sin ser observado con detenimiento, en realidad como si no existiera. Dicha fugacidad se complementa con tres vídeos que muestran el parpadeo y el sonido de los intermitentes de cualquier coche.
Exposición muy compleja para los no iniciados en arte, que muestra dispares enfoques partiendo de una idea concreta, como matiz que vemos de gran complejidad hasta su total desarrollo sin fisuras. El tiempo, según indicábamos, transcurre con diferentes parámetros visuales y cambiante intensidad.