María Maynar (1959-2020), falleció el pasado 28 de febrero en Garrapinillos, (Zaragoza), donde residía y tenía su taller.
Tuve la oportunidad de conocerla gracias a Paco Rallo: él me pidió que escribiera sobre unas pinturas que ilustraban un poemario de Luz Rodríguez. El pez de la despedida.
María desbordaba genialidad, era artista en esencia, en su modo de pensar se revelaba reflexiva, reflejo de un proceder artístico meditado. Encarnó durante mucho tiempo a la artista laboriosa que realiza en su taller un trabajo minucioso y medido, controlado, creando obras donde el cromatismo ha tomado el protagonismo, impregnando al espectador de sensaciones y sensualidad.
En sus últimos años se manifestó muy libre, mostrándose como es, a corazón abierto, expresiva, emocional, intuitiva. María fue para su pintura, sobre todo luz, poesía y agua; vital. Dejaba que la mano fluyera para después ser limitada por el intelecto. Invertía el proceso, se dejaba llevar por el alma para ponerla en el soporte y después ligarla a un sentimiento.
Sus cuadros están llenos de la expresividad de las formas, sugerentes, que nacen de la emoción sin un control racional a priori, para posteriormente adaptarlas a una historia no narrada, tan sólo insinuada. Color que se desliza por la superficie, en una técnica inusitada (el temple al huevo), sin lugar a dudas una pintura única, diferente.
María vivió en Zaragoza hasta que a los 18 años decidió saltar a Barcelona y estudiar en la Academia de Bellas Artes de Sant Jordi. Poco después colaboró y trabajó, durante ocho años, con el artista Jesús Vilallonga, para posteriormente trabajar en solitario exponiendo sus obras en Barcelona, Agramunt, Atenas, Nueva York, Almería, Suecia, Marbella, Bilbao, Albarracín, y Zaragoza. Su última exposición fue en A del Arte con un texto maravilloso de Alejandro Ratia.
María, en su blog personal (http://mariamaynar.blogspot.com) decía: Estas pinturas quieren transmitir fuerza, valor, energía, movimiento… y delicadeza, suavidad, cuidado. Sigo el pulso del latido de la respiración del ritmo. Que susurra. ¿Qué susurra?
María era artista porque su vida la dedicó a pintar, pero sobre todo vivía el arte como un modo de vida, un canal donde volcar su mirada, una mirada que era intensa, que casi te atravesaba. Sirva este humilde texto para homenajear a una gran artista, una gran mujer y una buena amiga.