Este libro recoge las conferencias y conclusiones de uno de los foros de debate organizados en 2008 por el Consello da Cultura Galega con motivo de su veinticinco aniversario; concretamente, el que coordinó María Luisa Sobrino, catedrática del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Santiago de Compostela, sobre el sistema artístico contemporáneo. En él se invitó a un variado espectro de diferentes profesionales: un profesor universitario, la directora de un centro de arte contemporáneo, un artista, un periodista, y una crítica de arte. Desde estas múltiples perspectivas, se proponen discursos de orientación muy diversa, aunque todos tienen en común la combinación de teoría y propuestas prácticas y su identificación con sectores progresistas.
Esto es, desde luego, bien evidente en el artículo que abre el libro, firmado por el profesor Serge Guilbaut, catedrático de Historia del Arte en la Universidad de Columbia Británica (Canadá), conocido sobre todo por sus ensayos sobre la CIA y el mundo del arte durante la Guerra Fría, aunque también es un atento estudioso del arte más reciente, como prueba este texto, dedicado a los museos y el arte contemporáneo en la postmodernidad. Según el, se está creando una hiperinflación de la oferta expositiva, que no necesariamente está incentivando alternativas críticas, las exposiciones de tesis, las apuestas abiertas incluso a tipos de arte con los que no necesariamente se identifiquen el gusto y las preferencias de los directores de museos.
Gloria Picazo, directora del centro de arte contemporáneo La Panera, dependiente del Ayuntamiento de Lérida, que es a mi juicio uno de los espacios más destacados en España por las “exposiciones de tesis” que siempre plantea, parece responder en parte a eso en su ensayo. En él da cuenta de los trabajos de cinco artistas españolas con las que esa institución colabora desde hace tiempo, lo que le lleva a plantear cuestiones de identidad, asuntos de género, y de compromiso social.
Luego, el artista visual y comisario de exposiciones Pedro G. Romero habla de sus trabajos, sobre todo de su famoso y polémico Archivo F.X. que es un proyecto en el que lleva trabajando desde los años noventa, a partir del cual ha desarrollado un interés especial por los dispositivos de socialización y memoria, con particular atención al rol social del artista como personaje marginal.
También el periodista de La Voz de Galicia habla de su labor profesional, y de cómo a menudo resulta complicado ejercer la labor de mediación entre los insiders del mundillo artístico y el público al que supuestamente hay que informar de sus novedades, pues tanto los artistas como los comisarios parecen dirigirse exclusivamente a los ya iniciados, y hasta se molestan cuando algún periodista se toma en serio su profesión y, en lugar de funcionar como un altavoz que repite el dossier de prensa recibido, se atreve a explicar las cosas con sus propias palabras y desde un punto de vista personal.
Por último Ángela Molina, crítica de arte del diario El País, revela sus recelos hacia las subvenciones a la creación artística, los concursos donde siempre se presentan/ganan determinados artistas, u otros intríngulis de nuestro sistema artístico, incluido el coleccionismo institucional, que también está dominado por unos pocos en beneficio de casi siempre los mismos nombres, de manera que para evitar repeticiones/rivalidades entre museos dependientes de fondos públicos, ella propone que se coordine un programa de intercambio de colecciones entre museos e instituciones, independientemente de que dependan del Estado, de un gobierno autónomo o de otros poderes.
En definitiva, son muchas las reflexiones críticas y las propuestas prácticas aquí recogidas, y es difícil no simpatizar con la exigencia de más debate que se defiende en sus conclusiones. Precisamente este libro es una excelente aportación en esa línea, y ojalá le sigan muchas más contribuciones en este sentido… sin esperar a que el Consello da Cultura Galega cumpla otros veinticinco años.