Aunque no lo parezca, o no se quiera creer el mundo actual que conocemos, nunca ha estado más necesitado de arte. Y de sus creadores artísticos, en particular, porque pueden ayudar al resto de la sociedad, a ser mejores personas, mejores ciudadanos. Bien cierto es, que el mundo del arte contemporáneo, tal y como lo conocemos, ha muerto. Y estamos hartos de escuchar, que: “hoy en día cualquier cosa, es considerada arte”.
Nos encontramos ante un nuevo Renacimiento de técnicas y planteamientos, utilizados por los jóvenes creadores, dónde aúnan la necesidad expresiva, con la búsqueda de nuevos soportes. Formando un conjunto expositivo, estimulante y necesario para comprender el arte actual.
El Premio Ibercaja de Pintura joven, que ya va por su séptima edición. Es uno de los pocos premios, del país que apoya a los artistas jóvenes, en el inicio de sus carreras. Y por qué no decirlo, uno de los pocos premios, que cuenta con miembros de la Asociación Aragonesa de Críticos, para que formen parte del jurado.
En esta nueva edición, se han presentado más de trescientos artistas, de todo el país. Siendo seleccionadas treinta y siete obras que se muestran, en la Sala de exposiciones, “Patio de la Infanta”, de la entidad bancaria. En cuanto a la exposición en sí, podemos dar buena cuenta de la variedad, en cuanto a contenido, forma y sobre todo, de técnicas. Aunque todas tienen un nexo común: Son obras de gran formato, que, de una manera u otra, reflexionan sobre el futuro del arte.
De las obras expuestas, debemos destacar a Juan Manuel De La Rica, por Las inquietudes de España, Óscar Nafría Giraldo, por su obra titulada Líquido. Diego Benéitez Gómez, por Allá en Castilla. Carla Hoet, por La siesta. Aurelio San Pedro Ríus, con su Recorrió su camino. Cristina Toledo Bravo De Laguna, Paseo matinal. Sarajevo, 1992. Y Abrahám Gascón Lozano, por su espectacular, Cruz bizantina anacronía cromática. En lo que respecta a las obras ganadoras. Del segundo premio, que fue para la obra titulada King, del zaragozano Eduardo Cruces Lacadena. Se trata de un acrílico figurativo, que recuerda al surrealismo mágico. Efecto de belleza, heredero del Renacimiento. El primer premio, fue para el colectivo Señor Cifrián, formado por las artistas Esther Señor, y Carmen Cifrián, que presentaron el políptico Dibujos de humo. Esta producción artística formada por dieciséis piezas, es el resultado de una investigación sobre las posibilidades de representación de los objetos habituales, convertidos en obras de arte. Congelados en el tiempo, como si se tratara de una cámara de las maravillas, del siglo XVII, o de una placa fotográfica de daguerrotipo, del siglo XIX. Estas obras, desafían nuestra percepción visual, adquiriendo conceptos de memoria y perdurabilidad. Un resultado novedoso, muy original y de gran belleza estética. Que plantea un nuevo paso adelante, en el tratamiento de la pintura, individual, y del arte contemporáneo, en general