El intento de comisariar una exposición colectiva con un grupo numeroso de artistas sólo puede dar lugar a un resultado irregular si el comisario no se fija una estrategia consistente de comunicación entre las distintas obras. Por eso, para que una colectiva con trece artistas tan diferentes entre sí sea coherente, lo que hay que plantearse es qué pueden tener en común tan heterogéneo grupo de creadores. Y la respuesta en este caso no reside en su obra ni en su técnica ni siquiera en su filiación plástica, sino en el probablemente único terreno que todos comparten, aquí y ahora. Ser artistas residentes del centro de producción e investigación Hangar.
Y este es el primero de los aciertos que la zaragozana Carlota Santabárbara tiene cuando recibe el encargo de comisariar una exposición colectiva con trece artistas en el espacio alternativo KKKB, en pleno barrio del Raval barcelonés. Siendo los trece residentes de un centro de producción comparten el lugar desde el que trabajan, y por tanto en vez de buscar coherencia y estabilidad en el ámbito expositivo, lo busca en el ámbito inmediatamente anterior, el productivo.
A nadie se le escapa que para que una exposición se materialice ha de haber un esfuerzo potente de estudio, horas de investigación, de pruebas, de ensayo – error, de dialéctica entre las ideas y su resolución material. Así planteado parece bastante natural visibilizar que la obra de arte no es (sólo) de carácter objetual, sino que es, ante todo, un proceso mental, un discurso creado por el artista.
De este modo se plantea la exposición Notebook, cuyo título no puede ser más adecuado y ajustado a lo que pretende. Un cuaderno de notas, un soporte de experimento, borrones, esquemas y bocetos. Un lugar privilegiado desde el que seguir el proceso, que al aumentar su resolución y enseñarse en público consigue implicar al espectador en los avatares de la producción artística.
Este acento en la reflexión previa y la idea se ve apuntalada por la elección de un soporte común para mostrar esta hoja del cuaderno de notas de cada artista. La elección del A3, un formato comercial estándar más cercano a la impresora y la oficina que al taller artístico, no hace sino reforzar en esa idea de registro de procesos mentales que acerca Notebook al arte conceptual. Accesible y barata, la hoja A3 aleja estas obras de la comerciabilidad y la espectacularización. Segundo de los aciertos de esta exposición.
Por último la insistencia en el proceso productivo además de dar pistas sobre el marco referencial – no siempre evidente – que hay en cada obra, inscribe al trabajo artístico en un sistema económico con una cadena de valor de la que la exhibición pública de la pieza es sólo un eslabón. Tercer acierto del proyecto.
Vista Notebook cabe preguntarse por qué en el sistema artístico tiene más predicamento la exposición que la creación y cómo no hay, al menos, tantos centros de producción como museos.
Por la línea conceptual se moverán la mayoría de los artistas que abren su libro de notas:
Diego Pujal se basa en una obra de Jorge Luis Borges para crear un código manuscrito que esconde una imagen que sólo se hará visible al ser transcrito en el ordenador, editado, guardado y abierto con arreglo a ciertas instrucciones.
Guillermo Pfaff se aleja de la plasticidad en la expresión artística al escribir en su A3 con una caligrafía medida y perfecta una frase escrita en diferentes lenguas, cuestionando el signo como elemento que convierte ideas en obras.
Jordi Ferreiro elabora un “calendario de adviento” del mes de septiembre, en el que cada día se descubre una de las fotografías que forman el póster y que resulta ser el registro de una serie de acciones conducentes a crear una obra de arte diaria.
Mónica Heller plasma el inicio de su manera de trabajar, que parte de infinidad de fuentes literarias y visuales que clasifica y transforma. Cada elemento se relaciona con los otros de manera aparentemente indescifrable pero acaban por construir un lenguaje personal y cada objeto adquiere una entidad diferente.
Rubén Verdú parodia la estructura social del arte con una sonrisa – clave de acceso a la esfera de lo público – estirada hasta convertirse en mueca.
Mercé Hernández por su parte se enfrenta a su papel en blanco durante los días en los que la exposición se mantiene abierta y realiza su obra in situ, desdibujando así el límite entre producción y exposición, sin posibilidad para el error. El borrador es literalmente la obra de arte.
Joan Cabrer en cambio presenta un boceto como elemento de trabajo, un acto puro de trabajo plástico que posteriormente trasladará al lienzo.
Alberto Gracia expone un fotograma del vídeo, expuesto en la sala, en el que cada artista explicaba sus intereses creativos, y que al pasar a papel evidencia sus imposibilidades.
Lo que propone Rita Rodríguez es una presencia activa y participativa del espectador que no puede acceder de manera pasiva a su trabajo ya que está enrollado y atado, de este modo se recrea en el placer del secreto, la posibilidad de lo que esconde y en la sorpresa de descubrirlo.
Lola Lasurt presenta una alegoría de la sensación de desnudo que experimenta el artista al desvelar la intimidad de su proceso creativo. Como su modus operandi se basa en la recreación pictórica de imágenes anteriores a su nacimiento, lo que muestra es una ilustración tomada de la Enciclopedia de la Mujer de Salvat de 1970 en la que se enseña cómo desollar una Lamprea.
Sergi Botella centra su trabajo artístico en su realidad más cotidiana, partiendo de vivencias personales que le permite evidenciar los engranajes afectivos y emocionales de las rutinas diarias. La pieza que presenta es uno de los retratos que realiza en los Monegros durante el festival anual de música electrónica.
Samuel Labadie fotografía un cuaderno de notas cuadriculado cuya trama ha marcado un dibujo con rotulador fluorescente, un gesto entre la actividad meditativa zen y la compulsión de seguir mecánicamente las líneas manufacturadas.
Por último Mariana Zamarbide se autorretata como Saturno devorando a sus hijos, que representa la angustia que genera el paso del tiempo y el ritmo de trabajo actual. De esta manera la artista se ríe de sí misma ante la imposibilidad de abordar su trabajo sin dramatismo y complejidad.
El trabajo de cada artista se puede consultar en los dossieres on line del Centro de Producción e Investigación de Artes Visuales Hangar, dependiente de la Fundación Asociación de Artistas Visuales de Cataluña http://www.hangar.org/gallery/album02
Así como en la web de la sala KKKB donde fue realizada la exposición http://www.kkkb.es/programacion/exposicion/notebook-36.html
Comisaria: Carlota Santabárbara
Artistas: Alberto Gracia, Diego Pujal, Guillermo Pfaff, Joan Cabrer, Jordi Ferreiro, Lola Lasurt, Mariana Zamarbide, Mercé Hernández, Mónica Heller, Rita Rodríguez, Rubén Verdú, Samuel Labadie y Sergi Botella.


