Nicholas Nixon en el Château d’Eau de Toulouse: una ínfima distancia

El Château d’Eau es uno de los centros de exposición de fotografía más prestigiosos de Francia. Fue fundado en 1974 por el fotógrafo occitano Jean Dieuzaide, convirtiéndose en la primera galería pública francesa dedicada a la exposición de fotografía, ubicada en una antigua instalación hidráulica junto al Garona, abandonada y amenazada por una inminente demolición. Desde entonces, importantes artistas franceses y extranjeros han pasado por las salas de esta galería, que cuenta además con una interesante biblioteca especializada en historia de la fotografía.

Nicholas Nixon (Detroit, 1947) es un reconocido fotógrafo norteamericano. Su actividad como creador ha venido acompañada de una labor como docente de fotografía en el Massachusetts College of Art de Boston. Su estilo fotográfico ha sido comparado con la obra de importantes fotoperiodistas como Walker Evans, cuyos célebres trabajos para la Farm Security Administration inmortalizaron la Gran Depresión americana de los años 30. Al igual que Evans, la fotografía de Nixon se ha mostrado comprometida con algunas de las crisis más importantes que ha vivido la humanidad en las últimas décadas como fue la epidemia del SIDA de los años 80 y 90.

Sin embargo, además de esta actividad de testimoniar graves problemáticas sociales, una parte destacada de su carrera fotográfica se ha centrado en el retrato de situaciones y escenas propias de la cotidianidad del artista, como es el caso de su entorno familiar. Al respecto, una de las secciones más celebradas de la exposición en el Château d’Eau de Toulouse es la famosa serie de Nixon sobre las hermanas Brown. Las imágenes de esta serie presentadas en Toulouse pertenecen a la colección de la Maison Européenne de la Photographie de París. En 1970 el fotógrafo conoció a Beverly Brown, familiarmente conocida como Bebe. Al año siguiente contrajeron matrimonio y se instalaron en la localidad de Brooklyne, frente a Boston. Las hermanas de Bebe eran Heather, Mimi y Laurie Brown. Todos los años la familia Brown organizaba en Connecticut una reunión en la casa de los padres de las cuatro hermanas, hacia mediados de agosto. Como forma de paliar el rechazo que Nixon sentía hacia las convenciones y compromisos familiares, propuso a las hermanas realizarles un retrato juntas cada año, para salir del aburrimiento propio de estos encuentros. La fotografía del primer año, en 1974, no satisfizo a las hermanas, y es por este motivo que la serie comienza en 1975. El protocolo de realización de esta fotografía es más complejo de lo que podría parecer. El orden de aparición de las hermanas en la imagen es siempre el mismo y la imagen definitiva es escogida entre ellas, cuestión que siempre suscita abundantes discusiones. Desde 1975 se conserva una imagen de cada año, todas ellas con una impresionante capacidad comunicativa. Las fotografías nos narran, sin palabras, de forma silenciosa, los eventos acaecidos en las vidas de cada una de ellas. El espectador se pregunta qué les llevó a cortarse el pelo en un año en concreto o cuál es el motivo de determinados gestos de tristeza o cansancio. Sin embargo, todo ello forma parte de la intimidad de las hermanas Brown que el artista respeta y no revela al público. La sensación final al contemplar todas las fotografías juntas es la de una gran melancolía pues la serie constituye un importante documento sobre el paso del tiempo en las familias. Como curiosidad, en 2020 y como consecuencia de la pandemia, las hermanas no pudieron reunirse y la fotografía es un montaje de cuatro retratos individuales realizados por Nixon.

El resto de la exposición funciona como complemento perfecto a la potencia visual y conceptual de la serie descrita. Se trata de imágenes de las ciudades norteamericanas en las que, lejos de mostrar una visión triunfalista de la cultura estadounidense, se construye un relato marginal, mostrando las afueras de estas grandes urbes y sus problemas de superpoblación, contaminación y consumo exacerbado.

Otra sección de gran carga y potencia visual es la destinada al retrato de la enfermedad, sobresaliendo la visión captada por el fotógrafo durante los años 80 y 90 de la epidemia del SIDA, creando imágenes atemporales y universales sobre el sufrimiento y la muerte. Cabe destacar la valentía de Nixon al retratar estos asuntos y al poner el objetivo sobre una enfermedad que generaba rechazo, juicios morales y marginación en esa época.

Así, el público tiene la oportunidad de ver hasta el próximo 16 de enero una selección muy destacada de la obra fotográfica de Nixon en la primera exposición monográfica de relevancia que le ha dedicado una institución pública francesa.