El pasado jueves 19 de diciembre, se inauguró en la sala de exposiciones del Torreón Fortea del Ayuntamiento de Zaragoza la exposición Ni sushi Ni yakuza. Hiroomi Ito, una muestra que se suma a otras presentes en la ciudad relacionadas con el País del Sol Naciente como: La mujer en Japón, de la colección Pasamar-Onila en el Palacio de los Condes de Sástago; Arte más allá de los límites, celebrando los veinte años de la Asociación Aragón Japón en la Sala i_10 del Centro Joaquín Roncal de la Fundación CAI; y, en este mismo centro, pero en el espacio Rincón con Arte, Un diálogo con las flores del artista nipón Masaaki Hasegawa. Todas ellas, son la respuesta del interés que desde hace ya varias décadas hay por el arte y la cultura japonesa en Aragón.
En el caso de la del artista japonés Hiroomi Ito (Tokio, 1970), comisariada por el historiador y antropólogo, especializado en Japón, el Dr. Mario Malo Sanz se nos presenta un conjunto de obras que como bien dicta su título, no trata de poner el foco ni en el sushi (plato típico japonés de pescado), ni en la yakuza (organización de crimen organizado en la que sus miembros suelen llevar unos tatuajes característicos). En este caso, el asunto principal es generar un diálogo entre la tradición y la contemporaneidad, así como la complejidad simbólica de algunos elementos, la despersonalización del individuo, la precariedad laboral, los problemas mentales originados por la COVID-19 o los fetichismos sociales japoneses.
Hiroomi Ito se graduó en la Universidad Nacional de Tokio de Bellas Artes y Música en 1996, universidad donde posteriormente cursó un máster, especializándose en 日本画o nihonga, término que podríamos traducir como “pintura japonesa”. El origen de este estilo pictórico surge posteriormente al periodo Meiji (1868-1912), momento en el que Japón abrió sus puertas a Occidente, provocando cambios sustanciales en todos los sectores, incluyendo el arte. Como consecuencia de ello, el fuerte influjo del arte occidental provocó el rechazo de la estética tradicional. Sin embargo, la pintura japonesa tuvo un golpe de suerte con la llegada a Japón del historiador Ernest F. Fenollosa (EE. UU, 1853 – Reino Unido, 1908), profesor invitado por la Universidad Imperial de Tokyo en 1878 para dar unos cursos de filosofía y economía. Junto al filósofo, escritor e historiador Okakura Kakuzō (Japón, 1863-1913) rápidamente advirtieron la encrucijada en la que se encontraba el arte tradicional japonés, lo que les impulsó a dar unas conferencias sobre la importancia del arte tradicional y el peligro que éste corría de caer en desuso. A partir de este momento convivirán dos estilos pictóricos yôga o pintura de estilo occidental y nihonga.
Las obras de estilo nihonga, se caracterizan por sus particularidades técnicas y formales. Como soporte suele utilizarse washi (papel) o eginu (seda). Los pigmentos utilizados suelen ser de origen natural (minerales, gemas y cáscaras de ostra), aglutinados con cola y aplicados con pincel japonés (fude). Así pues, estamos ante un artista formado en nihonga, y como tal pertenece al distinguido grupo de maestros que hoy en día sigue preparando sus propios pigmentos a partir de tintes naturales y minerales. Asimismo, realiza sus lienzos mediante papel de arroz y morera, articulados como biombos, en un gran número de ocasiones. Uno de los aspectos que destaca en la obra de Hiroomi Ito es la utilización de materiales poco comunes para la pintura como son la pasta de trigo o el té japonés. Aun así, la utilización de estos “ingredientes” no es fortuita, pues están cargados de significado y cobran sentido cuando analizamos las obras del artista, ya que la temática principal son platos comida. Hiroomi Ito, está influido por los artistas del periodo Edo (1603-1868), quienes representaron su contemporaneidad, el mundo natural y la realidad que les rodeaba.
Por otro lado, la experiencia de residir fuera de su país natal le ha permitido ser crítico con su propia cultura y cuestionarse el impacto del contexto actual, en una de las columnas vertebrales de la cultura japonesa, la estructura tradicional. Así, en su obras como Anomie: Whether I believe in God,I can not be determined, nos presenta un cuerpo desnudo a modo de plato, cubierto con comida japonesa. Esta obra puede hacernos pensar en la práctica japonesa de nantaimori (comer sobre el cuerpo de un hombre, siendo más común el nyotaimori, sobre un cuerpo femenino). Tanto el tipo de comida como la práctica morbosa de degustar ésta sobre un cuerpo humano, han sido dos elementos que se han exportado a Occidente como exótico y japonés. Ambos forman parte de la tradición nipona, sin embargo, actualmente aparecen desvirtuados por un Japón que pretende venderse a través de su tradición a cualquier precio. Por este motivo, en la obra estos alimentos no aparecen con el orden ni con la pulcritud japonesa a la que ellos acostumbran, están revueltos e incluso putrefactos, ya que podemos ver como aparecen manchas de moho, creadas por la degradación de los materiales (té japonés) y la su propia cultura.
Para Hiroomi Ito pintar es más “sabor” que un “color”, un sabor con matices críticos con un estilo pictórico tradicional japonés, pero con un contenido muy contemporáneo.


