Tradicionalmente enmarcados en una línea expositiva que abarca desde la arqueología clásica hasta el arte del XIX y comienzos del XX, los museos de Bellas Artes de nuestro país suelen ofrecer pocas sorpresas en sus programas expositivos y menos aún en las nuevas incorporaciones de arte contemporáneo a sus colecciones. El Museo de Bellas Artes de Bilbao parece ser una excepción. El pasado año se cumplió el 40 aniversario de un acontecimiento cultural en el que eclosionaron varias décadas de lucha del pueblo vasco contra la implantación de la energía nuclear en su territorio y, en particular, contra la puesta en marcha de la central nuclear de Lemoiz (Bizkaia).
Los días 8 y 9 de noviembre de 1980 se celebraron los Herrikoi Topaketak en la Feria de Muestras de Bilbao, con el lema Lemoiz gelditu (Lemoiz paralización). Unos encuentros populares organizados por la Comisión de Defensa de una Costa Vasca No Nuclear y los Comités Antinucleares, que aglutinaron a una importante nómina de artistas y personalidades vinculadas al arte, la arquitectura, la música, la literatura, el cine o el teatro.
Durante esos dos días, se celebraron 32 conciertos, 21 representaciones teatrales, exposiciones de obras de 98 artistas y artesanos y la proyección de 52 películas, así como talleres y debates.
Una de las actividades que, a la postre, condensaría el espíritu de aquel encuentro fue el mural de grandes dimensiones (5 x 8 metros), Lemoiz gelditu, realizado in situ por los artistas Vicente Ameztoy (San Sebastián, 1946-2001), José Luis Zumeta (Usurbil, Gipuzkoa, 1939-San Sebastián, 2020) y Carlos Zabala “Arrastalu” (Irún, Gipuzkoa, 1952).
Realizado con vivos colores de pintura acrílica sobre táblex, el trabajo de los tres artistas aparece claramente diferenciado. El paisaje que sirve de fondo es obra de Ameztoy; Zumeta retrata a los representantes del poder político, económico y militar, mientras que “Arrastalu” coloca en el centro de la composición unos reptiles que representan, en sus propias palabras, “los nuevos y sibilinos mecanismos de control social”. En la parte superior del mural, la lámpara del Gernika de Picasso añade un toque dramático y lo emparenta con aquel otro desastre.
El mural, donado al Museo de Bellas Artes por sus autores y el movimiento antinuclear vasco, es el protagonista de la exposición que se puede visitar en una de las salas del museo, desde noviembre del pasado año hasta finales de mayo del presente.
Su comisario, el músico, investigador y profesor de la Universidad del País Vasco UPV/EHU, Iskandar Rementeria, recoge en la muestra, junto al mural, un importante conjunto de documentos gráficos y material audiovisual generados durante las décadas de lucha contra la central nuclear. Carteles, fotografías, artículos de prensa, publicaciones, chapas y pegatinas con el logotipo antinuclear diseñado por Chillida, comparten espacio con varios videos que recogen tanto las manifestaciones de rechazo a la central de Lemoiz, como las de la empresa promotora, Iberdrola. Una recopilación que para el comisario de la muestra no se trata tan solo de una labor de archivo, sino de un mecanismo para organizar estos materiales a partir del concepto de paisaje, trasladando al espectador su potencia simbólica y la perspectiva del sentimiento colectivo.
Rementeria nos invita además a pensar en el papel del artista ante las tensiones ideológicas de su época y a las cuestiones que remiten a las relaciones entre arte y cultura, estética e ideología, que conforman nuestros paisajes.


