MICAZ (Museo Ibercaja Camón Aznar).
Renovarse o morir. Esa ha sido la máxima de Ibercaja con el Museo Camón Aznar. Una rehabilitación en profundidad, tanto en el aspecto arquitectónico como en el expositivo. Y el gran acierto lo constituye la apertura de un segundo patio en la zona posterior, donde el edificio del siglo XX permitía la intervención. Un vacío que intercomunica y articula las tres plantas de esta zona del museo además de proporcionarle luz cenital. Un recurso que funciona muy bien, y que recuerda, en cierto sentido, la solución que Moneo ha dado para la ampliación del Museo del Prado, integrando el Claustro de los Jerónimos. Aquí sin embargo tiene una nueva funcionalidad, ya que dialoga con el patio renacentista y ofrece un punto de fuga que une visualmente el Palacio de los Pardo con la arquitectura contemporánea. El segundo punto importante y esencial para estructuración del Museo ha sido la reorganización de la colección. Con buen criterio se han eliminado algunas piezas de dudosa autoría y se ha apostado por un discurso cronológico, donde la figura de Francisco de Goya tiene un protagonismo trascendental. No podemos olvidar que la Exposición Internacional de Zaragoza, atraerá hasta este Museo a muchos visitantes y la figura del artista aragonés es el mejor reclamo. Se han trasladado las obras más sobresalientes que anteriormente se exhibían en el Patio de la Infanta, en la sede central de la entidad de ahorro. Un cambio de ubicación temporal, motivado por la exposición ” Del futuro al pasado” que conmemora los 30 años de programación de las salas de exposiciones de Ibercaja.
| Antiguo patio de ingreso | El nuevo patio |
Un mostrador central y envolvente, da la bienvenida al visitante. Un elemento que constituye la primera premisa de lo que nos vamos a encontrar, una fusión entre lo clásico y la modernidad. El primer tramo de escaleras nos lleva a la primera planta en la que se muestra pintura y escultura de los siglos XV al XVIII. Un recorrido desde la influencia italiana y flamenca hasta la época de Goya. Entre las numerosas piezas que obligan a un recorrido pausado y exhaustivo (como en el resto del museo) destaca la presencia de nombres como Ribera, Zurbarán o Valdés Leal. Una vez empapados de la historicidad accedemos a la sala principal del palacio renacentista donde se encuentra el que se ha denominado “salón dorado”. Es aquí donde se han instalado las obras de Goya y de sus contemporáneos. Un espacio que se extiende longitudinalmente a lo largo de toda la fachada del palacio y que si bien se ha querido conservar el aire decimonónico original, ha tenido que doblegarse ante imponderables del siglo XXI. Se ha colocado un falso techo para tapar las conducciones que sin embargo ha obligado a crear unos huecos que permitan colocar las antiguas lámparas. Una solución bastante poco ortodoxa que sin embargo estamos seguros, pocos visitantes notarán atraídos visualmente por la exhibición de la obras de Goya. Al fondo de la sala en el gabinete, el recuerdo ineludible a José Camón Aznar, crítico de arte y cuya colección es el fundamento del museo. El siguiente ámbito sin embargo te hace reconciliarte con la museografía. Vitrinas casi etéreas muestran las colecciones completas de las cuatro series de grabados de Goya, “Los Caprichos”, “Tauromaquia”, “Los Desastres” y “Los Disparates”, a los que se les une “Los Toros de Burdeos”. El Museo Ibercaja Camón Aznar se convierte de esta manera en el único en el que se puede visualizar toda la obra grabada del pintor aragonés. Y además respetando la iluminación tamizada para preservar las obras, al mismo tiempo que se ha creado un ambiente intimista y propicio para su contemplación.
El último piso nos reconcilia con el arte de los siglos XIX y XX. Paredes blancas para avanzar en el tiempo desde la influencia goyesca de Eugenio Lucas al romanticismo de Fortuny con alguna inclusión de autores impresionistas. El grueso de la representación lo constituye “La Escuela de Vallecas”, sobre todo por una buena colección de piezas de Benjamín Palencia. El recorrido expositivo del museo se cierra con una selección de obras pertenecientes a artistas aragoneses contemporáneos amigos de José Camón Aznar. Un recorrido que te deja un buen sabor de boca, aunque como siempre hay detalles que es necesario limar. En algunas cartelas que acompañan a las obras, la información no es exacta y no es permisible que la cesión de un cuadro se notifique con una cuartilla blanca en la pared. Respecto a la elección de los colores de las paredes que identifican cada planta, el más idóneo es que el envuelve los grabados de Goya. El blanco nunca falla, pero quizá se esté pecando de la utilización del rojo, que últimamente inunda todos los nuevos museos. Pero como todas las modas, son pasajeras. Lo mejor es la selección que se ha hecho de la colección, dejando en los almacenes muchas obras que distorsionaban el conjunto.
DEL EBRO A IBERIA.
| Inauguración, con cuadros de Velázquez y Ribera | Tramo final de la exposición |
La renovación integral del museo también ha llegado a la zona dedicada a exposiciones temporales. Se ha cerrado su anterior entrada lo que recupera el aspecto original de patio renacentista. Además se ha ganado todo el espacio que antes ocupaba la biblioteca, lo que permite una mayor dimensión, incluso en momentos determinados poder hacer coincidir dos exposiciones distintas al mismo tiempo. Para su inauguración se ha elegido una muestra ambiciosa como su nombre indica "Del Ebro a Iberia”. 42 piezas, entre pinturas y esculturas que abarcan desde el periodo romano hasta la contemporaneidad. Un repaso cronológico a través de la historia que tiene dos hilos conductores, la aparición de la virgen al apóstol santiago (no en vano es la primera imagen que se encuentra el visitante) y el nacimiento del castellano en San Millán de la Cogolla (con la aportación de códices y beatos miniados). Es el relato de la historia a través de las religiones, con una marcada preeminencia por el cristianismo y su necesaria manifestación iconográfica a través del arte. Llaman la atención el tríptico de la pasión del Bosco, un expolio del Greco de menor entidad o el San Sebastián de Ribera. De la mano de un cuadro de Velázquez menor, llegamos a la ilustración y a Goya. A partir de ese momento llega la ruptura y la progresiva secularización al arte. El pintor se desembaraza de las ligaduras y surgen los géneros. El punto final debería haber sido Sorolla, pero el comisario de la exposición, Antonio Meléndez, ha querido ir más allá y ha compilado el siglo XX con el trinomio por excelencia, Picasso, Dalí y Miró, -—una baza siempre segura— y con algunas aportaciones mas recientes, como Saura, Chillida o Barceló, que se le escapan un poco de la mano para cerrar de manera coherente el discurso expositivo. Pero esto no es óbice para resaltar su valía, no hay que olvidar que Antonio Meléndez tiene su prestigio ganado con muestras del calibre de Las Edades del Hombre. "Del Ebro a Iberia” permanecerá abierta hasta el 28 de septiembre.