Cristina Silván (Pamplona, 1975) es Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca. Habiendo expuesto, de manera individual y colectiva, en España, Francia, Holanda y Portugal, su carrera artística se ha visto jalonada por reconocimientos tales como la Beca de la Casa de Velázquez de Madrid (2008-2010) y el Primer Premio de Pintura Santa Isabel de Aragón, Reina de Portugal de la Diputación Provincial de Zaragoza en su XXIII edición (2009).
Messier 33, que podrá verse en la Sala Juana Francés de Zaragoza hasta el 8 de febrero de 2013, recoge una selección de pinturas y dibujos que la artista ha producido en los últimos años.
Cristina Silván juega a reordenar el Universo. Desmaterializa la realidad conocida en geometrías personales. El plano adquiere volumen gracias a líneas y combinaciones cromáticas. Sujetos de geometría no exacta que buscan la atención del espectador.
El cubo blanco de la sala de exposiciones queda salpicado de jóvenes estrellas rutilantes, amantes de la posibilidad, del sueño, del brillo del mañana. Más que demiurgo, alquimista, Cristina Silván recrea en sus proyectos su particular proceso de aprehensión de este mundo. Por esta razón, sus obras, que a veces podemos percibir como divertimentos aislados, preñados del misterio propio de las curiosidades de las barracas de feria del XIX, deben percibirse como un todo en forma, color, materia. Como cada astro deslumbra individualmente en el seno de una galaxia.
El espacio plástico que la artista recrea en esta exposición nos adentra en los rincones abstractos de nuestra mente, aquellos a los que interpela el arte óptico, con sus ilusiones y trampantojos. El nombre escogido para esta cita es Messier 33, denominación que recibe la Galaxia del Triángulo, catalogada por Charles Messier en 1764. Ningún nombre podría haber definido mejor esta selección. Entre la Vía Láctea y la Galaxia de Andrómeda, Messier 33 (M33) es un hervidero de estrellas nacientes difusas pero en la que surgen soles a mayor velocidad que en la Vía Láctea. Un tratado de explosiones de supernovas y vientos solares de estrellas jóvenes.
Debemos entender Messier 33 como una instalación en la que cada pintura y dibujo ocupa el lugar exacto, intransferible e inalterable en la cosmogonía de Cristina Silván. Las líneas que jalonan la corporeidad de las piezas expuestas parecen guiarnos a un punto infinito que se pierde en la Galaxia del Triángulo. Un punto distante, infinito, donde el estímulo visual se pierde en la inmensidad de la mente humana hasta recibir el aviso de un nuevo estímulo, la línea, el color de una estrella hermana en el mismo espacio, el de la Sala Juana Francés.