Mercedes Millán. Seres mitológicos del Pirineo

Mercedes Millán, formada en la Escuela de Arte de Zaragoza, escultora, aunque también se manifiesta a través de la pintura, ha presentado en la Iglesia de Jesús en Fiscal (Huesca), dentro del programa RENOVARTE, su exposición Seres mitológicos del Pirineo, y ha resultado tan interesante que ha habido un empeño por parte del Ayuntamiento de Sabiñánigo (Huesca), para llevarla a su sala de exposiciones, allí la hemos podido ver hasta el 22 de septiembre.

El medio de expresión con el que la artista se siente más identificada es la cerámica y el modelado en arcilla, emplea torno, jugando un papel muy importante en su obra las patinas y engobes.  Se trata del material más ancestral, trabaja con los cuatro elementos: tierra, fuego, agua y aire.  Barro cocido, el elemento más antiguo, noble, fuerte y frágil a la vez.

La autora se muestra especialmente hábil en la realización de retratos, faceta que nunca ha abandonado, si bien, en sus últimas exposiciones su tema principal y recurrente es la mitología aragonesa pirenaica.

Millán se siente fascinada por el ser humano y su curiosidad innata, que es lo que le ha llevado a una búsqueda constante en su interior y en su entorno, lo que llevaba a los primitivos habitantes pirenaicos a explicar la misteriosa naturaleza, los fenómenos que no comprendían, por medio de seres fantásticos, maravillosos, sobrenaturales: dioses, hadas, fadas, dragones, diaplerons, menuto, duendes…

Sus personajes, como consecuencia de su continua búsqueda, se representan siempre viajando, unas veces a lomos de animales: bisontes, leones, caballos, animales fantásticos, dragones, serpientes…  Y los que van montados en la barca, lo que en la mitología pirenaica se denomina barca de moros (moros y moras, que no designan a hombre o mujer moros, sino a fadas, seres no humanos dotados de gran poder mágico, y relacionados con la naturaleza y el agua).  Cuenta la leyenda que cuando se aproximaba una gran tormenta, los habitantes de Matidero y Cañardo (hoy pueblos deshabitados) miraban al cielo y se les aparecía un enorme barco navegando por el cielo en el que viajaban las fadas.

No podemos dejar de ver la influencia que tienen en su obra las primeras culturas y civilizaciones, no sólo por el material empleado, la terracota, la forma de tratarla, los dibujos y marcas incisos en los distintos elementos que componen sus esculturas, sino también en las formas representadas, así el bisonte es Altamira y en especial los bisontes en arcilla de la cueva de Tuc.  También los dragones mitológicos  babilonios, caballos numantinos o barquitas encontradas en tumbas egipcias.  Se aprecian guiños rodinianos en las figuras que ocupan la barca.

Estos viajeros pueden desplazarse solos, en parejas o en grupo, unas veces van sentados, otras a horcajadas e incluso de pie; a modo de expertos jinetes los podemos encontrar montados a la contra, o incluso totalmente incorporados.

Se trata de piezas muy elaboradas, trabajadas con diversidad de engobes y patinas que permiten diferentes texturas, colores y matices en una misma obra, dejando comprobar el dominio que la artista posee en esta difícil técnica.