La exposición Mario Merz “Igloos” fue realizada del 25 de octubre de 2018 al 24 de febrero de 2019, una muestra que por primera vez en Italia reunió a treinta de sus icónicos “Igloos” para dialogar entre ellos en un espacio común.
La muestra se exhibió en el inmersivo espacio de Pirelli Hangar Bicocca, que es un espacio expositivo de 15000 metros cuadrados que en 1986, fue remodelado, sufriendo numerosos avatares hasta convertirse en 2004 en un lugar de exposición para el arte contemporáneo. En medio de un área industrial en la periferia de Milán, encontramos un oasis cultural, cuyo director artístico es el mismo que comisaría esta muestra, el español: Vicente Todolí, en colaboración con la Fundación Merz. Se trata de una institución sin ánimo de lucro que vuelca sus esfuerzos en la difusión e investigación en torno al arte contemporáneo. La programación incluye artistas contemporáneos que experimentan e investigan la disciplina de las instalaciones artísticas, encontrando en este espacio el lugar idóneo para ser exhibidas. Un espacio de ingreso gratuito que ha contado con exposiciones de artistas de reconocido prestigio internacional.
Mario Merz (1925-2003), natural de Turín (Italia), inició su actividad artística en los años cuarenta, al final de la Segunda Guerra Mundial, iniciando su formación autodidacta en el dibujo y la pintura aunque pronto se interesó sobre todo por la naturaleza, los materiales pobres del readymade y las construcciones espaciales.
Su obra pictórica, expuesta por primera vez en 1954 en la galería La Bussola di Torino, se acerca a la abstracción desde el expresionismo, pero ya en los años sesenta comienza a realizar sus investigaciones artísticas en torno a la construcción espacial de la obra de arte, lo que él llama “strutture aggettanti”, estructuras que cubre con telas y que atraviesa con tubos de neón que dibujan y muestran palabras cargadas de simbolismo. Pronto conocerá y se vinculará a artistas del movmiento Povera como Giovanni Anselmo, Alighiero Boetti, Piero Gilardi, Pino Pascali, Michelangelo Pistoletto e Gilberto Zorio.
Mario Merz es una figura clave del Arte Povera, uno de los movimientos más influyentes del panorama artístico italiano del siglo XX, junto al futurismo. Esta escuela de arte “de la pobreza” trató de distanciarse de la sociedad consumista y sus exponentes y utilizaba materiales baratos como la madera, la cera, la arena y las piedras. Las esculturas de Merz también contaban con los elementos de la basura, mezclándolos con componentes eléctricos como los neones. Son famosos sus iglús realizados con materiales diversos que comenzó a confeccionar en 1968. Generalmente esta estructuras estaban formadas por una estructura metálica tubular donde descansaban planchas de diferentes materiales, desde cristal, lajas de piedra, papel o sacos de arena. Los elementos son todos irregulares y de distinto tamaño ya que no están fabricados en serie, sino que en la mayoría forman parte de objetos encontrados o readymade.
La muestra que nos ocupa se expande en el espacio de las Naves y del Cubo de Pirelli Hangar Bicocca y pone al visitante en medio de una constelación de treintas obras de gran dimensión. Todas ellas diferentes, de distinta dimensión y envergadura, pero todas son iglús.
Es una muestra que se realiza a cincuenta años de la creación de su primer “Igloo”, por lo que la exposición ofrece la ocasión de observar los trabajos de Mario Merz de gran importancia histórica y de gran innovación artística, sobre todo porque algunos pertenecen a colecciones privadas que no se habían podido ver tan apenas con anterioridad. Algunas de estas obras escultóricas pertenecen a grandes museos como el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, la Tate Gallery de Londres, la National Gallery de Berlin, el Van Abbemuseum de Eindhoven, el Kinstmuseum Wolfsburg y el Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen de Düsseldorf, que se ha conseguido exponer en esta muestra por primera vez en Italia.
Por lo tanto la muestra Igloos tiene como punto de referencia la exposición que organizó Mario Merz comisariada por Harald Szeemann en 1985 en la Kinsthaus de Zurich donde fueron presentadas todas las tipologías de iglú realizadas hasta el momento por Merz, con la intención de formar “un viaje, una Città irreale (ciudad irreal), en el espacio expositivo.
La exposición que ahora se presenta en Milán prosigue el intento de Szeemann y Merz, haciendo hincapié en cómo el artista continuó su trayectoria artística en el devenir de la configuración material y conceptual de sus “igloos”. El recorrido expositivo comienza con la goccia d’accua, de 1987, el Iglú más grande que se expone en la muestra y que al aislarlo en la oscuridad con un espacio escenográfico iluminado direccionalmente, lo unifica y aísla visualmente del resto. Se trata de una gran estructura de diez metros de diámetro cubierta de vidrio, que presenta agua en movimiento formando un circuito fluido entre el interior del espacio y el exterior, a través de una canalización, que hace que la obra esté más viva, si cabe.
La disposición de los igloos en el antiguo espacio industrial de Pirelli Hangar Bicocca se ordena cronológicamente, primero nos encontramos con los creados en los años sesenta: Igloo di Gap, 1968, Acqua scivola, 1969. De los años setenta tenemos el Igloo di Marisa, 1972, y If the hoar frost gris thy tent Thou wilt give thanks when night is spent, 1978.
La evolución de los años ochenta, periodo en que sus estructuras escultóricas de Igloos comenzaron a ser cada vez más complejas, está representada en obras con varias de sus esculturas: el Igloo del Palacio de las Alhajas, 1982, y Chiaro oscuro/oscuro Chiaro, 1983. En representación de los años noventa encontramos obras como: Senza titulo (doppio iglú di Porto), 1998 que sorprende por la coronación de la estructura con un ciervo disecado. En el extremo opuesto se expone: 74 gradini riappaiono in una crescita di geometria concentrica, 1992, una obra constituida de varias estructuras metálicas que se insertan unas con otras, jugando con el espacio y su relación con el entorno exterior, generando así un diálogo entre paisaje y escultura, entre espacio construido y vacío.
La obra de Mario Merz es clave en el desarrollo del arte povera, sobre todo en la instalación de sus esculturas iglús en las que dialoga con diferentes materiales, desde neones iluminados, agua corriente y tierra, del mismo modo que juega con la transparencia y la opacidad de unos espacios construidos por materiales de la naturaleza, como la piedra, o la madera, vinculando lo matérico a lo científico, insertando formas espirales y numeraciones matemáticas que a modo secuencias.
Los Iglús son estructuras metálicas cubiertas de materiales muy diversos como arcilla, vidrio, piedra, y acero, apoyados sobre las estructuras de un modo inestable que demuestra una delicada precariedad. La poética del arte pocera queda reflejada en estas obras, que de su simplicidad material y su genialidad constructiva no dejan indiferentes a nadie. Los iglús son los espacios habitables, la metáfora de las diversas relaciones entre el interior y el exterior, entre el espacio físico y el espacio conceptual, entre la individualidad y la colectividad. Se trata de la reflexión del artista sobre la vida contemporánea.
Cabe destacar cómo en esta muestra el impacto visual de cada uno de los “Igloos” de Merz no queda mermado por el hecho de estar todos juntos y en cierto modo recibir cierta contaminación visual, sobre todo gracias a una iluminación muy audaz que ha sabido individualizar su excepcionalidad, caminando casi entre la oscuridad y permitiendo al visitante ir descubriendo uno a uno los treinta hitos artísticos.