Inaugurada el 3 de julio, la exposición individual de Marino Viejo, titulada Sueños del Pintor, confirma que estamos ante un período pictórico irreprochable con esa línea tan personal. Acrílico sobre papel y lienzo, con 13 obras sobre papel de pequeño formato y cinco sobre lienzo formato mediano. Los colores dominantes de los fondos son oscuros monocromos o bicromos con aire ambiguo con toda intención, mientras que los temas se ofrecen en un color, negro o marrón, para que destaquen como asunto primordial. Los temas, siempre inmóviles, adquieren connotaciones ancestrales de carácter simbólico, como norma ofreciendo dispares sensaciones perfil misterio o toque ambiguo. Basta citar la cruz, el aspa, que es un tipo de cruz, el dolmen y otras formas tipo y griega o te. Este repertorio, de singular belleza y hondura vía sencillez formal, recuerda a uno que tuvo hace muchos años pero ahora con la perfección de la experiencia acumulada.
La exposición en el Espacio Adolfo Domínguez, inaugurada el 31 de julio, tiene otro enfoque, como ya se indica en el título Arte Desde Aragón en 21 Perspectivas, con prólogo de Eugenio Mateo Otto y buen catálogo. La variedad de planteamientos formales y temáticos, dentro de dispares técnicas, es por lógica muy amplio. Algunos artistas son conocidos, otros están por descubrir mediante un par de individuales. Damos la lista de los expositores como dato que puede ser muy útil en el futuro. Son: Carlos Celma, Damace, Filipe Frías, Kumiko Fujimura, >Mariela García Vives, Jesús Guallar, Horacio J. Gulius Vidal, Ángel Laín, Francisco J. Marco, José de las Muelas, Pilar Muniesa, Cruz Navarro, J. Navarro Chueca, Pía de Pablos, Concha Ramada, Julia Reig, Miguel Sanz, Alicia Sienes, David Vela, Velásquez-Goméz (como es sabido dos apellidos por los escultores Esperanza Velásquez y Arturo Gómez que trabajan en equipo) y Jesús Zarzuela.