Mariano Castillo. Obra gráfica

Cada vez son más los espacios habilitados para mostrar arte con independencia de las convencionales galerías. Este espacio situado en la portería de La Cartuja, es muy amplio y apropiado al efecto.  Aquí ha colgado Mariano Castillo sus últimos grabados dedicados a recrear vistas de La Cartuja Baja, del peculiar monasterio barroco del que se han conservado muy bien muchos parajes, y en una de cuyas celdas tuvo mucho tiempo su taller.

Castillo es conocido en muchos lugares de la geografía ibérica por sus grabados, son vistas de lugares emblemáticos que visitamos, conocemos y queremos llevarnos en nuestras cámaras y móviles, el artista lo que hace es dibujarlos, realizar acuarelas de los mismos, muchas veces in situ, para luego grabarlos. Su estilo y la posterior iluminación de muchos de ellos con acuarela mezclada con aceite calcográfico, les da una pátina intemporal, recordándonos las románticas vedutes. Muchas veces los temas también nos llevan a pensar en tiempos anteriores, es el caso de las imágenes que nos presenta, claustros, pequeños torreones, la iglesia, la portería, rincones en el interior o tomados desde el exterior del recinto monacal. Doce pequeños y minuciosos grabados al aguafuerte y aguatinta en papel hecho a mano, e iluminados con acuarela, que nos hacen recorrer los distintos lugares típicos de La Cartuja Baja.

El grabador hace una función de recuperación de edificios y torres que ya no existen, a través de grabados antiguos, pero también ha perpetuado la vista de Zaragoza actual mediante una gran obra de 100 x 250 cm.,  realizada en diez planchas de zinc de 50 x 50 cm. Aquí nos encontramos con una visión fragmentada de la misma, que ha sido iluminada, la parte antigua de la ciudad contemplando con todo detalle el río, el Pilar, iglesias, calles, edificios… Muestra también en formato más pequeño vistas de la Aljafería, la Torre Nueva, La Seo y el Pilar a la orilla del Ebro.

No obstante su precisión y minuciosidad es un artista imaginativo, con sentido del humor, que a menudo emplea juegos de palabras para denominar sus series de creación. Así Los caprichos a mi capricho, Descarte, o los nombres de los animales de su Bestiario: Cucodrilo, Coalas, Cabaya… Hemos podido ver aquí sus Humanimales, personajes inventados por el autor, entre animal y ser humano, que adoptan elegantes poses clásicas propias de academias, creados para que formaran parte de El jardín de mis delicias, obra que se pudo ver en 2018 en Enlatamus, essu versión del cuadro de El Bosco, el ejemplar que consideramos, en tinta blanca sobre fondo azul, es un tríptico de gran tamaño, compuesto de las mismas partes que la obra del pintor flamenco, poblado con la misma exacerbación de extrañas criaturas y monstruos, encontramos en el panel central a la izquierda un pequeño autorretrato del grabador.  El reverso de lo que son las puertas, se construye como un gran firmamento en cuyo centro hay una esfera terrestre con hombres cápridos, y el lema El mundo está como una gran cabra – Que no sea nada lo del ojo.

Como decimos un artista muy meticuloso, gran trabajador, con infinidad de temas e ideas que no agota nunca gracias a su fértil imaginación.