Manuel Viola en recuerdo del porvenir

 

Con el título Manuel Viola en recuerdo del porvenir, se inaugura en febrero la exposición retrospectiva, 1933-1985, en el palacio de Sástago. Comisariado del psiquiatra Javier Lacruz y textos de Juan Antonio Sánchez Quero, Antón Castro, Javier Lacruz y Jesús Navarro Guitar. Impecable exposición que ofrece numerosos documentos y su obra desde la juventud hasta su muerte. Sobre el buen catálogo sugerimos que falta un capítulo con sus exposiciones relevantes, un capítulo bibliográfico, al menos lo más imprescindible, y una fuerte alusión a su gran amistad con el ceramista y pintor Andrés Galdeano, sin olvidar que además del mural cerámico en la CAMPSA de Madrid, 1974, ambos firman dos enormes murales nunca colgados de 1973 y 1974. En la exposición pudo exponerse al menos un mural. Andrés Galdeano, meses antes de morir, nos dio el listado de todos sus murales y los coleccionistas privados. Se merece una gran exposición como pintor y ceramista, sin olvidar textos inéditos. Retomamos el apartado bibliográfico. Cuando hacia 1978 decidimos escribir un libro sobre el surrealismo aragonés, desde 1929 hasta 1979, vamos al juzgado de Zaragoza y el secretario nos da permiso para mirar las datos de nacimiento del pintor surrealista José Luis González Bernal, de Víctor Mira, que no apareció ni en sueños pues con el tiempo descubrimos que había nacido en Larache, Reino de Marruecos, y de Manuel Viola, sobre el que descubrimos tres datos. Concretamos. Uno: Que se llamaba José Viola Gamón, hijo de José Viola Balagueró, natural de Balaguer (Lérida), y de Pilar Gamón, natural de Zaragoza. Dos: Que sus padres nunca se casaron, lo cual significa que era hijo natural, algo muy mal visto en la época. Según supe con posteridad su encuentro fue muy breve. Quizá de ahí proceda la frase del pintor sobre ciertas terribles dificultades familiares y su presencia en Lérida para estudiar bachillerato con regreso a Zaragoza durante las vacaciones. Tres: Que en todos sus catálogos de la época figuraba como nacido en 1919, con la intención de parecer mayor siendo joven, cuando en realidad nació en 1916. En cuanto a su pensamiento político fue para enmarcarlo, dado que comenzó, a los 17 años, siendo un absoluto admirador de José Antonio Primo de Rivera, pues ya afirmó el pintor que representaba el deseo de la juventud para que España cambiase y se reincorporase a un espíritu Europeo. Suponemos que aludiría a Benito Musolini. Con posteridad, como cambio al lado contrario, se afilia al Bloc Obrer i Camoral y es voluntario en las milicias del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). Al lector le recuerdo que el POUM tenía en los años treinta unos 5.000 afiliados, la inmensa mayoría en Cataluña, todos dispuestos a la revolución por cualquier método, asesinato incluido. Tales cambios políticos de Viola, de derecha a izquierda, quizá obedecieron a la edad y a su pasional carácter. Estos datos ya figuran en nuestro libro Surrealismo Aragonés 1929-1979, editado por la Librería General  en 1980, y por lógica en el posterior Focos del Surrealismo español. Artistas aragoneses 1929-1991, editado por Mira Editores en 1992.

En cuanto a la exposición cabe sugerir de nuevo el placer de mirar tantos documentos. Pero antes de un breve comentario sobre su obra vemos necesario una fascinante anécdota que hemos publicado hace años. En 1966, con 29 años, estuvimos el día de la inauguración en la zaragozana galería Libros con cuadros de Manuel Viola. En las dos salas de exposiciones, segunda planta, olía muy fuerte a pintura. Le pregunto a Víctor Bailo, el primer gran galerista de Zaragoza, y nos contesta: Desde luego. Se ha pintado todos los cuadros en Zaragoza en un día. Esto significa lo evidente. Que Viola, cuando era necesario, pintaba sus cuadros de memoria sin pretender nuevas aportaciones, lo contrario cuando pintaba cuadros excepcionales producto del reposo en su estudio. Dicha actitud, sospechamos, lo hizo en sus exposiciones por Hispanoamérica. Tal realidad jamás opaca que estamos ante un artista excepcional. Basta ver sus dibujos y collages surrealistas en plena juventud, los paisajes, la serie sobre los gallos y la paulatina fascinación hacia una pintura abstracta que tiene una diáfana evolución tras volver a España desde Francia en 1949. Sobre sus abstracciones expresionistas, la gran aportación, cabe indicar que tiene auténticas maravillas por técnica, intensidad, color, ritmo, uso del espacio y formas cambiantes.

Palacio de Sástago, Zaragoza

Número 34

Marzo 2016
Manuel PÉREZ-LIZANO FORNS
Vocal de la Junta Directiva de AACA, miembro de AECA
Fecha de recepción: 29/3/16
Fecha de aceptación: 30/3/16
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