No siempre es posible transmitir la esencia de un artista a través de la muestra de sus trabajos al público, sin embargo, la reciente exposición sobre Maite Ubide, celebrada en el zaragozano Palacio de Montemuzo, representa uno de esos casos excepcionales en los que el observador es capaz de llegar a conocer un poquito más al autor de las obras que contempla, y sale de su visita asintiendo con el gesto y prometiendo prestar atención a la trayectoria del artista al que acaba de descubrir, o satisfecho al comprobar que aquel creador al que ya conocía continúa trabajando con la misma fuerza del principio.
La muestra titulada “Las playas de la vida” ha evocado a muchos de sus visitantes estos sentimientos, estamos seguros, pues la exposición celebrada durante los pasados meses de octubre y noviembre de 2009 sirvió para consolidar, aun más si cabe, la importancia de la artista Maite Ubide dentro del panorama del grabado aragonés contemporáneo. No hace demasiado tiempo, en el año 2007, la misma sala acogió una muestra en la que esta mujer era protagonista secundaria, pues las obras que se mostraban al público se centraban en el trabajo desarrollado en su taller, situado en la ciudad de Zaragoza y abierto durante el último tercio del siglo XX, labor que enorgullece a esta artista hasta el infinito, por lo que siempre ha agradecido todos los reconocimientos dirigidos a ese taller y ha defendido la dinamización que el arte del grabado experimentó en Zaragoza gracias al esfuerzo de todos los artistas que pasaron por ese lugar y que supieron orientar sus obras hacia el mundo de la gráfica, aprendiendo y enseñando al mismo tiempo. En esa exposición quedó patente la verdadera entidad de Ubide, no sólo como autora de algunos de los trabajos sino como maestra de los principales artistas que en Aragón se han dedicado al grabado a partir de los años setenta, y se sembró la semilla para celebrar una nueva muestra en la que esa instructora y guía, Maite Ubide, fuese la única actriz en el escenario.
La exposición que ha podido verse en 2009 no ha sido una antológica en la que mostrar el trabajo, más o menos completo, de una artista con una dilatada trayectoria, sino que nos ha puesto delante las obras más recientes de Ubide, aquellas realizadas en la última década, desde 1999. La autora ha revisado su trabajo en los últimos años y ha sabido resumir todas sus inquietudes en unos grabados maduros y plenos. La temática principal en los trabajos recogidos en la muestra ha estado dirigida, como no podía ser de otro modo, hacia la naturaleza en sus distintas vertientes: la vegetación, el mundo animal y, como no, el ser humano. Los paisajes se nos presentan con un carácter casi místico, los frondosos bosques que hablan del paso del tiempo; los elaborados árboles que nos enseñan las huellas de la vida; los riachuelos que corren veloces y seguros hacia el futuro o el mar, siempre rincón de reflexión, meditación y crecimiento. Los animales representados en estas obras son reales o inventados, no importa si son insectos, o aves, el caso es que son seres vivos en evolución con los que la artista se excusa para realizar verdaderos ejercicios de dibujo y de creación. Se trata de un tema, el del mundo animal, que siempre ha inquietado a esta grabadora y al que imprime, en numerosas ocasiones, cierto carácter lúdico. El ser humano, por otro lado, está presente en sus trabajos unas veces de forma evidente y otras de manera implícita, pues puede encontrarse representado a través de una construcción, un instrumento o artilugio, una ciudad o incluso mediante el reflejo de la transformación de la naturaleza. El color es, además del tema, otro de los elementos importantes a tener en cuenta a la hora de analizar los trabajos presentados en la muestra, pues a través de su uso la artista es capaz de completar el mensaje de sus obras. Los tonos cálidos se emplean como símbolo de vida latente en cada una de las estampas, mientras que los colores fríos nos hablan de la calma de la edad madura y de la estabilidad que proporciona el tiempo. El uso de las tintas ha sido realmente importante en los trabajos de esta grabadora y la forma en la que son estampadas no deja indiferente, ya que cuando aparece el color en estas obras es siempre como un elemento más del significado de las mismas y no sólo como un accesorio decorativo. Suele aplicar la artista los diferentes tonos en la misma matriz para darles forma, después, con la limpieza, para la que se usan tarlatanas, papeles y las propias manos, antes de la estampación, jugando así con las mezclas, la materia y enriqueciendo la composición, lo que da carácter a las estampas de manera individual a pesar de formar parte de una obra de carácter seriado, como es propio del grabado.
La muestra de la que aquí se habla recogió varios ejemplos de grabado calcográfico y también diversos linograbados. El dominio de la técnica quedó patente en cada una de las imágenes así como en los pequeños talleres prácticos, realizados en el contexto de la exposición y en el mismo Palacio de Montemuzo, en los que Maite Ubide enseñó a diversos grupos las técnicas empleadas en la realización de sus estampas. Precisamente son esos grabados en linóleo los más característicos de la carrera de Ubide pues se pueden considerar como su obra más personal en la que se ha reunido técnica, temática y estética como manifiesto artístico de creación.
En definitiva “Las playas de la vida” no ha sido sino una declaración de intenciones; esas playas son los lugares por los que ya hemos pasado, los rincones a los que volvemos, los espacios que guardan nuestro pasado y nuestra felicidad, es allí donde nos gustaría quedarnos. Con esta exposición la artista, grabadora y maestra Maite Ubide no nos ha dicho otra cosa sino que va a seguir grabando, que va a continuar investigando con las posibilidades que le brinda el grabado de la manera que ella lo conoce, va a seguir revisando su trabajo y buscando nuevos caminos sobre los que conducir sus manos, sus gubias, sus tintas y sus papeles.