Madozmaquia o El Pescador de Objetos

 

    La luz flameante de una mañana, voy hacia la Lonja, templo cinquecentesco profano, de esta inmortal ciudad, y en mi fantasía se mueve una invisible grimpola que reza “Ars combinatoria”. Con ese título y la curiosidad que me provoca el juego que en el s.XIII ideó Raimundo Llull, llego al encuentro de las fotografías de Chema Madoz. Acaso un viaje hacia la dimensión poética…

     El cielo cristalino de la ciudad, como una inmensa gumía, arrasa el sueño monocromo de los fotopoemas  “recitados” en la Lonja.

     Anteriormente, había observado sus obras reproducidas en portadas de libros, ilustrando teorías filosofales conversadas, o siendo aludido por sus inteligentes ocurrencias al construir y fijar en fotografía objetos “nuevos” a partir de binomios cotidianos. Es la primera vez que veo sus obras, de estilo inconfundible, en una exposición.

     Rebus? Enigma? Asalto a nuestras sinapsis? Todo podría ser. O un mero divertimento que, mira por dónde, se nos va a quedar grabado en la memoria, cincelado con precisión  que no admite la distracción del color.

     Las meticulosas Madozmaquias se yerguen con impávida serenidad en la perfección del blanco y negro, y la sublime amistad de las sombras, y esa penumbra sutil de Tanizaki.

     A estas alturas, Chema Madoz ha sembrado sus poemas-imagen en innumerables países. Desde esas cimas, dice que todo surgió por decisiones casuales. Pero casi todos sabemos que el destino nos acecha mientras nosotros seguimos pensando en los movimientos estratégicos de nuestro pequeño ajedrez vital, partida efímera, limitada por el juego del tiempo.

     Desde 1985 Madoz navega en el océano de objetos que se han convertido en su universo, o poliverso, rozando casi el furor collectionandi. La observación de un sencillo objeto, con sus obviedades útiles y funciones adjudicadas, se convierte, casi siempre junto a otro objeto combaciante, en un binomio genial y sorprendente gracias a la fantasía o a la lógica, según se mire, de Madoz, que procede a fotografiarlo en sus mutaciones sutiles, una imagen  puntual e irrepetible, dejando así constancia de una nueva realidad: efímera, el parpadeo entre luz y oscuridad, un instante, la llamarada de una idea.

     Observo la reacción de los visitantes. Casi todos esbozan una sonrisa tras creer que han comprendido. Desde lejos aparecen las fotos con objetos simples, definidos por formas a las que nuestro cerebro está habituado; pero una segunda mirada revela que algo inusual está en un perfecto cloisonné , engañando la percepción primera. Y ahí es cuando se produce la reacción alquímica. El descubrimiento. Hay dos objetos que componen una nueva visión. La sugestión de los imposible. Y, sin embargo, ahí está, lo que apenas dura un Augenblick! Pero la magia perdura, ya que no podremos olvidar esos binomios/enigmas madozianos.

     Las imágenes flotan ingrávidas sobre fondos neutros que nos hipnotizan.

     El de Madoz es un país sin confines, o una isla sin tiempo.

     En el universo de Madoz tengo la impresión que , cuando no los vemos, los objetos despiertan en una vida paralela, como si más allá del primer espejo existiera un ulterior reflejo, donde ellos son libres de vivir su propio sueño, y encontrar el método para poner en relación cosas distintas, insospechadas afinidades surgidas de luchas , Madozmaquias,  del intelecto del artesano fotógrafo, takumi (en japonés maestro artesano), su inventor, hasta que se encuentran en otra realidad, en una unión abismal, simbiosis que nunca será nuestra. El sueño de los objetos.

     Decía Henri Cartier Bresson que “la photographie est une réponse immédiate à une interrogation perpétuelle”, instantes permanentes capturados.

     Ah, los mundos de Madoz… : una alquimia meticulosa, precisa y bizarra, esa wunderkammer de lo obvio/cotidiano, híbridos mágicos donde no hay azar, hay una observación y reflexión , que finalizan con el disparo de la cámara. Un Contro Tempo  musical.

     Universo inagotable , utiliza la foto como el poeta usa la palabra, como él dice “los objetos son como las palabras, se contaminan y generan significados nuevos”, por tanto infinitas combinaciones con un  lenguaje tan versátil.

     Creo que nadie , en ningún país, va a contemplar sus fotos, obras de poeta que fotografía, con escepticismo, pues mueve los conceptos dormidos-aletargados….nos ofrece los los horizontes negados de los laberintos.

      Así, casi, como Raimundo Llull, Madoz va hacia su Ars Magna, desde esta senda de lenguaje que es Ars combinatoria.

     Supongo que en tantos años, mucho se ha escrito sobre las obras fotográficas de Madoz, así que sería redundante describir lo que ya en tantos países han admirado y lo que las gentes descubrirán en futuras exposiciones y ocasiones –su agenda está repleta de nuevos retos-.   Pienso que a Chema Madoz hay que rendirle tributos de poesía,  elogio de la inspiración, laude  creativa a su lenguaje universal, la verdad subyacente de las cosas.

     Según Madoz “una buena obra puede ayudarnos a dilatar horizontes, a ver múltiples realidades”.

     Veo en él al humanista inteligente que propone la belleza de descodificar un  enigma.

     En una futura ocasión les hablaré el descubrimiento mutuo del amistoso connubio de Chema Madoz y Joan Brossa; por ahora les adelanto una frase del italiano Leopoldo Fregoli que inspiró a Brossa en su trayectoria : “El arte es vida, y la vida transformación”.

     Les dejo con una cita con Raimundo Llull, quien dijo : “Veritat james no mor”  …pero, qué verdad es? Cuál de ellas?