La Italia de la primera mitad del siglo XIX, estaba constituyéndose como un gran movimiento nacional patriótico, que tenía como objetivo la creación de un estado nacional italiano, y como una de las consignas fundamentales la del “Risurgimiento”. La censura de los diferentes gobiernos italianos, prohibiendo toda representación de hechos contemporáneos, tanto en pintura, música o literatura, permitió la creación de grupos opositores y antagonistas como Los macchiaioli. Macchia, en italiano mancha, recibe unas connotaciones cargadas de ambigüedad. Significa apunte, esbozo o un signo de pintura, que aún no es arte. La Fundación Mapfre, inicia la temporada de exposiciones, en colaboración con los museos de Orsay y de L, Orangine de París, con una muestra de este mal llamado “movimiento artístico”, que constituyó uno de los capítulos más brillantes de la modernización de la pintura europea.
Nacieron en el histórico café de Florencia “Michelangiolo”, que estaba a muy pocos pasos de la sede de la Academia Florentina de Bellas Artes, que era considerada por estos artistas como “cuartel de inválidos” o “semillero de mediocridad”. A diferencia de otros muchos artistas, los macchiaioli nunca se convirtieron en hombres de poder, vivieron en los campos, dónde los reprodujeron en sus lienzos. Sus obras los convirtieron en inmortales. Su modo de trabajo, pinceladas visibles, trabajadas, de original formato insólito, en cuanto a la concepción del espacio panorámico, recuerda al de los artistas de la Escuela de Barbizón, pues utilizarán la madera como soporte de sus estudios del natural, en un formato rectangular, que recuerda a las obras florentinas del Quattrocento, despertando así cierto deseo de posesión. De esta manera, se descubre un paisaje puro, el color, la luz, y la libertad a la hora de componer.
Entre los géneros utilizados por estos artistas, destaca el retrato. En la presente exposición, figura, entre otros ejemplos Retrato de la señora Morrocchi, obra de Antonio Puccinelli, El sobrino del artista, de Fattori, y el Retrato de un joven de Borrani, son pruebas de la comodidad y las costumbres domésticas. Por otro lado, la observación de las costumbres del campo, queda representado en autores como Giovanni Fattori, Odoardo Borrani y Silvestro Lega, quienes ofrecían un contrapunto al tumulto del nuevo mundo, con escenas de sencillez rústica. La historiografía española, ha apuntado la influencia que los macchiaioli han vertido sobre los artistas españoles del siglo XIX, especialmente en los valencianos como Sorolla, aunque no exista ningún testimonio de relación, entre otras razones, los veinte años que separan una generación de otra. El único artista, que sí los tuvo, aunque no directamente, fue Mariano Fortuny, a quién la exposición, le dedica un pequeño, pero intenso espacio. “Fortuny era, en aquel momento, el hombre de más éxito. Sólo se hablaba de él”. Decían las crónicas de los diarios ¿El motivo?. El formato pequeño o mediano de las obras, necesario para un nuevo mercado, el burgués europeo y americano. La excelente calidad y técnica. Temas agradables vinculados a pequeñas costumbres, tanto de la historia antigua, como contemporánea, sin demasiados problemas “intelectuales”. En cambio para este grupo de artistas, este arte, suponía “una corrupción del arte, con mayúsculas, el cual debía fidelidad a la verdad, no al mercado”.
Es curioso como conocemos bastante bien a los artistas florentinos del Quattrocento, sin embargo, pocos son los artistas florentinos del siglo XIX, aquellos locos románticos, que recordamos hoy en día. La contribución de los macchiaioli al realismo europeo, sentó las bases para la apreciación de la nueva calidad ética y cultural, además de la estética, de un grupo de pintores tan variado y fiel a sus propias convicciones.
Macchiaioli. Realismo impresionista en Italia
Fundación Mapfre, Madrid
12/09/2013-05/01/2014