Luis Buñuel: Entre estrellas y mendigos

Cuando el fotógrafo Ramón Masats acude en el año 1961 al rodaje de Viridiana, Luis Buñuel era ya un director de cine de prestigio, que está a punto de conseguir la Palma de Oro en el Festival de Cannes- transcurrido más de medio siglo desde su rodaje, sigue siendo el único largometraje español que ha conseguido la máxima distinción en dicho festival-. En aquella época, Ramón Masats intenta abrirse camino poco a poco, como  fotoperiodista en el Madrid de los años cincuenta. Su trabajo forma parte de una generación que cambió radicalmente la fotografía española. Su cámara se convierte al fin, en una herramienta de comunicación,  que mediante imágenes de calidad define en buena medida lo que somos.

A comienzos de los años sesenta, diversas circunstancias hicieron viable el retorno a España de Luis Buñuel para acometer la filmación de una película, una idea que fue bien acogida por el régimen. La España que Buñuel había dejado atrás, nada tenía que ver con lo que se iba a encontrar. Nuestro país estaba batiendo récords de visitas de viajeros extranjeros, gracias en buena medida a los atractivos naturales y culturales del país, había empezado una campaña perfectamente orquestada a través de la prensa para reivindicar la españolidad de Picasso y porqué no, de paso, la del propio Buñuel. Y por si fuera poco, España estaba preparando su solicitud de ingreso en la Comunidad Económica Europea. A partir del guión literario escrito por Julio Alejandro, Luis Buñuel desglosó visualmente en la película  Viridiana las preguntas planteadas por Galdós a lo largo de su obra literaria, combinado con el tono crítico y crueldad de Baroja.  Recogiendo cinematográficamente hablando  elementos provenientes de la picaresca en la pintura del Siglo de Oro, así como obsesiones visuales aludidos a Stroheim y a Bergman. No olvidemos lo que afirmaba Max Aub: “Buñuel, era un escritor, que había encontrado en el cine su manera de expresarse, reemplazando la pluma por la cámara”.

Las imágenes que por primera vez ven la luz, y que se pueden apreciar en la exposición Masats/Buñuel en Viridiana, muestran a un Masats que realiza un trabajo de fotorreportero: observar, mirar y disparar. En sus instantáneas, el fotógrafo  guarda las distancias, se hace invisible ante el director turolense. En ellas vemos a un Buñuel de sesenta años,  dirigiendo a los actores, solventando problemas técnicos y tratando de adaptarse a las restricciones de un espacio que le venía dado, donde apenas cabía el equipo de filmación y que tenía muchas limitaciones. En algunas instantáneas es posible verlo en distintas actitudes y estados de ánimo. Pero lo que más sorprende es cómo Masats ha captado al genio de Calanda concentrado, absorto, ausente del resto del mundo. Un retrato de la soledad de uno de los grandes directores del cine de todos los tiempos