Las relaciones entre España y Lejano Oriente pueden rastrearse desde la época del Barroco (ss. XVI-XVIII). Primero, el gusto por la “chinerías” y, después, el “japonismo” en el siglo XIX, que revolucionó los grandes movimientos artísticos del momento y caló profundamente en las colecciones de las familias pudientes. Este asunto ha sido de interés para la historiografía del arte español y especialmente para los y las investigadoras de Zaragoza, lugar donde se dio la exposición celebrada por la que se redactó este catálogo. Tesoros. Colecciones de arte asiático del Museo de Zaragoza, celebrada en la Sala de Exposiciones de La Lonja de Zaragoza (5 de junio – 13 de octubre de 2025), estableció no solo una muestra temporal de excepcional envergadura, también como una declaración de intenciones institucional. El catálogo resultante se ha convertido en mucho más que una mera guía; ha alcanzado el título de monografía científica, sistematizando décadas de coleccionismo y estudio académico.
La tesis central reside en la reconstrucción del tejido del coleccionismo privado de arte Oriental en Aragón y su transformación en patrimonio público. El catálogo analiza un corpus de 373 piezas del Subcontinente indio (La India, Pakistán, Bangladés, Nepal, Bután y Sri Lanka), el Sudeste Asiático (Myanmar, Tailandia, Laos, Camboya, Vietnam, Malasia, Indonesia, Filipinas) y la Asia Oriental (China, Mongolia, Corea y Japón) pertenecientes a las colecciones conservadas en el
Museo de Zaragoza (Federico Torralba; Torralba-Fortún; Familia Kotoge; Pasamar-Onila; Gutiérrez-Pascual, Reijinsha y Gobierno de Aragón), proponiendo un recorrido que va desde el origen de éstas hasta la vanguardia técnica actual.
La solvencia intelectual de esta publicación queda garantizada por la dirección de dos figuras destacadas en el ámbito de los estudios japoneses y el arte oriental en la Universidad de Zaragoza; la doctora Elena Barlés Báguena y el doctor David Almazán Tomás, quienes han redactado el grueso del volumen (compilado en el segundo capítulo). La profundidad y riqueza de este catálogo no habrían sido posibles sin la labor dedicada de un nutrido grupo de especialistas, cuyas voces se entrelazan para dar cuerpo a los textos. Por tanto, es justo reconocer la autoría y el rigor aportado también por la introducción de Ana Labaila Sancho; el minucioso análisis sobre la conservación y restauración de las piezas expuestas, explicado con maestría por Nerea Diez de Pinos y Carmela Gallego (ésta, específicamente, las lacas); también los textos pertenecientes a las obras catalogadas, habiendo sido escritos por el equipo conformado por: Pablo Anía Ruiz-Flores; María Bayón Perales; Pilar Cabañas Moreno; Laura Clavería García; Antonio Clemente Ferrero; Yayoi Kawamura; Ana Labaila Sancho, David Lacasta Sevillano, Esther Martínez Mingarro; Alejandra Rodríguez Cunchillos; Delia Sagaste Abadía; Marcos Sala Ivars y Huang Yi. Este conjunto de autores y autoras logra transformar la investigación académica en un diálogo accesible, convirtiendo cada entrada del catálogo en una pieza esencial de este gran mosaico cultural.
El volumen se articula en bloques temáticos que desglosan la complejidad de las colecciones exhibidas, desde su conversación hasta su catalogación por culturas y medio artístico. Se dedica un espacio preeminente a la Colección Federico Torralba Soriano y su posterior gestión a través de la Fundación Torralba-Fortún. Se analiza cómo este núcleo fundacional permitió la expansión del fondo hacia áreas especializadas como la Colección Pasamar-Onila, rica en grabados xilográficos donde destaca la reivindicación de la mujer artista (como Katsushika Ōi o Uemura Shōen), o la Colección Miguel Ángel Gutiérrez, centrada en la iconografía de las artes escénicas tradicionales como el Noh y el Kabuki.
La sección dedicada a China aborda la evolución de la porcelana y la técnica de las lacas, con mención especial a las piezas de la época Ming y Qing. Por su parte, el bloque japonés profundiza en la estética de la laca urushi y la cerámica vinculada al chanoyu (ceremonia del té), incluyendo las recientes aportaciones de la Familia Kotoge y la Colección Reijinsha, esta última enfocada en el shodō (caligrafía) y el nihonga contemporáneo.
Entre todo esto, se ha de realizar una mención especial a la excelente calidad fotográfica. Las imágenes han sido plasmadas en la más alta calidad, con gran tamaño y recortes en detalles que hacen aún más disfrutable si cabe el maravilloso paseo entre las páginas del volumen.
El cometido de esta publicación era complejo: condensar siglos de historia artística de regiones geográficamente dispersas bajo un hilo conductor coherente. Sin embargo, la ambición científica y el concienzudo estudio de las piezas han dado como resultado una obra que contribuye decisivamente a engrosar la bibliografía sobre literatura artística y coleccionismo en España. Tesoros no es meramente un inventario de objetos preciosos; es un manual de referencia que permite descubrir nuevas miradas sobre manifestaciones culturales que, aunque geográficamente lejanas, forman ya parte indisoluble de la identidad cultural zaragozana. La obra se confirma como una herramienta indispensable para quienes investiguen, historiadoras del arte y especialistas en museología que busquen profundizar en la riqueza técnica de las civilizaciones orientales.