Entre el 21 de mayo y el 17 de junio, en la capital oscense (Sala Bantierra), el público ha podido deleitarse y reconocer sus propias señas de identidad a través de la obra fotográfica de Jonás Revilla (Barbastro, Huesca, 1957), en una exposición encuadrada en la quinta edición BFOTO 2018 (Festival de Fotografía Emergente de Barbastro), que se ajusta como un guante al leitmotiv propuesto por la organización de este importante evento dentro del año en curso: lo “rural”[1]. Con el título de “Los que hacen el paisaje” el barbastrense ha elegido dieciséis retratos -la mayoría de grupos familiares organizados por “casas” a la manera tradicional aragonesa- y cuatro paisajes, todos ellos captados en el término municipal somontanés de Bierge (con sus poblaciones incorporadas Rodellar, Morrano, Yaso, etc), con el fin de componer un mosaico de la vida rural alejada de los estereotipos.
La intencionada serenidad y neutralidad de estas imágenes no disimula un evidente sentido reivindicativo, ya que la propuesta supone un sentido homenaje a esas poblaciones de la España interior que resisten contra viento y marea sumergidas en una vida rural notablemente carencial en muchos aspectos y en franca regresión, pero también sumamente gratificante a nivel personal, como bien muestran las expresiones y los tipos retratados por Revilla. Un homenaje respetuoso a la vida tradicional, al poblador como sujeto que hace “paisaje”, que es protagonista -todo el año, y no solamente en los agradables periodos vacacionales- de un medio, naturaleza y cultura (material e inmaterial) modelada desde tiempos ancestrales por su actividad cotidiana.
La naturalidad se impone en las instantáneas de Revilla que captan escenas y escenarios frescos, sin reencuadres, retoques o tratamientos de postproducción, a modo de documentos ajustados a los límites impuestos por la sinceridad. Lo que le importa -como al Ulises odiseico- es el propio camino, no la meta, los encuentros que se produzcan en la pura acción de viajar, aquello que pueda suceder en el caldo vital de la actividad diaria de la “gente normal”, según califica el propio artista a los sujetos que elige siempre como motivo de sus fotografías, en una lectura aséptica de la cotidianeidad, sin sobresaltos, sin intenciones antropológicas o sociales, sin excepcionalidades. La literatura de viajes siempre le ha interesado mucho: Ulises, Marco Polo, Jack Kerouac, Julio Cortázar…Este último y su “Los autonautas de la Cosmopista”, supone una auténtica referencia para el barbastrense que conecta con inteligencia y sensibilidad su actividad profesional como taxista con su intereses creativos, urdiendo planes nuevos sin cesar en el silencio de los viajes, entre un destino y otro, al hilo de la conversación con uno u otro viajero…
De algún modo, las instantáneas de Revilla resumen, en el tiempo “dulce” de los prolegómenos del verano, la vida de la “Casa” altoaragonesa, concebida más que como grupo humano de organización social, como núcleo familiar de desarrollo afectivo sin dobles intenciones, ni mensajes subliminales. Los sujetos posan ante el objetivo conscientes de su colaboración en el proyecto y orgullosos sin duda de lo que hacen. Tal vez presumiendo también, en el fondo, que en el futuro -si la cosa no cambia mucho- podrían acabar siendo valiosos testimonios de lo que ha sido nuestra vida tradicional.
Aunque no se prodiga en exceso expositivamente hablando, conocemos la obra de Jonás Revilla -que estudió fotografía en la Escuela de Arte de Huesca- desde hace algunos años, sobre todo a raíz de su obtención de la Beca Ramón Acín de la DPH en 2006-2007. Entonces propuso paisajes reales del territorio oscense vinculados a las visiones que de ellos aporta la literatura de autores como Ramón J. Sender, Gabriel García Márquez, Jesús Moncada, Julio Llamazares, Georges Orwell o Carlos Castán, entre otros.
Pero su actividad es anterior. A partir de 2003 inicia un proyecto participativo y profundamente vital con título “Sic Transit Gloria Mundi”, un trabajo experimental, sostenido en el tiempo, que cada diez años retrata a diversos propietarios voluntarios (siempre los mismos, 58 en la primera convocatoria) con sus vehículos y reflexiona sobre las vicisitudes que afectan a ambos, personas y objetos, como una metáfora sobre la fugacidad y la cambiante naturaleza de la vida.
Otro proyecto de apreciable interés dentro de la trayectoria del fotógrafo, con obvias similitudes a este que ahora presenta en Bantierra, fue el titulado “Memento Viate”, en el marco del proyecto transfronterizo financiado por el FEDER “La culture en héritage” suscrito entre Barbastro (España) y los valles de L´Arize y Lèze (Francia)[4] en 2010. Su tema, el patrimonio vivo local de estas regiones apartadas del Sur de Francia, retratos de sus gentes e interiores de sus casas…Otro tributo a las realidades que son como son, que aportan al mundo su peculiar belleza, gracias a las gentes que las mantienen vivas y las enriquecen, a pesar de tener todo en su contra.
[1]Festival abierto de fotografía emergente internacional nacido en 2014, con amplia presencia de la fotografía en la calle, actividades diversas, talleres y exposiciones. Apuesta tanto por fotógrafos destacados como por aquellos que exponen por primera vez; este año (2018) se proyectan 24 exposiciones en el apartado Open y otros 65 fotógrafos en ocho escuelas invitadas. Además brinda acceso a 107 proyectos emergentes de14 nacionalidades.
[2]Revive el viaje que el autor de Rayuela realizó con su compañera, la fotógrafa y escritora canadiense Carol Dunlop, entre París y Marsella en 1982. Una de las últimas ediciones en español de este interesante libro: DUNLOP, Carol y CORTÁZAR, Julio, “Los autonautas de la cosmopista o un viaje atemporal París-Marsella”, Editorial Alfaguara, Serie “Narrativa Hispánica”, Madrid, 2016.
[3] LLES, Luis y REVILLA, Jonás, “J. Jonás Revilla”, Diputación Provincial de Huesca, Huesca, 2006.
[4]Como resultado de la obtención de esta beca, Revilla disfrutó de una residencia de creación y una exposición (entre el 25 de agosto y el 5 de septiembre de 2010) en Mas d´Azil (Francia)que posteriormente (2011) fue presentada en Barbastro (Huesca).


