El 20 de abril, galería A del Arte, inauguraron Cristina Herrera y Eduardo Lozano, bajo un título, enparejados, de innecesaria aclaración, con el aliciente de que cada uno aborda planteamientos pictóricos muy diferentes. Herrera ingenuista y Lozano expresionista matérico.
Cristina Herrera, como pintora, nada oculta y todo transcurre con fluidez temática y sencillos planteamientos espaciales y formales, pues cabe repetir que estamos ante una pintora que con su enfoque ingenuista, repleto de llana sinceridad, nos traslada a un mundo feliz de suaves colores con algún toque rojo en varios cuadros como matiz exclamativo. Todo vive beatífico, entrañable. La vida familiar, la pareja de enamorados, los perritos de compañía, el dulce y maravilloso hijo, el paseo por la ciudad, incluso un entrenamiento de boxeo, son temas que aborda con el encanto de su propia condición. Pintora ingenuista que mantiene viva la trayectoria de otros artistas aragoneses, como Julieta Aguilar, Francisco Blanco Garachana, Enriqueta T. Durán, Popi Bruned y Luis Marco Conde, que desarrollaron su obra hace años.
Eduardo Lozano expone dos temas unidos por gruesas texturas, tan atractivas, y muy atemperado color, como norma al servicio de la diáfana sugerencia temática. Queda evidente que en el cuerpo matérico, y el color, está la clave primordial para que temas sencillos adquieran la categoría de arte. Los cuadros basados en las carreras de caballos, siempre sobre la arena galopando junto al agua del mar, adquieren indiscutible impacto por su propia característica. Cada obra se centra, como si reventara vía chispazo, en un momento de la carrera desde cambiantes ángulos y luces, de modo que la mejor definición es, sin duda, su potente intensidad.
También se centra en el mar cuando pinta las barcas sin pescadores con un punto de soledad, de casi abandono, tan inmersas en el paisaje circundante. Los paisajes de pueblos y ciudades, desde muy dispares enfoques en cuanto a la panorámica, adquieren esa sensación de algo latente, de vida, muy impregnados por sugerencias mediante supresión de elementos formales, lo cual permite un excelente juego de planos que se nos apoderan por cambiantes planteamientos, razón de tanta variedad visual. Todo muy puro y auténtico.