Los pilares de Europa

In the olden days it is said that…,  antaño, después del Imperio Romano dio comienzo un periodo de oscuridad, profusión de mitos populares, con halo del miedo a lo desconocido, tal vez por la difícil comunicación, circunscritos en una época de caída hacia las fauces de casi un milenio de lapsus. Entre la caída del Imperio Romano y el fulgor indiscutible del Renacimiento, se abría una era de civilizaciones latentes o en extraño letargo que serían la génesis de la protoeuropa, y de un probable futuro más “luminoso”.

Así lo anuncia un “rey de juego”, en tablas desde el s.XII; es el rey del llamado juego de ajedrez de Lewis –yo tenía por costumbre saludarle en su diminuto hieratismo cada vez que iba al British Museum– ; pieza de marfil de morsa, que contiene todo el discreto misterio de la historia perdida, de aquello que suponemos, pero no tenemos certeza. Vale a dire, como decía Lorenzo il Magnifico en el poema La Canzone di Bacco, pero aplicado al pasado lejano, sul “passato” non v’è certezza.

Bien, tras los prolegómenos de cierta confianza que me son permitidos, paso a relatar el objeto de la cita ineludible en mi agenda dedicada a la ciudad de Zaragoza, en estos Quaderni di Caesar Augusta. Les tengo acostumbrados a obviar lenguajes técnicos, así que, una vez más, nos reunimos en este salotto de culturas, donde el respeto y el bon ton nos regalan el tiempo y la sonrisa.

Ya en otras ocasiones, les he hablado de las excelentes exposiciones de Fundación “la Caixa”, que he podido visitar durante años en diferentes sedes y ciudades. Esta vez se trata de “Los Pilares de Europa – La Edad Media en el British Museum”, con el cual firmaron acuerdo de colaboración en 2015, y que se puede visitar hasta el 29 de octubre en CaixaForum Zaragoza.

Asistían a la Rueda de Prensa Jonathan Williams, director adjunto del British Museum, Isabel Salgado, directora del Departamento de Exposiciones de Arte del Área de Cultura de la Fundación Bancaria “la Caixa”, Ricardo Alfós, director CaixaForum Zaragoza, y Naomi Speakman, comisaria de la exposición junto a Michael Lewis.

Permitan que les diga en confianza que, en Zaragoza, estos actos suelen emanar una especial cordialidad con sensación de estar en familia, quizás por el carácter de sus gentes y el gentil respeto que muestran en el trato a todos. Discreción y prudencia de los asistentes ha permitido una visita ágil con la explicación de los comisarios, que demostraba el cuidado amoroso que todo curator debe tener en la selección de las piezas.

No me adentraré en tecnicismos, para ello les indicaré ad latere dirigirse a las fichas detalladas de las obras (ya saben, medidas, materiales…); sin embargo me decantaré hacia una elipsis propia de los cuentos y leyendas que, a fin de cuentas, han hecho mella y han resultado lo más didáctico a lo largo de la historia, incluso con sus imprecisiones, olvidos, y metamorfosis propias de las modas y maneras.

En esta exposición, que consta de unas 260 piezas procedentes en mayor parte del British Museum (Londres), así como del Museo Arqueológico Nacional (Madrid), el Museo Nacional de Arte de Cataluña (Barcelona) y Museo Frederic Marès (Barcelona), se ha tenido la voluntad de mostrar que la llamada Edad Media, el Medioevo, fue aproximadamente un milenio en el que, contrariamente a lo que las definiciones históricas nos tienen acostumbrados, destacó por importantes cambios y un peculiar esplendor… Hasta ahí estoy de acuerdo, y hay que observar con detalle esos turning points que ciertamente dan un giro a la Historia…

Si ustedes son de la idea de que esta exposición va a dar alas a nuestro sentimiento paneuropeo, van bien encaminados. Publio Terenzio Afro (después lo encontré en Montaigne), decía que nada hay más parecido a un hombre que otro hombre. Pues, si dejamos de lado los conocimientos de detalles que nos hacen identificar estilos y procedencia de las obras, aceptaremos de buen grado que un maravilloso cofre de marfil tallado y deliciosamente historiado (el cofre de la castellana de Vergi) pueda venir  de la Corte de Borgoña o de un Ducado de Toscana. Me explico, los sentimientos y las emociones son comunes y parecidos a lo largo de la historia. Por tanto, contemplamos con asombro y placer las obras que dejaron en su vida temporal aquellos artesanos, y los mecenas; los utensilios, vajillas, adornos, joyas, armas y sellos que pretendieron marcar distancias insormontables y que ahora, más de mil años después, comparten lugar; tal vez en su momento, en su época correspondiente, no imaginaron que acabarían frente a frente, o en vitrinas sucesivas, siendo contemplados por miles de personas en los Museos, in balia, a merced de suposiciones, fantasías y bromas que nunca tuvieron otro espacio que nuestras actuales mentalidades.

En todos los países en que he vivido, recuerdo que siempre un  día a la semana había mercado. Esos días y esas plazas se me antojaban una paradoja temporal, pues contemplaba los puestos y los feriantes como fieles vestigios de lo que acontecía durante siglos, mientras flotaba mi asombro entre las mercancías expuestas. De modo parecido, cuando sigo las subastas, en su mayoría de Sotheby’s, siempre me viene a la mente la etimología: sub hasta, se repartían los bienes confiscados o el botín de una batalla, todo depositado alrededor o bajo la lanza. En casi todo lo que hoy hacemos y poseemos  es posible ver restos y herencias de otros hombres, de otros tiempos.

Los artesanos han transmitido sus habilidades a través de los siglos con sus obras, aquellos que poseían riquezas hacían encargos, para hacer visible su estatus dando brillo a las vanidades, y conquistar algo parecido a un retazo de eternidad. En cierto modo lo han conseguido, los unos y los otros, pues hoy contemplamos las antiguas pertenencias en museos, colecciones y exposiciones como ésta.

En esta exposición de CaixaForum equilibramos con mirada serena una verdad con el fruto de los mitos, y pensamos que no es todo como nos contaron, incluso en el imaginario colectivo desplazamos cronológicamente objetos y adornos que no aparecieron hasta unos siglos después. Lo que sí es cierto es que el Medioevo fue un tiempo de fermento y cambios que prepararon y propiciaron el esplendor del Renacimiento.

En pocas palabras y escueta cronología, el Imperio Romano se descompone (siempre oímos “caída”), sin ruido, y con la entrada de Odoacre (476) marcamos un final y el comienzo de otro ciclo. El poder se rompe, se desmorona, hay una gran carestía, con una economía arcaica sin intercambios, los campesinos son pobres. Hacia el año 800, con Carlo Magno y el Sacro Romano Impero, se establecerá el sistema de feudos y castillos; tendremos nobles, campesinos, soldados y monjes. Las cortes de los soberanos son itinerantes. En las abadías, que son como pequeñas islas autónomas, se mantiene la sabiduría, nutriendo con copistas las bibliotecas. También llegó la época de las espléndidas catedrales. Hacia el 1200 veremos el auge de los artesanos.

De la vida cotidiana quedan vestigios; uno de los objetivos del British Museum en esta exposición es mostrar piezas tanto de las élites como de otros estamentos sociales. Ha sido repartida en cinco ámbitos : poder real, el eclesiástico, la Corte, la vida en las urbes y la herencia, el legado …

En las vitrinas se exponen los ejemplos más ricos que, probablemente, por los materiales mejor se han conservado, custodiado y heredado. Entre ellos, los comisarios han querido destacar gentilmente algunas de sus piezas favoritas.

Si nos distanciamos un poco de leyendas, tópicos y magia, iluminaremos una serie de invenciones pequeñas y grandes que ya por sí mismas marcan un antes y un después en nuestra historia: la brújula, las gafas, los botones, los naipes, los cañones, las notas musicales…y entre los grandes legados tenemos los Parlamentos y las Universidades.

Y para finalizar, una curiosidad, parte mito y realidad: recordarán Caliburnus o Excalibur, espada que el bretón rey Arturo extraía de la roca… pues en Montesiepi, un pequeño pueblo cerca de Siena, pueden ver la espada de San Galgano (+1181); en la iglesia encontraremos la espada del caballero Galgano Guidotti, más tarde convertido en santo. Es una bella historia, si no quieren esperar a un sucesivo episodio en estos cuadernos, les invito a que se interesen por este singular hallazgo en el que historia y leyenda se diluyen en un milenio. Tal como los hermosos objetos que el British Museum ha llevado a Zaragoza para que podamos discurrir sobre lo divino y lo humano, recorriendo los siglos y uniendo las naciones estado que en el Medioevo se empezaron a gestar. Se puede sonreír suavemente al constatar que la historia está compuesta por acumulación de conocimientos y superposiciones, y ahora pienso en nuestras autopistas y carreteras, buena parte “superpuestas” a uno de los estupendos restos del Imperio Romano, que fueron los cerca de 80.000 km de calzadas que unían “cómodamente” los territorios. Por Caesar Augusta pasaba la Via Antonina.

Y volvemos al inicio del juego. Un antiguo rey avanzaba con sus huestes, dejando un rastro de abalorios, cofres de marfil, cristales de colores,fíbulas carentes ya de sus cabujones.

Una espesa barba para mostrar su digna ancianidad, sus ropajes y una espada presta a desenvainar. Eran los relictos de una armada sin castro ya, vagando de un país a otro, conociendo territorios que jamás antes habían atravesado. Era el tablero en el que se exponían las piezas de una época, la Edad Media, en aras de la cultura que nos une, y de las culturas por las que luchamos a lo largo de los siglos. Piezas de un ajedrez, un juego de tablas reales, que se muestran como actores silenciosos en una obra nueva.

In days gone by… hubo una época llamada Media, de la que pueden ver vestigios en esta exposición de CaixaForum, en colaboración con el British Museum, a las que seguirán otras maravillosas que les relataré en futuro.

Les dejo con un antiguo proverbio que nos recuerda que, al final del juego, tanto el rey como el peón terminan juntos en la misma caja…