Lección de Arte y Vida: Grupo ZheBRA

Si el binomio Arte y Vida se ha conformado históricamente como uno de los objetivos esenciales de toda auténtica orientación vanguardista, no cabe duda de que es una recuperación de este mismo espíritu el rasgo que define con mayor precisiónel proyecto “Taller de Arte”, dirigido por el artista Eduardo Cajal en el centro Manuel Artero de Atades (Huesca), en un esfuerzo por ofrecer a las personas con discapacidad intelectual un canal de desarrollo personal y de integración social a través de la expresión artística.

Una sola visita al luminoso taller de Atades, situado en las proximidades de Huesca, es suficiente para comprobar cómo el arte y la vida confluyen mágicamente en torno a una experiencia que aspira, mucho más allá de la mera funcionalidad terapéutica, a la realización más profunda de sus protagonistas. El trabajo plástico allí desplegado canaliza un constante y maravilloso flujo de descubrimientos, sustentados en la pura acción expresiva y en la vivencia intensa del instante creativo. Resultado: “autenticidad”, ese valor ansiado por los artistas de todos los tiempos y que caracteriza en buena medida al –hoy tan de moda- llamado “Arte Out-sider”. Con sus pros y sus contras, y demostrando una creciente presencia e influencia, esta etiqueta de “Outsider” ha contribuido al desmantelamiento de ciertos supuestos y postulados elitistas aún dominantes en los canales de difusión y distribución del arte actual, y hoy día se presenta, de forma cada vez más extensiva, como paradigma de auténtica actividad estética innata en el ser humano. El valor esencial de esa “autenticidad”, que en buena medida lo define, parece ser reconocido por las últimas tendencias críticas e historiográficas internacionales que saben apreciar el fenómeno, no ya como una simple anécdota o rareza dentro del complejo mosaico que es el arte de hoy, sino como una espléndida realidad incorporada de pleno al más actual intercambio teórico y artístico.

En el proyecto desarrollado en Huesca, por su inmediatez, es la pintura, de entre todas las técnicas posibles -con preferencia, aunque no de forma exclusiva-, la disciplina elegida para dar voz a los sentimientos, sensaciones y emociones de estos artistas que, como todos los artistas de todos los tiempos, sueñan con abrirse al mundo con naturalidad, vivir una existencia plena sin limitaciones a través de la transformación estética de la realidad. Artistas que saben encontrar en la materia pictórica, en la forma y el color, una fuerza expresiva elemental, un privilegiado vehículo de expresión y de comunicación que les conduce, en definitiva, a un alto grado de crecimiento personal y, en su caso concreto, a unas mayores cotas de integración social.

La experiencia de varios años con estos creadores ha llevado a Eduardo Cajal a la convicción de que el lenguajeplástico se demuestra altamente enriquecedor de cara a lograr esta ansiada apertura integradora, ese diálogo de una intimidad expectante por abrirse a un entorno social, no siempre tan receptivo y sensible a este anhelo, como en principio sería deseable. Porque los convencionalismos, los estereotipos y los tabúes se han impuesto tradicionalmente a nivel general en la apreciación social de la actividad artística realizada por este tipo de creadores marcados por su discapacidad. Es por ello que, rompiendo convencionalismos y tabúes, abanderando a sus compañeros de grupo, Cajal ha “invadido” en varias ocasiones las calles del centro de la capital oscense, cuya ascética personalidad se ha visto alterada y enriquecida por unas obras y unos artistas que no rezuman sino vitalidad por los cuatro costados.

De acuerdo a los prejuicios y estereotipos, aún predominantes a la hora de valorar el trabajo de este tipo de artistas, cabría esperar en las pinturas realizadas por los creadores de Atades rasgos de inocencia e ingenuidad, resoluciones en base a una elementalidad más propia del universo infantil. Y, sin embargo, nada más lejos de la realidad: La complejidad, el automatismo, el gesto, la afirmación cromática y textural del “yo” (que produce modalidades expresionistas), su “vaciamiento” lírico y, en ocasiones incluso, “catártico”, protagonizan estas producciones pictóricas sinceras, impregnadas de intensidad, sensación de aventura, vértigo y sensibilidad; obras creadas lejos de toda estéril “intelectualización”, que se impulsan en el reconocimiento franco del hecho vital, en la experiencia vivificadora y significadora de la “intuición del instante” y que encuentran, en definitiva, una plenitud creadora.

Como toda experiencia con vocación verdaderamente vanguardista, el oscense “Taller de Arte” de Huesca dinamizado por Cajal se ha organizado de forma grupal, intentado dar respuesta a necesidades e intereses individuales y colectivos y proporcionar nuevas posibilidades de experimentación a sus miembros. En este contexto se ha creado dentro del taller un grupo más específico. Su nombre, grupo ZheBRA, cuyo objetivo puede resumirse en la canalización, a través de la acción y de la experimentación plásticas, del estado de emocionalidad/versus racionalidad en que se mueven sus protagonistas: Cristina Piedrafita, Esther Carreras, Irene Delgado, María José Sarte, Víctor Sevilla, José Luis Orduna, Félix Moreno, Fernando Vidal, Ricardo Roldán, Ramón López, José Antonio Mavilla, Inmaculada Castejón, Carmen Rasal, Rocío Suárez y Manuela Vived. La abstracción “emocional” es el vehículo que permite a cada miembro y al grupo en su conjunto desplegar su intensa acción creativa, para dejar impronta de su “habitar” el mundo. Demostrándonos con firmeza que el Arte cuando lo es, lejos de conformarse como un producto o mercancía más, constituye un espejo fiel de la interioridad del hombre, sean cuales sean sus circunstancias o condición, y un inestimable símbolo de la comunidad a que pertenece.

Este espíritu grupal, tan sumamente raro ya en nuestro competitivo, estandarizado y comercializado panorama artístico actual es lo que ha intentado preservar a toda costa Eduardo Cajal en la reciente presentación pública de la producción pictórica de Atades en el CDAN de Huesca. Verdadero refinamiento ha demostrado el artista como responsable del montaje expositivo de unas obras que son fruto de interesantes sinergias energéticas derivadas de un proceso creativo en común, Lamentablemente, éstas han sido relegadas a unas salas residuales, en tanto otras dos exposiciones sostenidas en la más pura convencionalidad, ocupaban los mejores espacios expositivos del museo. Relegadas, sí, pero muy visibles por su fuerza intrínseca, las del grupo ZheBRA resultaban especialmente impactantes por su dinámica presentación espacial, por su modulación en un ritmo sin alteraciones que sabía destacar sus mejores y más brillantes notas con absoluta naturalidad.