La galería A del Arte acoge dos exposiciones de alto nivel. Teresa Salcedo, 7 de febrero al 8 de marzo, presenta una excepcional obra producto de un trabajo que abarca papeles, cuadros, los numerosos de pequeño formato son de 2013, y un hermoso cuadro que se desenrolla para crear cierto volumen emparentado con la escultura. Assumpta Rosés, en su eficaz y aclarador prólogo titulado Documentos. Silencio llama silencio, señala que hay 250 pinturas de pequeño formato, lo cual ofrece una idea sobre el gran trabajo de la artista. Lo exhibido, visto en su totalidad, es como si fuera una gran instalación que nos inunda y empapa por doquier.
Citamos 82 papeles como interpretación temática de Los desastres de la guerra, por Francisco de Goya, claro, motivo del toque destructivo. Las restantes obras, vistas desde un ángulo general, son exquisitos paisajes caracterizados por la variedad de colores, siempre entonados, que adquieren una verdadera sensación mágica, de ahí las envolventes atmósferas que impregnan y atrapan con dispar intensidad. Todo sin olvidar los fondos monocromos o la importancia, cuando se da, del cielo. Sumemos la incorporación de árboles, aves y flores. Todo se puede definir como muy cambiante belleza acumulada que jamás cansa. La aparente sencillez vía arte. Nos queda recordar que los muy numerosos cuadros de pequeño formato, siempre el mismo, requieren un trabajo de tal calibre que tiene nuestra admiración. Añádase otro rasgo importante: cuando comienza a pintar cada uno, desde la infinita paciencia, ha vaciado su pensamiento con antelación, de modo que comienza de cero para crear otra obra de arte y luego más, desde el corto tiempo de ejecución y la máxima eficacia artística. La pintora, con estas obras, ha deslizado una importante apuesta que gana con máxima perfección.
La obra de María Enfedaque, 13 de marzo al 16 de abril, se titula Nodus, por nudo pero en latín. El prólogo de Ana Revilla es tan impecable, tan abarcador, que ni respirar para ofrecer un matiz diferente. Vayamos con un recorrido que comienza al entrar en la galería A del Arte y termina con una escultura de madera posada en el suelo como más que articulado y perfecto final. Estamos ante 22 cuadros, de 2013 y 2014, con soporte de lienzo, panel y tres cartulinas de gran tamaño y una escultura enlazada con las últimas obras que dejan aflorar el soporte de panel o que tienen láminas de madera. Todo son abstracciones con máximo o mínimo campo geométrico.
Los cuadros consisten en espacios avasallados por trazos gestuales, bandas móviles, formas ovaladas, círculos sin acabar e insólitas formas redondeadas, que succionan el espacio y, de paso, el énfasis geométrico como hermoso contraste en lo que se puede definir como cuadros abstractos geométricos con dosis expresionistas. Añádanse cambiantes espacios e intensos colores tipo azul, rojo, verde, blanco o amarillo. Dosis de irracionalidad seducida por la geometría y, también, al revés. Poco a poco, como si fuera una sonriente nube de langostas pidiendo hierva ante la felicidad del agricultor, las láminas de madera se incorporan al soporte para ser otro color desde su naturalidad, sin olvidar el definitivo soporte de panel. Tres grandes cartulinas, sin olvidar un cuadro de panel con tela blanca en la zona superior, simbolizan la elocuente y paulatina transformación del concepto expositivo, de modo que deja el bello vacío del papel e incorpora láminas de madera o la geometría de los primeros cuadros para enlazar ambos criterios. La exposición, según indicábamos, acaba con la escultura abstracta geométrica de madera en el suelo, por supuesto de color natural para mostrar, como en los cuadros, su propia belleza. Ya indica, al respecto, Ana Revilla: En la pieza escultórica nos encontramos con una radicalización del “no lugar”, entendido como espacio del anonimato, y a su vez con la puesta en su sitio de la dialéctica de la pintura. Exacto.