José Antonio Val Lisa
“Mujer, abismo en flor, maldita seas! Rosa de filo, espada tierna, fontana de letargo; con qué nos muerde, lirio, tu seda?. Cómo diosa, haces los negros de oro y haces dulce lo amargo?”. Con estos versos del poeta Juan Ramón Jiménez podemos apreciar las construcciones estéticas que se habían puesto de moda en España. El Simbolismo. Esta corriente artística emergió, en los albores de la centuria del siglo XIX, en la plástica española, en particular, y en el más amplio espectro literario, en general; mostrando la perversidad femenina en todo su auge. La construcción del mito de la “femme fatale”, impactó en las artes plásticas, ya que los artistas, varones en su mayoría, disponían del material gráfico necesario para sus inspiraciones. A través de los desnudos femeninos, encontraron el motor de inspiración para mostrar la belleza de la mujer como perturbadora alidada con la lujuria, y en casos más que aislados, capaz de provocar la muerte.
Fatales y perversas. Mujeres en la plástica española (1885-1930). Este título más que sugerente, es el que se le ha otorgado a la nueva muestra que podrá verse en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, hasta mediados de julio. Organizado en dos ámbitos. El primero llamado Las perversas míticas, reúne las representaciones de aquellas clásicas malvadas conocidas a través de las fuentes literarias. El segundo acoge a las Mujeres reales: gitanas, cortesanas, damas y majas de la cultura española finisecular. Una muestra comisariada por Concha Lomba, Catedrática en Historia del Arte, que con esta exposición concluye su responsabilidad en el Vicerrectorado de Cultura y Política Social, de la Universidad de Zaragoza.
A pesar de que el origen entre la mujer y el Mal, se le haya otorgado siempre a un personaje bíblico como Eva, la literatura y las artes plásticas de la segunda mitad del siglo XIX, buscarán otros personajes, de gran fuerza y mayor ímpetu, como Salomé o Ofelia, por poner sendos ejemplos, que interesaron de manera especial. De entre las pérfidas representaciones de mujeres fatales, que se pueden observar en la primera sala, nos quedamos con Salomé de Anglada Camarasa, donde a través de unas breves pero intensas pinceladas, el artista catalán representa el torso de la protagonista en el momento justo de comenzar a danzar. Así como una selección de fotografías de Antonio Esplugas, en donde el visitante podrá comprobar, a través de secuencias históricas, los sucesos que van desde el momento de aparición de la princesa, hasta la contemplación, por parte de Salomé, de la cabeza ya decapitada de Juan El Bautista, sin ningún ápice de remordimiento, ni dolor, por parte de la princesa. Otra mujer fatal representada en la muestra, será Kundry, inventada como personaje para la obra de Wagner, Parsifal, aquí aparece representada por el artista español Rogelio Egusquiza. La luz proyecta el cuerpo femenino, pero a la vez delicado, de la dramática figura femenina que aparece en el centro de la composición, mientras es admirada, desde la oscuridad por un hombre. Mientras que Juan Luis López García se centra en la muerte de Ofelia, en este caso la hermosa muchacha parece más bien como una aldeana dormida, sobre un suelo repleto de flores
En la segunda parte de la exposición veremos un prototipo de mujer fatal “hispana”, entiéndase el concepto: gitanas, bailarinas, actrices, damas o majas. Estas mujeres representadas, nacieron de una ambivalencia entre la perversidad y la inocencia, que las convirtió en protagonistas de la pintura europea del momento, siendo su mayor representante en España, Julio Romero de Torres. En la muestra podemos ver ejemplos como el de la Celestina de Zuloaga, donde una lujosa bata, cubre meramente tanto el cuerpo, como el oficio de la retratada. También podremos admirar algunos desnudos femeninos que, de alguna manera, recuerdan a esa Maja desnuda, de Goya. En otras ocasiones, la mujer, aparece vestida, recostada en un diván, con actitud entre melancólica y fría, pero con un lenguaje corporal, que atiende a puntos de atracción y perversión hacia el espectador. Es el caso de la obra Alma felina, del único artista aragonés, aquí representado. Juan José Gárate, gran conocedor de la mujer, alejado aquí del folclorismo mal entendido e interpretado. La nueva mujer, liberada y activa, que tiene su reflejo en la forma de vestir, queda representada en la obra de Federico Beltrán Masses, Retrato con pamela verde, que cierra la muestra. Los llamados “felices años veinte”, otorgaron a la mujer un mayor papel social, desde el reclamado derecho al voto, hasta el ideal del llamado “sexo débil”. En las artes plásticas, la mujer cambiará la mantilla por los sombreros. Pero esa, es otra historia.