Romper el jarrón no fue lo más difícil, al fin y al cabo, hace mucho tiempo que estaba roto. Lo realmente duro fue recoger los pedazos y reconstruirlo. Romper, recoger, pegar, escribir lo que nunca más dejaré en manos de nadie. Todo un proceso, en el que mi jarrón dejó de ser un jarrón y fue mi vida.
Ahora mi jarrón roto y pegado es mucho más fuerte. Ahora, forma parte de un todo: es parte importante de la obra de una artista.
(Anónima, participante del taller que dio lugar a la exposición Las formas del olvido).
Nada más entrar a la Sala Juana Francés mi mirada se dirige a las fotografías clavadas sobre el muro blanco. Imágenes minimalistas, pero de gran fuerza visual que muestran anónimamente a mujeres con jarrones. Junto a ellas, los propios jarrones fragmentados, fruto de un taller organizado por Gema Rupérez con nueve mujeres víctimas de violencia machista. De pronto, el silencio de la sala queda interrumpido por el sonido de un vidrio rompiéndose, que acompaña a la proyección del momento en el que estos jarrones fueron rotos. Ese impacto sonoro nos anuncia que la muestra emana de experiencias dolorosas, catalizadas y reconvertidas en arte a través del taller. Además del audiovisual del momento de la destrucción de los jarrones —ubicado al fondo de la sala—, la artista presenta otro vídeo en el que resume la experiencia del taller y su materialización en esta exposición. Gracias a él disponemos de un documento valioso para comprender el tratamiento que dieron estas mujeres a los fragmentos de vidrio, recomponiéndolos, ordenándolos y realizando diminutas inscripciones en sus grietas, escribiendo mensajes en esas heridas fruto de la experiencia dolorosa, consiguiendo, en palabras de la artista “una narrativa emocional sobre las cicatrices”. Del mismo modo que algunas personas se tatúan al superar sucesos traumáticos, esas inscripciones quedan como testigo del vencimiento de esas dificultades, que no se olvidan ni se camuflan.
Gema Rupérez (Zaragoza, 1982) es licenciada en Bellas Artes por la Facultad de San Carlos (Valencia) y completó su formación en el extranjero y a través de talleres impartidos por célebres artistas. Algunas de sus obras forman parte de colecciones de renombre como la Fundación Pilar Citoler, Antonio Gala o las Diputaciones de Huesca y Teruel. Ya llevó a cabo en la Sala Juana Francés en 2012 una exposición, Sobre la superficie, como fruto de un taller con víctimas de la violencia machista. En esa muestra los resultados del taller se expresaron a través de obras de arte realizadas en muy diversas técnicas y formatos, distinto de la aparente uniformidad de la exposición actual. Las formas del olvido sería un epílogo de esa exposición, tomando como título un libro de Marc Augé, en el que analiza las formas rituales del olvido y su tratamiento en diversas sociedades. La artista demuestra una vez más ser una de las creadoras más destacadas del panorama contemporáneo aragonés, capaz de combinar técnicas y procedimientos muy variados (escultura, instalación, video arte o fotografía en este caso), en una exposición que a priori parece sencilla, pero que transmite un mensaje claro y poderoso.
El jarrón es el elemento en común entre todas las intervenciones realizadas por las autoras participantes. Tal y cómo explica Gema, ellas eligieron sus jarrones elementos “llenos de carga emocional directa, relacionados con su entorno”. Tomando este punto de partida, la artista ha investigado la técnica japonesa llamada kintsugi (金継ぎ), que se traduciría como carpintería de oro. Consiste en arreglar fracturas de objetos cerámicos con una solución que incluye polvo de oro, plata u otros metales preciosos. Es una manera de poner en valor esas heridas que forman parte de la historia de los objetos. Según la artista, no se trata simplemente de encontrar belleza en esa fragilidad, pues esta no es la palabra que define a estas mujeres. Es una manera de hacer llegar la luz a través de las grietas. La técnica del kinstugi ha inspirado a otros artistas contemporáneos, es el caso de los australianos Claire Healy y Sean Cordeiro, quienes reflexionaron a partir de los fragmentos de botellas de bebidas alcohólicas sobre los residuos de la sociedad consumista y la lucidez que puede surgir de momentos de ebriedad en su serie Druken Clarity.
Aunque el objetivo de Gema Rupérez y de estas nueve mujeres es distinto, explora las posibilidades del vidrio roto, en algunas ocasiones recomponiéndolo tras ser fragmentado, en otras, ordenando los fragmentos y creando lo que la artista define como “archipiélagos de memoria”, que recuerdan al tratamiento de los materiales arqueológicos.
El compromiso social de la Sala Juana Francés ha llevado a organizar visitas guiadas gratuitas y talleres educativos para alumnos de 4º de la ESO y Bachillerato, que seguro encontrarán en esta muestra discursos interesantes que motiven la reflexión de los más jóvenes.