La vida instrucciones de uso

Georges Perec abrió el preámbulo de su novela La vida instrucciones de uso (1978) con una cita de Paul Klee –“La mirada sigue los caminos que se le han reservado en la obra”– para, a continuación, explicar los principios que rigen “el arte del puzzle” en relación con las enseñanzas de la Gestalt: “el objeto considerado (…) no es una suma de elementos que haya que aislar y analizar primero, sino un conjunto, es decir una forma, una estructura”, y después añade, “solo las piezas que se hayan juntado cobrarán un carácter legible, cobrarán un sentido: considerada aisladamente, una pieza de un puzzle no quiere decir nada; es tan solo pregunta imposible, reto opaco”. Noventa y nueve piezas componen el puzle ideado por Perec, noventa y nueve capítulos que relatan las historias de los habitantes de un inmueble parisino en el número 11 de la calle de Simon-Crubellier, que imagina desprovisto de fachada y que recorre, como si de un tablero se tratase, siguiendo los movimientos de un caballo de ajedrez.

La obra de Perec inspira la primera propuesta de un nuevo espacio para la cultura en la ciudad de Zaragoza, La Casa Amarilla, galería de arte y librería especializada en ensayo dirigida por Chus Tudelilla, también comisaria de la exposición. Como Tudelilla recuerda citando a Georges Didi-Huberman: “El pesimismo no puede tener la última palabra”. Toda una declaración de las intenciones que guían el proyecto. No podemos menos que darle la bienvenida y posicionarnos con ella.  

La exposición La vida instrucciones de uso reúne a los artistas representados por la galería, así como a colaboradores e invitados, que dialogan con Perec a partir de las motivaciones e intereses que guían sus propias trayectorias. Si atendemos a lo expresado por este no convendría hablar de un puzle, puesto que cada una de las obras expuestas, consideradas de forma aislada, distan de ser preguntas imposibles, pero no puede menos que subrayarse la coherencia del conjunto resultante. Todas forman parte de una estructura mayor: la propia vida. Algunos trabajos apelan directamente a la narración de Perec, como Petites Annonces de Fernando Martín Godoy, que recoge a la tinta la disposición de la fachada del edificio; Simultaneidad serializada, la pieza sonora compuesta por Antuán Duchamp a partir del concierto celebrado en la cocina de los Louvet; Iceberg de Valène,de Louisa Holecz, que desdobla y refleja el inmueble prestando atención a sus partes ocultas; el Gato vigilante pintado por María Buil; o Paisaje-puzzle y Grial de Nacho Bolea. Este último, además de aludir al relato de James Sherwood y el timo de que fue objeto, incluye un equilibrista que recuerda a aquel que no quiso bajarse del trapecio: “A pesar de las súplicas (…), el acróbata cortó orgulloso la cuerda que le habría permitido bajar y empezó a ejecutar con ritmo cada vez más rápido una sucesión ininterrumpida de grandes soles. Duró dos horas aquella última proeza y provocó cincuenta y tres desmayos en la sala”.

Otros juegos de equilibrio tienen lugar en la sala de exposiciones. En un columpio se balancea la figura modelada y luego fotografiada ante un fondo pictórico por José Noguero; mientras que en El camino más largo, el vídeo de Alejandro Ramírez, este recorre su casa y su taller sin la posibilidad de pisar el suelo. La comisaria nos recuerda en su texto las palabras de Perec, para quien vivir era pasar de un espacio a otro haciendo los posible para no golpearse.

A la arquitectura, habitada o no, se refieren otro grupo de obras. La ciudad se despierta perezosa en el Haiku de la mañana oscura de Paco Algaba; las escaleras, tan importantes en el relato de Perec, son el motivo fotografiado por Iñaki Bergera en edificios de Frank Lloyd Wright, Álvaro Siza y Le Corbusier; y una fachada protagoniza una de las fotografías tomadas por Luis Gordillo en su entorno cotidiano. Solo quedan fragmentos de los edificios de papel y acuarela construidos y destruidos por Antonio Fernández Alvira.

La naturaleza es el marco en que se desarrollan las intervenciones sobre el paisaje de Javier Almalé y Jesús Bondía, presentes con dos imponentes obras de su serie Falso reconocimiento; y es también el objeto de los mapas topográficos de las fotografías de Vicky Méndiz. Testimonios de esta, piedras encontradas y ensambladas, componen una de las esculturas de Joana Cera. Formas orgánicas, en todo caso, como las de los restos fósiles y el alabastro cuidadosamente trabajado por la autora que componen la otra. Huellas vegetales conforman los dibujos de humo llevados a cabo por Señor Cifrián, acordes con la obsesión de Perec por la enumeración y el inventario. En un campo de amapolas vive la mujer pintada por Lina Vila.

La memoria de los objetos reunidos por Manuel Bouzo en el chilabete que sirve como soporte de Lugar-espejo (El náugrafo insomne), parece contener tantas historias como la novela de Pérec. Tantas como las que apuntan los rotundos collages de Pep Duran o los personajes dibujados por Javier Peñafiel en Perfeccionando muerte. A la memoria semiborrada de unas niñas desaparecidas en extrañas circunstancias alude Picnic at Hanging Rock, de Enrique Radigales. Un nombre femenino de origen griego, Diadora, da título a la escultura de lana y materiales encontrados de Charo Pradas.

Pedro Bericat, hasta el mes de enero también en la exposición Escuchar con los ojos. Arte sonoro en España, 1961-2016 de la Fundación Juan March, interviene sobre un single de vinilo de Peret. Un juego entre palabras casi homófonas que a Perec le habría encantado.

Una cita de los Diarios de Bertolt Brecht inspira el nombre de este nuevo proyecto cultural de iniciativa privada: “En algún sitio habría que fundar una casa amarilla, como dice van Gogh, y juntar en ella a gente con ideas y talento que luego ya verán cómo se las arreglan”. El rumbo, a juzgar por esta primera exposición, la cuidada selección de libros y el resto de actividades propuestas, es firme.