La seducción del Mediterráneo

A lo largo de la historia del arte, son frecuentes las revisiones de la Antigüedad. Primero, el de Roma sobre Grecia, después el Renacimiento sobre Roma y Grecia Y, a principios del siglo XX, durante el apogeo de las vanguardias, y probablemente como respuesta y reacción ante ellas. El Mare Nostrum, el Mediterráneo, cuna de la cultura occidental, dónde se encuentran los cimientos de la propia Europa. A finales del siglo XIX y durante las primeras décadas del XX, el Mediterráneo fue redescubierto como lugar de inspiración para los artistas. Éste fue interpretado como un lugar idílico, poniendo en valor su primitivismo, simplicidad y pureza. Numerosos creadores franceses, italianos y españoles escogieron este escenario por sus condiciones favorables, vivieron en sus orillas, hicieron de él un referente para sus obras, y en ocasiones resulta sorprendente por la sincronía entre ellos. El Mediterráneo es el marco, el hilo conductor que les sirvió como pretexto, como deleite o como oasis en medio de los vaivenes de las vanguardias.

Un diálogo inédito, es lo que propone en esta nueva  exposición temporal el Museo Carmen Thyssen Málaga: Mediterráneo. Una arcadia reinventada. De Signac a Picasso. Entre la tradición y la modernidad, a través de más setenta obras, entre pinturas, dibujos, grabados y cerámicas de algunos de los más grandes maestros españoles y franceses del momento. Como podemos ver a partir de las obras seleccionadas en esta exposición, los artistas mostraron desde distintas perspectivas temporales un planteamiento de revisión y recuperación de un lenguaje clásico, con obras protagonizadas por la luz y el color. También debemos tener en cuenta que  nunca se convirtió en un movimiento, por su convivencia con las vanguardias, podríamos considerarlo más bien como una  revisión de la Antigüedad más heterogénea, una vuelta al orden.

En España, lo mediterráneo está vinculado de forma clara a los artistas noucentisas, el polifacético Santiago Rusiñol, con su obra María Rusiñol en el Cau Ferrat (1894), Darío de Regoyos, al igual que Joaquín Mir, uno de los primeros autores verdaderamente modernos en volver su mirada hacia el Mediterráneo o Anglada Camarasa Pinos de Formentor  (1923), obra que conjuga la fascinación de la primera mirada del explorador de un territorio idílico, salvaje y despoblado con la experimentación plástica, de colores intensos, aplicados en gruesos empastes . Tampoco podemos olvidar a los paisajistas levantinos: Pinazo, con su obra Anochecer en la escollera (1898-1900), representante de  una sensibilidad moderna entregada a la impresión paisajística y que revela una inaudita libertad creativa o de Sorolla. Nadadora, Jávea (1905), realizada en su etapa de madurez, muestra un gran virtuosismo cromático y una ejecución vigorosa. Picasso, el pintor malagueño, volvió sus ojos a la Antigüedad de forma recurrente durante su prolongada trayectoria artística. Empleará las técnicas más populares como el grabado, la aguada, Hombre con máscara, mujer y niño en sus brazos (1936), y, especialmente, la cerámica, el más ancestral de los medios, Búho con las alas desplegadas (1957), para adentrarse en un juego de imaginación entre el soporte y el contenido. Picasso y Matisse fusionaron la realidad presente con el pasado, pero mientras el propio Matisse, se recrea de la forma hedonista en la belleza del paisaje, como en la obra La ventana abierta en Niza (1919), aplicando algunas de las convenciones de sus movimientos. Picasso, antiguo y moderno al mismo tiempo, representó para muchos creadores un regreso a la Arcadia. Ambos pintores incorporaron la tradición mitológica mediterránea a un leguaje de modernidad. El Mediterráneo, tras el camuflaje de una apariencia clásica, se manifiesta ante nosotros el arte moderno, como una sinergia compleja y novedosa. Se convirtió en motivo común de inspiración, en la que tienen cabida artistas tan diversos como Rodin o Picasso. Estos creadores modernos, proyectaron una segunda lectura vinculada a la posición del artista ante la obra de arte, en un momento en que las reglas históricas del juego del arte estaban en pleno cambio.