Su aclarador título, Beastlike (Bestia igual), obedece con exactitud a una magnífica exposición inundada de sinceridad, en una suerte de riesgo por los temas planteados, pues estamos ante singularidades auténticas del hombre y del animal, como si ambos sintieran con naturalidad lo que muchas veces se niega, se oculta, incluso se medio olvida para vivir con felicidad plana. La galería Zaragoza Gráfica, sin duda, ha acertado con la exposición de Louise Holecz, que ya daba señales de su valía en alguna colectiva.
El ámbito animal ofrece muestras precisas en obras como Hienas, 2009, con el apareamiento en un primer plano rodeado de una soledad amparada por el blancuzco y el negro para mostrar un preciso espacio. El rojo, que estalla por doquier, fecunda el intachable tono salvaje como única salida de vida natural, mientras que la inexistente paz se vivifica con el acto natural de la copulación. En Retrato de Perro, 2009, estamos ante el primer plano de la cabeza de un perro, que mira obsesivo, inmóvil, quizá pidiendo ayuda con angustia ante el peligro mortal, de manera que su desfigurada cabeza arrastra sin piedad el rojo sangre que mana incesante.
El título Dark Room (Sala Oscura), 2009, marca con señales precisas la generalizada sensación de un espacio tan oculto que dificulta, al principio, su diáfano entendimiento. Dicho espacio es la clave. Atmósfera enigmática, misteriosa, agresiva por su condición velada con esos rojos oscuros, símbolo de violencia, y esos negros que la potencian. En el lado superior izquierdo se representa una salvaje figura humana corpulenta, quizá mezcla de hombre y de animal, que ordena a su perro la agresión a una curiosa figura femenina de perfil. Curiosa porque va ataviada con elegancia fuera de época, como contraste entre el ámbito circundante y su delicadeza. La cabeza, casi invisible, gira hacia el perro y el brazo se eleva con inútil gesto de protección. Obra contundente.
Los rostros humanos, tipo Cabeza II y Trago, ambos de 2009, son la confirmación de algunos hombres abocados a condiciones y sentimientos primarios, como si su implícito pensamiento respirara atado, siempre conducente hacia la ubicación inhumana sin posibilidad de retorno. ¿Y el cuadro Autorretrato?, 2009. Se muestra, en tonos rojizos como signo violento, desde debajo de los senos hasta el nacimiento del cuello. El seno izquierdo es rasgado, agredido, por una salvaje mano mutiladora. ¿De quién es la mano?: ¿De la pintora? ¿De otra persona? Pues da la casualidad que si toda mujer es sagrada, pero toda, más todavía los senos, justo por belleza, infinita capacidad erótica e insustituible alimento cuando nacemos.
Cualquiera que conozca a la pintora Louisa Holecz capta que es delicada, inteligente, de cuerpo tembloroso, con estilo, incapaz de un gesto negativo. Con estas características, ¿de dónde escupe tales temas pictóricos? Al parecer tiene en su interior una revolución crítica encauzada hacia temas que acepta y que repudia, como si transpirara asombrada una realidad vital que nunca vive indiferente. Reacciones con peso artístico.


