La naturaleza apasionada de Ignacio Esplá











No hay duda de que la visión que tiene un europeo del trópico Americano es diferente a la que tiene un nativo. El origen la educación y las vivencias contribuyen a nuestra manera de percibir lo que nos rodea. El que llega  y se enfrenta con lo nuestro por primera vez tiene la oportunidad y hasta se podría decir la valiosa ventaja, de verlo todo con otro ojos, con la Mirada fresca, con cierto elemento de sorpresa

Eso es lo que tiene Ignacio Esplá. Se trata de un español con casi treinta años de vivir en Panamá que aun siente y transmite sorpresa-y deleite-ante el color y el calor del trópico.

Aunque ha declarado que la naturaleza provee una excusa para pintar, en sus oleos, Esplá da forma a las sensaciones de luz intense y sombra refrescante, de vegetación exuberante y mar enérgico, tan características de nuestro ambiente y tan distintas del Mediterráneo En verdad, quizás porque llegó acá del extranjero, es uno de los pocos artistas en Panamá que asume el paisaje local como tema central de su obra.

La preparación académica de Esplá, así como sus experiencias artísticas en España, le dieron los instrumentos necesarios para pintar con la habilidad que lo hace.

Esplá nació en 1946 en Zaragoza y se educó durante la década del setenta en la Escuela de Artes y Oficios artísticos de su ciudad natal y luego en la Escuela Superior de Bellas Artes San Jorge de la Universidad de Barcelona. Se trata de un artista que se esmera en su técnica, que tiene lo que se llama “oficio” en el sentido  tradicional de la palabra.

Pasó por una etapa joven en la que se dedicaba casi exclusivamente a la abstracción, periodo de ensayos y experimentación durante el cual aprendió a manejar el espacio , el volumen y el color. Por años trabajó con los elementos básicos de la composición reducidos a su mínimo denominador en obras muy lejanas a la descripción realista o a la interpretación naturalista.

Esplá prepara sus propios lienzos y trabaja con óleos que aplica con pinceles y quita o raspa con paños o espátulas. En su manera de pintar vemos que las lecciones de Velásquez  -y de los maestros de la Escuela Catalana de principios de siglo- con toda la luminosidad que caracterizó sus obras no fueron en vano. Tampoco lo fueron sus visitas a los grandes museos y la observación de las obras de los post-impresionistas con quienes Esplá comparte la manera de producir volúmenes a través de la yuxtaposición de colores y la contraposición de tonos complementarios. Los ejemplos de esas teorías del color abundan en sus obras, en la ausencia del negro y los

Esplá II

contrastes de árboles ardientes en amarillo con sus sombras violetas, o de intensos ramos rojos sostenidos y rodeados por una gama de verdes.

Sin embargo, su uso del pincel es más bien expresionista. Con admirable libertad Esplá aplica el color directamente al lienzo, sin bocetos previos ni cuadriculas. Construye sus composiciones de manera intuitiva, insertando volúmenes- léase elementos de la naturaleza- cuando los necesita para anclar un oscuro o reflejar una claridad. Es igualmente audaz en las estructuras de sus pinturas. A menudo, estas se basan en la forma dominante de un tronco de árbol ya sea vertical o caído, con una preferencia notable por el uso de diagonales, como elemento compositivo.

Esplá un pintor maduro, que obviamente le ha perdido el miedo al lienzo, al cual ha retado y “toreado” por muchos años.

Una variada e interesante hoja de vida, documenta que Esplá ha mostrado su trabajo al público con regularidad desde hace más de un cuarto de siglo. Desde su primera muestra en Barcelona en 1975, Esplá ha presentado mas de una treintena de exposiciones individuales en España, Colombia, Panamá y Estados Unidos. Su  participación en colectivas ha sido igualmente extensa, incluyendo su presencia por invitación en exposiciones, en museos y galerías, así como bienales internacionales, tanto en Panamá como en otras partes de América Latina y Europa.

Esplá es un hombre espontáneo y expresivo, características que se reflejan en su trabajo. Muchas de sus obras dan muestra de su gusto por los formatos grandes, una inclinación que se manifestó desde sus años mozos cuando estudió en la Escuela Internacional de Pintura Mural Contemporánea de Barcelona y trabajó en el campo de los murales industriales. Por otra parte, hoy en día los temas que desarrollan requieren y casi exigen espacios cada vez mayores. Este artista crea obras a escala humana e invita al observador a sentirse partícipe en esa naturaleza que él reproduce. En Panamá, hay varios lienzos enormes o pinturas multi-partes suyas en espacios públicos como por ejemplo el del mar y veranéras que da vida al gran foyer de un hotel de la ciudad o la cascada en tríptico que presentara en su más reciente exposición. Esa cascada natural en “Del agua” lleva al observador, cual explorador, a deleitarse en el descubrimiento del ambiente tropical. La composición de sus elementos fuertes en primer plano y la sensación de profundidad que va en aumento diagonalmente, nos coloca dentro de una selva virgen donde el agua aún es clara y las flores no han sufríos el contacto humano. Es una obra que nos invita a usar todos los sentidos, en la que la temperatura del ambiente refresca, las plantas tiene aroma y el agua suena al caer sobre las piedras.

Esplá III

 

Que ironía que todos estos parajes que parecen tan familiares, sean precisamente lo contrario, pues Esplá, no pinta al aire libre. Las composiciones de Esplá surgen de su imaginación como un producto destilado de lo que ha visto y de los años que ha vivido en Panamá. Se reconoce en los elementos Geográficos y botánicos: el mar, la costa, la selva, los múltiples verdes, los árboles en flor. Pero al final de cuentas es más la visión de Esplá, complementada por la interpretación del observador, que una representación de la naturaleza de este país o algún otro.

Más bien, es como si los lienzos de Esplá transmitieran significados anímicos. No hay duda que esto sea intencional, pues el artista mismo ha dicho que la perfección sería que sus pinturas se convirtieran en pensamientos. De hecho obras de colores intensos y composiciones casi explosivas, como “La gran luz” son visiones abrumadoras y hasta angustiosas. La falta de horizonte o la colocación del mismo en la parte más alta de algunas pinturas así como el uso de un imponente primer plano, contribuyen  a crear una sensación inquietante. Tanto de sus lienzos, aún sin una sola figura humana, traen a la mente sentimientos como calor humano, pasión y exhuberancia. Sin embargo, en otros trabajos, Esplá nos regala aguas límpidas y perspectivas profundas que nos introducen visual y mentalmente a un lugar tranquilo a un estado de paz.

Quizás sea esa paz la que el artista busca, aún con sus colores intensos y sus brochazos expresionistas. Su país  adoptivo cuenta con una riqueza natural inmensurable. Hay un sentido de armonía en la naturaleza, una sensación de balance que es casi una necesidad- a veces no acatada- para el bienestar de los seres humanos. Es la razón por la cual tantas personas huyen de la urbe cada vez que pueden para sumergirse en el mar o adentrarse en el campo. Los ecologistas nos recuerdan el valor y la belleza de nuestro patrimonio natural. Esplá también lo hace a su manera.