La Mujer en el Arte

Este libro recoge las ponencias y comunicaciones del XIV Congreso Nacional Asociación Española de Críticos de Arte, celebrado en el del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, los días 22 y 23 de marzo de 2013. Desgraciadamente, como bien dice en su texto de presentación Tomás Paredes, presidente de AECA, el volumen no da idea de los debates, las mesas redondas, los aplausos u otros medios de interacción con el numeroso público que abarrotó el Auditorio Sabatini.
Tal respuesta de asistentes y tan elevada participación en las actas, con cuatro ponencias y veintinueve comunicaciones, confirman que fue una buena idea el tema escogido, La mujer en el arte, sobre todo teniendo en cuenta la alta proporción femenina entre los socios de AECA. Es de esperar que también tenga el libro una buena recepción social, sobre todo cuando esté accesible libremente en la web de la asociación; aunque desde hace unos meses ya existe en papel, disponible en una edición print on demand sufragada por la Asociación Madrileña de Críticos de Arte, que fue la sección territorial que asumió la organización del evento.


Vaya por delante mi felicitación a AMCA y AECA, pero muy especialmente a dos destacadas miembros de sus juntas directivas, Julia Sáez Angulo y Manoli Ruiz Berrio, que han asumido respectivamente la coordinación del congreso y del libro. Parece que ha habido en ese relevo cambio de criterios sobre el ordenamiento de los contenidos, pues el libro clasifica alfabéticamente las ponencias y comunicaciones según el apellido de sus autores, mientras el congreso se estructuró temáticamente en sesiones donde se abordaban determinados aspectos de la presencia femenina en nuestro mundo artístico a través de ponencias, comunicaciones y mesas redondas. Aquella distribución era más coherente científicamente, pues la agrupación de aportaciones complementarias sobre temas cercanos habría ido acumulando en la mente de quienes abordasen de seguido la lectura de todo el libro una idea conjunta y comparativa que ahora queda más desperdigada; pero a los que preferimos picotear a ratos, el ordenamiento alfabético tiene la ventaja de que nos facilita curiosear qué es lo que ha escrito tal o cual colega sobre la mujer en el arte.

Como finalmente no pude participar (y bien que lo siento), me permito señalar aquí algunas valoraciones generales, pues sería demasiado prolijo dar cuenta de todos los artículos. En primer lugar, me ha sorprendido que las aportaciones sobre mujeres que han ejercido la crítica de arte no haya sido más numerosa, sobre todo teniendo en cuenta que era una de las facetas más resaltadas en el congreso, cuya ponencia inaugural estuvo dedicada a Margarita Nelken y la última a Teresa Ortega Coca: sobre la primera ya se ha escrito mucho, así que es muy meritorio el resumen coronado por nuevas aportaciones que ofrece Miguel Cabañas, investigador del CSIC y miembro de AMCA-AECA, mientras que de la segunda ha esbozado un merecido homenaje la catedrático de la Universidad de Valladolid Blanca García Vega, sucesora suya como presidenta de ACYLCA y vicepresidenta de AECA; pero apenas cabe mencionar otros aportes al respecto, salvo las reflexiones sobre la colaboración femenina en algunas revistas de arte que hace Dolores Arroyo y quizá la comunicación de Isabel Aguilar sobre las historiadoras del arte durante el primer franquismo. Esa me lleva al tema de la docencia, que nos concierne a muchos de los socios de AECA, y también había sido destacado con el encargo de una ponencia a la profesora emérita de la Universidad Complutense Pilar Aumente, ilustre miembro de AMCA-AECA: su planteamiento histórico es muy ambicioso y se retrotrae a tiempos lejanos, acabando apresuradamente con una lista no exhaustiva de catedráticas de Bellas Artes o Historia del Arte en universidades españolas (me temo que le va a granjear muchos reproches, de todas las que no aparecen mencionadas); pero sólo Montse Acebes ha escogido en su comunicación este mismo tema… Da la sensación de que un cierto pudor nos disuade de escribir sobre nuestros colegas, pues estamos más acostumbrados a hablar de terceros. Quizá por eso hayan sido ya más numerosas las contribuciones sobre las mujer en el mundo de la gestión cultural. Además de la ponencia de Begoña Fernández Cabaleiro, profesora de la Universidad Autónoma de Madrid y miembro de AMCA-AECA, que versa sobre Juana Mordó, Helga Alvear, Margarita Lucas, Juana de Aizpuru, Glòria Picazo, María de Corral, Eloísa del Alisal u otras figuras señeras, se han prodigado muchas comunicaciones sobre galeristas (excelente la comunicación de Miriam de la Maza), coleccionistas (Pilar Citoler, tan en boga actualmente, es destacada en varios textos; pero también se homenajea en otro a Trinidad von Schotlz Hermensdorff), o al papel de las mujeres en museos u otros espacios institucionales (quiero destacar la comunicación de Esther Plaza sobre los centros expositivos municipales en Madrid). Aunque, como era de esperar, la gran mayoría de las comunicaciones versan sobre arte y artistas, que suelen ser el foco habitual de nuestros comentarios: alguna se centra en una autora concreta (como la comunicación de Tomás Paredes sobre la portuguesa Victória Domingues, fallecida en 2011) y muchos abordan panorámicas generales, que apenas han podido desarrollar en el formato limitado de una comunicación. Por cierto, en ambos casos cabe citar como muy dignas las dos aportaciones de colegas de la Asociación Aragonesa de Críticos de Arte: la de Pilar Sancet sobre Juana Francés y la de Jaime Esaín sobre las pintoras aragonesas, de las que ofrece elencos agrupados por géneros y estilos.

Ojalá tenga otro tanto éxito de participantes y asistentes el siguiente congreso de AECA, que de nuevo va a tener lugar en Madrid y también versará sobre un tema amplio y muy atractivo: arte político. No sé si volverá a haber tan curiosa cantidad de aportaciones sobre grabado y grabadores o eso ha sido una peculiaridad de este congreso dedicado a la mujer en el arte. Quizá tendremos que plantearnos en el futuro un congreso específico dedicado a grabados y estampas. En todo caso, aunque en esta ocasión hemos de felicitarnos por la rapidez con que se han editado las actas, sería bueno dar más tiempo para corregir pruebas, pues así no habría tantas erratas. Y también, a pesar de las dificultades que plantean los derechos de autor y sus empresas gestoras, sería deseable que hubiera más y mejores ilustraciones, pues en este volumen hay pocas y ridículamente diminutas (casi no se pueden ver sin lupa). Por último, sería preferible que en toda publicación de una asociación donde todos somos iguales dejemos de lado las jerarquías: bien está distinguir en un congreso entre ponencias encargadas a expertos y comunicaciones ofrecidas voluntariamente; pero en el libro no había necesidad de establecer esa distinción. En mi opinión, hubiera sido mejor igualar todos los artículos por arriba y rechazar a los que no estuvieran a la altura, pues más de alguno hay que no se ha centrado en alguna aportación significativa sobre el tema y periodo histórico especificados en los objetivos de este congreso: “el papel de la mujer en el momento actual en el mundo de las artes visuales, como comisaria, gestora, promotora, agente, crítico, conservadora, empresaria, museóloga, docente, conservadora, coleccionista, además de artista”.