Imágenes de un príncipe ideales el título de la principal apuesta expositiva que el Musée Ingres Bourdelle de Montauban ha presentado durante los meses de verano y el principio del otoño de 2021. Se trata de una muestra centrada en la figura de Ferdinand Philippe d’Orléans (1810-1842), príncipe real de Francia al haber sido el primogénito de Louis Philippe d’Orléans. Ha sido comisariada por un equipo formado por personal del museo de Montauban y del departamento de pinturas del Musée du Louvre.
El punto de partida de la exposición es el retrato que Ingres hizo del príncipe unos meses antes de su inesperado fallecimiento. El heredero posó para el pintor y surgió entre ambos una relación de gran afecto y estima que hizo que Ingres sufriese enormemente la pérdida del joven príncipe. El lienzo en cuestión es uno de los mejores retratos masculinos ejecutados por el artista, quien se mostró reticente a pintar retratos durante algunos momentos de su vida, al considerarlos como un género inferior a la pintura de historia. A su regreso de ocupar el cargo de director de la Academia Francesa en Roma, ejecutó esta soberbia imagen del príncipe real. Esta última imagen de Ferdinand Philippe constituye el arranque de una muestra en la que se van descubriendo interesantes facetas sobre su vida.
La vida de un príncipe en una monarquía constitucional como la de Julio distaba considerablemente de la corte de los Borbones durante el siglo anterior. La imagen personal del príncipe debía ser modélica y patriota en todas sus facetas: en el ejército, como gobernante, como padre, etc. Sin embargo, más allá de toda esa imagen construida artificialmente, la exposición nos muestra la cara más personal de Ferdinand Philippe, presentando, por ejemplo, sus cuadernos de dibujo, fruto de su formación junto al artista Ary Scheffer, del que también pueden verse obras en la muestra. El aspecto familiar queda representado a través de un maravilloso retrato de Winterhalter de la princesa Elena de Mecklemburgo-Schwerin, esposa de Ferdinand Philippe, junto a su hijo Philippe de Orléans, conde de París. También alberga un gran interés una acuarela sobre papel de Viollet-le-Duc, el célebre arquitecto y restaurador francés que antes de dedicarse plenamente a la arquitectura fue conocido por su labor de ilustrador y acuarelista. En ella puede contemplarse la ceremonia del bautismo del conde de París en Notre Dame.
Otro de los aspectos más interesantes de la muestra es el dedicado al gusto coleccionista del joven príncipe. No olvidemos que su padre también fue un gran aficionado a la pintura, llegando a crear en el Louvre la célebre Galerie Espagnole. Ferdinand Philippe comenzó una importante colección personal de pintura adquiriendo obras en los salones de París, como una pintura de Delacroix presente en la muestra, basada en la novela Quentin Durward de Walter Scott. Su pasión por la pintura de Ingres se vio finalmente materializada en la adquisición de su obra Edipo y la Esfinge en 1839, presente también en la exposición de Montauban.
El trágico fallecimiento del príncipe heredero tras un accidente de su carruaje en los Altos del Sena provocaría un fuerte impacto en la sociedad francesa. La muestra recoge de forma muy detallada aquellos días, incluyendo un interesantísimo daguerrotipo de 1842 en el que se muestra el aspecto del exterior de Notre Dame durante las exequias del príncipe real.
La fatídica muerte y la conmoción general que a esta siguió, hizo que la figura de Ferdinand Philippe se convirtiese prácticamente en un icono. Así, la última sección de la muestra, titulada Ferdinand Forever, se destina a los retratos pictóricos y escultóricos acabados tras el fallecimiento del príncipe. Su cuerpo fue enterrado en el panteón real de los Orléans en Dreux, pero para honrar su recuerdo la familia real mandó construir una capilla neobizantina conocida por el nombre de Notre Dame de la Compassion, hoy perdida junto al boulevard Péripherique de París. Para su ejecución contaron con los artistas predilectos de la familia real: Ingres se encargó de las vitrinas, Ary Scheffer diseñó el cenotafio y Henry de Triquety lo esculpió.
En definitiva, a través de esta exposición se pone en valor no solo la figura del príncipe heredero de la Monarquía de Julio, sino que se reconstruyen a través de lienzos, dibujos, fotografías, esculturas y diseños de diversa índole aspectos sociales y culturales de la Francia de la primera mitad del siglo XIX.