La luz fría de Hammershøi, maestro de la pintura danesa

El narrador en estas imágenes es la luz que, suave y gris, inunda la habitación y hace hablar con mil palabras esta pared desnuda.

Hans Rosenhagen, 1905, Kunsten

 

El nombre de Vilhelm Hammershøi (Copenhague, 1864 – 1916) quizás sea recordado por quien visitase la exposición celebrada en Barcelona en 2007 en la que se establecían interesantes analogías entre las obras de este artista y las de su compatriota cineasta Carl Theodor Dreyer. El pasado marzo tuvo lugar la inauguración de una retrospectiva del danés en el Museo Jacquemart-André de París que se prolongará hasta el mes de julio, titulada Hammershøi, el maestro de la pintura danesa.

Hammershøi representa un arquetipo de artista nórdico que no supo o quiso insertarse en los círculos artísticos europeos de su tiempo, en las capitales del arte como París o Roma. Visitó ambas ciudades en varias ocasiones, pero su pintura no respondía al gusto de esos ambientes, aunque sí fue apreciada por la crítica más intelectual. Así, Rainer Maria Rilke llegó a dedicarle un ensayo y los críticos de arte más modernos supieron apreciar lo que los coleccionistas no valoraron. Sin embargo, no pareció preocuparle esa escasa repercusión en París o Roma. Hammershøi se movió siempre con fortuna en el ambiente artístico de su ciudad natal, que contaba con reputados centros de formación como la Real Academia de Bellas Artes de Dinamarca y muestras periódicas como las exposiciones de primavera celebradas en la Charlottenborg Kunsthal. El artista pasó por ambas, además de por la Frie Studieskoler (los talleres independientes), formación que permitió la eclosión de su talento a una temprana edad. En este contexto conocería a pintores como Peder Severin Krøyer, unos años mayor que él.

La muestra del museo Jacquemart-André permite comparar las obras de juventud de Hammershøi con las de otros pintores de su entorno como su amigo Carl Holsøe o las de su cuñado Peter Ilsted. La sensación que transmiten es la de una gran homogeneidad, no sólo en el tratamiento de los mismos asuntos (fundamentalmente vistas de interiores domésticos) sino también a nivel técnico. Estilísticamente se muestran seguidores de una tradición ajena a la francesa o a la mediterránea. Su intimismo remite a las obras de la escuela barroca holandesa, a los interiores de Vermeer o de Hooch, con la diferencia de que las de estos contemporáneos daneses resultan más luminosas. La luz es la protagonista de estas obras, pero de una manera completamente diferente a la del impresionismo francés o el luminismo mediterráneo de Fortuny o los macchiaioli. Hammershøi y su círculo representan una claridad fría, una luz grisácea que inunda los grandes interiores vacíos, terriblemente sobrios. Con ello consiguen atmósferas silenciosas y a la par inquietantes, en una vía en la que parece preceder el arte de Hopper.

La muestra queda articulada en ocho salas, cada una dedicada a una temática diferente dentro de la obra de Hammershøi. En la cuarta sorprende la sencillez de su pintura de paisajes. La mayoría de ellos se encuentran ambientados en la isla de Selandia, un territorio de llanuras y costas arenosas que encaja perfectamente con la sobriedad buscada por el artista. Aun así, en estas obras hizo un ejercicio de simplificación eliminando cualquier elemento arquitectónico o humano reconocible. Tan sólo mantuvo las líneas de árboles o el minúsculo detalle de algún molino al fondo, creando sensación de profundidad y lejanía. Sin embargo, las obras más desconocidas de la exposición posiblemente sean las presentes en la sala dedicada al desnudo, un género menos habitual en su producción, pero igualmente interesante. Sus desnudos se muestran carentes de idealización, alejándose del gusto ecléctico del desnudo de finales del XIX. Son imágenes lúgubres que, sin embargo, albergan una modernidad y preconizan el gusto de los realismos centroeuropeos del XX.

Las obras aparecen distribuidas en esas ocho salas, con unas paredes pintadas en tonos oscuros que contrastan con la claridad de las pinturas. Resultan de gran interés las comparaciones con las obras de Holsøe y, por primera vez se establece un diálogo entre las de Hammershøi y las de su hermano Svend. Además de todas estas pinturas, pueden contemplarse abundantes fotografías realizadas por el propio artista, muy aficionado a este medio. Hizo uso de él a la hora de recrear sus composiciones, pero también como manera de retratar su vida cotidiana y la de su esposa Ida, protagonista de muchos de los cuadros.

En definitiva, se trata de una muestra muy bien elegida de unas cuarenta obras del artista danés, incluyendo algunas inéditas pertenecientes a la embajada de Dinamarca en París y otras prestadas por importantes museos del norte de Europa como el Statens Museum for Kunst, la Hirschprungske Samling de Copenhague, el Nationalmuseum de Estocolmo o el Malmö Konstmuseum.

Museo Jacquemart-André, París

Número 47

Junio 2019
Guillermo JUBERÍAS GRACIA
Personal Investigador FPU en el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza. Miembro de AACA y AECA.
Fecha de recepción: 16/6/19
Fecha de aceptación: 21/6/19
image_pdfimage_print